Versículo destacado
Ezequiel 20:27 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
Y tú, hombre, diles a los israelitas: “Esto dice el Señor: También los padres de ustedes me han ofendido; me han sido infieles.
Ezequiel 20:27
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
27 Y tú, hombre, diles a los israelitas: “Esto dice el Señor: También los padres de ustedes me han ofendido; me han sido infieles.
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El profeta continúa relatando las rebeliones de Israel para profundizar su vergüenza y mostrar con mayor claridad su culpa. Dice que siguieron pecando después de establecerse en Canaán. Dios les había advertido muchas veces, pero aun así continuaron insultándolo y cometiendo contra él el mismo pecado (Ezequiel 20:27). Es algo grave negarse a aprender del daño que el pecado ya les ha causado a quienes vivieron antes. Esa negativa es, en sí misma, una forma de blasfemia, porque trata los juicios de Dios como si no significaran nada.
Dios había cumplido su promesa y los había llevado a la tierra que había jurado darles. La incredulidad y la desobediencia retrasaron el cumplimiento de esa promesa, pero no la anularon. Muchas veces estuvieron cerca de la destrucción en el desierto, y aun así finalmente llegaron a Canaán. Del mismo modo, el pueblo de Dios llega al cielo pasando por muchos peligros, porque sus pecados y sus corazones pecaminosos son muy fuertes. Es una maravilla de la misericordia que finalmente sean salvos.
Pero quebrantaron el mandamiento de Dios con su vergonzosa adoración de ídolos. Él les había ordenado destruir toda señal de idolatría para que no fueran tentados a apartarse de su santuario. En vez de hacerlo, se encariñaron con aquellos lugares. En cada colina alta y debajo de todo árbol frondoso ofrecían sacrificios, como si esos lugares fueran apropiados para adorar. Presentaban allí lo que solo debía ofrecerse en el altar de Dios, y con esto le causaban una gran ofensa (Ezequiel 20:28). Sus sacrificios les costaban algo, pero como se ofrecían en el lugar equivocado y de la manera equivocada, se convirtieron en una abominación para el Señor.
Continuaron haciendo esto aun después de recibir repetidas advertencias (Ezequiel 20:29). Dios les hablaba por medio de sus profetas y los hacía pensar en el rumbo que llevaban y en lo que estaban haciendo. En efecto, les preguntaba qué encontraban tan atractivo en aquellos lugares altos como para abandonar la adoración que él había establecido. Esos lugares tenían un origen pagano, y allí los sacrificios se ofrecían realmente a los demonios, no a Dios (Deuteronomio 32:17). Israel abandonaba la fuente de la vida por cisternas rotas y escogía lo que Dios prohibía en lugar de lo que él mandaba y aceptaba.
Sin embargo, permaneció el nombre Bamá, que significa «lugar alto». Ellos insistían en seguir su propio camino, sin importar lo que Dios o sus profetas dijeran. Estaban aferrados a sus lugares altos, y aun durante los mejores reinados estos no fueron eliminados por completo. El pecado y el pecador son difíciles de separar.
El mismo amor obstinado por la idolatría siguió dominando también a la siguiente generación (Ezequiel 20:30). Ezequiel debía preguntarle a la casa de Israel de su tiempo, cuyos ancianos estaban sentados delante de él, si ellos también estaban tan contaminados como sus padres. Después de todo lo que Dios había dicho por medio de tantos profetas y de todo lo que había hecho mediante repetidos juicios, ¿seguirían sin aprender la lección? ¿Continuarían cometiendo los mismos pecados detestables de sus padres? Estaban decididos a regresar a aquellos pecados antiguos. Ofrecían regalos en los lugares altos y hacían que sus hijos pasaran por el fuego, ya fuera mediante sus acciones o mediante sus deseos e intenciones. De ese modo, continuaban siendo idólatras hasta ese mismo día.
Al parecer, estos ancianos estaban planeando algún tipo de compromiso con las naciones que los rodeaban. Querían conservar en su corazón al Dios de Israel y, al mismo tiempo, inclinarse ante los dioses de los pueblos entre los que vivían, con la esperanza de recibir un mejor trato y mayor seguridad. Dios le dice al profeta que les advierta que no obtendrán nada de ninguno de los dos lados.
Tampoco obtendrán nada al pedir orientación en privado a los profetas del Señor, porque Dios se niega a responder a quienes todavía están aferrados a los ídolos (Ezequiel 20:31). Declara claramente, por su propia vida, que no permitirá que ellos lo consulten. Ya lo había dicho antes y lo repite porque su decisión es justa y definitiva. No deben imaginar que sus preguntas lo honran ni esperar paz de parte de él mientras siguen aliados con sus ídolos. Nadie recibe un verdadero beneficio de la religión si su corazón no es completamente sincero. No puede haber una comunión dulce con Dios en la adoración si no somos sinceros interiormente con él.
Tampoco obtendrán nada al conformarse exteriormente a las prácticas de sus vecinos (Ezequiel 20:32). Lo que consideraban una estrategia inteligente en tiempos difíciles no les serviría de nada. Tal vez razonaban así: «Seremos como las naciones paganas. Nos uniremos a ellas para adorar a sus dioses, aunque en realidad no creamos en ellos. Entonces nos aceptarán como una de las familias del lugar y olvidarán que somos judíos». Pero Dios dice que ese plan fracasará. Sus vecinos podrían negarse a permitirles participar en su adoración o, si se lo permitían, pensarían peor de ellos por hacerlo. Los considerarían falsos y poco confiables, porque habían sido infieles a su propio Dios y deshonestos con los demás. No se obtiene nada mediante un compromiso pecaminoso, y los planes mundanos de los hipócritas no les servirán.
Solo la integridad y la rectitud pueden preservar a las personas y hacer que sean aprobadas tanto por Dios como por los demás. Una vida honesta y recta le da a la persona verdadera fortaleza y respeto. Dios valora ese carácter, y las personas también lo respetan.
De este capítulo
Ezequiel 20:1
"En el décimo día del quinto mes del séptimo año, unos ancianos de Israel fueron a consultar al Señor y se sentaron delante de mí."
Ezequiel 20:2
"El Señor se dirigió a mí y me dijo:"
Ezequiel 20:3
"Tú, hombre, habla a los ancianos de Israel y diles: “Esto dice el Señor: ¿Vienen ustedes a consultarme? Pues yo, el Señor, juro por mi vida que no me dejaré consultar por ustedes.”"
Ezequiel 20:4
"Júzgalos más bien tú, hombre; júzgalos y hazles reconocer las cosas detestables que sus padres cometieron."
Ezequiel 20:5
"Diles: “Esto dice el Señor: Cuando elegí a Israel, hice un juramento a sus descendientes y me manifesté a ellos en Egipto. Solemnemente les juré: Yo soy el Señor su Dios."
Ezequiel 20:6
"En ese día me comprometí a sacarlos de Egipto y llevarlos al país que yo había buscado para ellos, un país donde la leche y la miel corren como el agua, ¡el país más hermoso de todos!"
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