Versículo destacado
Hechos 15:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Por aquel tiempo, algunos que habían ido de Judea a Antioquía comenzaron a enseñar a los hermanos que no podían salvarse si no se sometían al rito de la circuncisión, conforme a la práctica establecida por Moisés. "
Hechos 15:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Por aquel tiempo, algunos que habían ido de Judea a Antioquía comenzaron a enseñar a los hermanos que no podían salvarse si no se sometían al rito de la circuncisión, conforme a la práctica establecida por Moisés.
2 Pablo y Bernabé tuvieron una fuerte discusión con ellos, y finalmente Pablo, Bernabé y algunos otros fueron nombrados para ir a Jerusalén a tratar este asunto con los apóstoles y ancianos de la iglesia de aquella ciudad.
3 Enviados, pues, por los de la iglesia de Antioquía, pasaron por las regiones de Fenicia y Samaria contando cómo los no judíos habían dejado sus antiguas creencias para seguir a Dios. Estas noticias llenaron de alegría a todos los hermanos.
Explora estudios bíblicos guiados
Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor
Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)
Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.
Vista previa de la sesión 1:
Dichosos los humildes
6 min
Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)
Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.
Vista previa de la sesión 1:
El cuidado del Pastor
5 min
Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones
Crear cuenta gratisComentario de Bible Guided
Aun cuando un estado o una iglesia marchen bien, es insensato sentirse seguros y suponer que nada podrá sacudirlos. Siempre surgirán dificultades, y muchas veces no pueden preverse ni detenerse de antemano; solo pueden enfrentarse con cuidado. Si alguna vez hubo algo semejante al cielo en la tierra, fue la iglesia de Antioquía en ese tiempo, con muchos ministros fieles allí y con Pablo, el apóstol de los gentiles, edificándolos en la santa fe.
Sin embargo, aun allí la paz se vio perturbada y surgieron desacuerdos. Había entrado entre ellos una nueva enseñanza, y esta provocó la división. Ciertos hombres enseñaban que los creyentes gentiles tenían que someterse a la circuncisión y a la ley ceremonial, es decir, a los antiguos ritos y normas de adoración judíos, para ser salvos (Hechos 15:1). Muchos que antes se habían convertido al judaísmo después se hicieron cristianos, y ahora querían que los cristianos gentiles también se convirtieran en judíos.
Los hombres que promovían esta enseñanza bajaron de Judea. Algunos piensan que habían sido fariseos, un grupo judío estricto, o quizá pertenecían a aquellos sacerdotes que habían obedecido a la fe (Hechos 15:5; Hechos 6:7). Tal vez afirmaban hablar en nombre de los apóstoles de Jerusalén, o al menos contar con su respaldo. Fueron a Antioquía porque era el principal centro de la obra entre los gentiles, y si lograban convencer allí a la gente, su enseñanza se extendería a todas las iglesias gentiles.
Se introdujeron entre los hermanos, mostraron satisfacción por su conversión y los felicitaron por haberse hecho cristianos. Pero después les dijeron que todavía les faltaba algo: tenían que ser circuncidados. Aun las personas que han recibido una buena enseñanza necesitan mantenerse alertas, o pueden volver a recibir una enseñanza equivocada.
Esto era lo que enseñaban: a menos que los gentiles que se habían hecho cristianos fueran circuncidados conforme a Moisés y adoptaran toda la ley ceremonial, no podían ser salvos. Muchos judíos que creían en Cristo todavía mantenían un fuerte apego a la ley (Hechos 21:20). Sabían que provenía de Dios, la valoraban por ser antigua y habían crecido practicándola. Además, quizá sentían una devoción sincera cuando participaban en aquellos ritos.
Por eso, después de que el bautismo los incorporaba a la iglesia cristiana, seguían observando las leyes judías sobre los alimentos, las purificaciones ceremoniales, el culto en el templo y las fiestas judías. Se les permitía hacerlo, porque los hábitos formados desde la infancia no se eliminan de inmediato. Con el tiempo, la destrucción del templo y el fin de la nación judía harían imposibles esas prácticas. Pero no les bastaba con conservar aquellas costumbres para sí mismos; querían que los creyentes gentiles también quedaran sometidos a las mismas reglas.
Hay en nosotros una extraña tendencia a convertir nuestra propia opinión y práctica en una norma para todos los demás. Muchas veces juzgamos a todos según nuestro propio criterio y suponemos que, si nosotros tenemos la razón, cualquiera que difiera debe estar equivocado.
Estos creyentes judíos también tenían ideas equivocadas acerca del Mesías, el Salvador prometido. No podían abandonar la esperanza de que él estableciera un reino terrenal para la nación judía y la hiciera gloriosa y victoriosa. Les decepcionaba que nada estuviera ocurriendo de esa manera.
