Versículo destacado
Isaías 55:6 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Busquen al Señor mientras puedan encontrarlo; llámenlo mientras está cerca. "
Isaías 55:6
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
4 Yo lo puse a él como testigo para las naciones, como jefe e instructor de los pueblos.
5 Tú llamarás a pueblos desconocidos; pueblos que no te conocían correrán hacia ti, porque yo, tu Señor, el Dios Santo de Israel, te he honrado.
6 Busquen al Señor mientras puedan encontrarlo; llámenlo mientras está cerca.
7 Que el malvado abandone su camino y el perverso deje sus ideas; vuélvanse al Señor, y él tendrá compasión de ustedes; vuélvanse a nuestro Dios, que es generoso para perdonar.
8 Porque mis ideas no son como las de ustedes, y mi manera de actuar no es como la suya. El Señor lo afirma.
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Aquí encontramos más acerca del pacto de gracia que Dios hizo con nosotros en Jesucristo. Este pasaje muestra tanto lo que Dios requiere como lo que promete, y nos da razones firmes para confiar en este pacto con todo el corazón. Esta revelación llena de gracia sobre la bondad de Dios hacia las personas no está limitada a judíos o gentiles, ni al Antiguo o al Nuevo Testamento, y ciertamente tampoco solo a los cautivos en Babilonia. Los mandamientos y las promesas son para todos los que tienen sed de felicidad (Isaías 55:1). ¿Y quién no la tiene? Escuchen esto y vivan.
Primero, Dios ofrece perdón, paz y plena bendición a los pobres pecadores, si vienen conforme a las condiciones del evangelio (Isaías 55:6, Isaías 55:7). Él dice que deben orar, y que sus oraciones serán escuchadas y respondidas: «Busquen al SEÑOR mientras pueda ser hallado; llámenlo mientras está cerca». Busquen a aquel que abandonaron al apartarse de él y que perdieron al alejarlo de ustedes. Llámenlo ahora, mientras está cerca y al alcance. El deber es claro. Debemos buscar al SEÑOR, pedirle dirección y acudir a él como nuestro guía y nuestro bien supremo. Debemos buscar la reconciliación con él, anhelar conocerlo y desear la felicidad que se encuentra en su favor. También debemos invocarlo en oración, pidiendo ser reconciliados con él y luego pidiendo todo lo demás que necesitamos.
La razón de este llamado urgente también es clara: «mientras pueda ser hallado» y «mientras está cerca». Esto significa que Dios está cerca ahora y que será hallado por quienes lo busquen. Su paciencia todavía espera, su palabra todavía llama y su Espíritu todavía nos impulsa. Debemos aprovechar estas oportunidades ahora, porque este es el tiempo aceptable. Pero llegará un momento en que estará lejos y no será hallado. Su paciencia llegará a su fin, y su Espíritu ya no insistirá con un corazón endurecido. Esto puede suceder incluso durante esta vida, y ciertamente sucederá en la muerte y el juicio, cuando la puerta esté cerrada (Lucas 16:26; Lucas 13:25, Lucas 13:26). Ahora se ofrece misericordia, pero entonces vendrá el juicio sin misericordia.
También deben arrepentirse y apartarse del pecado; entonces sus pecados serán perdonados (Isaías 55:7). Este llamado está dirigido a los inconversos, a los malvados y a los injustos. Se dirige tanto a quienes viven en pecados graves y manifiestos como a quienes descuidan deberes evidentes. Dios da plena seguridad de que los pecadores arrepentidos lo encontrarán dispuesto a perdonar. El arrepentimiento tiene dos partes. Primero, significa apartarse del pecado y dejarlo atrás con odio y repugnancia, sin volver a él. La persona malvada debe abandonar su mal camino, porque es un camino falso que aleja de la felicidad y conduce a la destrucción. No debe dar ni un paso más por él. También debe haber un cambio en la mente. La persona injusta debe abandonar sus pensamientos. El verdadero arrepentimiento llega hasta la raíz, limpia el corazón, cambia nuestra manera de juzgar a las personas y las cosas, y expulsa las ideas corruptas y las excusas vacías. No basta con dejar de hacer lo malo; también debemos rechazar los malos pensamientos.
Segundo, arrepentirse significa regresar al SEÑOR como nuestro Dios y gobernante legítimo, aquel contra quien nos hemos rebelado. Significa volver a él como la fuente de la vida y del agua viva, que habíamos cambiado por cisternas rotas. Si hacemos esto, Dios tendrá misericordia de nosotros. No nos tratará conforme a lo que merecen nuestros pecados, sino que tendrá compasión. La miseria es aquello que la misericordia contempla con lástima. Nuestro pecado realmente nos ha hecho miserables (Ezequiel 16:5, Ezequiel 16:6), y el arrepentimiento nos lleva a sentir esa miseria y a lamentarnos por nuestra condición (Jeremías 31:18). Eso nos coloca en una situación en la que la compasión es apropiada, y Dios tiene tiernas misericordias. También perdonará abundantemente. La frase significa que multiplicará el perdón, así como nosotros hemos multiplicado las ofensas. Aunque nuestros pecados hayan sido muy numerosos y muy grandes, y aunque hayamos vuelto a ellos muchas veces y sigamos inclinados a pecar, Dios continuará perdonando a quienes regresan sinceramente a él, incluso a sus hijos que se han apartado.
