Versículo destacado

Ester 2:1 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

" Después de algún tiempo, el ánimo del rey se calmó; pero volvió a llamar a Astin, al recordar lo que ella había dicho y cómo él la había condenado. "

Ester 2:1

menu_book El versículo en contexto

1 Después de algún tiempo, el ánimo del rey se calmó; pero volvió a llamar a Astin, al recordar lo que ella había dicho y cómo él la había condenado.

2 Entonces los funcionarios de su gobierno le dijeron: —Es necesario buscar para el rey jóvenes vírgenes y bellas.

3 Que el rey nombre delegados en todas las provincias de su reino, con el encargo de que todas ellas sean llevadas al palacio de las mujeres que el rey tiene en la ciudad de Susa, y que sean puestas bajo el cuidado del hombre de confianza del rey y guardián de las mujeres. Que sean sometidas a un tratamiento de belleza,

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auto_stories Comentario de Bible Guided

En el capítulo anterior vimos cómo Dios hizo caer de su posición a una mujer orgullosa. Ahora vemos cómo levantó a una mujer humilde. María canta acerca de esto en su cántico (Lucas 1:52), y antes de ella Ana había dicho lo mismo (1 Samuel 2:4-8). Vasti fue humillada por su orgullo, y Ester fue elevada por su humildad.

Entonces el rey tomó medidas extremas para complacerse con una nueva esposa en lugar de Vasti. Josefo dice que, cuando se calmó la ira del rey, este lamentó mucho que el asunto hubiera llegado tan lejos. Habría hecho las paces con Vasti, pero la ley del gobierno no permitía revocar la decisión. Así que, para ayudarlo a olvidarla, primero lo rodearon de muchas concubinas y luego intentaron que eligiera como reina, en lugar de Vasti, a la que más le agradara.

Por lo general, los príncipes arreglan matrimonios para obtener beneficios políticos, ampliar su poder y fortalecer alianzas. Pero en este caso la decisión dependía, en parte, de lo que agradara al gusto del rey, sin importar si la mujer era rica o pobre, noble o humilde. ¡Cuánto esfuerzo se dedicó a satisfacerlo! Era como si todo su poder y sus riquezas existieran únicamente para cumplir hasta el máximo cada deseo de su cuerpo. Sin embargo, aun en su mejor expresión, esos placeres son solo polvo y basura en comparación con los placeres espirituales.

Buscaron en todas las provincias del reino a jóvenes vírgenes y hermosas, y nombraron funcionarios para escogerlas (Ester 2:3). Prepararon para ellas una casa especial, un harén, y pusieron a alguien a cargo para atenderlas bien. Se les dieron doce meses para purificarse y embellecerse, al menos a las que venían del campo, de modo que quedaran muy limpias y perfumadas (Ester 2:12). Incluso las mujeres que eran la mejor obra de la naturaleza necesitaban toda esa ayuda del arte para agradar a una mente vanidosa y pecadora.

Después de que el rey las llevaba a su lecho, las mantenían apartadas, a menos que él mandara llamar de nuevo a alguna de ellas (Ester 2:14). Eran tratadas como esposas de menor rango, recibían sustento del rey y no podían casarse con nadie más. Este ejemplo muestra hasta dónde pueden degradarse las personas cuando no tienen la revelación de Dios y quedan entregadas a sus deseos pecaminosos como juicio por su idolatría. Quebrantaron la ley de la creación, establecida por Dios al crear al ser humano, y después quebrantaron otra ley establecida por Dios al crear a un solo hombre y una sola mujer. Esto muestra cuánto se necesitaba el evangelio de Cristo para limpiar a las personas de las pasiones carnales y devolverlas al orden original. Quienes han aprendido de Cristo consideran vergonzoso incluso hablar de tales cosas, que se hacían no solo en secreto, sino también abiertamente (Efesios 5:12).

Aun así, Dios estaba obrando por medio de todo esto para llevar a Ester a ser reina. Si alguien le hubiera propuesto a Asuero que se casara con ella, probablemente habría rechazado la idea con desprecio. Pero cuando llegó su turno, después de varias mujeres, quedó claro que, aunque muchas eran ingeniosas, sensatas, elegantes y agradables, Ester las superaba a todas. Incluso sus rivales ayudaron a abrirle el camino hacia el favor del rey y los honores que vinieron después. El obispo Patrick afirma acertadamente que quienes acusan a Ester de haber cometido un gran pecado para alcanzar esta dignidad no entienden las costumbres de aquella época y aquel lugar. Toda mujer con la que el rey se acostaba se convertía en su esposa de menor rango, como Agar lo fue de Abraham. Por eso, si Ester no hubiera llegado a ser reina, los hijos de Jacob no habrían tenido que decir que él había tratado a su hermana como a una prostituta.

Debemos observar varias cosas acerca de Ester. Primero, su origen y su carácter. Era una de las cautivas, una mujer judía que compartía el exilio de su pueblo. Daniel y sus compañeros también fueron levantados en la tierra donde eran prisioneros, porque estaban entre aquellos a quienes Dios había enviado allí para su bien (Jeremías 24:5). Ester también era huérfana, pues tanto su padre como su madre habían muerto (Ester 2:7). Cuando los padres nos fallan, el Señor nos recibe (Salmo 27:10). Cuando los niños que pierden a sus padres a temprana edad llegan a ser notablemente piadosos y prósperos, debemos dar gloria al Dios de gracia y providencia, que cuida de los huérfanos. Él mismo se llama Padre de los huérfanos.

