Versículo destacado

Isaías 52:13 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

" Mi siervo tendrá éxito; será levantado y puesto muy alto. "

Isaías 52:13

menu_book El versículo en contexto

11 ¡Salgan, salgan ya de Babilonia! No toquen nada impuro. ¡Salgan ya de Babilonia! ¡Consérvense limpios los que transportan los utensilios del Señor!

12 Pero no tendrán que salir a toda prisa ni tendrán que salir huyendo, porque el Señor, el Dios de Israel, los protegerá por todos lados.

13 Mi siervo tendrá éxito; será levantado y puesto muy alto.

14 Así como muchos se asombraron de él al ver su semblante, tan desfigurado que había perdido toda apariencia humana,

15 así también muchas naciones se quedarán admiradas; los reyes, al verlo, no podrán decir una palabra, porque verán y entenderán algo que nunca habían oído.

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Aquí, como en otros pasajes, el profeta pasa de las promesas de ayuda futura a la salvación mucho mayor que el Mesías traería en el tiempo establecido por Dios. La promesa de la venida de Cristo tenía el propósito de fortalecer la fe en la liberación de Asiria, y la profecía sobre la muerte y resurrección de Cristo tenía el propósito de confirmar la promesa del regreso de Babilonia. Ambos rescates apuntaban de antemano a la gran redención, y las profecías acerca de ellos anticipaban esa redención.

Esta profecía, que comienza aquí y continúa hasta el final del capítulo siguiente, señala claramente a Jesucristo. Los judíos de la antigüedad entendían que hablaba del Mesías, aunque más tarde algunos judíos se esforzaron por distorsionar su significado. Algunos escritores de nuestros propios tiempos, que no son amigos de la fe cristiana, han intentado aplicarla a Jeremías; pero Felipe dejó resuelto el asunto cuando predicó acerca de Cristo al funcionario etíope a partir de este pasaje (Hechos 8:34-35). Aquí, entonces, Dios presenta a Cristo como aquel que fue designado y preparado para su obra.

Dios reconoce a Cristo como su siervo, aquel a quien envió y a quien sostendrá. Cristo hace la voluntad de su Padre, busca honrar a su Padre y sirve al bien del reino de su Padre. También está completamente capacitado para cumplir esa misión, porque actúa con sabiduría. El Espíritu de sabiduría y entendimiento reposa sobre él (Isaías 11:2), y al llevar a cabo nuestra redención, la sabiduría de Dios se manifestó de una manera escondida y maravillosa (1 Corintios 2:7). Cuando Cristo estuvo en la tierra, siempre actuó con sabiduría perfecta.

Luego el profeta presenta una breve visión tanto de los sufrimientos de Cristo como de su gloria. Muchos quedaron horrorizados al verlo, como había sucedido con David cuando sus dificultades lo convirtieron en un espectáculo para los demás (Salmo 71:7). La gente quedó atónita al ver el trato cruel que recibió, la amargura con que se opusieron a él y la vergüenza con que lo trataron. Su rostro quedó terriblemente desfigurado cuando lo golpearon, lo abofetearon y le pusieron una corona de espinas; tampoco ocultó su rostro ante la vergüenza y los escupitajos. Fue un hombre de dolores, y el abuso que sufrió afeó su rostro, aunque en realidad era más hermoso que los hijos de los hombres. Jamás se había tratado a un hombre con tanta crueldad.

Sin embargo, Dios también lo exaltó grandemente, y lo exaltó porque se humilló a sí mismo. En Isaías 52:13 se usan tres expresiones para describirlo: será exaltado, levantado y puesto muy en alto. Dios lo resucitará, la gente lo honrará y él estará por encima de todos. Tendrá éxito en su obra, y ese éxito le traerá gran honor.

Muchas naciones serán bendecidas por medio de él, no solamente los judíos. Él rociará a muchas naciones; es decir, la sangre limpiadora de su sacrificio llegará a sus conciencias y las hará limpias. Sufrió y murió, y así abrió una fuente para la purificación (Zacarías 13:1). También rocía a muchas naciones por medio de su enseñanza desde el cielo, que desciende como la lluvia y el rocío. La enseñanza de Moisés hizo esto solo por una nación (Deuteronomio 32:2), pero la enseñanza de Cristo llega a muchas naciones. También lo hace por medio del bautismo, el lavamiento del cuerpo con agua limpia (Hebreos 10:22). Así se cumplió esta promesa cuando Cristo envió a sus apóstoles a hacer discípulos de todas las naciones y a bautizarlos, es decir, a rociarlos.

Los grandes gobernantes del mundo también le mostrarán respeto. Los reyes cerrarán la boca delante de él; esto significa que ya no hablarán contra él como antes, burlándose y blasfemando contra sus palabras santas. En cambio, aceptarán la manera en que establece su reino y recibirán sus enseñanzas y leyes con humildad y reverencia. Cuando Job terminó de hablar, hasta los hombres sabios guardaron silencio delante de él (Job 29:9, 29:22). De la misma manera, los reyes verán y se levantarán (Isaías 49:7).

Por medio de él, el misterio que había estado oculto desde el principio del mundo será dado a conocer a todas las naciones, y esto producirá la obediencia que proviene de la fe, como dice Pablo (Romanos 16:25-26). Verán lo que nunca se les había anunciado. El evangelio revela verdades nuevas y nunca antes escuchadas, y eso atraerá la atención y el respeto de los reyes y los reinos. Pablo aplica estas palabras a la predicación del evangelio entre los gentiles (Romanos 15:21): los que nunca habían recibido ese anuncio verán, y los que nunca habían oído entenderán.

Estas verdades habían permanecido en secreto durante mucho tiempo, y las personas que las recibirían habían vivido durante mucho tiempo en oscuridad. Pero ahora verán y entenderán la gloria de Dios que resplandece en el rostro de Cristo, aquello que antes no se les había anunciado ni habían escuchado. El evangelio revela lo que ninguna sabiduría humana podría descubrir: nada que los filósofos pudieran inventar, que los adivinos pudieran encontrar o que los oráculos paganos pudieran comunicar. Ya se había dicho mucho acerca del Mesías en el Antiguo Testamento, y muchas personas habían oído esas promesas. Sin embargo, como sucedió con la reina de Sabá y Salomón, lo que verán en Cristo será mucho mayor que lo que se les había contado. Cristo no cumplió las expectativas de quienes imaginaban un Mesías conforme a sus propias ideas, pero superó la esperanza de todos los que esperaban al Mesías prometido por Dios. Conforme a su fe, y aun más allá de ella, Cristo fue para ellos todo lo que esperaban.

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