Versículo destacado
Isaías 34:9 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Los arroyos de Edom se convertirán en brea y su polvo en azufre; la tierra arderá como brea. "
Isaías 34:9
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
7 Y caerán como los búfalos, los becerros y los toros; su tierra se empapará de sangre y el polvo se llenará de grasa.
8 Sí, será el día de la venganza del Señor, el año del desquite para la causa de Sión.
9 Los arroyos de Edom se convertirán en brea y su polvo en azufre; la tierra arderá como brea.
10 No se apagará ni de día ni de noche; su humareda se elevará para siempre. Por siglos y siglos quedará abandonada; nadie volverá a pasar jamás por allí.
11 Allí se instalarán el búho y el mochuelo, y el cuervo y la lechuza harán sus nidos. El Señor convertirá ese país en desierto y soledad.
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Esta profecía suena muy oscura, pero va más allá de Edom y Bosra. Describe los cambios dolorosos que la providencia de Dios suele traer sobre países, ciudades, palacios y familias. Algunos lugares que antes prosperaban y atraían multitudes caen con el tiempo en la decadencia. La tierra fértil puede volverse estéril, y las ciudades llenas de actividad pueden convertirse en montones de ruinas.
También presenta los juicios destructores que vienen por la ira de Dios, el castigo justo para quienes se oponen a su pueblo. Dios enviará estos juicios cuando llegue el tiempo de la redención y cuando haga justicia a favor de Sion. Los que intentan destruir a la iglesia nunca podrán lograrlo. Lo único que consiguen es traer ruina sobre sí mismos.
La profecía también apunta a la ruina final de este mundo malvado, que está reservado para el fuego en el día del juicio (2 Pedro 3:7). La tierra misma, junto con todo lo que se ha hecho en ella, será quemada. Para quienes ponen su corazón en las cosas terrenales, ese final será como un infierno. Aun así, este pasaje muestra principalmente la suerte de quienes están bajo la maldición de Dios.
El país se volverá como el lago de Sodoma, un lugar destruido por el fuego y el juicio (Isaías 34:9, Isaías 34:10). Sus arroyos, que antes servían para regar la tierra y refrescar a sus habitantes, se convertirán en brea. El polvo se volverá azufre, de modo que la tierra, tocada por la ira de Dios, parecerá lista para incendiarse con la más pequeña chispa. Cuando arda, se convertirá en brea ardiente, y el fuego se extenderá por todas partes, no solo a una casa o a una ciudad. Nadie podrá apagarlo. Arderá día y noche, y su humo subirá para siempre.
Mientras los pecadores sigan multiplicándose en la tierra, Dios mantendrá contra ellos un juicio justo (Números 32:14). Si un pueblo continúa produciendo pecadores, Dios seguirá enviando plagas. Nadie que caiga bajo la ira de Dios podrá salir de ella por sus propias fuerzas. Las personas pueden tomar esto a la ligera, pero es algo aterrador caer en las manos del Dios vivo. Si una tierra está condenada, nadie querrá atravesarla. La gente preferirá tomar un largo desvío antes que acercarse a su hedor.
Las ciudades se volverán como casas antiguas y destruidas, abandonadas por sus dueños. Estos lugares suelen causar miedo y por lo general son ocupados por animales salvajes o aves de mal agüero. Los palacios del enemigo se verán desolados y en ruinas. Dios los señalará para la destrucción al extender sobre Bosra la cuerda de medir de la confusión y la plomada de la desolación (Isaías 34:11). Esto muestra que su juicio es justo y exacto. La ruina no será casual; estará medida, como si se hubiera trazado con cuerda y nivel.
La confusión y la desolación que cubrirán toda la tierra serán como la tierra antes de que Dios le diera forma, cuando estaba desordenada y vacía (Génesis 1:2). El pecado puede convertir rápidamente un paraíso en caos y arruinar la belleza de la creación. Donde llega la confusión, pronto aparece la desolación. Pero ambas cosas son enviadas por el gobernante del mundo en la medida correcta.
Sus grandes hombres serán eliminados, y ninguno se atreverá a presentarse (Isaías 34:12). Llamarán a los nobles para que se ocupen de los difíciles asuntos que tienen por delante, pero no habrá nadie que asuma el mando. Sus príncipes recibirán las malas noticias y quedarán impotentes. No podrán ayudarlos ni protegerlos de la destrucción.
Incluso las sedes de gobierno y las fortalezas de defensa se convertirán en lugares desolados (Isaías 34:13). Allí crecerán hierbas, pero también espinos, ortigas y zarzas, y no habrá nadie que las quite. A veces vemos edificios en ruinas cubiertos de maleza y piedras rotas. Esto muestra algo más que vacío y abandono. Muestra que el lugar está bajo la maldición de Dios, porque los espinos y cardos aparecieron con la maldición después del pecado (Génesis 3:18).
Entonces el lugar se convertirá en hogar y punto de reunión de criaturas salvajes y aterradoras, que suelen vivir entre ruinas solitarias. Estas criaturas aumentarán el horror de la desolación. Allí vivirá el cormorán, o quizá el pelícano, un ave que busca lugares solitarios (Salmo 102:6). También estarán el avetoro, que produce un sonido áspero; el búho, un ave triste; y el cuervo, un ave de rapiña atraída por los cadáveres, junto con toda ave impura que no sirve al ser humano (Isaías 34:13).
