Versículo destacado
Hechos 28:30 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Pablo se quedó dos años completos en la casa que tenía alquilada, donde recibía a todos los que iban a verlo. "
Hechos 28:30
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
28 Sepan ustedes, pues, que de ahora en adelante esta salvación de Dios se ofrece a los no judíos, y ellos sí escucharán.
29 Cuando él dijo estas palabras, los judíos se retiraron y tuvieron una gran discusión entre ellos.
30 Pablo se quedó dos años completos en la casa que tenía alquilada, donde recibía a todos los que iban a verlo.
31 Con toda libertad anunciaba el reino de Dios y enseñaba acerca del Señor Jesucristo sin que nadie se lo estorbara.
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Ahora nos despedimos de la historia del bendito Pablo. Puesto que Dios no quiso revelarnos más acerca de él, debemos prestar mucha atención a las circunstancias en las que lo dejamos. Es doloroso dejarlo encadenado por causa de Cristo, y no se nos da ninguna señal de que haya sido puesto en libertad. Dos años completos de la vida de este buen hombre transcurrieron en confinamiento y, por lo que sabemos, quienes lo tenían preso ni siquiera se ocuparon de visitarlo. Él había apelado al César, esperando ser liberado pronto de la prisión, porque los gobernadores le habían informado al emperador que no había hecho nada que mereciera la muerte o el encarcelamiento. Sin embargo, siguió preso.
Esto muestra cuán poco debemos depender de las personas, especialmente cuando un prisionero humilde comparece ante hombres poderosos. Recordemos a José, a quien el jefe de los coperos no tuvo presente, sino que lo olvidó (Génesis 40:23). Algunos piensan que, aunque Lucas no lo menciona aquí, Pablo compareció por primera vez ante Nerón durante esos dos años, probablemente al comienzo de ese período. Entonces sus cadenas por causa de Cristo se hicieron evidentes en la corte del César, como Pablo dice (Filipenses 1:13). También fue en esa primera defensa cuando, según sus palabras, todos lo abandonaron (2 Timoteo 4:16). Pero parece que, en vez de ser liberado como esperaba, apenas escapó con vida del poder del emperador. Él lo describe como haber sido rescatado de la boca del león (2 Timoteo 4:17). Sus palabras sobre su primera defensa también dan a entender que después tuvo una segunda comparecencia, en la que le fue mejor, aunque tampoco fue puesto en libertad.
Durante esos dos años de prisión, Pablo escribió Gálatas, después 2 Timoteo, y luego Efesios, Filipenses, Colosenses y Filemón, donde menciona varios aspectos de su encarcelamiento. Después de ser liberado, también escribió Hebreos, y para entonces Timoteo estaba libre, aunque fue a visitar a Pablo y, por alguna razón, terminó encarcelado con él (Filemón 1:13, 23). Pablo dice: «Si viene pronto, lo veré». No se nos dice cómo obtuvo Pablo su libertad; solo sabemos que permaneció preso durante dos años.
La tradición dice que, después de su liberación, fue de Italia a España, luego a Creta, y después viajó con Timoteo a Judea. Más tarde visitó las iglesias de Asia y finalmente regresó por segunda vez a Roma, donde fue decapitado durante el último año del reinado de Nerón. Sin embargo, el propio Baronio admite que no se sabe nada con certeza acerca de Pablo desde su liberación hasta su martirio. Algunos dicen que, cuando Nerón se volvió abiertamente tiránico, comenzó a oponerse a los cristianos y a perseguirlos. Tertuliano afirma que fue el primer emperador en promulgar una ley contra ellos (Apología, cap. 5). Si fue así, la iglesia de Roma pudo haberse debilitado gravemente, y eso quizá llevó a Pablo a regresar a Roma por segunda vez para fortalecer a la iglesia y consolar a los creyentes que quedaban. En ese caso, volvió a caer en manos de Nerón. Crisóstomo también cuenta que Nerón se enfureció con Pablo porque una de sus jóvenes amantes se convirtió por medio de la predicación de Pablo y abandonó su vida pecaminosa. Entonces Nerón ordenó que Pablo fuera encarcelado y ejecutado. Pero, ateniéndonos al breve relato que tenemos aquí, podemos decir lo siguiente.
