Versículo destacado

Génesis 32:24 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

" Cuando Jacob se quedó solo, un hombre luchó con él hasta el amanecer; "

Génesis 32:24

menu_book El versículo en contexto

22 Aquella misma noche Jacob se levantó, tomó a sus dos esposas, a sus dos esclavas y a sus once hijos, y los hizo cruzar el vado del río Jaboc,

23 junto con todo lo que tenía.

24 Cuando Jacob se quedó solo, un hombre luchó con él hasta el amanecer;

25 pero como el hombre vio que no podía vencer a Jacob, lo golpeó en la coyuntura de la cadera, y esa parte se le zafó a Jacob mientras luchaba con él.

26 Entonces el hombre le dijo: —Suéltame, porque ya está amaneciendo. —Si no me bendices, no te soltaré —contestó Jacob.

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Aquí tenemos el extraordinario relato de Jacob luchando con el ángel y prevaleciendo, un episodio al que más tarde se hace referencia en Oseas 12:4. Muy temprano por la mañana, mucho antes del amanecer, Jacob había enviado a sus esposas y a sus hijos al otro lado del río, y quería estar solo. Lo hizo para poder volver a derramar delante de Dios sus temores y preocupaciones en oración. Debemos seguir orando con una fe constante y no cansarnos; la oración frecuente y sincera nos prepara para recibir misericordia.

Mientras Jacob oraba con fervor y se esforzaba por aferrarse a Dios, un ángel lo tomó y luchó con él. Algunos piensan que era un ángel creado, el ángel de la presencia de Dios, como en Isaías 63:9: aquel que siempre contempla el rostro del Padre y sirve alrededor de la gloria divina. Otros piensan que era Miguel, nuestro príncipe; la Palabra eterna, el ángel del pacto, quien es verdaderamente Señor de los ángeles y que con frecuencia se apareció en forma humana antes de asumir para siempre la naturaleza humana. Fuera quien fuera, el nombre de Dios estaba en él, como en Éxodo 23:21.

Observemos, en primer lugar, cómo Jacob y este ángel se encontraron en una lucha, en Génesis 32:24. Fue una pelea mano a mano, sin que nadie más ayudara a ninguno de los dos. Jacob ya estaba lleno de temor por el encuentro con su hermano al día siguiente y, para hacer aún más difícil la prueba, Dios mismo parecía ponerse en su contra como un enemigo. Parecía que Dios estaba bloqueando su entrada a la tierra prometida e impidiéndole seguir a sus esposas y a sus hijos.

Los creyentes firmes deben esperar distintas pruebas, incluso pruebas muy severas. El profeta nos dice cómo luchó Jacob en Oseas 12:4: lloró y suplicó. Sus armas fueron la oración y las lágrimas. No fue solamente una lucha física, sino también espiritual, llena de fe intensa y de un deseo santo. De esa manera, todos los hijos espirituales de Jacob siguen luchando con Dios cuando oran de verdad.

En segundo lugar, consideremos el resultado de la lucha. Jacob se mantuvo firme. Aunque la lucha continuó durante mucho tiempo, el ángel no pudo vencerlo, como se relata en Génesis 32:25. Esto significa que aquella dura prueba no sacudió la fe de Jacob ni silenció su oración. Jacob no luchó con sus propias fuerzas ni prevaleció por ellas; luchó y venció con la fuerza que recibió del cielo.

Job presenta una imagen útil de esto en Job 23:6: «¿Se defendería contra mí con su gran poder?». No, porque si el ángel hubiera hecho eso, Jacob habría sido aplastado. Más bien, «él me daría fuerzas», y con esa fuerza Jacob tuvo poder sobre el ángel, como dice Oseas 12:4. No podemos prevalecer delante de Dios excepto con la fuerza que proviene de Dios. Es su Espíritu quien ora en nosotros y nos ayuda en nuestra debilidad, como se enseña en Romanos 8:26.