También era hermosa, de buen cuerpo y hermoso rostro, como señalan las notas al margen (Ester 2:7). Su sabiduría y su virtud eran su verdadera belleza, pero también ayuda que un diamante esté bien engastado. Mardoqueo, su primo, cuidó de ella y la crió como a su propia hija. La Septuaginta dice que él tenía la intención de casarse con ella; y, si esto fuera cierto, aun así merece reconocimiento por no haber impedido que alcanzara una posición más elevada. Demos gracias a Dios por levantar amigos que cuiden de los niños sin padres. Que esto anime también a quienes cuidan de huérfanos, pues muchos de los que los han criado después han visto con gran alegría el buen fruto de su trabajo.

El doctor Lightfoot piensa que este Mardoqueo podría ser el mismo hombre mencionado en Esdras 2:2, quien subió a Jerusalén con el primer grupo que regresó y ayudó al pueblo a establecerse hasta que se detuvo la obra del templo; después volvió a la corte persa para servir allí. Como Mardoqueo era el tutor de Ester, se nos dice con qué ternura cuidaba de ella, como si fuera su propia hija. Todos los días caminaba delante de la puerta donde ella estaba para enterarse de cómo se encontraba y de lo que llegaría a ser de ella (Ester 2:11). Quienes tienen a su cargo a personas que Dios les ha confiado deben mostrar esa misma bondad y preocupación.

También se nos dice cuánto respeto le mostraba Ester a Mardoqueo. Aunque tenían el mismo parentesco, ella era más joven y dependía de él; por eso lo honraba como a un padre y hacía lo que él le ordenaba (Ester 2:20). Los huérfanos deben tomar esto como ejemplo. Si quedan bajo el cuidado de personas que verdaderamente los aman, deben responder con la debida gratitud, amor y obediencia. Cuanto menos obligados estén sus tutores, por deber, a proveer para ellos, más deben sentirse comprometidos, por agradecimiento, a honrarlos y obedecerlos.

Ester también mostró su obediencia cuando Mardoqueo le dijo que no revelara quién era su pueblo ni quiénes eran sus parientes (Ester 2:10). Él no le dijo que negara su país ni que mintiera acerca de su origen. Si lo hubiera hecho, ella no habría debido obedecerle. Solo le dijo que no diera a conocer sus antecedentes. No toda verdad tiene que decirse en todo momento, aunque nunca debe decirse una mentira. Como Ester había nacido en Susa y sus padres habían muerto, probablemente todos suponían que era persa, y ella no estaba obligada a corregirlos.

Segundo, vemos su ascenso. ¿Quién habría pensado que una mujer judía, cautiva y huérfana había nacido para ser reina, incluso emperatriz? Sin embargo, eso fue lo que sucedió.

A veces la providencia levanta al pobre del polvo y lo sienta entre príncipes (1 Samuel 2:8). En el caso de Ester, el funcionario del rey la trató con honor y estuvo dispuesto a servirla (Ester 2:9). La sabiduría y el buen carácter suelen ganarse el respeto de los demás. Quienes descansan en el favor de Dios también hallarán favor ante las personas, en la medida en que esto sea bueno para ellos.

Todos los que veían a Ester la admiraban (Ester 2:15) y pensaban que era la que tenía más probabilidades de obtener la corona, y así sucedió. El rey mismo se enamoró de ella. Ella no intentó impresionar a los demás con una belleza artificial, como lo hicieron las otras jóvenes. No pidió nada excepto lo que se le había asignado (Ester 2:15), y aun así fue la que más agradó de todas. La belleza natural suele ser la más atractiva.

El rey amó a Ester más que a todas las demás mujeres y rápidamente decidió poner la corona real sobre su cabeza y hacerla reina (Ester 2:17). Esto sucedió en el séptimo año del reinado del rey, mientras que Vasti había sido destituida en el tercer año (Ester 1:3); por eso, durante cuatro años no tuvo reina. El texto también menciona los honores que el rey le concedió a Ester. Celebró su coronación con un banquete real (Ester 2:18), y es posible que Ester hubiera aparecido allí en público, a petición del rey. Eso habría demostrado obediencia precisamente en el asunto en el que Vasti había mostrado desobediencia. El rey también concedió una exención a las provincias, quizá cancelando impuestos atrasados o perdonando a ciertos criminales, como más tarde Pilato liberó a un prisionero durante una fiesta. Esto tenía el propósito de aumentar la alegría.

El texto también señala que Ester siguió mostrando respeto a quien había sido su tutor. Todavía obedecía a Mardoqueo, tal como lo había hecho cuando él la criaba (Ester 2:20). Mardoqueo estaba sentado a la puerta del rey, que era el puesto más elevado que había alcanzado, sirviendo como uno de los guardianes de la entrada de la corte. No se nos dice si ya ocupaba ese puesto o si Ester lo ayudó a obtenerlo. De todos modos, estaba conforme allí y no buscaba una posición más alta. Aun así, Ester, ya elevada al trono, continuó escuchándolo.

Esto muestra un espíritu humilde y agradecido. Ester recordaba los cuidados que él había tenido con ella y confiaba en su sabiduría. Es un gran honor para quienes han avanzado en la vida recordar a sus benefactores, conservar las enseñanzas de una buena crianza, ser modestos acerca de sí mismos, recibir los consejos y agradecerlos.

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