Versículo destacado
Génesis 14:17 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Cuando Abram regresó después de haber derrotado a Quedorlaómer y a los reyes que estaban de su parte, el rey de Sodoma salió a recibirlo al valle de Savé, que es el Valle del Rey. "
Génesis 14:17
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
15 Por la noche, Abram y su gente atacaron por sorpresa a los reyes y los persiguieron hasta Hobá, que está al norte de la ciudad de Damasco,
16 y les quitaron todo lo que se habían llevado. Así, Abram liberó a su sobrino Lot y recuperó todo lo que pertenecía a su sobrino. También liberó a las mujeres y a la demás gente.
17 Cuando Abram regresó después de haber derrotado a Quedorlaómer y a los reyes que estaban de su parte, el rey de Sodoma salió a recibirlo al valle de Savé, que es el Valle del Rey.
18 También Melquisedec, que era rey de Salem y sacerdote del Dios altísimo, sacó pan y vino
19 y bendijo a Abram con estas palabras: Que el Dios altísimo, creador del cielo y de la tierra, te bendiga;
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Este párrafo comienza con el respeto que el rey de Sodoma mostró hacia Abram cuando este regresó después de derrotar a los reyes. Pero antes de describir ese encuentro en detalle, el relato presenta brevemente la historia de Melquisedec. Sobre él debemos observar lo siguiente.
Primero, quién era. Era rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo. En Hebreos 7:1 y siguientes se dicen otras cosas importantes acerca de él. Algunos rabinos y la mayoría de los maestros judíos han concluido que Melquisedec era Sem, hijo de Noé, quien fue rey y sacerdote de sus descendientes, siguiendo el modelo de los patriarcas. Pero esto parece muy poco probable. ¿Por qué habría cambiado de nombre? ¿Y cómo llegó a vivir en Canaán?
Muchos escritores cristianos han pensado que se trataba de una aparición del Hijo de Dios mismo, nuestro Señor Jesús, conocido por Abram en ese momento con este nombre, así como más adelante Agar lo llamó con otro nombre (Génesis 16:13). Se manifestó como un rey justo, defendiendo una causa justa y trayendo paz. Es difícil pensar que un simple ser humano pudiera ser descrito como alguien sin padre, sin madre y sin genealogía, sin principio de días ni fin de vida (Hebreos 7:3). La Escritura dice de Melquisedec que vive y permanece sacerdote para siempre (Génesis 14:3; Génesis 14:8). El apóstol incluso aplica este lenguaje a nuestro Señor, quien descendió de Judá (Génesis 14:13, Génesis 14:14). También es difícil creer que, en ese tiempo, un hombre común fuera mayor que Abram en las cosas de Dios, o que Cristo fuera sacerdote según el orden de un simple ser humano, o que un sacerdocio humano superara al de Aarón en la medida en que lo hizo el de Melquisedec.
La opinión más común es que Melquisedec era un príncipe cananeo que gobernaba en Salem y conservaba allí la religión verdadera. Pero, si esto fuera así, sería difícil explicar por qué su nombre aparece únicamente aquí en toda la historia de Abram, o por qué Abram tenía sus propios altares en vez de usar los altares de su vecino Melquisedec, quien entonces habría sido mayor que él. El señor Gregory, de Oxford, dice que la Catena árabe, en la que él deposita mucha confianza, presenta esta explicación sobre Melquisedec: era hijo de Heraclim, hijo de Peleg, hijo de Heber; y su madre era Salatiel, hija de Gomer, hijo de Jafet, hijo de Noé.
Segundo, lo que hizo. Sacó pan y vino para reanimar a Abram y a sus soldados, y para celebrar su victoria. Lo hizo como rey, enseñándonos a hacer el bien, a compartir lo que tenemos y a mostrar hospitalidad conforme a nuestras posibilidades. También señaló el alimento y la fortaleza espirituales que Cristo ha reservado para nosotros en el pacto de gracia, para reanimarnos cuando quedamos agotados por las batallas espirituales.
Como sacerdote del Dios Altísimo, bendijo a Abram, y esto probablemente fue un alivio aún mayor para Abram que el pan y el vino. De la misma manera, Dios levantó a su Hijo Jesús y lo envió para bendecirnos con autoridad; y aquellos a quienes él bendice son verdaderamente bendecidos. Cristo entró al cielo mientras bendecía a sus discípulos (Lucas 24:51), porque esa es la obra que realiza eternamente.
