Versículo destacado

Génesis 16:10 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

" Además, el ángel del Señor le dijo: Aumentaré tanto tus descendientes que nadie podrá contarlos. "

Génesis 16:10

menu_book El versículo en contexto

8 y le preguntó: —Agar, esclava de Sarai, ¿de dónde vienes y adónde vas? —Estoy huyendo de mi señora Sarai —respondió ella.

9 Entonces el ángel del Señor le dijo: —Regresa al lado de tu señora y obedécela en todo.

10 Además, el ángel del Señor le dijo: Aumentaré tanto tus descendientes que nadie podrá contarlos.

11 Estás encinta y tendrás un hijo, y le pondrás por nombre Ismael, porque el Señor escuchó tu aflicción.

12 Será arisco como un potro salvaje; luchará contra todos, y todos lucharán contra él; pero él afirmará su casa aunque sus hermanos se opongan.

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Podemos suponer que, después de que el ángel le dio a Agar aquel buen consejo en Génesis 16:9 y le dijo que regresara con su señora, ella aceptó de inmediato y emprendió el camino de vuelta a casa. Entonces el ángel la animó con una promesa de la misericordia que Dios tenía preparada para ella y para su hijo. A menudo Dios sale al encuentro de las personas con misericordia cuando ellas regresan para hacer lo correcto. «Dije: “Confesaré”, y tú perdonaste» (Salmo 32:5).

Aquí se anuncia el futuro de sus descendientes para consolarla en medio de su aflicción. Primero, el ángel toma en cuenta su situación: «Estás embarazada», y por eso aquel no era un lugar adecuado para que siguiera vagando. Para una mujer embarazada es un gran consuelo saber que está bajo el cuidado especial de Dios. Dios considera bondadosamente su situación y le da la ayuda apropiada para ella.

En primer lugar, el ángel le asegura que dará a luz a un hijo sano, algo que Abram deseaba. El miedo y su huida quizá habían destruido toda esperanza de tener un hijo, pero Dios no la trató conforme a su insensatez. «Darás a luz un hijo». Fue protegida durante el parto no solo por la providencia, sino también por la promesa.

En segundo lugar, el ángel le da un nombre al niño, lo cual fue un honor tanto para la madre como para el hijo. «Lo llamarás Ismael», que significa «Dios escucha», porque el SEÑOR ha escuchado y, por lo tanto, volverá a escuchar. La ayuda que ya hemos recibido de Dios en medio de la angustia debe animarnos a confiar en él cuando enfrentemos necesidades semejantes (Salmo 10:17). «Él ha escuchado tu aflicción» (Génesis 16:11). Incluso cuando casi no hay una oración expresada desde el corazón, el Dios compasivo a veces escucha bondadosamente el clamor del sufrimiento. Las lágrimas hablan tanto como las oraciones. Esto consuela a quienes sufren, porque Dios no solo ve su angustia; también escucha lo que esa angustia expresa. Siempre debemos recordar con gratitud esa ayuda oportuna: «En aquel momento, en medio de aquella angustia, el SEÑOR escuchó mi clamor y me ayudó» (Deuteronomio 26:7; Salmo 31:22).

En tercer lugar, el ángel le promete una familia muy numerosa: «Multiplicaré enormemente tu descendencia» (Génesis 16:10). En hebreo, la idea se repite para darle énfasis, como si dijera: «Seguiré multiplicándola de generación en generación». Con frecuencia se piensa que los turcos actuales descienden de Ismael, y ciertamente son un pueblo numeroso. Esto correspondía a la promesa hecha a Abram: «Haré que tu descendencia sea como el polvo de la tierra» (Génesis 13:16). Muchos hijos de padres piadosos reciben abundantes bendiciones externas por causa de sus padres, aunque ellos mismos no sean introducidos en el pacto de Dios. Muchos llegan a multiplicarse sin llegar a ser santos.

En cuarto lugar, el ángel describe qué clase de hombre sería el hijo de Agar, y probablemente esto no le sonó tan duro a ella como nos suena a nosotros. «Será un hombre indómito» o, más literalmente, un hombre semejante a un asno salvaje: rudo, atrevido, sin domesticar y reacio a someterse. Vivirá libremente, sin paciencia para el servicio ni para las restricciones. Por naturaleza, los hijos de la mujer esclava, que están fuera del pacto de Dios, se parecen a la cría de un asno salvaje. Es la gracia la que transforma a las personas, les da buen juicio y las capacita para vivir de manera provechosa.

También se predice, en primer lugar, que vivirá en conflicto y en estado de guerra. «Estará en conflicto con todos», lo cual será su pecado, y «todos estarán en conflicto con él», lo cual será su castigo. Quienes tienen un espíritu inquieto suelen llevar una vida llena de problemas. Si alguien provoca, molesta o lastima constantemente a los demás, debe esperar que lo traten de la misma manera. El que mantiene su mano y su lengua contra todos encontrará la mano y la lengua de todos contra él, y no tendrá derecho a quejarse.

