Versículo destacado

Hebreos 5:10 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

" y Dios lo nombró Sumo sacerdote de la misma clase que Melquisedec. "

Hebreos 5:10

menu_book El versículo en contexto

8 Así que Cristo, a pesar de ser Hijo, aprendió mediante el sufrimiento lo que es la obediencia;

9 y al perfeccionarse de esa manera, llegó a ser fuente de salvación eterna para todos los que lo obedecen,

10 y Dios lo nombró Sumo sacerdote de la misma clase que Melquisedec.

11 Tenemos mucho que decir sobre este asunto, pero es difícil explicarlo porque ustedes son lentos para entender.

12 Después de tanto tiempo, ustedes ya deberían ser maestros; en cambio, necesitan que se les expliquen de nuevo las cosas más sencillas de las enseñanzas de Dios. Han vuelto a ser tan débiles que, en vez de comida sólida, tienen que tomar leche.

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Aquí el apóstol vuelve a lo que había citado en Hebreos 5:6, tomado de Salmo 110:1-7, acerca del sacerdocio especial de Cristo: el orden de Melquisedec. Ese sacerdocio era permanente, y por eso la salvación que aseguraba también duraría para siempre. Hebreos 7 presenta una explicación más completa de Melquisedec. Algunos piensan que las cosas difíciles que Pablo tenía que decir no se referían principalmente a Melquisedec mismo, sino a Cristo, a quien Melquisedec prefiguraba.

Pablo dice que tenía muchas cosas que decir acerca de Cristo, pero que eran difíciles de explicar. Esto no sorprende, porque hay misterios profundos en la persona y la obra del Redentor. El cristianismo mismo es el gran misterio de la piedad. El evangelio es suficientemente claro para la fe, pero también contiene verdades profundas y maravillosas.

Luego da la razón por la que no habló de manera más completa: los hebreos eran lentos para escuchar. Algunas cosas son difíciles en sí mismas, y aun los ministros del evangelio pueden carecer de habilidad para explicarlas con claridad. Pero, por lo general, el problema mayor está en quienes escuchan. Los oyentes poco atentos hacen difícil la predicación del evangelio. Incluso muchos que tienen cierta fe tardan en entender y en creer. Su mente es débil y no comprende las cosas espirituales; además, su memoria es débil y no las conserva.

Pablo también muestra que esta debilidad en ellos era pecaminosa, no solamente natural. Habían recibido una enseñanza tan buena que ya debían haber avanzado mucho más. Sin embargo, para ese momento debían ser maestros, y todavía necesitaban que alguien les enseñara de nuevo los principios elementales de la palabra de Dios (Hebreos 5:12). Dios toma en cuenta el tiempo que hemos tenido y la ayuda que hemos recibido para aprender las Escrituras. Se espera mucho de quienes han recibido mucho. Cualquiera que entiende bien el evangelio debería poder enseñar a otros, aunque no sea públicamente, al menos en privado. Y nadie debería intentar enseñar a otros si primero no ha crecido en conocimiento espiritual.

Esto era una triste decepción. Necesitaban que les enseñaran de nuevo las cosas más básicas. En la palabra de Dios hay principios fundamentales, claros y necesarios de aprender. También hay verdades profundas, que deben ser estudiadas por quienes ya han aprendido lo básico. Algunas personas no avanzan en absoluto en el conocimiento cristiano. Incluso olvidan verdades que aprendieron hace mucho tiempo. Quienes no crecen mediante los medios de gracia por lo general están retrocediendo. Es una vergüenza que personas maduras en edad y con cierta posición en la iglesia permanezcan como niños en su entendimiento.

Pablo luego explica que las doctrinas del evangelio deben presentarse de distintas maneras a distintas personas. En la iglesia hay creyentes que son como niños y otros que han alcanzado madurez (Hebreos 5:12-14). En el evangelio hay leche y alimento sólido. Los que son como niños, porque no tienen experiencia en la palabra de justicia, deben ser alimentados con leche. Necesitan las verdades más sencillas, explicadas de la manera más simple y repetidas cuidadosamente (Isaías 28:10). Cristo no desprecia a los más pequeños de los suyos. Él ha provisto alimento adecuado para ellos. Es bueno ser un niño en Cristo, pero no permanecer en ese estado infantil. Siempre debemos ser niños en cuanto a la malicia, pero en el entendimiento debemos crecer hasta alcanzar la madurez.

Hay alimento sólido para quienes han alcanzado madurez (Hebreos 5:14). Las verdades más profundas de la fe corresponden a quienes han avanzado más en la escuela de Cristo y han aprovechado bien lo que aprendieron al principio. Mediante la práctica, han entrenado sus sentidos espirituales para distinguir entre el bien y el mal, entre el deber y el pecado, y entre la verdad y el error. Siempre ha habido niños, jóvenes y padres en la vida cristiana. Todo cristiano verdadero ha recibido de Dios vida espiritual y necesita alimento para conservarla. La palabra de Dios es ese alimento. Como bebés recién nacidos, los creyentes deben desear la leche pura de la palabra, para crecer por medio de ella.

Es sabio que los ministros dividan correctamente la verdad de Dios y den a cada persona lo que corresponde a su condición: leche para los niños y alimento sólido para quienes han alcanzado madurez. Existen sentidos espirituales, así como existen sentidos naturales. El alma tiene su propia vista, apetito y gusto. El pecado ha embotado y dañado estos sentidos, pero la gracia los restaura. Mediante el uso y la práctica, esos sentidos se vuelven más agudos y fuertes. Así, los creyentes aprenden a reconocer el sabor de lo que es bueno y verdadero, y a percibir la amargura de lo falso y malo. La razón y la fe ayudan en esto, pero el sentido espiritual también enseña a distinguir entre lo que agrada a Dios y lo que lo ofende, y entre lo que beneficia al alma y lo que le hace daño.

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