También vivirán allí dragones y otras criaturas dañinas y venenosas. En las habitaciones altas donde antes se reunían funcionarios orgullosos, los dragones silbarán y los lobos aullarán. En los patios que antes estaban llenos de poderosos señores, la serpiente levantará su cabeza moteada o se enroscará para descansar. Lo que antes era un patio para príncipes se convertirá en un patio para búhos o avestruces (Isaías 34:14).
Los animales salvajes del desierto se encontrarán con los animales salvajes de los pantanos, como si hubieran sido convocados a una cita, y disfrutarán de la ruina completa que encontrarán allí. Los leopardos y toda clase de fieras harán de ese lugar desierto su hogar. El sátiro, una criatura de la imaginación pagana, aparece llamando a otro para que se una a él en ese desierto, o estableciéndose allí y disfrutando de su extraño nuevo hogar. Allí descansará la lechuza y anidará el gran búho; pondrá sus huevos y los empollará (Isaías 34:15). Su especie continuará allí, como si dejara herederos para esa tierra desolada.
Las aves de rapiña que se alimentan de cadáveres se reunirán allí, cada una con su pareja. Aquí vemos tres cosas. Los lugares que las personas han abandonado y evitan se convierten en hogares apropiados para otras criaturas, a las que la providencia de Dios todavía cuida y no pasa por alto. Esto también muestra cómo son las personas frías, poco sociables y que siempre se apartan de los demás. Se parecen a estas aves solitarias, que parecen disfrutar de las ruinas y los lugares vacíos.
También muestra lo terrible que es el pecado. Puede convertir una tierra fértil en un desierto y una ciudad llena de actividad en un lugar desolado. El mismo pecado que llena un lugar de vida puede dejarlo vacío y en ruinas.
También hay una seguridad de que esta predicción se cumplirá por completo, hasta en el más mínimo detalle (Isaías 34:16, Isaías 34:17). El pasaje dice: «Busquen en el libro del Señor y léanlo». Cuando llegue esta destrucción, podrán comparar lo que suceda con lo que fue anunciado y verán que todo coincide exactamente. El libro de los profetas es el libro del Señor, por lo que debemos recibirlo como algo que viene de Dios y tiene autoridad divina. No solo debemos leerlo, sino también examinarlo, pasando de un pasaje a otro y comparándolos. De esta manera cuidadosa se puede obtener mucho conocimiento útil de las Escrituras, no simplemente mediante una lectura rápida.
Al leer la predicción en el libro del Señor, se verá que, tal como fue anunciado, ninguno de estos animales dejará de estar allí, ya sea bestia o ave. Puesto que se predijo que vivirían allí generación tras generación, cada especie continuará y ninguna quedará sin pareja. Estas señales de ruina se multiplicarán y llenarán la tierra.
Además, puesto que la boca de Dios ordenó esta reunión aterradora, su Espíritu la llevará a cabo. Así como las criaturas fueron llevadas por instinto hacia Adán para que él les pusiera nombre, y hacia Noé para que pudiera protegerlas, estas también serán reunidas por el poder directivo de Dios. Lo que la palabra de Dios determina, su Espíritu lo hará realidad, porque ninguna palabra de Dios fallará. De la misma manera, las promesas de Dios también se cumplen mediante la obra del Espíritu.
También habrá un orden y una proporción exactos en la ejecución de esta advertencia. Dios les ha asignado un lugar a estas aves y bestias, y cada una sabrá dónde estar, como si su sitio hubiera sido señalado. Compárese esto con Joel 2:7-8, donde se dice que no romperán filas ni se atropellarán unas a otras. Entre las naciones paganas, los adivinos intentaban predecir los acontecimientos observando el vuelo de las aves, como si el destino humano dependiera de ellas. Pero aquí vemos que el vuelo de las aves está bajo el gobierno del Dios de Israel. Él les ha asignado su lugar.
Por último, la desolación durará para siempre: la poseerán eternamente. La Jerusalén de Dios puede quedar en ruinas, pero la antigua Jerusalén se levantó de sus ruinas hasta que dio paso a la Jerusalén del evangelio. Esa ciudad del evangelio puede ser humillada, pero será reconstruida y permanecerá hasta dar paso a la Jerusalén celestial. En cambio, los enemigos de la iglesia permanecerán desolados para siempre, castigados con destrucción eterna.
De este capítulo
Isaías 34:1
"Acérquense, pueblos, para escuchar; naciones, presten atención. Que escuchen la tierra y todo lo que hay en ella, el mundo y todo lo que él produce."
Isaías 34:2
"Porque el Señor está enojado con las naciones y con todos sus ejércitos; los ha condenado a la destrucción y a la muerte."
Isaías 34:3
"Los muertos serán abandonados, el mal olor se elevará de los cadáveres y ríos de sangre correrán por las montañas."
Isaías 34:4
"Todos los astros del cielo se desintegrarán, el cielo se enrollará como un rollo y todas las estrellas se apagarán, como se marchita y cae una hoja desprendida de una vid o de una higuera."
Isaías 34:5
"Sí, la espada del Señor aparece en el cielo y caerá sobre Edom, pueblo condenado a muerte."
Isaías 34:6
"La espada del Señor se cubrirá de sangre y de grasa, como cuando se matan corderos y cabras en los sacrificios. El Señor hará un sacrificio en Bosrá, una gran matanza en Edom."
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