Versículo destacado
Deuteronomio 22:5 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" La mujer no debe usar ropa de hombre, ni el hombre debe usar ropa de mujer, porque al Señor le repugna todo el que hace estas cosas. "
Deuteronomio 22:5
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
3 Lo mismo deberán hacer con el asno, el manto o cualquier otra cosa que alguien pierda y que alguno de ustedes encuentre. No se desentiendan del asunto.
4 Si alguno de ustedes ve caído en el camino el asno o el buey de su compatriota, no debe desentenderse de ello, sino ayudarlo a levantarlo.
5 La mujer no debe usar ropa de hombre, ni el hombre debe usar ropa de mujer, porque al Señor le repugna todo el que hace estas cosas.
6 Si alguien encuentra en su camino un nido de pájaros en un árbol o en el suelo, con polluelos o huevos, y la madre echada sobre ellos, no debe quedarse con la madre y los polluelos;
7 debe quedarse solamente con los polluelos y dejar que la madre se vaya. Así será dichoso y tendrá una larga vida.
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Estas leyes pueden parecer muy pequeñas, como si trataran de asuntos insignificantes y de poca importancia. Las leyes humanas a menudo pasan por alto esos detalles, porque no suelen ocuparse de cosas menores. Pero el cuidado de Dios alcanza aun las partes más pequeñas de la vida, y por eso también lo hacen sus mandamientos. Esto significa que debemos temer al Señor incluso en las cosas ordinarias que suelen pasar desapercibidas, porque vivimos bajo su mirada y su cuidado. Estos mandamientos que parecen pequeños siguen siendo importantes, porque proceden de la ley de Dios y tienen verdadero peso.
La distinción entre el hombre y la mujer en la manera de vestir debe mantenerse clara, por el bien de nuestra propia pureza y la de nuestro prójimo. La naturaleza misma enseña una diferencia entre hombres y mujeres, incluso en el cabello (1 Corintios 11:14), y el mismo principio se aplica a la ropa. Por eso, sus prendas no debían mezclarse ni confundirse, ya fuera en la vida diaria o por una elección deliberada. Algunos consideran que esta ley también se oponía a las costumbres paganas, especialmente en el culto falso, donde algunas mujeres podían vestirse como soldados y algunos hombres como mujeres. Otros la entienden como una advertencia contra borrar la diferencia entre las responsabilidades y deberes propios del hombre y de la mujer. Los hombres no debían volverse débiles y afeminados, ni las mujeres asumir el lugar de los hombres, especialmente en la enseñanza o el gobierno (1 Timoteo 2:11-12). Es muy probable que esos cambios de ropa también se usaran para facilitar conductas inmorales; por eso, la ley prohibía incluso el camino que conducía al pecado. Si queremos evitar el pecado, también debemos evitar las puertas y ocasiones que llevan a él.
Al tomar un nido de pájaros, debía dejarse ir a la madre, aunque se podían tomar las crías (Deuteronomio 22:6-7). Los judíos decían que este era el mandamiento más pequeño de la ley de Moisés; sin embargo, Dios le añade la misma promesa dada al quinto mandamiento: que te vaya bien y que tengas una larga vida. Desobedecer en algo pequeño demuestra un gran desprecio por la ley de Dios, mientras que obedecer en algo pequeño demuestra un gran respeto por ella. Si una persona deja ir al ave simplemente porque Dios lo ordenó, muestra que valora todos los mandamientos de Dios y que puede negarse a sí misma antes que pecar. Dios sí se preocupa por las aves (1 Corintios 9:9). Es posible que nuestro Señor tuviera esta ley en mente cuando habló de los gorriones y dijo que ni uno de ellos es olvidado delante de Dios (Lucas 12:6).
Esta ley nos enseña a no ser crueles con los animales ni a disfrutar de hacerlos sufrir. Dios nos ha dado más entendimiento que a las aves y nos ha puesto sobre ellas, pero no debemos abusar de ellas ni tratarlas con dureza. Debemos dejar ir a la madre para que pueda reproducirse de nuevo, porque hay bendición en esa vida (Isaías 65:8). Esto también enseña compasión hacia las personas, especialmente hacia las más débiles y vulnerables, y nos forma para aborrecer todo espíritu cruel y áspero. La Escritura habla de una crueldad extrema cuando una madre es despedazada junto con sus hijos (Oseas 10:14), o cuando se abre el vientre de mujeres embarazadas (Amós 1:13). Más aún, esta ley nos advierte que no debemos aprovecharnos de la sensibilidad de alguien para hacerle daño. La madre estaba allí por el cuidado que tenía de sus huevos o de sus crías, y precisamente esa ternura la hacía vulnerable. Como es lamentable hacerla sufrir por aquello que constituye su dignidad, la ley ordena que se la deje ir. Recordar esto puede impedir que hagamos cosas duras o crueles contra quienes están bajo nuestro poder.
