Versículo destacado
Hebreos 12:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Por eso, nosotros, teniendo a nuestro alrededor a tantas personas que han demostrado su fe, dejemos a un lado todo lo que nos estorba y el pecado que nos enreda, y corramos con fortaleza la carrera que tenemos por delante. "
Hebreos 12:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Por eso, nosotros, teniendo a nuestro alrededor a tantas personas que han demostrado su fe, dejemos a un lado todo lo que nos estorba y el pecado que nos enreda, y corramos con fortaleza la carrera que tenemos por delante.
2 Fijemos la mirada en Jesús, pues de él procede nuestra fe y él es quien la perfecciona. Jesús soportó la cruz sin hacer caso de lo vergonzoso de esa muerte, porque sabía que después del sufrimiento tendría gozo y alegría; y se sentó a la derecha del trono de Dios.
3 Por lo tanto, mediten en el ejemplo de Jesús, quien sufrió tanta contradicción de parte de los pecadores; por eso, no se cansen ni se desanimen.
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Aquí vemos el gran deber que el apóstol presenta a los hebreos y que desea especialmente que obedezcan: deben despojarse de todo peso y del pecado que tan fácilmente los asedia, y correr con perseverancia la carrera que tienen por delante. Este deber tiene dos partes: una prepara el camino y la otra permite recorrerlo hasta el final.
Primero, deben prepararse dejando a un lado todo peso y todo pecado. Con «todo peso» se refiere a cualquier apego poco saludable y a la preocupación excesiva por el cuerpo, la vida presente y el mundo. Ese cuidado desmedido por las cosas terrenales es como un peso muerto sobre el alma: la hunde cuando debería elevarse y la detiene cuando debería avanzar.
Con «el pecado que tan fácilmente nos asedia» se refiere al pecado que tiene mayor ventaja sobre nosotros debido a nuestra situación, temperamento o compañía. Puede tratarse de la incredulidad, el pecado que condena, o, especialmente en el caso de los judíos, de un fuerte apego a su antigua forma de vivir bajo el pacto. En cualquier caso, deben dejarse a un lado todos los obstáculos externos e internos.
Segundo, deben correr con perseverancia la carrera que tienen por delante. El apóstol habla aquí con el lenguaje de las competencias deportivas, como las carreras olímpicas. Los cristianos tienen una carrera que correr, tanto en el servicio como en el sufrimiento: un camino de obediencia activa y de perseverancia paciente.
Esta carrera está puesta delante de ellos. Dios la ha trazado por medio de su Palabra y de los ejemplos de las personas fieles, esa gran nube de testigos que los rodea. El camino tiene límites y direcciones claras, y tanto la meta hacia la que corren como el premio por el que corren están delante de ellos.
Esta carrera debe correrse con paciencia y perseverancia constante. Necesitarán paciencia para enfrentar las dificultades del camino y perseverancia para resistir todo impulso de detenerse o desviarse. La fe y la paciencia son virtudes victoriosas, por lo que deben mantenerse vivas y activas.
Los cristianos también tienen un ejemplo mayor que cualquiera de los mencionados anteriormente para animarlos: el Señor Jesucristo. Deben fijar la mirada en Jesús, el autor y consumador de nuestra fe; es decir, en aquel que inicia la fe, la lleva a su plenitud y la conduce hasta su recompensa (Hebreos 12:2). Él es el gran líder y modelo de la fe, porque confió en Dios. También adquirió el Espíritu que da la fe, entregó la norma de la fe y produce la fe en su pueblo por medio de su poder.
Él también es el consumador de nuestra fe. Cumple todas las promesas y profecías de las Escrituras, y lleva a su culminación la obra de la gracia en el alma de su pueblo. También es el juez y quien recompensa la fe, pues determina quién llega a la meta, y de él y en él reciben el premio.
Cristo enfrentó grandes pruebas en su propia carrera. Soportó la contradicción de los pecadores contra sí mismo (Hebreos 12:3), es decir, la oposición constante de sus palabras y acciones. Ellos siempre se enfrentaban a él y se oponían a su gran obra. Aunque podía haberlos desenmascarado y silenciado fácilmente, soportó con gran paciencia sus malos caminos.
