Versículo destacado
Isaías 13:6 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Den alaridos, porque el día del Señor está cerca; llega como un golpe del Todopoderoso. "
Isaías 13:6
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
4 Se oye un griterío en los montes, como el de mucha gente. Se oye el rugido de las naciones, de los pueblos que se han reunido. El Señor todopoderoso pasa revista a sus tropas preparadas para la batalla.
5 Vienen de un país lejano, de más allá del horizonte. Es el Señor con los instrumentos de su ira, que viene para destruir toda la tierra.
6 Den alaridos, porque el día del Señor está cerca; llega como un golpe del Todopoderoso.
7 Entonces todo el mundo dejará caer los brazos; todos perderán el valor.
8 Y quedarán aterrados. Les sobrevendrán una angustia y un dolor tan grandes que se retorcerán como una mujer de parto. Se mirarán unos a otros con asombro, y la cara les arderá de vergüenza.
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Aquí se presenta una imagen vívida de la terrible confusión y ruina que sobrevendrían a Babilonia cuando los medos y los persas la atacaran. A quienes entonces se sentían seguros se les ordena gritar y lamentarse, porque Dios estaba a punto de actuar contra ellos con ira. Es algo aterrador caer en las manos de Dios. «El día del Señor está cerca» (Isaías 13:6): sería un día breve, pero solemne, de juicio, cuando Dios se levantaría como vengador justo para defender su causa y responder a los agravios cometidos contra su pueblo. Siempre hay quienes tienen buenas razones para temblar cuando ese día se acerca.
Las personas pueden pensar que su propio día está seguro e incluso imaginar que conservarán el control. Pero Dios se ríe de esa confianza, porque ve que se acerca su propio día (Salmo 37:13). Dios no se deja gobernar por una furia descontrolada; sin embargo, su juicio contra los babilonios se describe como cruel, lleno de ira y de indignación ardiente. Los tratará con severidad porque ellos trataron con extrema crueldad a su pueblo. Con el cruel se muestra severo, y al sanguinario le da a beber sangre.
Su valor se desmoronará, y no les quedarán ni fuerzas ni consuelo. No podrán resistir el juicio que viene sobre ellos ni soportarlo; tampoco podrán luchar contra el enemigo ni afirmarse, como se describe en (Isaías 13:7-8). Los que fueron orgullosos, arrogantes y aterradores durante sus días de paz (Isaías 13:11) quedarán completamente abatidos cuando llegue la angustia. «Todas las manos se debilitarán»: no tendrán fuerzas para sostener un arma. «El corazón de cada hombre se derretirá», y el miedo casi les quitará la vida. Su pánico será como los dolores de parto, y se mirarán unos a otros llenos de confusión. Se asombrarán al ver aterrorizados a quienes antes eran valientes, o se quedarán mirándose como hombres que no saben qué hacer (Génesis 42:1). Sus rostros mostrarán el miedo: estarán pálidos de terror o enrojecidos por la vergüenza y el espanto, como personas quemadas por el fuego, o ennegrecidos como un odre dejado entre el humo (Salmo 119:83).
También perderán todo consuelo y esperanza (Isaías 13:10). Las estrellas del cielo no darán su luz, y el sol se oscurecerá al salir, como si se acercara una tormenta espesa. Serán como marineros desesperados cuando ni el sol ni las estrellas pueden guiarlos (Hechos 27:20). Para ellos será tan aterrador como si todas las luces del cielo se convirtieran en oscuridad; una imagen que también apunta al día del juicio, cuando el sol se oscurecerá. Cuando los cielos se ven así de oscuros, muestran el desagrado del Dios del cielo. Si hay oscuridad en la tierra, basta con que todo esté claro arriba. Pero si no recibimos consuelo de allí, ¿de dónde más puede venir?
Dios también los castigará por su pecado, y todo este sufrimiento será un juicio contra el pecado, especialmente contra el orgullo, como se muestra en (Isaías 13:11). Esto hace que su miseria sea aún más pesada. Ahora el pecado debe recibir su castigo. Aunque Babilonia era como un mundo pequeño en sí misma, era un mundo malvado y no quedaría sin castigo. El pecado trae ruina sobre el mundo de los impíos. Y cuando los reinos de la tierra luchan unos contra otros, eso forma parte del pleito de Dios contra todos ellos.
El orgullo debe caer. La arrogancia de los poderosos y temibles debe ser humillada, especialmente la de Nabucodonosor y su hijo Belsasar, quienes usaron su orgullo para aplastar al pueblo de Dios y hacerse temer. El orgullo de una persona la hará caer. Habrá una matanza tan grande que la gente escaseará (Isaías 13:12). Dios dice: «Haré que un hombre sea más precioso que el oro fino». No se encontraría a nadie que pudiera encargarse de los asuntos del gobierno, servir en el ejército o siquiera casarse con una hija para formar una familia, aunque se ofreciera dinero por él. Las tropas de los pueblos vecinos no estarían dispuestas a servir al rey de Babilonia, porque verían que todo estaba volviéndose contra él. La guerra vacía rápidamente los lugares que antes estaban llenos. Dios puede convertir pronto un reino admirado y buscado en uno al que todos teman y eviten, como una casa a punto de derrumbarse o un barco a punto de hundirse.