Segundo, Dios da razones firmes para aceptar esta oferta y confiarle nuestra alma. Adondequiera que miremos, encontramos suficiente evidencia para confirmar su verdad y su valor. Si miramos hacia el cielo, vemos que los propósitos de Dios son elevados y están más allá de nuestro alcance, y que sus pensamientos y sus caminos están muy por encima de los nuestros (Isaías 55:8, Isaías 55:9). A los malvados se les dice que abandonen sus malos caminos y pensamientos, y que regresen a Dios para que sus caminos y pensamientos estén de acuerdo con los de él. Dios dice, en efecto: «Mis pensamientos y mis caminos no son como los de ustedes. Los de ustedes se ocupan solamente de las cosas terrenales, pero los míos están por encima de ellas, así como los cielos están por encima de la tierra». Si queremos demostrar que nuestro arrepentimiento es verdadero, nuestros afectos también deben estar puestos en las cosas de arriba.
Esto también nos consuela cuando confiamos en la promesa de Dios de perdonar el pecado después del arrepentimiento. Los pecadores pueden temer que Dios no quiera reconciliarse con ellos, porque a ellos les ha resultado difícil reconciliarse con alguien que los ha ofendido tantas veces y de manera tan grave. Pero Dios dice que sus pensamientos en este asunto no son como los nuestros. Están tan por encima de los nuestros como los cielos están por encima de la tierra. Esto es cierto en muchos asuntos, pero especialmente en la reconciliación. A menudo pensamos que Dios se ofende con facilidad y tarda en perdonar, y que si perdona una vez, no volverá a hacerlo. Pedro pensaba que perdonar siete veces era mucho (Mateo 18:21). Una deuda pequeña puede parecernos grande, pero Dios recibe a los pecadores que regresan con misericordia perdonadora. Él perdona gratuitamente y da sin reprender. Nosotros perdonamos, pero no podemos olvidar; en cambio, cuando Dios perdona el pecado, no lo recuerda más. De esta manera, Dios llama de regreso a los pecadores al llevarlos a pensar bien de él, como se muestra en Jeremías 31:20.
Si miramos hacia la tierra, vemos que la palabra de Dios es poderosa y eficaz allí, y que siempre cumple lo que él se propone (Isaías 55:10, Isaías 55:11).
Aquí vemos, primero, cuán poderosa es la palabra de Dios en el mundo natural. Él ordena que la nieve caiga sobre la tierra y decide cuándo llegará, cuánto caerá y cuánto tiempo permanecerá. También dirige la lluvia ligera y la lluvia intensa de su poder (Job 37:6). A su mandato, descienden del cielo y hacen todo lo que él les ordena en toda la tierra, ya sea para disciplinar, para el bien de su tierra o por misericordia (Isaías 55:12, Isaías 55:13).
La palabra de Dios no regresa vacía, sin alcanzar su propósito. Riega la tierra, y así la tierra se vuelve fértil. De este modo, hace que el suelo produzca y brote, porque los cultivos dependen del rocío del cielo. La tierra da pan al que come, es decir, alimento presente para el dueño y su familia, y también da semilla al que siembra, para que haya alimento nuevamente el año siguiente. El agricultor debe comer y sembrar; de lo contrario, pronto se quedará sin lo que tiene.
De la misma manera, la palabra de Dios es igual de eficaz en su gobierno de la providencia y de la gracia. Es tan poderosa en la boca de los profetas como en la mano de la providencia. No regresará a él vacía, como si no pudiera hacer aquello para lo que fue enviada o como si algún poder superior pudiera detenerla. No; cumplirá lo que él quiere, porque expresa su voluntad, y él obra todas las cosas conforme a esa voluntad. Tendrá éxito en el propósito para el cual fue enviada.
Esto nos asegura, primero, que todas las promesas de Dios se cumplirán plenamente en el momento apropiado, y que ni una sola parte de ellas fallará (1 Reyes 8:56). Estas promesas de misericordia y gracia obrarán en el alma de los creyentes con tanta certeza como la lluvia actúa sobre la tierra, haciéndola fértil. Segundo, la palabra de Dios siempre producirá un efecto acorde con la manera en que es recibida. Si no se convierte en un mensaje que da vida, se convertirá en un mensaje que trae muerte. Si no convence a la conciencia y ablanda el corazón, los endurecerá. Si no prepara a una persona para el cielo, la preparará para el infierno (Isaías 6:9). De una manera u otra, hará su obra.