Es triste pensar que un hombre tan útil como Pablo haya sido apartado de su labor durante tanto tiempo. Estuvo preso dos años bajo Félix (Hechos 24:27) y, después de todo el tiempo que transcurrió antes de llegar a Roma, permaneció otros dos años como prisionero bajo Nerón. Durante esos cinco años, si hubiera estado libre, Pablo habría podido establecer muchas iglesias y ganar para Cristo a numerosas ciudades y naciones. Pero Dios es sabio. Él demuestra que no depende ni siquiera de los siervos más útiles que emplea. Puede llevar adelante su obra sin el servicio de ellos y también por medio de sus sufrimientos. Incluso las cadenas de Pablo ayudaron a que el evangelio se extendiera (Filipenses 1:12-14).
Sin embargo, el encarcelamiento de Pablo fue, en ciertos aspectos, una muestra de la bondad de Dios hacia él. Durante esos dos años vivió en su propia casa alquilada, y quizá disfrutó de una estabilidad y un descanso mayores que los que había conocido antes. Por lo general se había hospedado en casas ajenas, pero ahora tenía una casa propia, al menos mientras pudiera pagar el alquiler. Para un hombre que había pasado la vida viajando, aquella quietud debió ser renovadora. A menudo había estado en movimiento y rara vez permanecía mucho tiempo en un solo lugar, pero ahora vivió en la misma casa durante dos años. En ese sentido, ser llevado a prisión fue como cuando Cristo les dijo a sus discípulos que se apartaran a un lugar tranquilo para descansar un poco (Marcos 6:31). Cuando Pablo estaba libre, vivía en peligro constante debido a las conspiraciones de los judíos (Hechos 20:19). Ahora su prisión era su refugio. De la dificultad surgió el consuelo, y del peligro, la paz.
También es motivo de alegría para nosotros, como seguramente lo fue para él, que aunque dejamos a Pablo encadenado por causa de Cristo, no lo dejamos inactivo. Siguió trabajando para Cristo, y eso hizo más llevaderas sus cadenas. No le impidieron servir a Dios ni hacer el bien. Su prisión se convirtió en un templo, luego en una iglesia y, para él, en un palacio. Tenía las manos atadas, pero, gracias a Dios, no tenía la boca cerrada. Un ministro fiel y fervoroso puede soportar casi cualquier dificultad mejor que el silenciamiento.
Así encontramos a Pablo: prisionero y, aun así, predicador. Está encadenado, pero la palabra del Señor no está encadenada. Cuando escribió a los romanos, dijo que anhelaba verlos para impartirles algún don espiritual, es decir, alguna ayuda que fortaleciera su fe (Romanos 1:11). Se alegró de ver a algunos de ellos cuando fueron a su encuentro (Hechos 28:15), pero esa no habría sido su alegría plena si no hubiera podido ayudarlos espiritualmente. Aquí tuvo esa oportunidad y, por eso, no se quejó de estar confinado.
Observemos primero quiénes iban a escucharlo: todos los que querían oírlo, tanto judíos como gentiles. Parece que no se le permitía salir a predicar en otras casas, y probablemente no podía hacerlo. Pero cualquiera que quisiera podía ir a su casa, y allí era bien recibido. Recibía a todos los que acudían a él. Las puertas de los ministros deben estar abiertas para quienes desean recibir instrucción, y ellos deben aconsejar con gusto a quienes están preocupados por su alma. Pablo no podía predicar en una sinagoga ni en ningún gran lugar público de reunión. En cambio, predicaba en su propia y humilde casa alquilada. Cuando no podemos hacer todo lo que quisiéramos en el servicio de Dios, debemos hacer lo que sí está a nuestro alcance. Los ministros que solo cuentan con una pequeña casa alquilada deben preferir predicar allí, si se les permite, antes que guardar silencio. Pablo recibía a todos los que acudían a él; no temía a los grandes ni se avergonzaba de los pobres.
Estaba dispuesto a predicar el primer día de la semana a los cristianos, el séptimo día a los judíos y a cualquiera que llegara cualquier otro día. Podía esperar mejores resultados porque ellos iban a él, lo cual mostraba un deseo de aprender y una disposición para recibir enseñanza. Cuando esas actitudes están presentes, es probable que se produzca algún bien.
