Versículo destacado

Hebreos 5:1 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

" Todo sumo sacerdote es escogido de entre los hombres y nombrado para representarlos delante de Dios, y para presentar ofrendas y sacrificios por los pecados. "

Hebreos 5:1

menu_book El versículo en contexto

1 Todo sumo sacerdote es escogido de entre los hombres y nombrado para representarlos delante de Dios, y para presentar ofrendas y sacrificios por los pecados.

2 Y como el sacerdote está sujeto a las debilidades humanas, puede tener compasión de los ignorantes y de los extraviados;

3 y a causa de su propia debilidad, tiene que ofrecer sacrificios tanto por sus propios pecados como por los pecados del pueblo.

auto_stories

Explora estudios bíblicos guiados

Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor

Micro-Study 5 días

Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)

Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.

Vista previa de la sesión 1:

Dichosos los humildes

schedule 6 min

Micro-Study 5 días

Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)

Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.

Vista previa de la sesión 1:

El cuidado del Pastor

schedule 5 min

lock_open Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones

person_add Crear cuenta gratis

auto_stories Comentario de Bible Guided

Aquí se presenta una descripción del oficio sacerdotal en general, aunque claramente apunta al Señor Jesucristo. En primer lugar, el sumo sacerdote tenía que ser tomado de entre los hombres. Tenía que ser uno de nosotros, compartir nuestra naturaleza, para poder presentarse con nosotros delante de Dios. Esto muestra que la humanidad ha pecado, que las personas pecadoras no pueden acercarse a Dios por sí mismas y que Dios tuvo a bien designar a uno de entre nosotros para abrirnos el camino.

El sumo sacerdote servía a favor de las personas en lo que se refiere a Dios, para la honra de Dios y para el bien de ellas. Se encontraba entre Dios y la humanidad. Cristo cumplió esto perfectamente; por eso, nunca debemos intentar acercarnos a Dios de ninguna otra manera ni esperar recibir de Dios algún favor aparte de Cristo. Toda bendición de Dios llega a nosotros por medio de él.

El sacerdote también era designado para presentar ofrendas y sacrificios por los pecados. Las ofrendas eran dádivas voluntarias llevadas a Dios como una expresión de gratitud y como reconocimiento de que todo proviene de él. Esto significa que lo que damos a Dios debe nacer de la voluntad, no de la obligación, y debe presentarse por medio del sumo sacerdote, quien nos representa. Los sacrificios por el pecado se ofrecían para hacer expiación, es decir, para cubrir el pecado de modo que pudiera ser perdonado y la persona pecadora fuera recibida.

Cristo cumple ambos propósitos. Nuestras buenas obras deben presentarse por medio de él para que tanto nosotros como ellas sean aceptables delante de Dios. Nuestras malas acciones son quitadas por medio del sacrificio de sí mismo, para que no nos condenen. Si queremos ser aceptados por Dios y recibir perdón, debemos acercarnos a él por la fe, mediante este gran sumo sacerdote.

El sumo sacerdote también tenía que ser capaz de mostrar compasión hacia dos clases de personas. Debía tener paciencia con los ignorantes, incluidos aquellos que pecaban por falta de entendimiento. También debía tratar con ternura a quienes se habían apartado del camino, alejándose de la verdad, del deber y de la felicidad, y ayudarles a regresar. Ese cuidado requiere mucha paciencia y misericordia. Además, el sumo sacerdote tenía que estar rodeado de debilidad, para comprender desde dentro la vida humana y poder identificarse con nosotros.

Cristo estaba perfectamente capacitado para esta obra. Asumió nuestra debilidad humana, aunque sin pecado. Esto nos anima profundamente a acudir a él en toda dificultad, porque comprende nuestra condición. En todas las aflicciones de su pueblo, él también es afligido.

