Versículo destacado
Génesis 15:12 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Cuando empezaba a anochecer, Abram se quedó profundamente dormido. De pronto, una gran oscuridad lo rodeó y sintió mucho miedo. "
Génesis 15:12
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
10 Abram llevó todos estos animales a Dios, los partió por la mitad y puso una mitad frente a la otra; pero no partió las aves.
11 Los buitres bajaban sobre los cuerpos de los animales muertos, pero Abram los espantaba.
12 Cuando empezaba a anochecer, Abram se quedó profundamente dormido. De pronto, una gran oscuridad lo rodeó y sintió mucho miedo.
13 Entonces el Señor le dijo: —Debes saber que tus descendientes vivirán en un país extranjero, que allí serán esclavos y que serán maltratados durante cuatrocientos años.
14 Pero yo también castigaré a la nación que va a hacerlos esclavos, y después tus descendientes saldrán libres y dueños de grandes riquezas.
Explora estudios bíblicos guiados
Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor
Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)
Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.
Vista previa de la sesión 1:
Dichosos los humildes
6 min
Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)
Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.
Vista previa de la sesión 1:
El cuidado del Pastor
5 min
Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones
Crear cuenta gratisComentario de Bible Guided
Aquí Dios le da a Abram una visión completa y clara de lo que planeaba hacer con sus descendientes. Observa el momento en que le habló: fue al ponerse el sol, cuando el día estaba terminando, cerca de la hora del sacrificio de la tarde (1 Reyes 18:36; Daniel 9:21). Esa misma mañana, antes de que amaneciera, Dios ya le había dado instrucciones acerca de los sacrificios (Génesis 15:5). Podemos imaginar que Abram pasó el día preparándolos, y luego esperó y oró hasta el anochecer. Dios a menudo hace esperar a su pueblo las bendiciones que piensa darle, para fortalecer su fe. Las respuestas a la oración y el cumplimiento de sus promesas quizá tarden, pero sin duda llegan. Al anochecer habrá luz.
Observa ahora la preparación para esta revelación. Primero, un sueño profundo cayó sobre Abram; no era el sueño común causado por el cansancio, sino un trance divino, como el que el Señor Dios hizo caer sobre Adán (Génesis 2:21). Dios lo apartó de la percepción de las cosas externas para que pudiera ocuparse por completo de las realidades espirituales. Las puertas del cuerpo quedaron cerradas, para que el alma pudiera estar a solas y actuar con mayor libertad, como lo que verdaderamente es. Junto con ese sueño, una gran oscuridad y un profundo terror se apoderaron de él.
El cambio repentino es impactante. Poco antes, Abram se había regocijado en el pacto de Dios y había disfrutado de comunión con él; ahora, una gran oscuridad y temor habían caído sobre él. El pueblo de Dios no siempre camina en la luz; a veces lo rodean las nubes y la oscuridad. Esta gran oscuridad tenía, en primer lugar, el propósito de llenar el espíritu de Abram de reverencia, para que la cercanía que Dios le permitía no lo llevara a faltarle al respeto. El temor santo prepara el corazón para el gozo santo. Dios primero hiere y luego sana; primero humilla y luego levanta (Isaías 6:5, Isaías 6:6).
En segundo lugar, esta oscuridad anticipaba la manera en que Dios trataría con los descendientes de Abram. Primero conocerían el horror y la oscuridad de la esclavitud en Egipto, y después entrarían con alegría en la tierra buena. Así que Abram tuvo un anticipo del sufrimiento de ellos antes de recibir una visión anticipada de su felicidad. En tercer lugar, la oscuridad señalaba la naturaleza del pacto que Dios estaba a punto de hacer con él. La manera de relacionarse con Dios en el Antiguo Testamento, basada en ese pacto, estaba marcada por la oscuridad y la falta de claridad (2 Corintios 3:13, 2 Corintios 3:14), así como por el temor y el espanto (Hebreos 12:18 y siguientes).
Entonces viene la profecía misma. Aquí se predicen varias cosas. Primero, los descendientes de Abram sufrirían durante mucho tiempo, como dice Génesis 15:13. Abram no debía imaginar que su familia disfrutaría únicamente de honor y éxito. Necesitaba saber con certeza algo que le costaba creer: que la descendencia prometida también sería una descendencia perseguida. Dios a menudo nos anuncia primero lo peor, porque debemos sufrir antes de reinar. También nos habla de las dificultades antes de que ocurran, para que no nos sorprendan cuando lleguen (Juan 16:4).
