Versículo destacado
Isaías 7:17 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" El Señor hará venir sobre ti, sobre tu pueblo y sobre la casa real, días como no habían venido desde que Efraín se separó de Judá. (Esto se refiere al rey de Asiria.) "
Isaías 7:17
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
15 Durante los primeros años de vida del niño, se comerá leche cuajada y miel.
16 Pero antes de que el niño tenga uso de razón, el país de los dos reyes que te causan miedo quedará abandonado.
17 El Señor hará venir sobre ti, sobre tu pueblo y sobre la casa real, días como no habían venido desde que Efraín se separó de Judá. (Esto se refiere al rey de Asiria.)
18 En ese tiempo el Señor hará venir como moscas a los que viven en los lejanos ríos de Egipto, y hará venir como abejas a los que viven en Asiria.
19 Todos ellos vendrán a instalarse en las cañadas profundas y en las cuevas de las rocas, en todos los matorrales espinosos y en los lugares donde bebe el ganado.
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Después de las promesas consoladoras hechas a Acaz como miembro de la familia de David, vienen serias advertencias contra él como una rama inútil de esa casa. El amor fiel de Dios no sería retirado por completo, por causa de David y del pacto que había hecho con él; pero su pecado aun así sería disciplinado con vara y golpes. Quienes no quieran confiar en las promesas de Dios también deben esperar escuchar sus advertencias.
El juicio anunciado aquí es muy grande, porque alcanzará a todos. Vendrá sobre el propio príncipe, aunque tenga una posición elevada; sobre el pueblo, es decir, sobre toda la nación; y sobre la familia real, toda la casa de su padre. También se extenderá a las generaciones siguientes y permanecerá sobre la línea real. Será grande, además, porque no se parecerá a nada de lo que habían visto antes: serán días que no habían ocurrido, tan oscuros y dolorosos que nada semejante habría sucedido desde la división de las diez tribus, cuando Efraín se separó de Judá. Cuanto más tiempo persistan las personas en el pecado, más pesado será el castigo que tienen razones para esperar. El Señor es quien traerá esos días sobre ellos, porque nuestros tiempos están en sus manos, y nadie puede resistir ni escapar de los juicios que él envía.
El enemigo que Dios usaría como instrumento sería el rey de Asiria. Acaz había puesto gran confianza en ese rey para recibir ayuda contra Israel y Siria, y por eso prestó menos atención a lo que Dios le decía por medio del profeta para consolarlo. En lugar de depender de Dios, se apoyó en Asiria e incluso prometió servir a ese rey si le enviaba ayuda. También le entregó plata y oro, vaciando tanto el tesoro del templo como los tesoros del reino (2 Reyes 16:7-8). Ahora Dios le advierte que ese mismo rey de Asiria, a quien Acaz había tratado como su apoyo en vez de Dios, se convertiría en un azote para él. Eso sucedió pronto, porque cuando el rey de Asiria llegó para ayudar a Acaz, lo angustió en vez de fortalecerlo (2 Crónicas 28:20). La caña no solo se quebró bajo el peso de Acaz, sino que le cortó la mano y se la atravesó. Desde entonces, los reyes de Asiria serían espinas dolorosas para Judá durante mucho tiempo.
Esta es una advertencia de que aquello en lo que ponemos nuestra esperanza a menudo termina haciéndonos daño. Poco después de esto, el rey de Asiria derrotó a las diez tribus, las llevó cautivas y arruinó su tierra, cumpliendo plenamente esta profecía. Es posible que esto también señale ese acontecimiento como una explicación más completa de la promesa anterior de que Efraín sería quebrantado para dejar de ser un pueblo (Isaías 7:8). Algunos piensan que entonces el profeta se dirige directamente al rey de Israel y anuncia el juicio de Dios contra él por haber atacado a Judá. Sin embargo, la mayoría de los intérpretes entiende que estas palabras se refieren a Acaz y a su reino.
Observemos ahora el llamado que se haría a los invasores. El Señor silbaría para llamar a la mosca y a la abeja (Isaías 5:26). Enemigos que parecen tan débiles e inofensivos como las moscas o las abejas, y que pueden ser aplastados con tanta facilidad, aun así pueden cumplir plenamente la obra de Dios cuando él así lo decide. Aunque estén tan alejados como los ríos de Egipto y la tierra de Asiria, llegarán juntos exactamente cuando Dios los llame. Cuando Dios tiene una obra que realizar, nunca le faltan trabajadores.
Después viene la toma de la tierra. Parece que el país sería incapaz de resistir. Los invasores no tendrían dificultad para entrar y se establecerían en los valles desolados, que el pueblo habría abandonado ante la primera señal de peligro. La tierra se convertiría en una presa fácil. Llegarían y descansarían en los lugares bajos como enjambres de moscas y abejas, y sería difícil expulsarlos porque se refugiarían en las grietas de las rocas, como suelen hacerlo las abejas. También se convertirían en una amenaza al extenderse abiertamente por todos los zarzales y matorrales, hasta cubrir toda la tierra.
