Versículo destacado

Jueces 20:1 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

" Entonces todos los israelitas, desde Dan hasta Beerseba y Galaad, se reunieron como un solo hombre en Mispá, ante el Señor. "

Jueces 20:1

menu_book El versículo en contexto

1 Entonces todos los israelitas, desde Dan hasta Beerseba y Galaad, se reunieron como un solo hombre en Mispá, ante el Señor.

2 Todos los jefes de las tribus de Israel estaban presentes, y del pueblo de Dios se reunieron cuatrocientos mil soldados de infantería.

3 Los de la tribu de Benjamín supieron que las otras tribus israelitas se habían reunido en Mispá. Entonces los israelitas le preguntaron al levita cómo había sucedido aquel crimen.

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Todo Israel se reunió para tratar el crimen relacionado con la concubina del levita y decidir qué debía hacerse. No parece que un líder en particular los haya convocado. Más bien, acudieron de común acuerdo, como un solo pueblo movido por una preocupación santa por el honor de Dios y el bien de Israel.

Se reunieron en Mizpa, un lugar lo bastante cercano a Silo, donde estaba el tabernáculo. Como Silo era una ciudad pequeña, es probable que Mizpa sirviera como base cuando se congregaba un grupo tan numeroso ante el SEÑOR. Escogieron la ciudad importante más cercana, quizá para no imponer una carga excesiva sobre Silo y los sacerdotes que vivían allí.

Los que acudieron representaban a todo Israel: desde Dan, en el extremo norte, hasta Beerseba, en el sur, junto con la tierra de Galaad, es decir, las tribus que estaban al este del Jordán. Vinieron como un solo hombre, mostrando una unidad poco común en favor del bien público. Esta era una asamblea del pueblo, no principalmente de sacerdotes y levitas, aunque un levita estaba en el centro del caso. El pueblo actuó como una nación que apelaba a su propio juicio, y eran cuatrocientos mil soldados de infantería preparados para el servicio.

Los hombres principales de la nación también estuvieron con la asamblea como representantes del resto. Se organizaron por millares, centenas, grupos de cincuenta y decenas, lo que demostraba que tenían cierto orden y gobierno entre ellos, aun sin un solo comandante sobre todo el pueblo. Por eso, esta reunión era tanto un consejo para deliberar como una movilización de la milicia para actuar.

A Benjamín le informaron de la reunión en Mizpa. Probablemente recibió una convocatoria legítima para presentarse junto con sus hermanos, de modo que el asunto pudiera examinarse con justicia antes de tomar una decisión. Si hubieran escuchado, quizá se habría evitado la tragedia que vino después. En cambio, la noticia parece haberlos endurecido y enojado.

Entonces se examinó cuidadosamente la acusación contra los hombres de Guibeá. El informe que se había difundido al principio era terrible, pero era apropiado investigarlo con mayor detalle, porque los rumores suelen empeorar las cosas. Es probable que un comité escuchara a los testigos bajo juramento, pues la ley no permitía condenar a muerte a una persona, mucho menos a muchas, basándose en el testimonio de un solo testigo. Aquí se registra el relato del levita.

Él dijo que había llegado a Guibeá solamente como viajero, buscando un lugar donde hospedarse, y que no les había dado ninguna razón para sospechar algo malo. Sin embargo, los hombres de Guibeá, incluidos los principales, que debían haber protegido a los extranjeros, se levantaron en tumulto, rodearon la casa y tenían la intención de matarlo. No repitió la demanda vergonzosa que habían hecho, porque su pecado era demasiado vil para expresarlo por completo. Bastaba decir que querían matarlo, y que él habría preferido morir antes que someterse a su maldad. Si se hubieran apoderado de él, lo habrían maltratado hasta causarle la muerte, como habían hecho con su concubina.

Para despertar la justa indignación de las tribus, envió por todo Israel partes del cuerpo mutilado de ella. Con esto convocó al pueblo para que diera testimonio contra la depravación y la insensatez cometidas en Israel. Toda maldad sexual es insensata, pero resulta especialmente vergonzosa en Israel. Quienes profanan su propio cuerpo, aunque llevan en la carne la señal del pacto de Dios, y desafían abiertamente el juicio del cielo, actúan verdaderamente como insensatos.

Terminó apelando al juicio de la asamblea. En esencia, dijo: «Todos ustedes son hijos de Israel; conocen la ley y la justicia. Son el pueblo santo de Dios y deben aborrecer todo lo que lo deshonra o contamina la tierra. Son miembros de una misma comunidad, así que deben sentir el daño que sufre cualquier parte de ella. Y, puesto que son Israel, deben preocuparse especialmente por los levitas, la tribu que Dios les ha dado. Por tanto, den ahora su consejo sobre lo que debe hacerse».

Al escuchar el caso, resolvieron no regresar a sus casas hasta que se hubiera hecho justicia contra aquella ciudad malvada, que había traído deshonra sobre la nación. Su celo mostraba que valoraban el honor de Dios y el honor de Israel por encima de su propia comodidad y sus asuntos personales. También actuaron sabiamente al enviar a una parte considerable de sus fuerzas para conseguir alimento para los demás.

Uno de cada diez hombres, escogido por sorteo, debía volver a su territorio para llevar pan y otros suministros para aquel gran ejército, que en total contaba con cuarenta mil hombres. Cuando salieron de sus casas, solo habían llevado lo necesario para el viaje hasta Mizpa, no para permanecer acampados durante mucho tiempo frente a Guibeá. Esto también evitó que los hombres se dispersaran para buscar alimento por su cuenta, pues habría sido difícil reunirlos de nuevo, especialmente mientras sus corazones seguían tan unidos.

Esto muestra la sabiduría de actuar mientras el celo santo todavía está vivo. El entusiasmo por una buena obra puede enfriarse rápidamente si se retrasa su realización. No debemos dejar para mañana lo que podemos hacer hoy con igual facilidad.

También fue importante que estuvieran de acuerdo tanto en el plan como en su ejecución. La resolución se aprobó sin una sola voz en contra (Jueces 20:8), y al actuar permanecieron unidos como un solo hombre (Jueces 20:11). Su fuerza y su honor estuvieron en que las tribus no pusieron sus propios intereses por encima del bien común.

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