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Génesis 17:15 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

" Dios también le dijo a Abraham: —Tu esposa Sarai ya no se llamará así. De ahora en adelante se llamará Sara. "

Génesis 17:15

menu_book El versículo en contexto

13 Tanto el uno como el otro deberá ser circuncidado sin falta. Así, mi alianza quedará señalada en la carne de ustedes como una alianza para toda la vida.

14 Pero el que no sea circuncidado deberá ser eliminado de entre ustedes por no haber respetado mi alianza.

15 Dios también le dijo a Abraham: —Tu esposa Sarai ya no se llamará así. De ahora en adelante se llamará Sara.

16 La bendeciré y te daré un hijo por medio de ella. Sí, la bendeciré. Ella será madre de muchas naciones, y sus descendientes serán reyes de pueblos.

17 Abraham se inclinó hasta tocar el suelo con la frente y se rio mientras pensaba: «¿Acaso un hombre de cien años puede ser padre? ¿Y acaso Sara tendrá un hijo a los noventa años?»

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Aquí, Dios le promete a Abraham un hijo por medio de Sarai, la mujer a través de quien se cumpliría la promesa de hacerlo padre de muchas naciones. Sara también llegaría a ser madre de naciones, y de ella descenderían reyes de pueblos (Génesis 17:16). Dios revela sus buenos planes a su pueblo poco a poco. Mucho antes le había dicho a Abraham que tendría un hijo, pero solo ahora le revela que ese hijo nacería por medio de Sarai.

La bendición del Señor trae fecundidad y no dolor, a diferencia del caso de Agar. En efecto, Dios dice que bendecirá a Sara con fecundidad, y que después Abraham tendría un hijo por medio de ella. El orden civil y el gobierno también son grandes bendiciones para la iglesia. La promesa no se refiere solamente a un pueblo numeroso, sino a reyes de pueblos: una sociedad bien ordenada, no una multitud dispersa.

Esta promesa queda confirmada mediante el cambio del nombre de Sarai a Sara (Génesis 17:15). Se añade una letra a su nombre, tal como ocurrió con el de Abraham, y por razones semejantes. Sarai significa «mi princesa», como si su honor perteneciera únicamente a una familia. Sara significa «princesa», es decir, princesa de muchos, y señala al Mesías, el Príncipe, incluso al príncipe de los reyes de la tierra.

Abraham recibe esta promesa llena de gracia con alegría y gratitud (Génesis 17:17). Se postra rostro en tierra, mostrando profunda humildad. Cuanto más honor y favor nos concede Dios, más pequeños debemos considerarnos a nuestros propios ojos y con mayor reverencia debemos estar delante de él. Abraham también se ríe, pero su risa expresa deleite, no incredulidad. Las promesas del Dios santo, al igual que sus obras, son motivo de alegría para quienes viven en santidad; hay gozo tanto en creer como en recibir.

En ese momento, Abraham se alegró de ver el día de Cristo. Lo vio y se llenó de alegría (Juan 8:56). Vio el cielo en la promesa de Canaán y a Cristo en la promesa de Isaac. También se maravilla ante la promesa y se pregunta si puede nacerle un hijo a un hombre de cien años. No está dudando de la promesa, pues su fe no se debilitó (Romanos 4:20). Más bien, se asombra ante lo que solo el poder todopoderoso de Dios podía hacer y ante la bondad de Dios al conceder el regalo de una manera tan sorprendente y conmovedora (Salmo 126:1-2).

Entonces Abraham ora por Ismael: «¡Ojalá Ismael viva delante de ti!» (Génesis 17:18). No quiere decir que Ismael deba ser preferido al hijo que Sara tendría. Más bien, teme que Ismael quede excluido y abandonado por Dios, y por eso intercede por él. Como Dios está hablando con Abraham, él ve una buena oportunidad para hablar a favor de Ismael, y no la desaprovecha. No debemos decirle a Dios qué hacer, pero él sí permite que seamos sinceros y específicos al orar (Filipenses 4:6). Todo lo que nos aflige debe ser puesto delante de él.