El sumo sacerdote también tenía que ser llamado por Dios. Nadie podía tomar este honor por sí mismo, porque nadie podía reclamarlo legítimamente por cuenta propia. Si alguien lo hacía, era un intruso. El sacerdocio era un gran honor, porque el sacerdote se encontraba entre Dios y la humanidad: representaba a Dios ante las personas y a las personas ante Dios en asuntos de la mayor importancia. Puesto que Dios es la fuente de todo honor y autoridad verdaderos, solo quienes son llamados por él pueden esperar su ayuda, su aceptación y su bendición al servirle.

Esto también se aplica a Cristo. Cristo no se glorificó a sí mismo al tomar este oficio por cuenta propia. Podía decir con toda verdad: «Yo no busco mi propia gloria» (Juan 8:50). Como Dios, no podía recibir una gloria mayor. Como hombre y Mediador, no se adelantó sin haber sido enviado. Si él no tomó el oficio por iniciativa propia, los demás deben tener aún más cuidado de no hacerlo.

Luego, el apóstol muestra que Cristo es superior a Aarón, tanto por la manera en que fue llamado como por la santidad de su persona. Dios le dijo a Cristo: «Tú eres mi Hijo; hoy yo te he engendrado» (Salmo 2:7). Esto señala su relación eterna como Dios, su maravillosa concepción como hombre y su plena capacidad como Mediador. También muestra el amor de Dios por él, su designación pública para este oficio y la aprobación de todo lo que hizo y haría en él. Dios nunca le dijo esto a Aarón.

Dios también dijo: «Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec» (Salmo 110:4). Melquisedec era un rey-sacerdote cuyo orden apunta a un sacerdocio superior y permanente. El sacerdocio de Aarón era temporal y pasaba de un hombre a otro. El sacerdocio de Cristo es permanente y personal. Él es sacerdote para siempre, sin sucesión de padre a hijo y sin fin en su oficio. Esto se explicará con más detalle en el capítulo siete.

Cristo también es superior a Aarón en santidad. Los demás sacerdotes tenían que presentar sacrificios tanto por sus propios pecados como por los del pueblo. Cristo no necesitaba ofrecer un sacrificio por sí mismo, porque no había hecho nada malo ni había engaño en su boca (Isaías 53:9). Un sumo sacerdote así era exactamente el que necesitábamos.

Después se nos muestra la obra de Cristo en este oficio y lo que resultó de ella. Durante los días de su vida terrenal, es decir, mientras vivió en un cuerpo humano débil, ofreció oraciones y súplicas.

Aquí podemos ver varias cosas con claridad. Cristo tomó un cuerpo humano y vivió en él por un tiempo. Se hizo verdaderamente humano y vivió sus días como nosotros; esto debe enseñarnos a valorar cada día y a hacer el trabajo de cada día mientras tengamos oportunidad.

Durante los días de su vida terrenal, Cristo también se sometió a la muerte. Tuvo hambre, fue tentado, sangró y murió. Ahora su cuerpo está en el cielo, pero es un cuerpo glorioso y espiritual.

Dios el Padre podía salvarlo de la muerte. Podía haber evitado que muriera, pero decidió no hacerlo, porque eso habría arruinado el gran plan de su sabiduría y su gracia. Si Dios hubiera salvado a Cristo de la muerte, ¿qué habría sido de nosotros? Los judíos se burlaron de Jesús y dijeron: «Que se salve a sí mismo ahora, si de verdad lo quiere» (Mateo 27:43). Pero el Padre no permitió que esa copa amarga pasara de él, porque esa era la única manera en que nosotros podíamos ser salvados de beberla por completo.

Durante su vida terrenal, Cristo ofreció oraciones y peticiones a su Padre. Esto anticipaba su intercesión, es decir, su ruego por nosotros en el cielo. Tenemos muchos ejemplos de Cristo orando. Entre ellos están su oración en el huerto y durante su sufrimiento (Mateo 26:39; 27:46), así como su oración antes de padecer, registrada en Juan 17, donde oró por sus discípulos y por todos los que creerían en su nombre.

Estas oraciones y peticiones estuvieron acompañadas de fuertes gritos y lágrimas. Con esto nos da un ejemplo, no solo de orar, sino de orar con profundo sentimiento y urgencia. ¡Cuántas oraciones rutinarias ofrecemos y qué pocas brotan verdaderamente del corazón!