Su sufrimiento tendría varios aspectos. Serían extranjeros, primero en Canaán (Salmo 105:12) y después en Egipto. Antes de poseer su propia tierra, vivirían como forasteros en una tierra ajena. La incomodidad de una vida sin estabilidad hace que un hogar permanente sea más bienvenido. De la misma manera, los herederos del cielo son extranjeros en la tierra, en un lugar que no les pertenece. También serían siervos, como lo fueron para los egipcios (Éxodo 1:13). Lo que había sido una maldición sobre los cananeos (Génesis 9:25) se convirtió en una dificultad para los descendientes de Abram, aunque con una diferencia importante: los cananeos servían bajo una maldición, pero los hebreos servían bajo una bendición. Los rectos tendrán dominio por la mañana (Salmo 49:14).
También serían oprimidos, pues aquellos a quienes servían los afligirían (Éxodo 1:11). A las personas que Dios ama y bendice, muchas veces las tratan mal personas perversas, pero Dios lo ve todo.
Su sufrimiento duraría cuatrocientos años. Comenzó con la burla, cuando Ismael, el hijo de Agar la egipcia, persiguió a Isaac, el hijo nacido según el Espíritu (Génesis 21:9; Gálatas 4:29). Continuó con el desprecio, pues los egipcios consideraban detestable comer con los hebreos (Génesis 43:32). Terminó en asesinato, con la cruel matanza de sus hijos recién nacidos. Así que, de una forma u otra, el sufrimiento continuó durante cuatrocientos años, aunque no todos sus aspectos tuvieron la misma intensidad durante todo ese tiempo. Fue una prueba larga, pero limitada.
En segundo lugar, Dios también anunció el juicio de los enemigos de Abram: juzgaría a la nación a la que ellos servirían, es decir, a los egipcios (Génesis 15:14). Esto apunta a las plagas de Egipto, por medio de las cuales Dios obligó a los egipcios a dejar ir a Israel y también los castigó por los males que habían cometido. Dios puede permitir que los opresores pisoteen a su pueblo durante mucho tiempo, pero al final ciertamente les pedirá cuentas, porque viene su día (Salmo 37:12, Salmo 37:13). Juzgar a los perseguidores significa castigarlos con justicia. Esta es obra de Dios: «Yo juzgaré». Él puede hacerlo porque es el Señor. Lo hará porque es el Dios de su pueblo y ha dicho: «Mía es la venganza; yo pagaré». Por eso debemos dejar el asunto en sus manos, para que él actúe a su manera y en su tiempo.
En tercer lugar, Dios prometió a los descendientes de Abram que los sacaría de Egipto. Ese gran acontecimiento se anuncia aquí: después saldrían con grandes riquezas. Esto significa, primero, que serían liberados. «Después saldrán» puede significar que saldrían cuando se cumplieran los cuatrocientos años de aflicción, o después de que Dios juzgara y golpeara a Egipto; entonces llegaría la liberación. La caída de los opresores se convierte en el rescate de los oprimidos. No dejarían ir al pueblo de Dios hasta que fueran obligados a hacerlo.
En segundo lugar, saldrían enriquecidos. Se irían con grandes posesiones, tal como ocurrió (Éxodo 12:35, Éxodo 12:36). Dios se aseguró de que no solo tuvieran una tierra buena por delante, sino también buenos recursos para llevar consigo.
En cuarto lugar, Dios prometió que más adelante se establecerían en Canaán (Génesis 15:16). No solo saldrían de Egipto, sino que regresarían a la tierra donde Abram vivía entonces. Una interrupción temporal de la posesión no cancelaría su derecho a la tierra. No debemos pensar que las bendiciones se han perdido para siempre solo porque por un tiempo no las tenemos.
La razón por la que no poseerían la tierra prometida hasta la cuarta generación era que la maldad de los amorreos todavía no había llegado a su colmo. Israel no podía tomar Canaán hasta que los amorreos fueran expulsados, y todavía no habían llegado al punto en que su destrucción fuera justa.