Ahora que escuchaban que la enseñanza de Cristo se estaba extendiendo entre los gentiles, esperaban que, si lograban que los creyentes gentiles adoptaran también la ley de Moisés, su esperanza más grande todavía pudiera cumplirse. Pensaban que entonces la nación judía adquiriría mayor importancia, que su religión y su poder crecerían y que quizá incluso podrían liberarse del dominio romano. En su mente, esto finalmente traería el tipo de reino del Mesías que habían imaginado. No sorprende que quienes tienen ideas equivocadas acerca del reino de Cristo empleen métodos equivocados para promoverlo; de hecho, esos métodos pueden terminar actuando en su contra.
Esta disputa sobre si los convertidos gentiles debían ser circuncidados ya llevaba mucho tiempo entre los judíos. Josefo cuenta un caso en el que Ananías decía que un gentil podía seguir la religión judía sin circuncidarse, mientras que Eleazar insistía en que permanecer incircunciso era un pecado grave. Josefo también relata que, cuando dos gentiles importantes acudieron a él en busca de ayuda, los judíos estrictos presionaron con fuerza para que fueran circuncidados, pero él trató de disuadirlos. El fanatismo y la moderación siempre se han diferenciado de esta manera.
Estos hombres daban una importancia enorme a la circuncisión. No se limitaban a decir que sería bueno que los creyentes gentiles se circuncidaran, o que eso les ayudaría a llevarse mejor con los cristianos judíos. Decían: «Si no son circuncidados, no pueden ser salvos». En otras palabras, si no estaban de acuerdo con ellos y no seguían su camino, nunca irían al cielo.
Así hablan a menudo los engañadores orgullosos. Imponen sus propias ideas a los demás y amenazan con la condenación si la gente no las acepta. Dicen que, a menos que las personas crean exactamente como ellos o hagan exactamente lo que exigen, no pueden ser salvas. Así, aquellos judíos les decían a sus hermanos que, a menos que pertenecieran a su iglesia, se unieran a su comunidad y siguieran sus costumbres de adoración, no podían ser salvos, aunque fueran personas buenas y creyentes en Cristo. Nadie debería decir: «A menos que hagas esto o aquello, no puedes ser salvo», si no cuenta con el respaldo claro de la Palabra de Dios.
Pablo y Bernabé se opusieron firmemente a esta enseñanza divisiva, que intentaba reservar la salvación para los judíos ahora que Cristo había abierto la puerta de la salvación a los gentiles (Hechos 15:2). Tuvieron una discusión seria y un desacuerdo fuerte con aquellos hombres. No cedieron ante esa doctrina, sino que argumentaron públicamente en su contra.
Como siervos fieles de Cristo, no se quedarían de brazos cruzados mientras se traicionaba su verdad.
Sabían que Cristo había venido para liberarnos de la carga de la ley ceremonial y derribar la barrera entre judíos y gentiles, uniendo a ambos en él. Por eso no podían soportar que se dijera que los convertidos gentiles debían ser circuncidados, cuando a ellos solo se les había ordenado bautizarlos. Los judíos querían que los gentiles adoptaran cada una de sus costumbres, y solo entonces los llamarían hermanos; pero eso no era ninguna verdadera bondad. Puesto que Cristo nunca tuvo la intención de unirlos de esa manera, no debía aceptarse.
Como padres espirituales de los convertidos gentiles, los apóstoles no permitirían que les quitaran su libertad. Les habían dicho a los gentiles que, si creían en Jesucristo, serían salvos. Ahora decir que esa fe no era suficiente a menos que fueran circuncidados y guardaran la ley de Moisés los desanimaría desde el comienzo. Les pondría una piedra de tropiezo tan grande en el camino que casi podría hacerlos regresar a su antigua vida; por eso los apóstoles se opusieron firmemente.
Para evitar el daño causado por esta peligrosa enseñanza y hacer callar a quienes la difundían, decidieron que Pablo y Bernabé, junto con algunos otros, fueran a Jerusalén a consultar con los apóstoles y los ancianos y resolver el asunto. La iglesia de Antioquía no dudaba de la verdad de la libertad cristiana. Sin embargo, enviaron la cuestión a Jerusalén por tres razones. Primero, los hombres que enseñaban esta doctrina habían venido de Jerusalén y afirmaban tener el respaldo de los apóstoles; por eso era apropiado preguntar si Jerusalén realmente había dado tales instrucciones. Segundo, si los creyentes de Antioquía veían que los apóstoles y los ancianos de Jerusalén se oponían a esa enseñanza, quedarían más firmes en su convicción, pues Jerusalén todavía tenía fuertes vínculos con la ley de Moisés. Tercero, los apóstoles de Jerusalén eran las personas más indicadas para consultar sobre un asunto que aún no se había resuelto por completo, porque tenían la autoridad especial que Dios les había dado como apóstoles.
