La visión ocurre después de que Nabucodonosor, rey de Babilonia, deportó a Jeconías, también llamado Joaquín, junto con líderes, artesanos y cerrajeros de Judá. Este traslado tuvo lugar durante las primeras campañas babilónicas contra Jerusalén. Sedequías quedó como rey, pero el reino continuó enfrentando una profunda crisis política y espiritual. En ese contexto, algunos deportados podían parecer los derrotados y los que permanecieron en Jerusalén podían parecer los favorecidos. La visión de los higos invierte esa percepción: Dios anuncia que cuidará y restaurará a ciertos exiliados, mientras que juzgará a quienes persisten en su infidelidad.