Sin embargo, en segundo lugar, también vivirá seguro y mantendrá su posición frente a todo el mundo. «Vivirá en conflicto con todos sus hermanos», o permanecerá en presencia de todos sus hermanos. Aunque todos sus vecinos lo amenacen y lo insulten, conservará su lugar y, más por causa de Abram que por sus propios méritos, podrá mantenerse firme ante ellos. Más adelante leemos que murió tal como había vivido: en presencia de todos sus hermanos (Génesis 25:18). Muchas personas que se exponen al peligro por sus propias malas decisiones siguen siendo preservadas de manera sorprendente por la providencia de Dios. Dios las trata mucho mejor de lo que merecen, aun cuando no solo arriesgan la vida por su pecado, sino que también la ponen en peligro.

La respuesta piadosa de Agar ante esta bondadosa manifestación de Dios aparece en Génesis 16:13-14. Observemos primero su adoración reverente al conocimiento perfecto y a la providencia de Dios, aplicados a su propia vida. Ella invocó el nombre del SEÑOR que le había hablado; es decir, confesó su nombre y lo alabó diciendo: «Tú eres el Dios que me ve». Ese sería para siempre su nombre para él, un recordatorio permanente de quién es. Dios es un Dios que ve; es el Dios que todo lo ve. Como decían los escritores antiguos, Dios es todo mirada.

Debemos reconocer esta verdad y aplicarla a nuestra propia vida. El Dios que ve todas las cosas también me ve a mí, como dijo David: «SEÑOR, tú me has examinado y me conoces» (Salmo 139:1). Creer que Dios nos ve es muy útil cuando regresamos a él. Es un pensamiento apropiado para una persona arrepentida. Él ve mi pecado y mi insensatez. «He pecado contra ti», dice el hijo pródigo; «contra ti he pecado», dice David. Él ve mi tristeza y mi angustia, y ese es especialmente el punto de Agar aquí. Cuando nosotros mismos hemos provocado problemas por nuestra insensatez, Dios no nos ha abandonado.

Dios también ve la sinceridad de nuestro regreso y arrepentimiento. Ve el dolor oculto que sentimos por el pecado y nuestros movimientos secretos de regreso a él. Nos ve cuando comenzamos a apartarnos de él de cualquier manera (Salmo 44:20-21). Este pensamiento siempre debe apartarnos del pecado y motivarnos a cumplir con nuestro deber: «Dios, tú me ves».

En segundo lugar, Agar expresa un asombro humilde ante la bondad de Dios hacia ella. Sus palabras pueden entenderse así: «¿Acaso aquí también he contemplado al que me ve?». O podrían traducirse: «¿Acaso aquí he visto la espalda del que me ve?». Ella no lo vio cara a cara, sino solo de manera tenue, como a través de un espejo, según dice Pablo (1 Corintios 13:12). Probablemente no supo quién le hablaba hasta que él se retiró, como ocurrió con Gedeón y con Manoa y su esposa (Jueces 6:21-22; 13:21). Entonces lo siguió con la mirada, con una reacción semejante a la de los dos discípulos que iban camino a Emaús (Lucas 24:31-32).

O quizá sus palabras significan: «¿Acaso aquí he visto al que me ve?». La comunión que los creyentes tienen con Dios depende de esto: los ojos de la fe se vuelven hacia él, mientras saben que él los mira con favor. Esta cercanía se mantiene viva por medio de la mirada. El privilegio de conocer a Dios de esta manera debe llenarnos de asombro. Pensemos en quiénes somos si hemos sido recibidos en semejante favor. «¿Acaso yo», alguien tan insignificante e indigno? Como dijo David: «¿Quién soy yo?» (2 Samuel 7:18). Pensemos también en el lugar donde ocurrió: «¿Aquí también?». No solo en la tienda de Abram y junto a su altar, sino aquí también, en este desierto. Aquí, donde nunca esperaba algo así y donde estaba fuera del camino del deber. La reacción natural es: «SEÑOR, ¿cómo puede ser esto?» (Juan 14:22).

Algunos entienden esta pregunta como una expresión negativa y la consideran una reflexión llena de tristeza: «¿Acaso, aun aquí, en medio de mi angustia y sufrimiento, he mirado a Dios? No; he sido tan descuidada y tan indiferente a él como siempre. Y, sin embargo, él se ha encontrado conmigo y ha cuidado de mí». A menudo Dios viene a nosotros con su bondad antes de que lo busquemos, y se deja encontrar por quienes no lo estaban buscando (Isaías 65:1).

El nombre que se le dio al lugar fue Beer-lajai-roi, que significa «el pozo del Viviente que me ve» (Génesis 16:14). Probablemente Agar le dio ese nombre, y se conservó durante mucho tiempo como un recordatorio permanente de aquel acontecimiento. Era un lugar donde el Dios de gloria mostró un cuidado y una atención especiales hacia una mujer pobre que estaba sufriendo.

Aprendamos tres cosas de esto. Primero, el Dios que ve todas las cosas es el Dios viviente, que vive y nos ve. Segundo, quienes son recibidos bondadosamente en comunión con Dios y reciben de él consuelo oportuno deben contarles a otros lo que ha hecho por su alma, para que ellos también se animen a buscarlo y confiar en él. Tercero, debemos conservar para siempre en la memoria las maneras bondadosas en que Dios se nos revela y nunca olvidarlas.

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