Versículo destacado
Génesis 27:18 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Entonces Jacob entró adonde estaba su padre y le dijo: —¡Padre! —Aquí estoy. ¿Cuál de mis hijos eres tú? —preguntó Isaac. "
Génesis 27:18
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
16 Luego, con la piel de los cabritos, le cubrió a Jacob los brazos y la parte del cuello donde no tenía pelo,
17 y le entregó el guisado y el pan que había preparado.
18 Entonces Jacob entró adonde estaba su padre y le dijo: —¡Padre! —Aquí estoy. ¿Cuál de mis hijos eres tú? —preguntó Isaac.
19 —Soy Esaú, tu hijo mayor —respondió Jacob—. Ya hice lo que me dijiste. Levántate, por favor; siéntate y come del animal que he cazado, y dame tu bendición.
20 Entonces Isaac le preguntó: —¿Cómo pudiste encontrarlo tan pronto, hijo mío? —El Señor tu Dios me ayudó a encontrarlo —respondió Jacob.
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Aquí vemos, en primer lugar, la habilidad y la seguridad con que Jacob llevó a cabo este plan. ¿Quién habría esperado que este hombre tranquilo desempeñara tan bien su papel en algo semejante? Su madre le había mostrado qué hacer y lo había animado, y él recurrió rápidamente a métodos a los que nunca había estado acostumbrado y que siempre había detestado. La mentira se aprende con rapidez. El salmista habla de personas que dicen mentiras desde que nacen (Salmo 58:3), y Jeremías dice lo mismo (Jeremías 9:5).
Es difícil entender cómo Jacob, que era honesto, pudo decir con tanta facilidad: «Yo soy Esaú, tu primogénito» (Génesis 27:19). No creo que lo ayude mucho la explicación de que quiso decir: «Soy tu primogénito porque lo compré». Cuando su padre le preguntó: «¿De verdad eres mi hijo Esaú?», él respondió: «Yo soy» (Génesis 27:24). ¿Cómo pudo decir: «Hice lo que me ordenaste», si su padre no le había dado ninguna orden y él estaba obedeciendo a su madre? ¿Cómo pudo decir: «Come de mi venado», cuando sabía que la carne no provenía del campo, sino del rebaño? Y, más preocupante aún, ¿cómo pudo involucrar el nombre de Dios en la mentira al decir: «El Señor tu Dios me la concedió» (Génesis 27:20)?
¿Es este Jacob, este Israel, el hombre descrito como alguien sin engaño? Sin duda, este relato no fue escrito para que lo imitemos, sino para advertirnos. Quien piensa que está firme debe tener cuidado de no caer. A veces, las personas buenas fracasan precisamente en el área en la que se habían considerado más fuertes.
En segundo lugar, vemos cómo tuvo éxito este plan. Jacob tuvo algunas dificultades, pero sí obtuvo la bendición. Al principio, Isaac estaba inquieto, y habría descubierto el fraude si hubiera confiado en sus oídos. La voz era la voz de Jacob (Génesis 27:22). En su providencia, Dios les ha dado a las personas voces distintas, así como rostros distintos, y eso nos ayuda a no ser engañados. La voz no es fácil de disfrazar. Esto también puede representar a un hipócrita: su voz es la voz de Jacob, pero sus manos son las de Esaú. Habla como un santo, pero actúa como un pecador. Sin embargo, al final, el juicio tomará en cuenta las obras.
Finalmente, Isaac cedió porque las manos eran velludas (Génesis 27:23), sin pensar en lo fácil que sería fingir algo así. Jacob mantuvo bien su actuación, puso la comida delante de su padre y lo atendió cuidadosamente hasta que terminó la comida y se dio la bendición al final del banquete sagrado. Algo que disminuye un poco la culpa de Rebeca y Jacob es que su engaño no buscaba tanto apresurar la promesa de Dios como impedir que se bloqueara injustamente. La bendición estaba a punto de ser dada al hijo equivocado, y ellos pensaron que había llegado el momento de actuar.
