Versículo destacado
Ezequiel 12:21 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" El Señor se dirigió a mí y me dijo: "
Ezequiel 12:21
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
19 Diles a los habitantes del país y de Jerusalén, y a todos los israelitas: “Esto dice el Señor: Comerán su comida llenos de angustia y tomarán sus bebidas llenos de miedo. El país quedará destruido y vacío por causa de la violencia de sus habitantes.
20 Toda ciudad habitada será destruida y el país quedará convertido en desierto. Entonces ustedes reconocerán que yo soy el Señor”.
21 El Señor se dirigió a mí y me dijo:
22 ¿Qué quieren decir los israelitas cuando dicen: “Pasan los días y las visiones del profeta no se cumplen”?
23 Por eso, diles: “Esto dice el Señor: Yo haré que esas palabras no vuelvan a repetirse en Israel”. Diles también que ya está cerca el día en que se cumplirá todo lo anunciado en las visiones.
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Se habían usado muchos medios para despertar a este pueblo confiado y despreocupado, y hacerle esperar los juicios que Dios enviaría. El propósito era llevarlo al arrepentimiento y al cambio, para que el desastre pudiera evitarse. Su ruina había sido anunciada en visiones y explicada por medio de señales, con pruebas tan claras y contundentes que debieron haber quedado convencidos. Sin embargo, escaparon a esa convicción diciéndose a sí mismos y unos a otros que el juicio anunciado no llegaría sino hasta mucho tiempo después.
Aquí Dios responde a esa excusa y demuestra lo vacía que es. Envía al profeta dos mensajes distintos, pero con el mismo propósito: sacar al pueblo de su falsa sensación de seguridad (Ezequiel 12:21, 26). Primero vemos cómo se consolaban con la esperanza de que el juicio se retrasaría. En Israel tenían este dicho: «Los días se alargan; las visiones no se cumplen» (Ezequiel 12:22). En otras palabras, como la advertencia no había llegado cuando la esperaban y algunas profecías parecían tardar, suponían que todas esas visiones eran falsas. También decían: «La visión es para muchos días» (Ezequiel 12:27), es decir, que el problema estaba tan lejos que no tenían que preocuparse. Esperaban vivir y morir con honor y en paz antes de que llegara.
Si el problema realmente hubiera estado lejos, podrían haberse tranquilizado, como Ezequías cuando dijo que era bueno que hubiera paz y verdad durante sus días. Pero estaban gravemente engañados, y ese engaño los conducía a la ruina. Dios estaba profundamente indignado por varias razones. Primero, abusaban de la paciencia de Dios. Como él guardaba silencio por un tiempo, actuaban como si fuera igual que ellos (Salmos 50:21). Su paciencia, que debió llevarlos al arrepentimiento, solo los endurecía más en el pecado.
Segundo, esas excusas eran promovidas por los falsos profetas que había entre ellos. Dios señala las visiones vanas y las adivinaciones halagadoras aun dentro de la casa de Israel, el pueblo que había recibido las propias palabras de Dios (Ezequiel 12:24). No era de extrañar que quienes ya se habían engañado a sí mismos con los ídolos también confiaran en las falsas profecías. Debido a su idolatría, Dios justamente los entregó a un engaño poderoso.
Tercero, esos dichos se habían convertido en proverbios comunes, repetidos por todas partes y aceptados por muchos. Eso demostraba hasta qué punto había caído la nación. Cuando las palabras malvadas se convierten en dichos populares, es señal de una profunda decadencia moral. Satanás usa ese tipo de expresiones para afirmar a las personas en sus falsas ideas acerca de la palabra y los caminos de Dios. Un dicho no sirve de excusa solo porque todos lo repitan.
Luego Dios les asegura que únicamente se están engañando a sí mismos, porque los juicios llegarán pronto. La realidad responderá a sus proverbios despreocupados: «Los días están cerca» (Ezequiel 12:23), y «No se retrasará ninguna de mis palabras» (Ezequiel 12:28). Cuando las personas alejan de su mente el día malo, solo hacen que el juicio de Dios las alcance de manera más repentina y severa.
Dios ciertamente silenciará esos proverbios mentirosos y las falsas profecías que los respaldan. «Haré que este proverbio deje de repetirse», dice, porque cuando lleguen los días del castigo y cada parte de la advertencia se cumpla, ya no se atreverán a repetirlo. Quienes se niegan a ser corregidos por la palabra de Dios serán corregidos por sus juicios, pues toda palabra falsa será silenciada. Los falsos profetas que prometían paz y el fin de los problemas quedarán expuestos por los acontecimientos, y la vergüenza los hará callar. La verdad vino primero y sobrevivirá al error. Los mensajes de los verdaderos profetas permanecen firmes, mientras las visiones vacías y las mentiras halagadoras desaparecerán de Israel.
