Versículo destacado

Génesis 14:21 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

" Luego, el rey de Sodoma le dijo a Abram: —Dame las personas y quédate con las cosas. "

Génesis 14:21

menu_book El versículo en contexto

19 y bendijo a Abram con estas palabras: Que el Dios altísimo, creador del cielo y de la tierra, te bendiga;

20 y alabado sea el Dios altísimo, que te hizo vencer a tus enemigos. Entonces Abram le dio a Melquisedec la décima parte de lo que había recuperado.

21 Luego, el rey de Sodoma le dijo a Abram: —Dame las personas y quédate con las cosas.

22 Pero Abram le respondió: —Le he jurado al Señor, al Dios altísimo que hizo el cielo y la tierra,

23 que no tomaré nada de lo que es tuyo, ni siquiera un hilo ni una correa para mis sandalias, para que nunca digas que tú fuiste quien me hizo rico.

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Aquí vemos lo que ocurrió entre Abram y el rey de Sodoma, el gobernante que sucedió al rey que había caído en batalla (Génesis 14:10). El rey consideró que debía honrar a Abram en respuesta a la ayuda que le había dado. Este intercambio muestra tanto la oferta del rey como el cuidadoso rechazo de Abram.

El rey de Sodoma le hizo a Abram una oferta generosa: «Dame las personas y toma para ti los bienes». Le pidió las personas que pertenecían a su ciudad, pero le entregó libremente los bienes a Abram. Cuando un derecho no está claro y existe una disputa sobre él, es prudente resolver el asunto mediante un acuerdo mutuo en vez de seguir peleando. El rey tenía un derecho natural sobre las personas y los bienes, pero Abram también los había rescatado; por eso el rey escogió una manera justa de poner fin a cualquier disputa. La gratitud debe llevarnos a recompensar, hasta donde podamos, a quienes han trabajado, se han arriesgado y se han sacrificado por nuestro bien. Como dice Pablo, nadie sirve como soldado a sus propias expensas (1 Corintios 9:7). Los soldados reciben su paga a un gran costo, porque ponen en peligro su vida.

Abram hizo un noble rechazo. Devolvió las personas al rey, pues habían sido rescatadas del enemigo, y también le devolvió todos los bienes. No quiso quedarse ni siquiera con un hilo o una correa de sandalia; no tomó absolutamente nada que hubiera pertenecido al rey de Sodoma ni a ninguno de los que estaban con él. Una fe viva ayuda a la persona a mirar las riquezas de este mundo con santo desapego (1 Juan 5:4). ¿Qué son todos los placeres y adornos de esta vida para quien tiene siempre delante a Dios y el cielo? Abram mencionó incluso las cosas más pequeñas, un hilo y una correa de sandalia, porque una conciencia sensible evita aun las faltas pequeñas.

Abram confirmó esta decisión con un juramento solemne: «He levantado mi mano al SEÑOR» y no tomaría nada (Génesis 14:22). Observemos los nombres que le da a Dios: «Dios Altísimo, creador del cielo y de la tierra», el mismo título que acababa de usar Melquisedec, el sacerdote y rey de Salem (Génesis 14:19). Es bueno aprender de la manera en que las personas piadosas hablan correctamente acerca de Dios y seguir su ejemplo. Así podemos crecer mediante la conversación piadosa de otros. Levantar la mano era una señal significativa en un juramento. Mostraba que Abram llamaba a Dios como testigo de su verdad y sinceridad, y que se sometía al juicio de Dios si mentía. El contenido del juramento —no tomar ninguna recompensa del rey de Sodoma— era legítimo, aunque Abram no estuviera obligado de antemano a hacerlo.

Es posible que Abram hubiera hecho ese voto antes de la batalla, si Dios le concedía la victoria. De ser así, ahora estaba cumpliendo una promesa hecha mientras esperaba recibir misericordia, aunque hacerlo fuera en contra de su propio interés. Los votos hechos al buscar una bendición deben cumplirse cuidadosamente después de recibirla, aun cuando nos cuesten algo. El ciudadano de Sion, es decir, quien pertenece al pueblo de Dios, no cambia su palabra después de haber jurado, aunque hacerlo le perjudique (Salmo 15:4). También es posible que Abram haya hecho este juramento en ese momento para fortalecer su rechazo y evitar que el rey siguiera insistiendo. Hay ocasiones en las que es correcto renunciar a algo que realmente nos pertenece, como Pablo también lo hizo en ciertos asuntos (1 Corintios 8:13; 1 Corintios 9:12). Una resolución firme es una buena ayuda contra la tentación.

Abram también dio la razón de su rechazo: no quería que el rey de Sodoma dijera: «Yo hice rico a Abram». Eso habría traído reproche de dos maneras. Habría puesto en duda la promesa y el pacto de Dios, como si Dios no pudiera enriquecer a Abram sin los bienes de Sodoma. También habría difamado la fe y la bondad de Abram, como si hubiera entrado en aquella peligrosa batalla solo para hacerse rico. Debemos tener cuidado de no dar a otros motivo para decir lo que no deberían decir. El pueblo de Dios debe evitar todo lo que parezca mezquino, codicioso o interesado. Abram quizá sabía que el rey de Sodoma era orgulloso y que probablemente usaría aquello en su contra más adelante, aun sin tener razón. Cuando tratamos con personas así, necesitamos actuar con especial cautela.

Abram limitó su rechazo con dos excepciones claras (Génesis 14:24). Al hacer votos, debemos incluir los límites necesarios para no tener que decir después: «Fue un error» (Eclesiastés 5:6). Primero, exceptuó la comida de sus soldados. Ellos merecían su parte mientras servían en la batalla. Esto no le daría al rey de Sodoma ninguna razón para afirmar que Abram se había enriquecido. Segundo, exceptuó la parte de sus aliados y compañeros de pacto, al decir: «Permite que ellos tomen su parte». Quienes son estrictos al limitar su propia libertad no deben imponer esas mismas limitaciones a los demás. No debemos convertirnos en la medida con la que se juzgue a todos los demás. Una persona buena puede negarse a sí misma una libertad que no le negaría a otra, a diferencia de los fariseos, que imponían cargas pesadas sobre los demás (Mateo 23:4). No había razón para que Aner, Escol y Mamre, los aliados de Abram, renunciaran a su derecho sobre los bienes de la misma manera que Abram. Ellos no habían hecho la misma profesión de fe ni estaban sujetos al mismo voto. No tenían la esperanza de Abram de recibir una parte en el mundo venidero, así que podían tomar legítimamente su parte de los bienes de este mundo.

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