Versículo destacado
Eclesiastés 12:13 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" El discurso ha terminado. Ya se ha dicho todo. Honra a Dios y cumple sus mandamientos, porque eso es el todo del hombre. "
Eclesiastés 12:13
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
11 Los dichos de los sabios son como aguijones y, una vez reunidos en colecciones, son como estacas bien clavadas, puestas por un solo pastor.
12 Lo que uno obtiene de ellos son grandes advertencias. Hacer muchos libros no tiene fin, y estudiar mucho cansa.
13 El discurso ha terminado. Ya se ha dicho todo. Honra a Dios y cumple sus mandamientos, porque eso es el todo del hombre.
14 Dios habrá de pedirnos cuentas de todos nuestros actos, sean buenos o malos, aunque los hayamos hecho en secreto.
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La gran pregunta que Salomón sigue planteando a lo largo de este libro es: ¿qué bien deben hacer las personas? ¿Cuál es el verdadero camino hacia la felicidad verdadera, la manera segura de alcanzar nuestro propósito principal? Buscó la respuesta en las cosas que la mayoría persigue, pero no encontró nada allí. Finalmente, con la ayuda de la verdad que Dios había dado a conocer desde hacía mucho tiempo, aprendió que la piedad genuina y la devoción sincera a Dios son el único camino hacia la felicidad verdadera (Job 28:28). Por eso dice: «Escuchemos la conclusión de todo el asunto». Este es el resultado de su búsqueda cuidadosa, la respuesta final hacia la que se dirigía todo su razonamiento.
No dice: «Escúchenlo ustedes», sino: «Escuchemos». Los predicadores deben escuchar primero la palabra que enseñan a los demás y recibirla como palabra que viene de Dios. Quienes enseñan a otros sin enseñarse primero a sí mismos son maestros incompletos (Romanos 2:21). Toda palabra de Dios es pura y preciosa, pero algunas merecen una atención especial, y esta es una de ellas. Los escribas hebreos la señalaban con una letra mayúscula, como hacían con «Escucha, Israel» (Deuteronomio 6:4). Salomón también resalta su importancia al decir: «Escuchemos la conclusión de todo el asunto».
El resumen de la religión es sencillo: temer a Dios y guardar sus mandamientos. Temer a Dios significa honrarlo, reverenciar su grandeza, respetar su autoridad y temer su ira. Significa adorarlo y darle el honor que su nombre merece, tanto interior como exteriormente (Apocalipsis 14:7). La norma de la religión es la ley de Dios, tal como ha sido revelada en la Escritura. Nuestro temor de Dios debe ser moldeado por sus mandamientos (Isaías 29:13), y debemos guardarlos con cuidado. Cuando el temor de Dios gobierna verdaderamente el corazón, se respetan todos sus mandamientos y existe un cuidado genuino por obedecerlos. Nadie puede afirmar sinceramente que teme a Dios si no toma en serio su deber delante de él.
Esto constituye todo el deber de la vida humana y también toda su felicidad. Aquí se resume todo nuestro deber, y aquí descansa todo nuestro consuelo. Importa poco que una persona sea rica o pobre, reconocida o humilde; importa mucho que tema a Dios y haga lo que Dios dice. Esta es la preocupación de cada persona y debe ser su preocupación principal y constante. También es la preocupación común de todos, porque abarca todo su tiempo y toda su vida.
Salomón da una razón poderosa para esto en el versículo 14. Podemos reconocer la importancia de la religión al recordar que cada uno de nosotros pronto tendrá que rendir cuentas de sí mismo ante Dios. Él usó esta verdad para advertir contra una vida de placeres y pecado (Eclesiastés 11:9), y aquí la usa para animarnos a vivir piadosamente. Dios llevará toda obra a juicio. Viene un juicio en el que la condición eterna de cada persona quedará finalmente determinada. Dios mismo será el Juez, no solo porque tiene el derecho de juzgar, sino porque está perfectamente capacitado para hacerlo, pues es infinitamente sabio y justo.
Entonces toda obra será presentada y examinada nuevamente. Ese día sacará a la luz todo lo que se haya hecho mientras vivíamos en el cuerpo. La pregunta principal acerca de cada obra será si fue buena o mala, si estuvo de acuerdo con la voluntad de Dios o la quebrantó. Incluso las cosas secretas, tanto las buenas como las malas, saldrán a la luz y serán tomadas en cuenta en ese gran día del juicio (Romanos 2:16). Ninguna obra buena ni ninguna obra mala permanecerá escondida entonces. Ante la realidad de ese juicio venidero y de su severidad, debemos cuidar mucho nuestra manera de vivir delante de Dios ahora, para poder rendir cuentas con alegría.
De este capítulo
Eclesiastés 12:1
"Acuérdate de tu Creador ahora que eres joven y todavía no han llegado los tiempos difíciles; ya vendrán años en los que dirás: «No encuentro ningún placer en vivirlos»."
Eclesiastés 12:2
"Hazlo ahora, cuando todavía no se apaga la luz del sol, de la luna y de las estrellas, y cuando aún hay nubes después de la lluvia."
Eclesiastés 12:3
"Llegará un día en que tiemblen los guardianes del palacio y se encorven los valientes; quedarán tan pocas molineras que dejarán de moler; las que miran por las ventanas comenzarán a perder la vista."
Eclesiastés 12:4
"Cuando llegue ese día, se cerrarán las puertas que dan a la calle; el ruido del molino se irá apagando; las aves dejarán oír su canto, pero las canciones dejarán de escucharse;"
Eclesiastés 12:5
"la altura causará miedo, y habrá peligros en el camino. El almendro comenzará a florecer, la langosta se convertirá en una carga y la alcaparra no servirá para nada. Pues el hombre va a su hogar eterno, y en la calle ya se oye a quienes lloran su muerte."
Eclesiastés 12:6
"Acuérdate de tu Creador ahora que todavía no se ha roto el cordón de plata ni se ha hecho pedazos la olla de oro; ahora que aún no se ha roto el cántaro junto a la fuente ni se ha hecho pedazos la polea del pozo."
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