Pablo y Bernabé viajaron a Jerusalén para cumplir esta misión, y la iglesia honró su viaje. Los acompañaron durante parte del camino como señal de respeto hacia siervos útiles, una práctica que se recomienda realizar de una manera digna (3 Juan 1:6). De esta forma, la iglesia mostró su apoyo a quienes defendían la libertad de los creyentes gentiles. También aprovecharon bien el viaje y no perdieron el tiempo. Al pasar por Fenicia y Samaria, contaron a las iglesias acerca de la conversión de los gentiles y del gran éxito del evangelio entre ellos, lo cual produjo mucha alegría entre todos los hermanos. La expansión del evangelio siempre debe ser motivo de alegría. Todos los creyentes se alegran cuando más personas son incorporadas a la familia de Cristo, porque en ella hay suficiente lugar y herencia para todos.
Cuando llegaron a Jerusalén, fueron recibidos con mucho cariño. La iglesia, los apóstoles y los ancianos los recibieron como hermanos y los escucharon como mensajeros de Antioquía. A su vez, Pablo y Bernabé les contaron todo lo que Dios había hecho por medio de ellos. No presumieron de lo que habían realizado, sino que dieron la gloria a Dios por lo que él había hecho mediante ellos. Dios les había permitido plantar el evangelio y, al regresar, ellos habían regado lo que se había plantado. En ambos casos, reconocieron abiertamente que Dios era quien daba el crecimiento. Es un gran honor ser usados por Dios, porque quienes le sirven también cuentan con la obra de Dios junto a ellos, y a él debe darse toda la gloria.
Sin embargo, encontraron oposición por parte del mismo grupo en Jerusalén. Cuando Bernabé y Pablo informaron sobre la gran cantidad de gentiles y la gran cosecha de almas que habían llegado a Cristo, todos se alegraron, excepto algunos creyentes pertenecientes a la secta de los fariseos. Estos hombres recibieron la noticia con frialdad y creían que los gentiles convertidos todavía necesitaban ser circuncidados. Esto demuestra que quienes alguna vez se resistieron al evangelio todavía pueden ser ganados por él, porque el poder de Dios derriba las defensas más firmes.
Durante el ministerio de Cristo, pocos gobernantes o fariseos creyeron en él; pero ahora algunos miembros de esa secta habían creído, y es probable que muchos lo hubieran hecho con sinceridad. Esto también muestra lo difícil que puede ser para las personas dejar atrás rápidamente sus antiguas formas de pensar. Algunos que antes habían sido fariseos conservaron parte de su antigua manera de pensar aun después de convertirse en cristianos. No todos lo hicieron, como lo demuestra el propio Pablo, pero algunos sí.
Su lealtad a la ley ceremonial y su desconfianza hacia los gentiles les hicieron pensar que estos no podían pertenecer a la comunión de los creyentes a menos que fueran circuncidados y asumieran la ley de Moisés. Desde su perspectiva, esto era necesario, y no se asociarían con los gentiles a menos que estos se sometieran a ello.
De este capítulo
Hechos 15:2
"Pablo y Bernabé tuvieron una fuerte discusión con ellos, y finalmente Pablo, Bernabé y algunos otros fueron nombrados para ir a Jerusalén a tratar este asunto con los apóstoles y ancianos de la iglesia de aquella ciudad."
Hechos 15:3
"Enviados, pues, por los de la iglesia de Antioquía, pasaron por las regiones de Fenicia y Samaria contando cómo los no judíos habían dejado sus antiguas creencias para seguir a Dios. Estas noticias llenaron de alegría a todos los hermanos."
Hechos 15:4
"Cuando Pablo y Bernabé llegaron a Jerusalén, fueron recibidos por la iglesia, los apóstoles y los ancianos, y contaron todo lo que Dios había hecho con ellos."
Hechos 15:5
"Pero algunos fariseos que habían creído se levantaron y dijeron: —Es necesario circuncidar a los creyentes que no son judíos y mandarles que cumplan la ley de Moisés."
Hechos 15:6
"Entonces los apóstoles y los ancianos se reunieron para estudiar este asunto."
Hechos 15:7
"Después de discutir mucho, Pedro se levantó y les dijo: —Hermanos, ustedes saben que hace tiempo Dios me escogió de entre ustedes para anunciar la buena noticia a los no judíos, a fin de que ellos crean."
Oración diaria
Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria
Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.
Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.
Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.