Esto también muestra que la venida de Cristo al mundo, como rocío del cielo (Oseas 14:5), no será en vano. Si Israel no es reunido, Cristo aun así será honrado mediante la conversión de los gentiles. Por eso, cuando los judíos rechazan la oferta, la gracia debe ofrecerse a los gentiles, para que el salón del banquete de bodas se llene de invitados y el evangelio no regrese vacío.
Si miramos especialmente a la iglesia, vemos las grandes cosas que Dios ha hecho y hará por ella (Isaías 55:12, Isaías 55:13). «Saldrán con alegría y serán guiados en paz». Esto se refiere primero a la liberación de los judíos y a su regreso de Babilonia. Saldrán del cautiverio y serán conducidos de regreso a su propia tierra. Dios irá delante de ellos con tanta seguridad, aunque no de manera tan visible, como fue delante de sus antepasados en la columna de nube y de fuego. Saldrán no con temor, sino con triunfo; no sentirán pesar por dejar Babilonia ni temor de ser llevados de nuevo allí. Su viaje de regreso a través de las montañas será agradable, y las tierras por las que pasen les desearán bienestar.
Las colinas y sus habitantes parecerán romper en cantos de alegría. Y, aunque el pueblo guardara silencio, los árboles del campo todavía aplaudirían en alabanza. Cuando regresen a su propia tierra, esta estará lista para recibirlos. Esperaban encontrarla cubierta de espinos y maleza, pero en su lugar estará plantada de cipreses y mirtos. Aunque la tierra había quedado desolada, había guardado sus días de reposo (Levítico 26:34), y cuando ese tiempo terminara, sería mejor que antes, como una tierra después de un año sabático. Todo esto honrará grandemente a Dios y hará conocido su nombre.
Pero esto apunta más allá. Será una señal permanente de que la redención de los judíos de Babilonia confirmó las promesas que apuntan a los tiempos del evangelio. La manera en que Dios cumplió esas profecías sería una garantía y una señal segura de que también cumpliría todas las demás promesas, porque demostraría que él es fiel para cumplir su palabra. También sirve como una imagen de las bendiciones prometidas en el evangelio.
Primero, la gracia del evangelio libera a quienes estaban esclavizados al pecado y a Satanás. Salen y son guiados. Cristo los hace libres, y entonces son verdaderamente libres. Segundo, llena de alegría a quienes estaban tristes y abatidos de espíritu. Jacob se regocijará e Israel se alegrará (Salmo 14:7). Incluso la tierra y las partes más profundas de la creación participan de la alegría de esta salvación (Salmo 94:11-12). Tercero, transforma el carácter de las personas. Quienes eran como espinos y maleza, inútiles salvo para ser quemados, e incluso dañinos y problemáticos, se vuelven hermosos y útiles como los cipreses y los mirtos. Los espinos y la maleza entraron con el pecado y formaban parte de la maldición (Génesis 3:18). Plantar árboles agradables en su lugar muestra el retiro de la maldición de la ley y la llegada de las bendiciones del evangelio.
Los enemigos de la iglesia eran como espinos y maleza, pero Dios levantará en su lugar amigos que la protegerán y honrarán. O también puede significar que el mundo mismo llegará a ser mejor. En vez de una generación de espinos y maleza, habrá una generación de cipreses y mirtos, con hijos más sabios y mejores que sus padres. En todo esto, Dios será glorificado. Será para él un nombre; es decir, por medio de esto será conocido y alabado, y su pueblo recibirá ánimo. Será una señal permanente del favor de Dios hacia ellos, asegurándoles que, aunque por un tiempo pueda parecer oculto, nunca les será quitado. El pacto de gracia, es decir, la promesa salvadora de Dios, es un pacto eterno, y sus bendiciones presentes son señales de bendiciones que duran para siempre.
De este capítulo
Isaías 55:1
"Todos los que tengan sed, vengan a beber agua; los que no tengan dinero, vengan, consigan trigo gratis y coman; consigan vino y leche sin pagar nada."
Isaías 55:2
"¿Por qué gastar dinero en lo que no es pan? ¿Por qué gastar su salario en algo que no satisface? Escúchenme bien y comerán buenos alimentos; comerán cosas deliciosas."
Isaías 55:3
"Vengan a mí y presten atención; escúchenme y vivirán. Yo haré con ustedes una alianza eterna y cumpliré así las promesas que por amor hice a David."
Isaías 55:4
"Yo lo puse a él como testigo para las naciones, como jefe e instructor de los pueblos."
Isaías 55:5
"Tú llamarás a pueblos desconocidos; pueblos que no te conocían correrán hacia ti, porque yo, tu Señor, el Dios Santo de Israel, te he honrado."
Isaías 55:7
"Que el malvado abandone su camino y el perverso deje sus ideas; vuélvanse al Señor, y él tendrá compasión de ustedes; vuélvanse a nuestro Dios, que es generoso para perdonar."
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