Después viene la gran ruina y despoblación del país. El Señor afeitaría el cabello de la cabeza, la barba y los pies, arrasándolo todo, como se afeitaba todo el pelo de un leproso purificado (Levítico 14:8-9). Esto se representa mediante una navaja alquilada: podría ser una que Dios hubiera contratado, como si no tuviera una propia, aunque él paga a todos los que emplea en su servicio (Ezequiel 29:18-19); o podría ser la que Acaz mismo contrató para que lo ayudara. Dios convertiría en instrumento de destrucción precisamente la herramienta que había sido contratada para brindar ayuda. Muchas personas son heridas por el brazo de carne en el que más confiaron, el mismo brazo en el que gastaron grandes sumas, cuando la fe y la oración les habrían dado una ayuda sencilla de parte de Dios.
Las consecuencias de esta despoblación serían graves. Casi todo el ganado sería destruido, de modo que un hombre que antes tenía grandes rebaños y manadas conservaría solamente una vaca joven y dos ovejas, y aun eso le parecería una gran misericordia (Isaías 7:21). Los pocos animales que quedaran tendrían tanta tierra para pastar que producirían abundante leche, suficiente para hacer mantequilla en grandes cantidades (Isaías 7:22). También quedarían tan pocas personas que la leche de una vaca y dos ovejas bastaría para alimentar a toda una familia, cuando antes había muchos siervos y un gran consumo. El ganado ya no se multiplicaría, y quienes antes comían carne, como era habitual entre los judíos, se verían obligados a vivir de mantequilla y miel porque no habría carne. La tierra estaría tan despoblada que habría más que suficiente mantequilla y miel para los pocos que quedaran.
La buena tierra que antes producía grandes ganancias quedaría cubierta de zarzas y espinos (Isaías 7:23). Donde antes había mil vides y los arrendatarios pagaban mil siclos de plata como renta anual, ahora solo habría espinos, sin ganancias para el dueño ni para el arrendatario, porque el ejército invasor lo habría devastado todo. Dios puede convertir rápidamente una tierra fértil en una tierra estéril. Es justo que convierta las vides en zarzas si no damos fruto para él, sino uvas silvestres (Isaías 5:4).
Incluso las herramientas de cultivo se convertirían en instrumentos de guerra (Isaías 7:24). Como toda la tierra estaría cubierta de zarzas y espinos, la gente ya no iría con hoces y podaderas para recoger las cosechas. Iría con arcos y flechas, ya fuera para cazar animales salvajes entre la maleza, para defenderse de los ladrones que se escondieran allí, o para matar serpientes y otras criaturas peligrosas. Esto muestra hasta qué punto cambiaría aquella tierra agradable.
¡Qué triste cambio puede producir el pecado en un pueblo! Donde antes las zarzas y los espinos eran útiles, incluso como cercas para proteger los terrenos cerrados, serían arrancados y la tierra quedaría abierta para todos. Habría zarzas y espinos en lugares donde no deberían estar, pero no habría ninguno donde sí deberían estar (Isaías 7:25). Las colinas que antes se cavaban y se cuidaban, y de las que se mantenía alejado al ganado mediante cercas de espinos, quedarían expuestas. Las cercas se derrumbarían, y el jabalí del bosque las destruiría (Salmo 80:12-13). La tierra quedaría abierta para que vagaran por ella los bueyes y el ganado menor.
Así vemos cómo el pecado y la maldición de Dios afectan al mundo. Han convertido la tierra en un campo de espinos y cardos, excepto donde el trabajo humano mantiene las cosas en orden. Esto también muestra lo insensato que es poner el corazón en la tierra y las propiedades, por ricas o agradables que parezcan. Si una tierra se descuida aunque sea un poco, si un heredero o arrendatario derrochador y negligente la usa mal, o si la guerra devasta un país, pronto se convertirá en un desierto aterrador. En cambio, el cielo es un paraíso que no puede ser arruinado por cambios semejantes.
De este capítulo
Isaías 7:1
"El rey de Siria, Resín, y el rey de Israel, Pécah, hijo de Remalías, atacaron Jerusalén e intentaron conquistarla, pero no pudieron. Esto ocurrió cuando Ahaz, hijo de Jotam y nieto de Ozías, era rey de Judá."
Isaías 7:2
"En aquella ocasión llevaron esta noticia al rey Ahaz y a su familia: «Los sirios se han aliado con Efraín». Entonces el rey y el pueblo comenzaron a temblar como tiemblan los árboles del bosque cuando sopla el viento."
Isaías 7:3
"Entonces el Señor dijo a Isaías: Toma a tu hijo Sear-iasub y ve a encontrarte con el rey Ahaz en el extremo del canal del estanque superior, en el camino que conduce al campo del Lavador de Paños,"
Isaías 7:4
"y dile: “Ten cuidado, pero no te asustes; no tengas miedo ni te acobardes a causa de esos dos tizones humeantes, Resín con sus sirios y el hijo de Remalías, que arden de furor."
Isaías 7:5
"Los sirios, junto con el pueblo de Efraín y el hijo de Remalías, han tramado hacerte daño. Han dicho:"
Isaías 7:6
"Invadamos Judá y causémosle miedo; apoderémonos de ella y pongamos como rey al hijo de Tabeel."
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