También es deber de los padres orar por todos sus hijos. Job lo hacía, ofreciendo holocaustos conforme al número de todos sus hijos (Job 1:5). Abraham no actúa como si Ismael hubiera sido olvidado ahora que Dios le ha prometido otro hijo por medio de Sara. No; Ismael sigue presente en su corazón. La esperanza de nuevas bendiciones no debe hacer que olvidemos las antiguas. Lo más importante que debemos pedir por nuestros hijos es que vivan delante de Dios, es decir, que permanezcan en pacto con él y caminen rectamente en su presencia. Las bendiciones espirituales son las mejores bendiciones, y debemos buscarlas con fervor para nosotros y para los demás. Viven bien quienes viven delante de Dios.

Dios responde a la oración de Abraham con paz. Abraham no busca el rostro de Dios en vano. Las bendiciones comunes quedan aseguradas para Ismael (Génesis 17:20). En efecto, Dios le dice: «En cuanto a Ismael, por quien tanto te preocupas, te he escuchado». Ismael gozará del favor de Dios por causa de Abraham, y Dios tiene bendiciones reservadas para él. Sus descendientes serán numerosos y se multiplicarán en gran manera, más que sus vecinos. Este es el fruto de la bendición, como en Génesis 1:28. También llegarán a ser importantes, pues de él descenderán doce príncipes. Podemos esperar con bondad que Ismael también haya recibido bendiciones espirituales, aunque la iglesia visible no surgió de él ni el pacto continuó por medio de su descendencia. Con frecuencia, los hijos nacidos según la carne reciben mucho bien exterior por causa de sus padres piadosos.

Pero las bendiciones del pacto se reservan para Isaac y se le conceden solamente a él (Génesis 17:19, 17:21). Si Abraham quería que el pacto continuara por medio de Ismael, Dios no le responde exactamente en esos términos, sino con algo igualmente bueno, incluso mejor. Dios repite la promesa de que Sara misma le daría a Abraham un hijo. Los verdaderos creyentes todavía necesitan que Dios les repita sus promesas para recibir un firme consuelo (Hebreos 6:18). Los hijos de la promesa son verdaderamente hijos.

Dios también le da al niño el nombre de Isaac, que significa «risa», porque Abraham se había alegrado cuando recibió la promesa del hijo. Si las promesas de Dios son nuestro gozo, la misericordia prometida se convertirá con el tiempo en nuestra gran alegría. Cristo será motivo de gozo para quienes esperan en él. Quienes ahora se alegran en la esperanza pronto se alegrarán al recibir aquello que esperaban, y este no es un gozo insensato. Dios también establece su pacto con Isaac. Dios incorpora al pacto consigo a quien quiere, conforme al beneplácito de su voluntad (Romanos 9:8, Romanos 9:18). Así, el pacto entre Dios y Abraham quedó establecido, con sus límites y las promesas que aún faltaban por cumplirse; después, el encuentro terminó. Dios dejó de hablar con Abraham, la visión desapareció y el Señor se apartó de él. Nuestra comunión con Dios en este mundo se quiebra y se interrumpe, pero en el cielo será constante y no tendrá fin.

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Abraham

  • Sara Abraham es esposo de Sara.
    Fuente: Génesis 11:29
    Abram se casó con Sarai, y Nahor se casó con Milcá, que era hija de Harán y hermana de Iscá.
    Lee Génesis 11:29
  • Ismael Abraham es padre de Ismael.
    Fuente: Génesis 16:15
    Agar le dio un hijo a Abram, y él lo llamó Ismael.
    Lee Génesis 16:15
  • Isaac Abraham es padre de Isaac.
    Fuente: Génesis 21:3
    Abraham llamó Isaac al hijo que Sara le dio;
    Lee Génesis 21:3

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Sara

  • Abraham Abraham es esposo de Sara.
    Fuente: Génesis 11:29
    Abram se casó con Sarai, y Nahor se casó con Milcá, que era hija de Harán y hermana de Iscá.
    Lee Génesis 11:29
  • Isaac Sara es madre de Isaac.
    Fuente: Génesis 21:3
    Abraham llamó Isaac al hijo que Sara le dio;
    Lee Génesis 21:3

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Algunos datos de relaciones fueron adaptados de BibleData, Brady Stephenson (CC BY 4.0). Datos revisados, traducidos y complementados con referencias bíblicas.

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