El ángel tocó el muslo de Jacob y se lo dislocó para mostrarle lo que podía hacer y dejar claro que Jacob estaba luchando con Dios. Ningún simple ser humano podría dislocarle el muslo a otro con solo tocarlo. Algunos piensan que Jacob sintió poco o ningún dolor por la herida, ya que no comenzó a cojear sino hasta después de que terminó la lucha, en Génesis 32:31. Si fue así, aquel fue un toque claramente divino, uno que hirió y sanó al mismo tiempo. Jacob prevaleció y, aun así, su muslo quedó dislocado.

Los creyentes que luchan pueden obtener grandes victorias y, aun así, salir de ellas con los huesos quebrados. Cuando son débiles, entonces son fuertes: débiles en sí mismos, pero fuertes en Cristo, como dice 2 Corintios 12:10. Los consuelos y honores de este mundo nunca son puros ni completos.

En tercer lugar, el ángel, en un acto sorprendente de humildad, le pidió suavemente a Jacob que lo dejara ir, en Génesis 32:26, tal como Dios también le dijo a Moisés en Éxodo 32:10: «Déjame». ¿Acaso un ángel poderoso no podía liberarse del agarre de Jacob? Por supuesto que podía. Pero hizo esto para honrar la fe y la oración de Jacob, y también para poner a prueba aún más su perseverancia. «El rey está cautivo en las galerías», como se dice en Cantares 7:5. La esposa declara: «Lo abracé y no quise dejarlo ir», en Cantares 3:4.

El ángel dio su razón: estaba amaneciendo, y no quería seguir reteniendo a Jacob de lo que tenía que hacer. Jacob tenía un viaje por delante y una familia que cuidar, y en ese momento urgente esas responsabilidades requerían su atención. Todo tiene su tiempo apropiado. Incluso la obra de la religión y el consuelo de la comunión con Dios a veces deben dar paso a los deberes necesarios de esta vida. Dios desea misericordia y no sacrificios.

En cuarto lugar, Jacob siguió insistiendo con santa audacia: «No te dejaré ir si no me bendices». Pasara lo que pasara con su familia o con su viaje, decidió aprovechar aquella oportunidad y no perder el beneficio de su victoria. No quería luchar toda la noche en vano. Determinó humildemente que recibiría una bendición, aunque antes le dislocaran todos los huesos del cuerpo.

El honor de ganar no le serviría de nada sin el consuelo de la bendición. Al pedirla, reconoció que estaba por debajo del ángel, aunque en la lucha pareciera tener la ventaja. El menor recibe la bendición del mayor. Quienes desean la bendición de Cristo deben ser sinceros e insistentes, y no dejarse apartar. La oración ferviente es una oración eficaz.

En quinto lugar, el ángel le dio a Jacob una señal permanente de honor al cambiarle el nombre, en Génesis 32:27-28. En efecto, el ángel le dijo: «Eres un luchador valiente, un hombre de gran determinación. ¿Cuál es tu nombre?». Él respondió: «Jacob», que significa «suplantador», es decir, alguien que se adelanta por medio de la astucia. Entonces el ángel le dijo, en efecto: «Ya no te llamarás así. De ahora en adelante no serás conocido por tus tratos ingeniosos, sino por tu verdadero valor. Serás llamado Israel, un príncipe con Dios».

Ese es un nombre más grande que los nombres de los grandes hombres de la tierra. Es verdaderamente un príncipe quien es príncipe con Dios, y son verdaderamente honrados quienes son poderosos en la oración: los verdaderos Israeles, los verdaderos israelitas. Jacob fue, por así decirlo, armado caballero en el campo de batalla por la fuente de todo honor, y ese nombre permanecería para su alabanza por siempre. Y eso no fue todo: puesto que había tenido poder con Dios, también tendría poder con los hombres. Puesto que había obtenido una bendición del cielo, seguramente también obtendría el favor de Esaú.