Tercero, lo que dijo (Génesis 14:19, Génesis 14:20). Dijo dos cosas. Primero, bendijo a Abram de parte de Dios: «Bendito sea Abram, bendecido por el Dios Altísimo» (Génesis 14:19). Observemos los títulos sublimes que le da a Dios.
Lo llama el Dios Altísimo, una expresión que habla de la grandeza perfecta de Dios en sí mismo y de su gobierno soberano sobre todas las criaturas. Él es el Rey de reyes. Nuestra fe y nuestra reverencia en la oración se fortalecen cuando contemplamos a Dios como el Dios Altísimo y lo llamamos así.
También llama a Dios el dueño del cielo y de la tierra, es decir, el legítimo propietario y Señor soberano de todas las criaturas, porque él las hizo. Esto muestra que es un Dios grande, digno de gran alabanza (Salmo 24:1), y muestra también cuán dichosos son quienes cuentan con su favor y su amor.
Segundo, bendijo a Dios por causa de Abram: «Bendito sea el Dios Altísimo» (Génesis 14:20). En todas nuestras oraciones debemos alabar a Dios y unir la alabanza con nuestras peticiones. Estos son los sacrificios espirituales que debemos ofrecer diariamente y también en ocasiones especiales.
Dios, como el Dios Altísimo, debe recibir la gloria por todas nuestras victorias (Éxodo 17:15; 1 Samuel 7:10, 1 Samuel 7:12; Jueces 5:1, Jueces 5:2; 2 Crónicas 20:21). En ellas demuestra que está por encima de nuestros enemigos (Éxodo 18:11) y que está por encima de nosotros, porque sin él no podemos hacer nada. Debemos dar gracias por las bendiciones de otras personas tanto como por las nuestras, y alegrarnos con quienes se alegran. Jesucristo, nuestro gran sumo sacerdote, es el Mediador, es decir, quien se pone entre Dios y nosotros, tanto para nuestras oraciones como para nuestras alabanzas. Él no solo presenta las nuestras, sino también las suyas, a nuestro favor. Véase Lucas 10:21.
Cuarto, lo que se hizo por él. Abram le dio el diezmo de todo, es decir, la décima parte del botín (Hebreos 7:4). Esto puede entenderse de dos maneras. Podía ser un regalo para Melquisedec como respuesta a su bondad. Quienes reciben bondad deben mostrar bondad a cambio. La gratitud es una de las leyes escritas en la naturaleza humana.
También podía ser una ofrenda prometida y apartada para el Dios Altísimo y, por lo tanto, puesta en manos de Melquisedec, su sacerdote. Cuando hemos recibido una muestra clara de la misericordia de Dios, es muy apropiado expresar nuestro agradecimiento mediante algún acto especial de generosidad amorosa. Dios siempre debe recibir lo que le corresponde de nuestros bienes, especialmente cuando, por medio de alguna providencia especial, los ha protegido o los ha aumentado para nosotros. La décima parte de nuestro aumento es una cantidad muy apropiada para apartar para la honra de Dios y para el servicio de su casa.
Esto también enseña que Jesucristo, nuestro gran Melquisedec, debe ser honrado y reconocido humildemente por cada uno de nosotros como nuestro rey y sacerdote. No solo la décima parte de todo lo que tenemos, sino todo lo que tenemos, debe entregarse a él.
De este capítulo
Génesis 14:1
"En aquel tiempo, Amrafel era rey de Sinar; Arioc era rey de Elasar; Quedorlaómer era rey de Elam, y Tidal era rey de Goím."
Génesis 14:2
"Estos estuvieron en guerra contra Bera, rey de Sodoma; contra Birsá, rey de Gomorra; contra Sinab, rey de Admá; contra Seméber, rey de Seboím, y contra el rey de Bela, pueblo que también se llama Sóar."
Génesis 14:3
"Estos últimos cinco reunieron sus ejércitos en el valle de Sidim, donde está el Mar Muerto."
Génesis 14:4
"El rey Quedorlaómer los había dominado durante doce años, pero al decimotercer año los cinco reyes decidieron luchar contra él."
Génesis 14:5
"Al año siguiente, Quedorlaómer y los reyes que estaban de su parte fueron a la región de Astarot Carnaim, y allí derrotaron a los refaítas. Luego derrotaron a los zuzitas en Ham, y a los emitas en Savé-quiriataim,"
Génesis 14:6
"y derrotaron a los horeos en los montes de Seír y los persiguieron hasta El-parán, que está junto al desierto."
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