Versículo destacado
Deuteronomio 25:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Cuando algunos tengan un pleito, deberán presentarse ante el tribunal para que se les juzgue, y los jueces declararán inocente al que lo sea y condenarán al culpable. "
Deuteronomio 25:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Cuando algunos tengan un pleito, deberán presentarse ante el tribunal para que se les juzgue, y los jueces declararán inocente al que lo sea y condenarán al culpable.
2 Si el culpable merece ser azotado, el juez ordenará que se le tienda en el suelo y que en su presencia se le den los azotes que merezca la falta que ha cometido.
3 En ningún caso se darán más de cuarenta azotes, para evitar que aquel compatriota sufra un castigo demasiado duro y se sienta humillado ante ustedes.
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Aquí se da una instrucción para los jueces sobre cómo castigar a los culpables (Deuteronomio 25:1-3). Si un hombre era acusado de un delito, tanto el acusador como el acusado debían presentarse juntos ante los jueces, para que el caso se resolviera con justicia. Si las pruebas no eran suficientes, el acusado debía ser absuelto. Eso significa «absolver al justo»: declarar que está en lo correcto quien, ante el tribunal, parece tener la razón. Si la acusación quedaba comprobada, la decisión del tribunal contra el acusado también demostraba que el acusador había tenido razón al presentar el cargo.
Si se declaraba culpable al acusado, debía dictarse sentencia contra él. «Condenar al malvado» significa que la persona culpable debía recibir su castigo. Justificar al culpable es tan detestable para el Señor como condenar al inocente (Proverbios 17:15). Si el delito no era tan grave como para merecer la muerte, el culpable debía ser azotado. Muchos de los mandamientos de Dios en la ley no especificaban una pena concreta, y con el tiempo los judíos consideraron que quebrantar la mayoría de esos mandamientos podía castigarse con azotes.
Este castigo debía llevarse a cabo con solemnidad, no como una humillación pública y escandalosa en las calles. Debía aplicarse en el tribunal, delante del juez, con suficiente cuidado para poder contar los golpes. Los judíos dicen que, mientras se ejecutaba el castigo, el juez principal leía en voz alta pasajes de Deuteronomio 28:58-59 y Deuteronomio 29:9, y terminaba con Salmos 78:38: «Pero él, lleno de compasión, perdonó su maldad». De este modo, el castigo se convertía en un acto religioso serio, destinado a advertir a los demás y, de ser posible, a reformar al culpable.
El castigo también debía corresponder al delito. Algunos pecados eran claramente más graves que otros; por eso, el culpable debía recibir muchos azotes cuando la ofensa lo merecía, lo cual puede ser a lo que se refiere Lucas 12:47-48. Sin embargo, el número de golpes nunca debía exceder de cuarenta, conforme a Deuteronomio 25:3. La práctica habitual era dar treinta y nueve, como menciona Pablo en 2 Corintios 11:24. Probablemente se dejaba de dar un golpe porque temían equivocarse al contarlos, porque no querían llegar al límite más severo o por la manera en que se usaba el látigo.
La razón dada para este límite es: «para que tu hermano no quede envilecido ante tus ojos». Aun cuando fuera castigado, debía seguir siendo tratado como un hermano (2 Tesalonicenses 3:15). Su dignidad como israelita debía protegerse mediante este límite compasivo. No se debe tratar a las personas como si fueran perros ni despreciar a quienes Dios todavía puede considerar preciosos.
También se ordena a los agricultores no impedir que sus bueyes coman mientras trabajan, si tienen alimento a su alcance (Deuteronomio 25:4). El ejemplo del buey que trilla el grano representa todos los casos semejantes, y el profeta Oseas se refiere a la misma imagen (Oseas 10:11). Este mandamiento es especialmente significativo porque el Nuevo Testamento lo usa dos veces para enseñar que el pueblo de Dios debe sostener dignamente a quienes sirven en el ministerio (1 Corintios 9:9-10; 1 Timoteo 5:17-18).
En su sentido más directo, esta ley nos enseña a cuidar de los animales que trabajan para nosotros. No solo se les debe dar lo necesario para vivir, sino también permitirles recibir algún beneficio de su trabajo. De esto aprendemos a tratar con justicia y bondad a todos los que nos sirven. No solo debemos proveer para ellos, sino también honrarlos y animarlos, especialmente a quienes trabajan entre nosotros enseñando la Palabra, pues laboran para el bien de nuestras almas.
De este capítulo
Deuteronomio 25:2
"Si el culpable merece ser azotado, el juez ordenará que se le tienda en el suelo y que en su presencia se le den los azotes que merezca la falta que ha cometido."
Deuteronomio 25:3
"En ningún caso se darán más de cuarenta azotes, para evitar que aquel compatriota sufra un castigo demasiado duro y se sienta humillado ante ustedes."
Deuteronomio 25:4
"No le pongan bozal al buey cuando esté trillando el grano."
Deuteronomio 25:5
"Si dos hermanos comparten el mismo techo y uno de ellos muere sin dejar ningún hijo, la viuda no podrá casarse con ningún hombre de otra familia. El hermano de su marido deberá tomarla por esposa, y así cumplir con ella su deber de cuñado."
Deuteronomio 25:6
"El primer hijo que ella dé a luz llevará el nombre del hermano muerto, con el fin de que su nombre no desaparezca de Israel."
Deuteronomio 25:7
"Pero si el hombre no quiere casarse con su cuñada, ella se presentará ante el tribunal y dirá a los ancianos: «Mi cuñado no quiere que el nombre de su hermano se mantenga vivo en Israel; no quiere cumplir conmigo su deber de cuñado»."
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