El Dios justo ha determinado que las personas no sean eliminadas hasta que hayan persistido en el pecado el tiempo suficiente y se hayan vuelto tan malvadas que su ruina corresponda claramente a su culpa. Por eso, hasta que llegara ese momento, los descendientes de Abram tendrían que permanecer fuera de la tierra. El pecado crece poco a poco. Quienes siguen rechazando el arrepentimiento y continúan viviendo en la maldad están acumulando ira para sí mismos.
Para algunas personas, el pecado llega rápidamente a su plena medida. Los habitantes de Sodoma, que eran «grandes pecadores contra el Señor», la alcanzaron pronto; lo mismo ocurrió con los judíos, que tenían una relación externa cercana con Dios. Pero el pecado de los amorreos tardó mucho en llegar a su colmo. Esto también explica por qué a veces los malvados prosperan durante un tiempo: su medida de pecado todavía no está completa. Los malvados viven, envejecen y se hacen poderosos, mientras Dios guarda su culpa para el juicio futuro (Job 21:7, Job 21:19; Mateo 23:32; Deuteronomio 32:34).
Abram moriría en paz antes de que ocurrieran estos acontecimientos. No viviría para ver la tierra completamente en manos de su familia, ni tendría que enfrentar las dificultades que más adelante vendrían sobre sus descendientes. Este mismo consuelo se le prometió a Josías, rey de Judá (2 Reyes 22:20). A veces, las personas buenas reciben la gran bendición de ser llevadas antes de que llegue la calamidad (Isaías 57:1).
Que esto sea suficiente para Abram. Él iría en paz con sus antepasados. Ni siquiera los amigos y favoritos del cielo están exentos de la muerte. ¿Acaso somos nosotros más importantes que nuestro padre Abram, que murió? (Juan 8:53). Las personas buenas mueren de buena voluntad. No son arrastradas, sino que parten voluntariamente. Su vida no les es arrebatada como la del rico insensato (Lucas 12:20), sino que la entregan con disposición. No querrían vivir para siempre en este mundo.
Al morir, vamos con nuestros antepasados: tanto con quienes nos precedieron al estado de los muertos (Job 21:32, Job 21:33), como con nuestros antepasados piadosos que nos precedieron al estado de bendición (Hebreos 12:23). Pensar en los primeros ayuda a disminuir el temor a la muerte. Pensar en los segundos trae consuelo en medio de ella. Cuando muere una persona piadosa, muere en paz. Si el camino es la piedad, el final es la paz (Salmo 37:37).
Abram también será sepultado después de una larga vida. La mención de su sepultura aquí, en el contexto de la promesa de la tierra de Canaán, puede deberse a que un lugar para ser sepultado fue la primera parte de esa tierra que llegó a poseer. No solo morirá en paz, sino también con honor: morirá, será sepultado dignamente y lo hará en el momento indicado (Job 5:26).
La vejez es una bendición. Fue prometida en el quinto mandamiento, es natural desearla y ofrece muchas oportunidades para servir bien a los demás. Es especialmente una bendición cuando se trata de una buena vejez. Esto es cierto para quienes llegan a la vejez con salud, sin quedar agotados por enfermedades dolorosas que convierten la vida en una carga. También lo es para quienes envejecen en santidad: discípulos de edad avanzada (Hechos 21:16), cuyas canas reflejan que han caminado por el camino de la justicia (Proverbios 16:31), personas mayores que siguen siendo útiles y apartadas para Dios. Esa sí es verdaderamente una buena vejez.
De este capítulo
Génesis 15:1
"Después de esto, el Señor le habló a Abram en una visión y le dijo: —No tengas miedo, Abram, porque yo soy tu protector. Tu recompensa será muy grande."
Génesis 15:2
"Pero Abram le contestó: —Señor y Dios, ¿de qué me sirve que me des una recompensa, si tú bien sabes que no tengo hijos? El heredero de todo lo que tengo: Eliézer de Damasco."
Génesis 15:3
"Como no me has dado ningún hijo, será uno de mis criados."
Génesis 15:4
"El Señor le contestó: —Tu heredero será tu propio hijo, y no un extraño."
Génesis 15:5
"Entonces el Señor llevó a Abram afuera y le dijo: —Mira bien el cielo y cuenta las estrellas, si es que puedes contarlas. Pues bien, así será el número de tus descendientes."
Génesis 15:6
"Abram creyó al Señor, y por eso el Señor lo aceptó como justo."
Oración diaria
Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria
Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.
Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.
Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.