Versículo destacado
Génesis 46:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Israel emprendió el camino con todo lo que tenía. Al llegar a Beerseba, ofreció sacrificios al Dios de su padre Isaac. "
Génesis 46:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Israel emprendió el camino con todo lo que tenía. Al llegar a Beerseba, ofreció sacrificios al Dios de su padre Isaac.
2 Esa noche, Dios habló con Israel en una visión y lo llamó por su nombre: Jacob. Él respondió: —Aquí estoy.
3 Entonces Dios dijo: —Yo soy Dios, el Dios de tu padre. No tengas miedo de ir a Egipto, porque allí haré de tus descendientes una gran nación.
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El mandato es claro: reconoce a Dios en todos tus caminos, y también es clara la promesa: él enderezará tus sendas. Jacob enfrentaba un asunto serio; no se trataba solo de un viaje, sino de mudarse a vivir a otro país. Esto lo sorprendía, porque siempre había esperado vivir y morir en Canaán. Además, la decisión afectaría a su familia durante muchos años.
Aquí vemos cómo Jacob honró a Dios en este asunto. Llegó a Beerseba desde Hebrón, donde vivía, y allí ofreció sacrificios al Dios de su padre Isaac (Génesis 46:1). Escogió ese lugar porque le recordaba la comunión cercana que allí habían tenido con Dios su padre y su abuelo. Abraham había invocado a Dios allí (Génesis 21:33), e Isaac también (Génesis 26:25); por eso Jacob hizo de ese lugar un sitio de oración, especialmente porque se encontraba en su ruta.
En su adoración, Jacob acudió a Dios como el Dios de su padre Isaac; es decir, como el Dios del pacto que había hecho promesas a Isaac y se las había transmitido a él. En cierta ocasión, Dios le había prohibido a Isaac bajar a Egipto durante una hambruna en Canaán (Génesis 26:2). Probablemente Jacob recordó aquello cuando fue a pedirle dirección a Dios. En efecto, estaba diciendo: «Señor, quiero ver a José, pero si me prohíbes ir a Egipto, como le prohibiste a mi padre Isaac, me someteré con gusto y me quedaré aquí».
Jacob ofreció sacrificios, no solo los acostumbrados, sino también sacrificios adicionales para ese momento especial. Lo hizo en agradecimiento por el feliz cambio en su familia, por las noticias acerca de José y por la esperanza de volver a verlo. Debemos agradecerle a Dios por el comienzo de su misericordia, aun antes de que esta se complete; y esa también es una manera apropiada de pedirle más misericordia. Jacob ofreció sacrificios además para pedir la presencia de Dios durante el viaje. Quería estar en paz con Dios y recibir perdón por el pecado, para no llevar consigo la culpa, porque la culpa es una mala compañera de viaje. Por medio de Cristo, el gran sacrificio, debemos ser reconciliados con Dios y presentarle nuestras peticiones.
Jacob también buscó dirección. Los paganos usaban sacrificios para consultar a sus oráculos, pero Jacob no quería avanzar hasta haberle pedido permiso a Dios. En esencia, su pregunta era si debía bajar a Egipto o regresar a Hebrón. Nosotros también debemos plantear esa clase de preguntas en los asuntos inciertos. Aunque no recibamos una respuesta inmediata del cielo, si seguimos con cuidado la Escritura, la conciencia y la providencia, no buscaremos a Dios en vano.
Dios le respondió y dirigió su camino mediante visiones nocturnas, probablemente la noche después de que Jacob ofreció los sacrificios, como ocurrió en (2 Crónicas 1:7). El Señor le habló (Génesis 46:2). Quienes buscan tener comunión con Dios descubrirán que él no deja de cumplir su parte. Si le hablamos correctamente, él nos hablará. Lo llamó por su nombre dos veces: «Jacob, Jacob», para recordarle su condición humilde. Sus temores presentes no correspondían tanto al nombre Israel, que significa alguien que lucha con Dios y prevalece. Jacob respondió como un hombre acostumbrado a las visiones de Dios y dispuesto a obedecer: «Aquí estoy».
Primero, Dios renovó su pacto con él: «Yo soy Dios, el Dios de tu padre» (Génesis 46:3). En otras palabras: «Yo soy lo que tú confiesas que soy. Descubrirás que soy Dios para ti, con sabiduría y poder divinos obrando a tu favor. También descubrirás que soy fiel al pacto que hice con tu padre».