También queda claro qué era lo que predicaba. No llenaba la mente de sus oyentes con ideas curiosas ni con asuntos de gobierno y política. Se mantenía fiel a su llamado como apóstol. Como embajador de Dios, predicaba el reino de Dios y hacía todo lo posible por promover sus verdaderos intereses. No se entrometía en los asuntos de los reinos terrenales; esa tarea correspondía a otros. Predicaba el reino de Dios entre las personas y el mensaje de ese reino. Era la misma verdad que había defendido en el debate público, cuando daba testimonio acerca del reino de Dios (Hechos 28:23). También la proclamaba públicamente, porque, cuando se recibe correctamente, produce sabiduría y transforma la vida; ese es el propósito de la predicación.
Como siervo de Cristo, semejante al amigo del novio, enseñaba las cosas relacionadas con el Señor Jesucristo. Eso incluye toda la historia de Cristo: su encarnación, su enseñanza, su vida, sus milagros, su muerte, su resurrección y su ascensión al cielo. Incluye todo lo relacionado con el misterio de la piedad, es decir, la verdad de cómo Dios salva por medio de Cristo. Pablo se mantuvo fiel a su principio rector: conocer y predicar nada excepto a Cristo, y a este crucificado. Cuando los ministros se sientan tentados a apartarse de su labor principal, deben considerar qué relación tiene aquello con el Señor Jesucristo y cómo ayuda a llevar a las personas a él y a mantenerlas caminando con él. Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo.
También predicaba con gran libertad. La gracia de Dios le daba libertad de espíritu. Predicaba con confianza, convencido de la verdad que proclamaba y seguro de que esa verdad tenía un valor por el que valía la pena luchar y sufrir. No se avergonzaba del evangelio de Cristo. La providencia de Dios, es decir, su cuidado sabio sobre los acontecimientos, también le daba libertad para hablar, pues nadie se lo impedía ni le imponía restricciones.
Aquí debemos ver la mano de Dios. Él puede limitar la furia de los perseguidores. Aunque no cambie su corazón, puede atarles las manos y contener sus palabras (Salmo 76:10). Nerón era un hombre cruel, y muchos judíos y gentiles en Roma odiaban el cristianismo. Sin embargo, a Pablo, aunque estaba preso, se le permitió predicar el evangelio, y nadie consideró aquello una alteración del orden público. Incluso los soldados que lo custodiaban podrían haber intentado detenerlo, pero Dios dispuso las cosas de tal manera que nadie lo hizo. Dios también puede consolar así a su pueblo perseguido.
El campo de trabajo de Pablo era pequeño en comparación con lo que había conocido antes, pero en aquel lugar reducido nadie lo acosaba ni lo perturbaba. La puerta no era amplia, pero permanecía abierta, y a nadie se le permitió cerrarla. Seguía siendo una puerta eficaz, pues había creyentes incluso en la casa del César (Filipenses 4:22). Cuando Dios nos concede tiempos tranquilos como esos y nos alimenta día tras día con el pan de vida, sin que nadie nos lo impida, debemos darle gracias y estar preparados para los cambios. También debemos seguir anhelando aquella montaña santa donde nunca más habrá una espina dolorosa ni una zarza que lastime.
De este capítulo
Hechos 28:1
"Cuando ya estuvimos todos a salvo, supimos que la isla se llamaba Malta."
Hechos 28:2
"Los nativos nos trataron muy bien a todos; y como estaba lloviendo y hacía frío, encendieron una gran fogata y nos invitaron a acercarnos."
Hechos 28:3
"Pablo, que había recogido un poco de leña seca, la estaba echando al fuego cuando una víbora salió huyendo del calor y se le enredó en la mano."
Hechos 28:4
"Al ver los nativos la víbora colgada de la mano de Pablo, se dijeron unos a otros: «Este hombre debe de ser un asesino, pues aunque se salvó del mar, la justicia divina no lo deja vivir»."
Hechos 28:5
"Pero Pablo se sacudió la víbora en el fuego, y no le pasó nada."
Hechos 28:6
"Todos estaban esperando que se hinchara o que de un momento a otro cayera muerto; pero después de mucho esperar, cuando vieron que nada le pasaba, cambiaron de idea y comenzaron a decir que Pablo era un dios."
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