Cualesquiera que sean los enemigos que enfrentemos, si podemos hacer de Dios nuestro amigo, estamos en un buen lugar. Quienes tienen fe pueden recibir poder en la tierra cuando lo necesitan.

En sexto lugar, el ángel despidió a Jacob con una bendición, en Génesis 32:29. Jacob quería saber el nombre del ángel para honrarlo en la medida de sus posibilidades, como en Jueces 13:17. Pero esa petición le fue negada, para que Jacob no se llenara demasiado de orgullo por su victoria ni pensara que tenía al ángel tan controlado que podía exigirle cualquier cosa que quisiera. «¿Por qué preguntas mi nombre?» significa, en efecto: «¿De qué te serviría saberlo?». La revelación completa de ese nombre quedó reservada para su lecho de muerte, cuando se le enseñó a llamarlo Silo.

En vez de darle su nombre, el ángel le dio a Jacob la bendición que había estado buscando. Lo bendijo allí y confirmó la bendición anterior. Las bendiciones espirituales, que aseguran nuestra verdadera felicidad, son mucho mejores y más deseables que las ideas brillantes que solo satisfacen la curiosidad.

Es mejor participar de la bendición del ángel que conocer únicamente su nombre. El árbol de la vida es mejor que el árbol del conocimiento. De esta manera, Jacob obtuvo lo que buscaba: una bendición por la que luchó y una bendición que recibió. Ninguna persona de la familia de quienes oran ha buscado a Dios en vano. Observemos cuán maravillosamente Dios se humilla para aprobar y coronar la oración ferviente. Quienes deciden confiar en él, aun si él los matara, finalmente serán más que vencedores.

Jacob le dio un nuevo nombre al lugar. Lo llamó Peniel, que significa «el rostro de Dios» (Génesis 32:30), porque allí había visto la manifestación de Dios y había recibido su favor. Observemos que el nombre que escogió conservó y proclamó no su propia fuerza ni su victoria, sino únicamente la gracia gratuita de Dios. No dijo: «Aquí luché con Dios y vencí», sino: «Aquí vi a Dios cara a cara, y se me perdonó la vida». No dijo: «Merezco que me alaben porque salí vencedor», sino: «Dios tuvo misericordia de mí, y escapé con vida». Es apropiado que quienes son honrados por Dios se humillen y admiren la manera tan bondadosa en que él trata con ellos. David hizo lo mismo después de que Dios le enviara un mensaje lleno de bondad: «¿Quién soy yo, Señor Dios?» (2 Samuel 7:18).

Jacob llevó en su cuerpo un recordatorio permanente de aquella lucha. Cojeaba por la lesión en el muslo (Génesis 32:31). Algunos piensan que conservó esa cojera durante el resto de su vida; y, si fue así, no tenía razón para quejarse. El honor y el consuelo que obtuvo de aquella lucha compensaron con creces la herida, aunque hubiera tenido que llegar cojeando hasta la tumba. No tenía por qué considerar vergonzoso llevar en su cuerpo las marcas del Señor Jesús (Gálatas 6:17). Incluso pudo haberle servido, como la espina de Pablo en la carne, para impedir que se volviera orgulloso a causa de las muchas revelaciones que había recibido.

El escritor también señala que el sol salió sobre Jacob cuando cruzaba Penuel. Para un alma que tiene comunión con Dios, eso es como el amanecer. El escritor inspirado menciona una antigua costumbre entre los descendientes de Jacob: no comían el tendón o músculo que está junto a la articulación de la cadera, en memoria de este acontecimiento. De ese modo mantenían viva la historia y les daban a sus hijos una razón para preguntar por ella; también honraban la memoria de Jacob. Todavía podemos aprender de esto a recordar la misericordia de Dios y nuestro deber para con Jesucristo, manteniendo la comunión con Dios por medio de la fe, la esperanza y el amor, sin temor de perder la vida o alguna extremidad.

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