También habrá una confusión y un pánico totales, una conmoción en sus asuntos semejante a cielos desgarrados por el trueno y a la tierra sacudida por terremotos. Todo caerá en ruinas en el día de la ira del SEÑOR de los ejércitos (Isaías 13:13). El miedo se apoderará de sus mentes de tal manera que Babilonia, que antes era como un león rugiente y un oso enfurecido para sus vecinos, se convertirá en un venado perseguido y en una oveja sin pastor que la reúna (Isaías 13:14). El ejército que llevarán al campo de batalla, formado por tropas de muchas naciones, quedará tan desanimado por el miedo y tan disperso por las espadas de sus enemigos que cada hombre correrá de regreso a su propio pueblo. Cada soldado intentará salvarse a sí mismo. Los hombres fuertes no podrán mantenerse firmes (Salmo 76:5), sino que huirán.
Habrá una escena de sangre y horror, como suele suceder cuando la espada destruye. No sorprende que todos intenten escapar, pues el conquistador no tendrá compasión y matará a quienes permanezcan. Esto incluirá no solo a los que sean encontrados luchando, algo común incluso en las guerras más crueles, sino a toda persona que siga con vida y sea identificada como babilonia; la atravesarán con la espada en cuanto quede claro quién es (Isaías 13:15). Además, como la espada destruirá sin hacer distinción, todos los que estén ligados a Babilonia caerán por la espada, incluidos los de otras naciones que acudieron a ayudarla. Es peligroso relacionarse con gente malvada y ayudar a aquellos a quienes Dios ha decidido destruir. Quienes se unen a Babilonia deben esperar compartir sus plagas (Apocalipsis 18:4).
Como la guerra deja de lado las leyes más básicas de la naturaleza y de la bondad humana, aunque en realidad no puede anularlas, los conquistadores actuarán de la manera más salvaje y brutal: estrellarán a los niños contra el suelo y violarán a las mujeres. «La maldad tendrá rienda suelta» (Isaías 13:16). Babilonia también había tratado así al pueblo de Dios (Lamentaciones 5:11), y ahora recibirá un trato semejante (Apocalipsis 13:10). Ya se había anunciado que los pequeños de Babilonia serían estrellados contra las piedras (Salmo 137:9). Aunque esos actos fueran crueles e injustos, Dios seguía siendo justo al permitirlos y al permitir que ocurrieran ante los propios ojos de los babilonios, para aumentar su temor y angustia. También era justo que las casas que ellos habían llenado con el botín de Israel fueran saqueadas. Lo que las personas obtienen mediante el robo, con frecuencia lo pierden de la misma manera.
El enemigo que Dios enviará contra Babilonia será implacable. Tal vez lo impulse una provocación especial, o quizá sea enfurecido de alguna otra manera. En cualquier caso, Dios mismo incitará a los medos a tratar con severidad a los babilonios. Obrará por medio de sus planes y deseos, y les permitirá llevar a cabo el ataque con toda su fuerza. Dios no es la fuente del pecado, pero no permitiría ese pecado si no supiera cómo sacar gloria para sí mismo de lo que ocurre.
Estos medos, unidos a los persas, llevarán a cabo la destrucción por completo. No aceptarán sobornos (Isaías 13:17). Las personas ofrecerán todo lo que tienen para salvar la vida, pero a los medos no les importará la plata. Buscarán sangre, no oro, y ninguna riqueza será suficiente para comprar la vida de alguien. Tampoco mostrarán compasión (Isaías 13:18). No perdonarán a los jóvenes en la plenitud de su vida, sino que les dispararán y luego los despedazarán. Tampoco perdonarán a los niños pequeños e inocentes, aunque sus llantos parecieran suficientes para ablandar el corazón más duro.
Conviene detenerse en tres aspectos. Primero, en la crueldad y la falta de compasión a las que pueden llegar las personas. Esto muestra cuán profundamente se ha echado a perder y corrompido la naturaleza humana. Segundo, en el asombro de que el Dios de misericordia infinita permita esto y aun lo use como instrumento de su justicia. Esto demuestra que, aunque Dios es bondadoso, también es el Dios a quien pertenece la venganza. Tercero, en que los bebés pequeños, que no han cometido un pecado concreto, aun así puedan sufrir de esta manera. Esto apunta a la culpa original, la culpa con la que las personas nacen y por la cual la vida ya está perdida desde su comienzo.
De este capítulo
Isaías 13:1
"Palabras proféticas contra Babilonia, que Isaías, hijo de Amós, recibió por revelación:"
Isaías 13:2
"¡Levanten en un monte pelado la señal de combate! ¡Den a los soldados la orden de atacar! ¡Levanten la mano para que avancen por las puertas de los nobles!"
Isaías 13:3
"Ya he llamado a mis valientes; he dado órdenes a mis guerreros consagrados, a los que se alegran por mi triunfo, para que ejecuten mi castigo."
Isaías 13:4
"Se oye un griterío en los montes, como el de mucha gente. Se oye el rugido de las naciones, de los pueblos que se han reunido. El Señor todopoderoso pasa revista a sus tropas preparadas para la batalla."
Isaías 13:5
"Vienen de un país lejano, de más allá del horizonte. Es el Señor con los instrumentos de su ira, que viene para destruir toda la tierra."
Isaías 13:7
"Entonces todo el mundo dejará caer los brazos; todos perderán el valor."
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