Versículo destacado

Hechos 10:19 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

" Mientras Pedro todavía pensaba en la visión, el Espíritu Santo le dijo: Mira, tres hombres te buscan. "

Hechos 10:19

menu_book El versículo en contexto

17 Pedro estaba preocupado, pensando qué podría significar aquella visión, cuando llegaron a la puerta los hombres de Cornelio, quienes habían averiguado dónde estaba la casa de Simón.

18 Al llegar, preguntaron en voz alta si allí se alojaba un tal Simón, a quien también llamaban Pedro.

19 Mientras Pedro todavía pensaba en la visión, el Espíritu Santo le dijo: Mira, tres hombres te buscan.

20 Levántate, baja y ve con ellos sin dudar, porque yo los he enviado.

21 Pedro bajó y les dijo a los hombres: —Yo soy el que ustedes buscan. ¿A qué han venido?

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Aquí vemos el encuentro entre Pedro el apóstol y Cornelio, un centurión, es decir, un oficial del ejército romano. Pablo fue escogido para ser el apóstol de los gentiles, mientras que Pedro era el apóstol de los judíos, los de la circuncisión. Sin embargo, Dios dispuso que Pedro abriera el camino y recibiera primero a los creyentes gentiles. Esto ayudaría a los creyentes judíos, que todavía conservaban demasiado rechazo antiguo hacia los gentiles, a aceptarlos en la iglesia. Más adelante, Pedro usó este hecho para responder a quienes querían imponer la circuncisión a los convertidos gentiles (Hechos 15:7).

El Espíritu guía a Pedro para que vaya con los mensajeros de Cornelio, y esto explica la visión que había tenido (Hechos 10:19-20). Mientras Pedro reflexionaba sobre la visión, su significado comenzó a aclararse. Esto nos recuerda que quienes desean aprender la verdad de Dios deben pensar profundamente en ella. Los que quieren entender las Escrituras deben meditar en ellas de día y de noche.

Pedro no estaba seguro de lo que significaba la visión, pero entonces Dios se lo explicó. Esto nos anima cuando no sabemos qué hacer. Debemos buscar la dirección de Dios. El Espíritu le dijo a Pedro lo que debía hacer. No fue un ángel quien le habló. Más bien, el Espíritu habló dentro de él, como si susurrara a su oído o grabara con fuerza el mensaje en su mente. Pedro sabía que el mensaje venía de Dios, de acuerdo con la promesa de Jesús de que el Espíritu guiaría a los creyentes a toda la verdad (Juan 16:13).

Antes de que los mensajeros llegaran a la casa, el Espíritu le dijo a Pedro que tres hombres estaban abajo preguntando por él (Hechos 10:19). También le indicó que se levantara, dejara de pensar en la visión y bajara a encontrarse con ellos (Hechos 10:20). Quienes buscan el significado de las palabras y las visiones de Dios no deben permanecer siempre encerrados en sus propios pensamientos. También deben observar lo que sucede a su alrededor, porque Dios puede encontrarse con ellos en acontecimientos cotidianos, mientras las Escrituras se cumplen cada día.

A Pedro también se le dijo que fuera con los mensajeros a ver a Cornelio, aunque Cornelio era gentil, y que lo hiciera sin vacilar. No solo debía ir, sino hacerlo con disposición, sin dudas ni temor sobre si aquello era permitido. Dios le estaba diciendo: «Ve con ellos, porque yo los he enviado». Pedro podía confiar en que Dios estaría con él, aunque otros lo criticaran. Cuando nuestro deber está claro, no debemos permitir que los prejuicios antiguos ni el temor a las opiniones de los demás nos detengan. Cada persona debe estar plenamente convencida en su propia mente y examinar su propia conducta.

Entonces Pedro bajó a encontrarse con ellos (Hechos 10:21). No se mostró distante, no los evitó ni los hizo esperar como si estuviera por encima de ellos. Al contrario, él mismo salió a su encuentro y les dijo que era el hombre que buscaban. Recibió su mensaje con amabilidad y apertura, y les preguntó qué asunto los había llevado hasta él. Ellos le explicaron que Cornelio, un oficial del ejército romano, era un hombre bueno, que temía a Dios más que muchas personas a su alrededor (Nehemías 7:2) y que gozaba del respeto del pueblo judío. Visitarlo no deshonraría a Pedro.