Dios también declara con gran majestad: «Yo soy el SEÑOR» (Ezequiel 12:25). Su nombre, Jehová, significa que él es quien hace realidad lo que dice al llevarlo a cabo. Fue conocido plenamente por ese nombre cuando cumplió sus promesas, y también es Jehová cuando ejecuta sus amenazas. Él hablará, tanto si las personas escuchan como si se niegan a hacerlo: «Yo hablaré». Su palabra seguirá saliendo por medio de sus siervos aun en tiempos de rebeldía. En las épocas más oscuras, Dios nunca se ha quedado sin testimonio. Levanta personas que hablan por él y de parte de él. Su mensaje será proclamado y permanecerá firme.
Lo que él dice también sucederá exactamente como lo ha determinado. «Yo hablaré la palabra y la cumpliré» (Ezequiel 12:25). Su propósito no cambia, su poder no falla y su sabiduría nunca queda sin respuesta.
Entre los seres humanos, decir algo y hacerlo son dos cosas diferentes. Con Dios no es así. Para él, algo queda dicho y hecho con tanta certeza como si ya estuviera terminado. En sus obras de providencia, al igual que en la creación, él habla y sucede. Dijo: «Sea la luz», y hubo luz. Dijo: «Haya un firmamento», y hubo un firmamento (Números 23:19; 1 Samuel 15:29).
El pueblo había dicho: «Toda visión fracasa» (Ezequiel 12:22). Pero Dios dice, en efecto: «No; toda visión tendrá su cumplimiento» (Ezequiel 12:23). No regresará vacía. Cada señal será seguida por aquello que anuncia. Quienes verdaderamente reciben visiones del Todopoderoso no reciben visiones vacías. Dios confirma las palabras de sus siervos al hacer que se cumplan.
Esto también sucederá muy pronto. «Los días están cerca», y ellos verán el resultado de cada visión (Ezequiel 12:23). Se ha dicho y jurado que ya no habrá más demora (Apocalipsis 10:6). El tiempo de la paciencia de Dios casi se ha agotado, y él no seguirá posponiendo la sentencia. Ya no se retrasará (Ezequiel 12:25). Ha esperado mucho tiempo por ellos, pero no esperará para siempre.
«En sus días, casa rebelde», la palabra anunciada se cumplirá, y ellos verán los juicios amenazados y participarán en ellos. El Juez está a la puerta. A los justos se los libra del mal que viene, pero esta casa rebelde no será llevada tranquilamente. No; vivirán para ser expulsados, perseguidos y arrojados del mundo. Esto se repite en Ezequiel 12:28: «No se retrasará ninguna de mis palabras». Ahora el juicio avanzará rápidamente. Cuanto más tiempo se mantiene tenso el arco, más profundamente penetra la flecha.
Cuando advertimos a los pecadores acerca de la muerte y el juicio, el cielo y el infierno, con la esperanza de conducirlos a una vida santa, quizá no nieguen abiertamente esas verdades. Pueden admitir que creen en la recompensa y el castigo de la vida futura. Pero debilitan la fuerza de esas verdades al tratarlas como algo lejano. En efecto, dicen: «La visión es para muchos días. Hablas de un tiempo distante. Habrá tiempo suficiente para pensar en eso cuando esté más cerca».
Pero en realidad, solo hay un paso entre nosotros y la muerte, y entre nosotros y la eternidad. Dentro de muy poco, la visión hablará y no mentirá. Por eso debemos aprovechar bien el tiempo y prepararnos pronto para la vida venidera. Es futura, pero está muy cerca. Mientras los pecadores obstinados duermen, su ruina no está dormida.
De este capítulo
Ezequiel 12:1
"El Señor se dirigió a mí y me dijo:"
Ezequiel 12:2
"Tú, hombre, vives en medio de un pueblo rebelde. Tienen ojos para ver, pero no ven, y oídos para oír, pero no oyen, porque son un pueblo rebelde."
Ezequiel 12:3
"Por eso, prepara lo necesario para salir al destierro y, a plena luz del día y a la vista de todos, sal de tu casa y vete a otro lugar. Tal vez se den cuenta de que son un pueblo rebelde."
Ezequiel 12:4
"A plena luz del día y a la vista de todos, saca tus cosas como si fueras al destierro. Luego, al atardecer y también a la vista de todos, sal como si fueras al destierro."
Ezequiel 12:5
"Después, abre un boquete en el muro a la vista de todos y sal por él con tus cosas."
Ezequiel 12:6
"Cuando oscurezca, échate tus cosas al hombro y sal con ellas a la vista de todos. Cúbrete la cara para que no puedas ver el país. Quiero que seas una señal de alarma para el pueblo de Israel."
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