Versículo destacado

Efesios 6:1 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

Hijos, obedezcan a sus padres como agrada al Señor, porque esto es justo.

Efesios 6:1

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Pablo ahora da más instrucciones sobre los deberes dentro del hogar, y lo hace de manera muy específica. Comienza con el deber de los hijos hacia sus padres. En efecto, dice: «Vengan, hijos, escúchenme, y les enseñaré el temor del Señor».

El deber principal de los hijos es obedecer a sus padres (Efesios 6:1). Dios usó a los padres como medios para darles la vida, y tanto Dios como la naturaleza les han dado una autoridad real para dirigirlos, siempre que esa autoridad permanezca sometida al gobierno de Dios. Si los hijos obedecen a padres piadosos, están en una buena posición para llegar a ser piadosos también. La obediencia que Dios pide de los hijos incluye respeto interior, no solamente acciones externas.

La expresión «en el Señor» puede entenderse de dos maneras. Algunos la consideran un límite: los hijos deben obedecer solamente hasta donde eso sea compatible con su deber hacia Dios. Nunca debemos desobedecer a nuestro Padre celestial para agradar a nuestros padres terrenales, porque nuestro deber hacia Dios es primero y está por encima de cualquier otro deber. Sin embargo, creo que es mejor entenderla como una razón: «Hijos, obedezcan a sus padres porque el Señor lo ha mandado. Obedézcanlos por amor al Señor y teniendo la mirada puesta en él». También puede significar que los hijos deben obedecer especialmente en los asuntos que tienen que ver con el Señor. Los padres pueden enseñarles buenos modales y cuidar de su salud, y los hijos también deben obedecer en esas cosas. Pero los asuntos principales son los relacionados con Dios. Los padres piadosos encargan a sus hijos que sigan los caminos del Señor (Génesis 18:19), que permanezcan en el camino del deber hacia Dios y que eviten los pecados más comunes de su edad.

Pablo añade una razón general: «porque esto es justo». Hay una justicia natural en ello, Dios lo ha ordenado y corresponde a la vida cristiana. Es parte del orden natural que los padres dirijan y que los hijos obedezcan. Aunque esto pueda parecer difícil, sigue siendo un deber, y quienes desean agradar a Dios deben cumplirlo. Para demostrarlo, Pablo cita el quinto mandamiento, que Cristo no vino a cancelar. Al contrario, lo confirmó, como se ve cuando lo defendió (Mateo 15:4). «Honra a tu padre y a tu madre» (Efesios 6:2) significa mostrarles reverencia y obediencia, y también ayudarlos y sostenerlos cuando lo necesiten.

Pablo añade que este es «el primer mandamiento con promesa». Algunos han intentado usar esto para afirmar que no estamos obligados a cumplir el segundo mandamiento, especialmente para defender el uso de imágenes, pero ese argumento no tiene fundamento. El segundo mandamiento no tiene una promesa especial relacionada con él, sino solamente una declaración general sobre la misericordia de Dios para miles de generaciones. Pablo tampoco quiere decir que este sea el primer mandamiento de los Diez Mandamientos que incluye una promesa, porque entonces no podría llamarlo correctamente «el primero», ya que ningún mandamiento posterior tendría una promesa semejante. Quiere decir que este es un mandamiento principal de la segunda tabla de la Ley y que tiene una promesa.

La promesa es que «te vaya bien y vivas muchos años en la tierra» (Efesios 6:3). En el mandamiento, la promesa se refiere a la tierra de Canaán, pero Pablo muestra que este tipo de promesas del Antiguo Testamento deben entenderse de manera más amplia. No quiere que nadie piense que el quinto mandamiento obligaba solamente a los judíos, por ser ellos quienes recibieron Canaán. Le da un sentido más amplio: que las cosas te vayan bien. La prosperidad externa y una vida larga son bendiciones que con frecuencia se prometen a quienes cumplen este mandamiento. Este suele ser el camino hacia una vida bendecida, y los hijos obedientes a menudo reciben recompensa en este mundo. No siempre sucede así, porque algunos hijos obedientes sufren mucho en esta vida; pero, por lo general, la obediencia recibe esa clase de recompensa, y cuando no la recibe, Dios la compensa con algo mejor.

De esto aprendemos tres cosas. Primero, el evangelio tiene promesas tanto para esta vida como para la vida espiritual. Segundo, la autoridad de Dios es suficiente para obligarnos a cumplir nuestro deber, pero también se nos permite considerar la recompensa que él promete. Tercero, incluso los bienes temporales pueden servir como motivo y estímulo para obedecer.

Después, Pablo se refiere al deber de los padres, especialmente de los padres varones, aunque la palabra puede abarcar a los padres en general (Efesios 6:4). Les dice que no provoquen a sus hijos a ira. Dios les ha dado autoridad, pero no deben abusar de ella. Los hijos pertenecen de una manera especial a sus padres, por lo que deben ser guiados con mucha ternura y amor. Los padres no deben ser iracundos, duros ni irrazonables. Tampoco deben establecer reglas rígidas sin sabiduría. Cuando adviertan, guíen o corrijan a sus hijos, deben hacerlo de manera que no despierten una ira innecesaria. En todas estas cosas deben actuar con cuidado y sabiduría, procurando persuadir la mente del hijo y apelar a su razón.

También les dice que los críen en la disciplina y la instrucción del Señor. Esto incluye la disciplina, la corrección apropiada y la guía compasiva, junto con enseñarles los deberes que Dios exige y la verdad que los ayuda a conocerlo mejor. Los padres deben darles a sus hijos una buena formación. Es un gran deber de los padres preocuparse por la crianza de sus hijos. No deben limitarse a proveer para ellos, como hacen los animales, sino criarlos con la disciplina y la instrucción propias de los seres humanos. Y, sobre todo, deben criarlos como cristianos, en la instrucción del Señor. Deben enseñarles a temer el pecado y explicarles y animarlos a cumplir todos los deberes que tienen hacia Dios.