Ahora veamos cómo Isaac bendijo a Jacob (Génesis 27:26-29). Lo abrazó, mostrando un afecto especial. A quienes Dios bendice, los recibe con el amor de su propio corazón; y ellos, con amor y lealtad, honran a su Hijo (Salmo 2:12). Isaac también lo elogió. Olió su ropa y dijo: «El olor de mi hijo es como el olor de un campo que el Señor ha bendecido», refiriéndose a algo abundante, agradable y fértil. Esto mostraba que Dios había bendecido a Jacob, y por eso Isaac estaba dispuesto a bendecirlo también.
Isaac también oró por él y, al hacerlo, habló proféticamente sobre el futuro de Jacob. Los padres deben orar por sus hijos y bendecirlos en el nombre del Señor. De esa manera, y también por medio del bautismo, hacen todo lo que pueden para mantener vivo el pacto de Dios en sus familias. Sin embargo, esta fue una bendición fuera de lo común. Dios dispuso las cosas de tal manera que Isaac se la diera a Jacob sin saber lo que estaba haciendo, para que quedara claro que Jacob la recibió de Dios y no de Isaac.
Aquí Jacob es bendecido de tres maneras: con abundancia (Génesis 27:28), con autoridad sobre sus hermanos, especialmente sobre Esaú y los descendientes de Esaú (Génesis 27:29), y con el favor de Dios y un lugar firme en el cielo. «Maldito sea todo el que te maldiga, y bendito sea todo el que te bendiga». En otras palabras, que Dios trate a los amigos de Jacob como amigos y a sus enemigos como enemigos. Esta bendición contiene más de lo que se percibe a primera vista. Incluye la promesa del Mesías, que vendría de la línea de Jacob, y la iglesia, que sería reconocida y favorecida de manera especial por el cielo.
En primer lugar, significa que de Jacob vendría el Mesías, quien gobernaría con autoridad soberana sobre la tierra. Él sería la rama principal de la familia, aquel a quien servirían los pueblos y las naciones. Véase Números 24:19: «De Jacob saldrá un gobernante», junto con la imagen de la estrella y el cetro (Génesis 27:17). El dominio de Jacob sobre Esaú era solo una imagen de este gobierno mucho mayor (Génesis 49:10).
En segundo lugar, significa que de Jacob vendría la iglesia, que sería amada y protegida de manera especial por el cielo. Esto formaba parte de la bendición dada a Abraham cuando fue llamado por primera vez a ser el padre de los fieles (Génesis 12:3): «Bendeciré a quienes te bendigan». Por eso, cuando Isaac confirmó después la bendición a Jacob, la llamó la bendición de Abraham (Génesis 28:4). Balaam también explica esto (Números 24:9).
La bendición más grande y deseable es pertenecer a Cristo y a su iglesia, y participar del poder de Cristo y del favor concedido a la iglesia.
De este capítulo
Génesis 27:1
"Isaac ya era muy viejo y se había quedado ciego. Un día llamó a Esaú, su hijo mayor, y le dijo: —¡Hijo mío! —Dime, padre —respondió Esaú."
Génesis 27:2
"—Ya ves que soy muy viejo —dijo Isaac—, y puedo morir uno de estos días."
Génesis 27:3
"Por eso, quiero que vayas al monte con tu arco y tus flechas para cazar algún animal."
Génesis 27:4
"Luego prepara un guisado sabroso, como a mí me gusta, y tráemelo para que yo lo coma. Entonces te daré mi bendición antes de morir."
Génesis 27:5
"Pero Rebeca estaba escuchando lo que Isaac le decía a Esaú. Por eso, en cuanto este se fue al monte a cazar algo para su padre,"
Génesis 27:6
"ella le dijo a Jacob, su hijo menor: —Mira, oí que tu padre hablaba con tu hermano Esaú y le decía:"
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