Al construir una casa, debía tenerse cuidado de hacerla segura, para que nadie resultara herido al caer de ella (Deuteronomio 22:8). Sus techos eran planos y la gente solía caminar sobre ellos, así que debían construir un muro bajo, o baranda, alrededor del techo. Si no lo hacían y alguien resultaba herido o moría, el dueño sería culpable por su negligencia. Esto muestra cuán preciosa es para Dios la vida humana, ya que la protege no solo por medio de su providencia, sino también por medio de su ley. También muestra cuánto debe importarnos la vida y cuán cuidadosos debemos ser para prevenir el daño. De acuerdo con la justicia de esta ley, las personas también estaban obligadas a proteger o retirar cualquier cosa que pudiera poner en peligro la vida, como cubrir los pozos o mantener los puentes en buen estado, para que no se exigiera nuestra sangre por causa de nuestro descuido.
Aquí también se prohíben las mezclas extrañas (Deuteronomio 22:9-10). Ya encontramos buena parte de esto anteriormente (Levítico 19:19). Estas cosas no parecen tener en sí mismas ninguna maldad moral; por eso, hoy no consideramos malo sembrar juntas distintas clases de semillas, arar con animales diferentes o usar una tela hecha de lino y lana. Pero la ley quizá advertía contra seguir las costumbres paganas, o contra cualquier cosa que se opusiera a la vida sencilla y pura que se esperaba de Israel. No debían satisfacer la vanidad o la curiosidad mezclando aquello que Dios, en su sabiduría, había hecho diferente. No debían unirse en yugo desigual con los incrédulos ni mezclarse con lo impuro, así como un buey y un asno formarían una pareja inadecuada. Su vida exterior y su testimonio ante el mundo no debían ser confusos ni inconsistentes, sino claros y coherentes.
La ley sobre los flecos de sus vestidos, que servían como recordatorios de los mandamientos de Dios, se repite aquí (Deuteronomio 22:12), y ya la habíamos visto antes (Números 15:38-39). Estos flecos distinguían a Israel de las demás naciones, de modo que una persona podía ser reconocida de inmediato como parte del pueblo de Dios. Eso les ayudaba a no avergonzarse de su nación ni de los aspectos particulares de su religión, aun cuando otros se burlaran de ellos. Los flecos también les recordaban los mandamientos de Dios y las situaciones a las que esos mandamientos se aplicaban. Es posible que esta ley se repita aquí porque los mandamientos anteriores parecían tan pequeños que la gente podía pasarlos por alto y olvidarlos. Los flecos incluso les recordarían que no mezclaran el lino y la lana en su ropa (Deuteronomio 22:11).
De este capítulo
Deuteronomio 22:1
"Si alguno de ustedes ve extraviado el buey o la oveja de su compatriota, no debe desentenderse de ello, sino llevarlo de regreso a su compatriota."
Deuteronomio 22:2
"Pero si el dueño no es vecino suyo ni lo conoce, llevará el animal a su casa y lo tendrá allí hasta que su compatriota lo reclame; entonces deberá devolvérselo."
Deuteronomio 22:3
"Lo mismo deberán hacer con el asno, el manto o cualquier otra cosa que alguien pierda y que alguno de ustedes encuentre. No se desentiendan del asunto."
Deuteronomio 22:4
"Si alguno de ustedes ve caído en el camino el asno o el buey de su compatriota, no debe desentenderse de ello, sino ayudarlo a levantarlo."
Deuteronomio 22:6
"Si alguien encuentra en su camino un nido de pájaros en un árbol o en el suelo, con polluelos o huevos, y la madre echada sobre ellos, no debe quedarse con la madre y los polluelos;"
Deuteronomio 22:7
"debe quedarse solamente con los polluelos y dejar que la madre se vaya. Así será dichoso y tendrá una larga vida."
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