Luego Pablo habla del deber de los siervos, que resume en una sola palabra: obediencia. Dedica más espacio a este deber porque era especialmente necesario. Por lo general, estos siervos eran esclavos. La esclavitud civil no entra en conflicto con la libertad cristiana. Una persona puede pertenecer al Señor y seguir siendo esclava de otros seres humanos. A sus amos se les llama «amos terrenales» (Efesios 6:5), lo que significa que tenían autoridad sobre el cuerpo y el servicio externo, pero no sobre el alma ni la conciencia. Solo Dios gobierna esas áreas.

Los siervos deben obedecer con temor y temblor. Deben respetar a quienes tienen autoridad sobre ellos, temiendo desagradarles y provocar una ira merecida. Su obediencia también debe ser sincera y de corazón íntegro. No deben fingir que obedecen mientras planean resistirse. Deben servir con fidelidad. Sobre todo, deben tener presente a Cristo en todo lo que hagan para sus amos (Efesios 6:5-7), sirviendo como para el Señor y no solamente para los seres humanos. Cuando los siervos cumplen sus deberes teniendo presente a Cristo, su obediencia es honrada y se vuelve agradable a Dios.

El servicio prestado a los amos terrenales, cuando se hace con la mirada puesta en Cristo, también se convierte en servicio a Cristo. Tener presente a Cristo significa recordar que él los ve, que siempre está con ellos y que su autoridad los obliga a realizar su trabajo con fidelidad y cuidado.

No deben servir solamente cuando los están observando (Efesios 6:6). Deben ser igual de cuidadosos cuando nadie los mira, porque su Señor celestial los ve en esos momentos. Por eso no deben actuar como quienes solo buscan agradar a las personas, como si no les importara agradar a Dios mientras puedan engañar a sus amos terrenales. Mantener la mirada fija en el Señor Jesucristo hará que las personas sean fieles y sinceras en cada área de la vida.

Deben hacer su trabajo de buena voluntad. Deben cumplir la voluntad de Dios de corazón, sirviendo a sus amos como Dios quiere, no de mala gana ni bajo presión, sino por amor a ellos y a su trabajo. Esto es servir con buena voluntad (Efesios 6:7). Ese tipo de servicio les resulta más llevadero, agrada a sus amos y es aceptable para el Señor Jesucristo. Deben tener buena voluntad hacia sus amos, hacia las familias a las que sirven y, sobre todo, estar dispuestos a cumplir su deber ante Dios. El servicio realizado con una conciencia limpia y consideración hacia Dios, aun cuando se preste a amos injustos, Cristo lo considera un servicio hecho para él.

Los siervos fieles deben confiar en que Dios les dará su recompensa mientras cumplen su deber con temor de él. Deben saber que cualquier cosa buena que hagan, por pequeña o sencilla que parezca, la recibirán de parte del Señor (Efesios 6:8). Esto significa que recibirán su recompensa. Aunque un amo terrenal los ignore o los maltrate en vez de recompensarlos, el Señor Jesucristo ciertamente los recompensará, sean esclavos o libres, siervos humildes o incluso amos. Cristo no trata ahora a las personas según esas diferencias externas, ni lo hará en el juicio final. Alguien podría pensar: «Un príncipe, un magistrado o un ministro puede esperar una recompensa en el cielo, pero ¿qué posición tengo yo, un siervo pobre, para recibir el favor de Dios?». Sin embargo, Dios recompensará incluso la tarea más pequeña que se haga por sentido del deber y con la mirada puesta en él. ¿Qué mejor manera podría haber para motivar y animar a los siervos a hacer lo correcto?

Luego Pablo se dirige al deber de los amos: «Y ustedes, amos, hagan con ellos lo mismo» (Efesios 6:9). Es decir, actúen con el mismo espíritu. Sean justos con ellos, así como esperan que ellos sean justos con ustedes. Muéstrenles la misma buena voluntad y preocupación, y cuídense de agradar a Dios en esto. Los amos tienen una obligación tan estricta de cumplir con su deber hacia sus siervos como los siervos de obedecer a sus amos.

Deben dejar de amenazar o, al menos, usar las amenazas con moderación y dominio propio. Deben recordar que sus siervos tienen la misma naturaleza humana que ellos, por lo cual no deben tratarlos con dureza ni con arrogancia. También deben recordar que tienen un Señor en el cielo, a quien deben obedecer. En relación con Cristo, amos y siervos son consiervos. Unos y otros tendrán que responder ante él, tanto por descuidar su deber como por actuar en contra de él, sin importar la posición que ocupen en este mundo. Por eso, deben mostrar misericordia a los demás, así como esperan recibir misericordia de él. Nunca podrán igualarlo en poder, aunque tengan autoridad para someter a sus siervos.

Dios no muestra favoritismo. Un amo rico, importante y respetado no obtiene ningún beneficio delante de Dios si es injusto, cruel y abusivo. Dios hará que tanto los amos como los siervos rindan cuentas sinceras de cómo se trataron unos a otros. No excusará a uno por ocupar una posición más alta ni tratará con mayor dureza al otro por tener una posición más baja y ser menos honrado ante el mundo. Si ambos pensaran en su deber para con Dios y en la cuenta que pronto tendrán que rendirle, serían más cuidadosos en hacer lo correcto el uno con el otro. Así concluye el apóstol su enseñanza sobre los deberes dentro de las distintas relaciones.

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