Cristo fue escuchado en aquello que temía. ¿De qué manera fue escuchado? Recibió respuesta al ser fortalecido en su agonía, al ser sostenido a salvo a través de la muerte y al ser levantado de entre los muertos en gloria. Tuvo una profunda conciencia de la ira de Dios y del peso del pecado. Su naturaleza humana estaba a punto de hundirse bajo esa carga tan pesada, y se habría hundido si Dios no lo hubiera ayudado y consolado. Pero fue escuchado en esto: fue sostenido mientras sufría la muerte. Y no existe una verdadera liberación de la muerte sino ser llevado a través de ella de manera segura.

Podemos recuperarnos muchas veces de una enfermedad, pero no somos plenamente salvados de la muerte hasta que Dios nos lleva a través de ella con seguridad. Quienes son salvados de esta manera un día serán liberados por completo mediante una resurrección gloriosa, y la resurrección de Cristo fue la garantía y la primera señal de esa resurrección.

Por medio de estos sufrimientos, Cristo aprendió la obediencia, aunque era Hijo (Hebreos 5:8). Era el Hijo unigénito del Padre, y uno podría pensar que eso lo habría librado del sufrimiento. Pero no fue así. Por lo tanto, ningún hijo de Dios debe esperar una vida libre de sufrimiento. «¿Qué hijo hay a quien su padre no disciplina?».

Cristo también obtuvo algo por medio de sus sufrimientos. Al sufrir voluntariamente, manifestó una obediencia perfecta. Nunca desobedeció, pero mostró todo el significado de la obediencia cuando se hizo obediente hasta la muerte, y muerte en la cruz. En esto nos dejó un ejemplo. Nosotros también debemos aprender la obediencia por medio de nuestras dificultades, y nuestras aflicciones deben enseñarnos a someternos humildemente a la voluntad de Dios.

Por medio de sus sufrimientos, Cristo fue perfeccionado y se convirtió en la fuente de salvación eterna para todos los que le obedecen (Hebreos 5:9). Fue apartado para su oficio por medio del sufrimiento y, en cierto sentido, consagrado por su propia sangre. Al sufrir, completó la obra que debía realizar en la tierra, haciendo la paz por el pecado. De ese modo fue perfeccionado, es decir, llegó a ser un sacrificio completo y perfecto por el pecado, una propiciación perfecta: una ofrenda que aparta la culpa del pecado.

Por medio de esto, se convirtió en la fuente de salvación eterna para las personas. Compró una liberación completa del pecado y la miseria, así como una participación plena en la santidad y el gozo para su pueblo. Dio a conocer esta salvación en el evangelio. La ofrece en el nuevo pacto y envía al Espíritu para capacitar a las personas a recibirla.

Pero esta salvación se concede únicamente a quienes obedecen a Cristo. No basta con conocer los hechos acerca de él, ni siquiera con profesar fe en él; es necesario escuchar su palabra y obedecerlo. Él ha sido establecido para gobernarnos como Príncipe, es decir, como Rey, y también para salvarnos como Salvador. No salvará a nadie que no quiera someterse a su gobierno; considerará enemigos a los demás y tratará con ellos como tales.

Pero para quienes lo obedecen, se entregan a él, se niegan a sí mismos, toman su cruz y lo siguen, él es la gran causa de su salvación, y ellos lo alabarán por ella para siempre.

IA cristiana que tiene en cuenta tu denominación

Aplica Hebreos 5:1 a tu vida hoy

Recibe orientación basada en las Escrituras, consciente de tu denominación y personalizada para tu situación.

1 Haz tu pregunta arrow_forward 2 Considera tu tradición arrow_forward 3 Aplica las Escrituras

✓ No necesitas tarjeta de crédito • ✓ 100 % privado • ✓ Obtén 30 créditos gratis para comenzar

De este capítulo

Oración diaria

Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria

Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.

Gratis. Cancela tu suscripción cuando quieras. Nunca compartimos tu correo electrónico.

Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.

Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.