Versículo destacado
2 Samuel 14:28 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Durante dos años, Absalón permaneció en Jerusalén sin poder presentarse ante el rey "
2 Samuel 14:28
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
26 Cuando se cortaba el pelo, lo cual hacía al final de cada año porque le molestaba, sus cabellos pesaban más de dos kilos, según el peso real.
27 Absalón tenía tres hijos y una hija llamada Tamar, que era muy hermosa.
28 Durante dos años, Absalón permaneció en Jerusalén sin poder presentarse ante el rey
29 así que Absalón pidió a Joab que fuera a visitar al rey de su parte, pero Joab no quiso ir. Absalón le pidió por segunda vez que fuera, pero Joab tampoco fue.
30 Entonces Absalón ordenó a sus criados: —Miren, el campo de Joab está junto al mío y está sembrado de cebada. ¡Vayan y préndanle fuego! Los criados de Absalón fueron y prendieron fuego al campo de Joab,
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Absalón había estado lejos de su suegro durante tres años, y después pasó otros dos como prisionero en su propia casa. En ambas situaciones, lo trataron mejor de lo que merecía. Sin embargo, su corazón seguía sin humillarse. Su orgullo no había sido quebrantado y, en vez de agradecer que le perdonaran la vida, se sentía profundamente agraviado porque no lo habían restaurado por completo a su posición en la corte.
Si Absalón se hubiera arrepentido de verdad de su pecado, habría aceptado vivir lejos de los privilegios de la corte. El tiempo que pasó en su propia casa, especialmente en Jerusalén, la ciudad santa, debió haberle parecido suficiente. Si a un homicida se le permite vivir, por lo menos debería vivir apartado, lejos de los honores públicos. Pero Absalón no pudo soportar ni siquiera esta disciplina justa y moderada.
Quería ver el rostro del rey. Decía que era porque amaba a su padre, pero en realidad quería una oportunidad para reemplazarlo. No podía hacerle daño mientras no recuperara su favor, así que lograr la reconciliación era el primer paso de su plan. Esta serpiente no podía volver a atacar hasta calentarse en el regazo de su padre.
No logró esto mediante disculpas humildes ni promesas de cambiar. Al contrario, de una manera extraña, lo consiguió por medio de insultos y agresiones. Al comportarse con tanta arrogancia hacia Joab, el comandante del ejército de David, obligó a Joab a hablar por él. Absalón mandó llamarlo una vez y luego otra, pidiéndole que fuera a hablar con él, pero Joab no quiso ir (2 Samuel 14:29). Tal vez Joab sentía que Absalón no le había agradecido lo suficiente por haberlo ayudado a regresar a Jerusalén. Las personas orgullosas suelen tratar cada servicio que reciben como si se lo debieran.
Podríamos pensar que un hombre en la situación de Absalón le habría enviado a Joab un mensaje amable y le habría ofrecido un regalo costoso. Eso era lo que normalmente se esperaba en la corte. En cambio, Absalón ordenó a sus siervos que incendiaran el campo de cultivo de Joab (2 Samuel 14:30), una de las acciones más maliciosas que podía emprender contra él. Ni siquiera Sansón pudo imaginar un daño mayor para los filisteos. Resulta extraño que Absalón pensara que podía conseguir la ayuda de Joab haciéndole daño, o ganar el favor del rey y del pueblo mostrando tanta malicia y hostilidad hacia el bien público, pues el fuego también podía extenderse a los cultivos de otras personas.
Sin embargo, por ese medio logró que Joab fuera a verlo (2 Samuel 14:31). Aquí vemos cómo Dios a veces usa las dificultades para acercar a quienes se han mantenido lejos de él. Absalón estaba obligado por la ley a reparar el daño (Éxodo 22:6), pero no leemos que lo haya ofrecido ni que Joab lo haya exigido. Tal vez Joab pensó que no podía justificar su negativa a ir a hablar con él, y Absalón quizá creyó que podía justificar su manera violenta de llamar la atención de Joab. También es posible que Joab se hubiera alarmado por la audacia y la furia de Absalón, y temiera que este hubiera conseguido suficiente apoyo entre el pueblo como para atreverse a casi cualquier cosa.
Así que Joab no solo soportó el insulto, sino que también fue a hablar con el rey en favor de Absalón. Esto muestra cuánto pueden lograr algunas personas mediante las amenazas y la presión ejercida con mano dura.
Por medio de este mensaje arrogante —si es que podemos llamarlo así— dirigido al rey, Absalón recuperó su lugar en la corte y pudo ver el rostro del rey. Es decir, fue restaurado al favor público y al acceso a la esfera de consejo privado, como aquellos que se mencionan en Ester 1:14.
Su mensaje era orgulloso y exigente, indigno tanto de un hijo como de un súbdito (2 Samuel 14:32). Actuó como si la bondad que le habían mostrado al traerlo de regreso del destierro y devolverlo a su casa en Jerusalén no significara nada. En efecto, dijo: «¿Para qué me hicieron volver de Gesur?». También negó su culpa, que era muy evidente, y no quiso admitir ningún mal en sí mismo. De esa manera insinuó que había sido tratado injustamente cuando lo reprendieron. Incluso cuestionó la justicia del rey: «Que me mate, si puede soportarlo», sabiendo que David lo amaba demasiado para hacerlo.
Aun así, con ese mensaje obtuvo lo que quería (2 Samuel 14:33). El profundo afecto de David por él hizo que interpretara todo aquello como respeto de su hijo y un fuerte deseo de recuperar su favor, cuando tristemente significaba lo contrario. Esto muestra con qué facilidad personas sabias y buenas pueden ser engañadas por sus propios hijos cuando estos tienen malas intenciones, especialmente cuando el amor no les permite ver con claridad.
Absalón mostró una sumisión externa al inclinarse con el rostro en tierra, y David confirmó su perdón con un beso. Si el amor de un padre pudo acercarlo de nuevo a un hijo que no se había arrepentido, los pecadores arrepentidos no tienen razón para dudar de la misericordia de Dios, el Padre de misericordias. Cuando Efraín se lamenta por su pecado, Dios responde rápidamente con toda la ternura de un padre: «Es para mí un hijo amado, un niño en quien me deleito» (Jeremías 31:20).
De este capítulo
2 Samuel 14:1
"Joab, hijo de Seruiá, sabía que el rey extrañaba mucho a Absalón,"
2 Samuel 14:2
"así que mandó traer de Tecoa a una mujer muy astuta que vivía allí. Le dijo: Finge que estás de duelo y vístete de luto. No te pongas perfume, pues debes parecer una mujer que lleva mucho tiempo de luto por algún muerto."
2 Samuel 14:3
"Luego preséntate ante el rey y repite exactamente lo que voy a decirte. Luego que Joab le dijo lo que tenía que repetir,"
2 Samuel 14:4
"aquella mujer de Tecoa se presentó ante el rey y, en señal de reverencia, se inclinó hasta tocar el suelo con la frente. Entonces le dijo: —¡Dígnese Su Majestad ayudarme!"
2 Samuel 14:5
"—¿Qué te pasa? —le preguntó el rey. Ella respondió: —Soy viuda; mi marido ha muerto,"
2 Samuel 14:6
"y los dos hijos que tenía esta servidora de Su Majestad tuvieron una pelea en el campo. Como no hubo nadie que los separara, uno de ellos hirió al otro y lo mató."
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