Su oposición estaba dirigida directamente contra Cristo mismo: contra su persona como Dios y hombre, contra su autoridad y contra su enseñanza. Aun así, lo soportó todo. También soportó la cruz, cada sufrimiento que enfrentó en el mundo y, finalmente, aquella muerte dolorosa, vergonzosa y maldita, cuando fue contado entre los transgresores, los peores criminales. Sin embargo, soportó todo esto con una paciencia y una determinación inconmovibles.
Despreció la vergüenza. Trató como algo insignificante los insultos que le lanzaron durante su vida y en el momento de su muerte. Estaba muy por encima de ellos. Conocía su propia inocencia y grandeza, y consideró insignificantes la ignorancia y la malicia de quienes se burlaban de él.
Lo que sostuvo el alma humana de Cristo bajo un sufrimiento tan incomparable fue el gozo que estaba delante de él. Él veía de antemano el bien que resultaría de sus sufrimientos. Se regocijaba porque por medio de ellos satisfaría la justicia ofendida de Dios, defendería el honor y el gobierno de Dios, haría la paz entre Dios y la humanidad, confirmaría el pacto de gracia y serviría como su Mediador, abriría un camino de salvación incluso para los peores pecadores y salvaría a todos los que el Padre le había dado. También sería el primogénito entre muchos hermanos. Ese era el gozo que estaba delante de él.
La recompensa de su sufrimiento fue esta: se sentó a la derecha del trono de Dios. Como Mediador, Cristo fue elevado al lugar supremo de honor, poder e influencia. Está a la derecha del Padre. Nada pasa entre el cielo y la tierra sino por medio de él. Él obra en todo lo que se hace y vive siempre para interceder por su pueblo.
Nuestro deber con respecto a este Jesús es claro. Debemos fijar la mirada en él; es decir, mantenerlo siempre delante de nosotros como nuestro ejemplo y nuestro gran estímulo. También debemos acudir a él en busca de dirección, ayuda y aceptación en todos nuestros sufrimientos. Debemos considerarlo profundamente, pensar mucho en él y comparar su situación con la nuestra.
Al hacerlo, veremos que los sufrimientos de Cristo fueron mucho mayores que los nuestros, tanto en naturaleza como en magnitud, y que su paciencia supera ampliamente la nuestra. Su paciencia es un modelo perfecto que debemos seguir.
Esto también nos ayuda a no cansarnos ni desanimarnos (Hebreos 12:3). Incluso los mejores creyentes tienden a cansarse y desfallecer bajo las pruebas, especialmente cuando son pesadas y se prolongan por mucho tiempo. Esto se debe a la debilidad de la gracia y al poder restante del pecado.
La mejor manera de evitarlo es fijar la mirada en Jesús y pensar en él. La fe y la meditación traen nuevas fuerzas, consuelo y valor. Él ha prometido que, si sufrimos con él, también reinaremos con él, y esa esperanza será nuestro casco.
De este capítulo
Hebreos 12:2
"Fijemos la mirada en Jesús, pues de él procede nuestra fe y él es quien la perfecciona. Jesús soportó la cruz sin hacer caso de lo vergonzoso de esa muerte, porque sabía que después del sufrimiento tendría gozo y alegría; y se sentó a la derecha del trono de Dios."
Hebreos 12:3
"Por lo tanto, mediten en el ejemplo de Jesús, quien sufrió tanta contradicción de parte de los pecadores; por eso, no se cansen ni se desanimen."
Hebreos 12:4
"Pues ustedes aún no han tenido que llegar hasta la muerte en su lucha contra el pecado,"
Hebreos 12:5
"y ya han olvidado lo que Dios les aconseja como a hijos suyos. Dice la Escritura: Hijo mío, no desprecies la corrección del Señor ni te desanimes cuando te reprenda."
Hebreos 12:6
"Porque el Señor corrige a quien él ama y castiga a aquel a quien recibe como hijo."
Hebreos 12:7
"Ustedes están sufriendo para su corrección: Dios los trata como a hijos. ¿Acaso hay algún hijo a quien su padre no corrija?"
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