Después, Dios lo animó a hacer el viaje: «No tengas miedo de bajar a Egipto». Cuando Jacob se enteró de que José estaba vivo y tenía autoridad en Egipto, probablemente estuvo listo de inmediato para ir a verlo. Pero al pensarlo mejor, comenzaron a surgir nuevas preocupaciones. Incluso los cambios que traen gran alegría suelen traer también algo de temor. No hay placer sin cierta mezcla de preocupación. Debemos alegrarnos, pero hacerlo con un corazón sobrio.
Jacob tenía varias inquietudes acerca de ese viaje. Tenía 130 años, y la vejez suele traer debilidad y temor a viajar (Eclesiastés 12:5). El trayecto era largo y él no estaba en condiciones para hacerlo. También pudo haber recordado que su amada Raquel murió durante un viaje. Temía que sus hijos fueran atraídos por la idolatría egipcia y olvidaran al Dios de sus padres, o que se apegaran a los placeres de Egipto y olvidaran la tierra que Dios había prometido. Tal vez también recordó la palabra de Dios a Abraham acerca de la futura esclavitud y el sufrimiento de sus descendientes (Génesis 15:13), y temió que ir a Egipto condujera a eso. No debemos permitir que la comodidad presente nos haga olvidar las posibles dificultades futuras. Además, Jacob no soportaba pensar que sus huesos fueran enterrados en Egipto. Pero cualesquiera que fueran sus temores, la palabra de Dios respondió a todos: «No tengas miedo de bajar a Egipto».
Dios también le prometió consuelo en medio de la mudanza. Primero, le dijo que su familia crecería allí: «Allí haré de ti una gran nación». Ese era el lugar que Dios había escogido para que se cumpliera la promesa. Segundo, le prometió su presencia: «Yo bajaré contigo a Egipto». Quienes van adonde Dios los envía tendrán a Dios con ellos, y eso basta para mantenerlos seguros y firmes. Incluso podemos ir a Egipto, si Dios va con nosotros. Tercero, Dios prometió que Jacob y su familia no se perderían allí: «Yo ciertamente te haré volver». Jacob murió en Egipto, pero la promesa se cumplió de todos modos. Se cumplió cuando su cuerpo fue llevado de regreso a Canaán para ser sepultado, algo que le preocupaba mucho (Génesis 49:29, Génesis 49:32). También se cumplió cuando sus descendientes salieron de Egipto y se establecieron en Canaán. Cualquiera que sea el valle oscuro al que Dios nos llame, si él baja con nosotros, podemos estar seguros de que también nos hará volver a subir. Si nos acompaña al bajar a la muerte, sin duda nos llevará a la gloria.
Por último, Dios le prometió a Jacob una muestra tierna de amor en la vida y en la muerte: «José cerrará tus ojos». Esto significaba que José viviría mientras Jacob viviera, permanecería con él en el momento de su muerte y le cerraría suavemente los ojos, como lo hacían los familiares amorosos. Es posible que Jacob anhelara ese último acto de amor. Dios respondió exactamente a ese deseo. De esta manera, a veces Dios concede a su pueblo incluso sus deseos inocentes y hace que no solo su muerte sea pacífica, sino también que sus detalles sean apropiados y llenos de bondad.
De este capítulo
Génesis 46:2
"Esa noche, Dios habló con Israel en una visión y lo llamó por su nombre: Jacob. Él respondió: —Aquí estoy."
Génesis 46:3
"Entonces Dios dijo: —Yo soy Dios, el Dios de tu padre. No tengas miedo de ir a Egipto, porque allí haré de tus descendientes una gran nación."
Génesis 46:4
"Iré contigo a Egipto, y yo mismo sacaré de allí a tus descendientes. Además, cuando mueras, José estará a tu lado."
Génesis 46:5
"Después, Jacob salió de Beerseba. Los hijos de Israel pusieron a su padre, a sus hijos y a sus mujeres en las carretas que el faraón había enviado para llevarlos."
Génesis 46:6
"Jacob y todos los suyos fueron a Egipto, llevándose sus vacas, sus ovejas y todo lo que habían llegado a tener en Canaán."
Génesis 46:7
"Todos sus hijos, sus hijas, sus nietos y sus nietas fueron con él."
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