Versículo destacado
Génesis 11:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" En aquel tiempo, todo el mundo hablaba el mismo idioma. "
Génesis 11:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 En aquel tiempo, todo el mundo hablaba el mismo idioma.
2 Cuando salieron de la región oriental, encontraron una llanura en la región de Sinar y allí se quedaron a vivir.
3 Un día se dijeron unos a otros: «Vamos a hacer ladrillos y a cocerlos en el fuego». Así, usaron ladrillos en lugar de piedras y asfalto natural en lugar de mezcla.
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El final del capítulo anterior nos dice que las naciones fueron divididas sobre la tierra después del diluvio. Esto significa que los hijos de Noé se separaron en distintas tribus o colonias. La tierra se había vuelto demasiado pequeña para todos ellos, así que probablemente Noé organizó el rumbo de cada grupo, o ellos mismos acordaron hacia dónde ir. Comenzaron por las tierras cercanas y planeaban alejarse más a medida que sus familias crecieran.
Pero los hijos de los hombres no estaban dispuestos a extenderse hacia lugares distantes. Pensaban que era mejor y más seguro permanecer juntos. Por eso demoraron en tomar posesión de la tierra que el Señor, Dios de sus antepasados, les había dado (Josué 18:3). Con esto actuaron como si fueran más sabios que Dios o que Noé.
Tenían dos cosas que favorecían su plan. Primero, todos hablaban el mismo idioma (Génesis 11:1). Si antes del diluvio habían existido otros idiomas, parece que el de Noé —probablemente el mismo de Adán— se conservó durante el diluvio. Cuando las personas pueden entenderse unas a otras, es más probable que permanezcan juntas, se ayuden y eviten separarse.
Segundo, encontraron un lugar muy adecuado para establecerse: una llanura en la tierra de Sinar (Génesis 11:2). Era lo bastante amplia para recibirlos y lo bastante fértil para sostenerlos por un tiempo. Pero no pensaron en cuánto más espacio necesitarían después. Las condiciones cómodas del presente a menudo se convierten en una tentación para descuidar el deber y las necesidades futuras.
Para mantenerse unidos, decidieron construir una ciudad y una torre. En vez de extenderse bajo la protección de Dios, escogieron fortalecer su propia posición. Su plan de permanecer unidos era una especie de defensa contra el cielo mismo. Es significativo que los primeros constructores de ciudades, tanto antes como después del diluvio, no fueran personas de buen carácter. El pueblo de Dios vivía en tiendas, pero las ciudades fueron construidas primero por quienes se rebelaron contra él.
Se animaban unos a otros con llamados repetidos, diciendo: «Vengan, hagamos ladrillos» y «Vengan, construyamos una ciudad» (Génesis 11:3, 4). Al alentarse mutuamente, se volvieron más audaces y decididos. Se pueden lograr grandes cosas cuando muchas personas están de acuerdo y se impulsan unas a otras. Debemos aplicar esa lección para el bien: animarnos mutuamente al amor y a las buenas obras, en vez de que los pecadores se animen unos a otros a hacer el mal (Salmo 122:1; Isaías 2:3, 5; Jeremías 50:5).
También aprovecharon los materiales que tenían a su alcance. La llanura no les proporcionaba piedra ni argamasa, pero eso no los detuvo. Hicieron ladrillos en lugar de usar piedra, y emplearon asfalto o betún en lugar de argamasa. Esto demuestra cuán ingeniosas pueden ser las personas cuando están decididas. Si tuviéramos el mismo entusiasmo por las cosas buenas que otros tienen por sus planes malvados, no nos detendríamos tan seguido por falta de facilidades. También muestra la gran diferencia entre las construcciones humanas y las de Dios. Cuando los hombres construyen su Babel, lo mejor que pueden usar son ladrillos y betún. Pero cuando Dios edifica su Jerusalén, hasta sus cimientos los coloca con zafiros y sus límites con piedras preciosas (Isaías 54:11, 12; Apocalipsis 21:19).
Algunos piensan que esperaban protegerse de otro diluvio. Dios había prometido que nunca volvería a inundar todo el mundo, pero ellos confiaron más en una torre hecha por ellos mismos que en la promesa de Dios o en el arca que él había establecido. Si ese hubiera sido su propósito principal, habrían sido más sensatos al construir sobre una montaña y no en una llanura. Sin embargo, parece que su objetivo era más profundo.
Primero, fue un insulto contra Dios. Querían una torre cuya parte más alta llegara hasta el cielo, lo cual sugiere desafío o, por lo menos, rivalidad con él. Querían ser como el Altísimo, no en santidad, sino en altura. Olvidaron cuál era su lugar e intentaron subir al cielo por su propio camino, en vez de hacerlo por el camino de Dios.
Segundo, querían hacerse famosos. Esperaban realizar algo extraordinario, algo que hiciera que las generaciones futuras los recordaran. En vez de morir y dejar ningún rastro, querían levantar un monumento a su orgullo y ambición. Las personas suelen entusiasmarse con proyectos difíciles e impresionantes porque desean recibir honor y hacerse un nombre entre los demás, y ese deseo muchas veces las lleva al mal. Dios justamente entierra en el polvo los nombres que el pecado intenta levantar. Aquellos constructores se esforzaron mucho por hacerse un nombre, pero la historia no conserva ni uno solo de sus nombres. Filón el Judío dijo que cada uno grabó su nombre en un ladrillo como memorial permanente, pero ni siquiera eso perduró.
Tercero, querían evitar ser esparcidos por toda la tierra: «No sea que seamos esparcidos por toda la tierra». Josefo dice que esto fue una desobediencia abierta al mandato de Génesis 9:1, donde Dios les ordenó llenar la tierra. Dios les dijo que se extendieran, pero ellos respondieron que no lo harían. Pretendían vivir y morir juntos. Para asegurar ese plan, se unieron en esta gran empresa e hicieron de la ciudad y la torre el centro de su unidad y la capital de su reino.
Es probable que Nimrod fuera la figura principal detrás de todo esto. No se conformaba con gobernar una sola colonia. Aspiraba a gobernarlos a todos y, bajo el pretexto de la seguridad pública, probablemente los mantenía juntos para poder tenerlos bajo su control. Su pecado mostró una resistencia atrevida contra Dios, quien había dicho que serían esparcidos, y ellos respondieron, en efecto, que no lo serían. ¡Ay de quien contiende con su Creador!
Solo Dios puede ser el Rey universal, el Señor de todos y el Rey sobre todos los reyes. Cualquier persona que aspire a ejercer un dominio así está intentando ocupar el trono de Dios. Dios no compartirá su gloria con nadie más.
De este capítulo
Génesis 11:2
"Cuando salieron de la región oriental, encontraron una llanura en la región de Sinar y allí se quedaron a vivir."
Génesis 11:3
"Un día se dijeron unos a otros: «Vamos a hacer ladrillos y a cocerlos en el fuego». Así, usaron ladrillos en lugar de piedras y asfalto natural en lugar de mezcla."
Génesis 11:4
"Después dijeron: «Vengan, vamos a construir una ciudad y una torre que llegue hasta el cielo. De este modo nos haremos famosos y no tendremos que dispersarnos por toda la tierra»."
Génesis 11:5
"Pero el Señor bajó a ver la ciudad y la torre que los hombres estaban construyendo,"
Génesis 11:6
"y pensó: Ellos son un solo pueblo y hablan un solo idioma; por eso han comenzado este trabajo, y ahora por nada del mundo van a dejar de hacerlo."
Génesis 11:7
"Es mejor que bajemos a confundir su idioma, para que no se entiendan entre ellos."
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