Versículo destacado
Ezequiel 40:39 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" En el vestíbulo de la entrada había cuatro mesas, dos a cada lado, sobre las que mataban a los animales para el holocausto y para los sacrificios por el pecado o por la culpa. "
Ezequiel 40:39
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
37 El vestíbulo daba hacia el atrio exterior. Las pilastras tenían grabados de palmeras a cada lado. A esta puerta se subía por una escalinata de ocho escalones.
38 Había también un cuarto que se comunicaba con el vestíbulo de la entrada. Allí era donde se lavaba a los animales para el holocausto.
39 En el vestíbulo de la entrada había cuatro mesas, dos a cada lado, sobre las que mataban a los animales para el holocausto y para los sacrificios por el pecado o por la culpa.
40 Fuera del vestíbulo de la entrada norte había también dos mesas a cada lado,
41 de manera que había cuatro mesas dentro y cuatro mesas fuera del edificio de entrada: ocho mesas en total. Sobre ellas se mataba a los animales.
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En estos versículos se presenta un relato sobre las mesas que estaban en el pórtico de las puertas del atrio interior. No encontramos una descripción del altar del holocausto, situado en medio de ese atrio, sino hasta Ezequiel 43:13. Sin embargo, así como bajo la ley el único altar daría paso a muchas mesas bajo el evangelio, aquí se presta atención primero a las mesas al entrar en el atrio interior. Hasta llegar a la mesa del Señor, solo somos creyentes en un sentido general. Nuestra bienvenida allí representa nuestra entrada al atrio interior. En este templo del evangelio no encontramos un altar sino después de que la gloria del Señor ha tomado posesión de él, porque Cristo es nuestro altar, el único que hace aceptable toda ofrenda.
Había ocho mesas destinadas a degollar los sacrificios (Ezequiel 40:41). No leemos que hubiera mesas para este propósito ni en el tabernáculo ni en el templo de Salomón. Aquí se proveen para mostrar la gran cantidad de sacrificios espirituales que serían llevados a la casa de Dios en los tiempos del evangelio, así como las muchas manos que participarían en presentarlos. Eran los lugares de trabajo relacionados con el altar. Allí estaban las mesas donde se colocaba la carne del sacrificio, los cuchillos con que se cortaba y los ganchos donde se colgaba, lista para ser ofrecida sobre el altar (Ezequiel 40:43). Allí también se lavaban los holocaustos (Ezequiel 40:38). Esto enseña que, antes de acercarnos al altar de Dios, todo debe estar preparado. Debemos lavar nuestras manos y nuestros corazones, que son estos sacrificios espirituales, y luego rodear el altar de Dios.
También se explica el uso de algunas de las cámaras mencionadas anteriormente. Algunas eran para los cantores (Ezequiel 40:44). Parece que fueron provistas primero, antes que las destinadas a cualquier otro servicio en este templo. Esto muestra no solo que el canto de salmos debe continuar como una práctica del evangelio, sino también que el evangelio da a todos los que lo reciben abundantes razones para el gozo y la alabanza. Les da motivos para prorrumpir en cánticos, como se promete con frecuencia acerca de los tiempos del evangelio (Salmo 96:1; Salmo 98:1). Los cristianos deben ser personas que cantan. Dichosos los que viven en la casa de Dios, porque siempre estarán alabándolo.
Otras cámaras eran para los sacerdotes: unas, para quienes cuidaban la casa, la limpiaban, vigilaban para que nadie la profanara y la mantenían en buen estado (Ezequiel 40:45); otras, para quienes cuidaban el altar (Ezequiel 40:46), es decir, quienes se acercaban al Señor para servirle. Dios proveerá un lugar apropiado para todos sus siervos. Quienes realizan el trabajo de su casa disfrutarán también del consuelo que ella ofrece.
El atrio interior, el atrio de los sacerdotes, medía cincuenta yardas por lado (Ezequiel 40:47). El altar que estaba delante de la casa se encontraba en medio de este atrio, frente a las tres puertas. Como estaba alineado con las tres puertas del atrio exterior, cuando estas permanecían abiertas, todo el pueblo que se encontraba allí podía ver a través de ellas el servicio realizado en el altar. Cristo es tanto nuestro altar como nuestro sacrificio, y debemos mirarlo con fe cada vez que nos acercamos a Dios. Él es la salvación en medio de la tierra (Salmo 74:12), y las personas de todas partes deben mirar hacia él.
También se habla del pórtico de la casa. El templo recibe el nombre de la casa en un sentido especial, como si ninguna otra casa mereciera ese nombre. Delante de esta casa había un pórtico, lo cual nos enseña a no entrar descuidadamente en la presencia de Dios. Debemos acercarnos con calma y reverencia, pasando primero por el atrio exterior, luego por el atrio interior y después por el pórtico, antes de entrar en la casa. Entre el pórtico y el altar había un lugar donde los sacerdotes acostumbraban orar (Joel 2:17).
En el pórtico, además de los postes que sostenían las puertas, había columnas, probablemente colocadas para honra y belleza, como Jaquín y Boaz, cuyos nombres significan: «Él establecerá» y «En él hay fuerza» (Ezequiel 40:49). En la iglesia del evangelio, todo es firme y seguro, y todo debe permanecer en su debido lugar y hacerse decentemente y con orden.
De este capítulo
Ezequiel 40:1
"El día diez del mes, que es el día de año nuevo, el Señor puso su mano sobre mí. Ya iban a cumplirse veinticinco años desde que habíamos sido llevados a Babilonia, y catorce años desde la toma de Jerusalén."
Ezequiel 40:2
"En una visión, me trasladó a la tierra de Israel. En tierra de Israel, el Señor me puso sobre un monte muy alto; y desde allí vi, hacia el sur, una serie de edificios que parecían una ciudad."
Ezequiel 40:3
"El Señor me llevó allá, y vi a un hombre que parecía de bronce. Estaba de pie a la puerta y tenía en la mano una cinta de lino y una regla para medir."
Ezequiel 40:4
"Y aquel hombre me dijo: «Mira bien y escucha con cuidado; presta mucha atención a todo lo que te voy a mostrar, pues Dios te ha traído aquí para que yo te lo muestre. Luego comunica al pueblo de Israel todo lo que veas»."
Ezequiel 40:5
"Por fuera del templo había una muralla que lo rodeaba. La regla que el hombre tenía en la mano medía tres metros. Entonces midió el muro, y este tenía tres metros de ancho y tres de alto."
Ezequiel 40:6
"Luego fue a la entrada que daba al oriente, subió los escalones y midió el umbral de la puerta, que tenía tres metros de ancho."
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