También le dijeron que Dios le había advertido a Cornelio, por medio de un ángel, que enviara a buscar a Pedro y lo llevara a su casa. Cornelio lo estaba esperando y estaba listo para recibirlo. Los mensajeros no sabían exactamente qué palabras llevaría Pedro, pero sabían que él tenía el mensaje que Cornelio necesitaba escuchar. La fe viene por el oír. Más adelante, cuando Pedro volvió a contar lo sucedido, explicó con mayor claridad que esas eran las palabras por medio de las cuales Cornelio y toda su familia serían salvos (Hechos 11:14).

Pedro no solo recibió a los mensajeros, sino que también los invitó a entrar y les dio hospedaje (Hechos 10:23). No los envió a una posada para que pagaran su propio alojamiento. Él mismo los hospedó. Compartió con ellos la comida que ya había preparado para sí, aunque no esperaba recibir a aquellos huéspedes. Los cristianos y los ministros deben estar dispuestos, en la medida de sus posibilidades, a mostrar hospitalidad y recibir a los desconocidos.

Pedro los hospedó aunque eran gentiles. Esto demostró con cuánta disposición estaba poniendo en práctica el significado de la visión acerca de comer con gentiles. Los hizo pasar de inmediato. Aunque dos de ellos eran sirvientes y uno era un soldado común, Pedro no consideró indigno recibirlos. Tal vez también quiso hablar con ellos acerca de Cornelio y su familia, pues aunque los apóstoles recibían la guía del Espíritu, seguían aprovechando otra información cuando era necesario.

Luego Pedro fue con ellos a ver a Cornelio, quien estaba listo para recibirlo. Pedro no fue solo. Algunos creyentes de Jope también lo acompañaron (Hechos 10:23). Más adelante sabemos que fueron seis (Hechos 11:12). Es posible que Pedro quisiera que estuvieran allí como testigos, para que vieran que estaba actuando con cuidado y con buenas razones al relacionarse con los gentiles. O quizá ellos mismos pidieron acompañarlo, porque querían tener el honor y la alegría de viajar con él. Los primeros cristianos solían mostrar respeto a los ministros de esta manera: viajaban con ellos para animarlos, protegerlos y ayudarlos cuando fuera necesario. Es una lástima cuando quienes podrían hacer mucho bien por medio de una conversación tienen que viajar solos.

Por su parte, Cornelio había reunido en Cesarea a algunos amigos para recibir a Pedro. Parece que el viaje desde Jope hasta Cesarea tomó más de un día, casi dos, porque llegaron a Cesarea al día siguiente de haber salido (Hechos 10:24), y los acontecimientos que siguen ocurrieron más tarde esa misma tarde (Hechos 10:30).

Es probable que viajaran a pie, como solían hacerlo los apóstoles. Cuando Pedro llegó a la casa de Cornelio, encontró dos cosas que lo animaron.

Primero, descubrió que Cornelio lo estaba esperando. Es una alegría recibir a un huésped que realmente es esperado, y Cornelio claramente aguardaba su llegada con entusiasmo. Quería escuchar el mensaje importante que el ángel le había dicho que Pedro le comunicaría.

Segundo, Pedro descubrió que muchas personas lo estaban esperando. Cornelio había reunido no solo a su familia, sino también a sus parientes y amigos cercanos, para escuchar el mensaje de Pedro. Pedro había llevado a otras personas para que compartieran el regalo espiritual que estaba a punto de comunicar, y Cornelio había hecho lo mismo. Esto le dio a Pedro una oportunidad más amplia de hacer el bien.

No debemos querer disfrutar solos del alimento espiritual (Job 31:17). Invitar a nuestros parientes y amigos a acompañarnos en los deberes religiosos y a escuchar un sermón es una muestra de bondad y respeto. Cornelio creyó que lo que él necesitaba también lo necesitaban sus amigos. Por eso los invitó a escuchar el mensaje directamente, para que su cambio de corazón no los sorprendiera después.

Aquí vemos el primer encuentro entre Pedro y Cornelio. Cornelio mostró un profundo respeto por Pedro, incluso un respeto excesivo. Cuando Pedro entró, Cornelio salió a recibirlo y, en vez de darle la bienvenida como a un amigo, cayó a sus pies y lo adoró (Hechos 10:25). Algunos piensan que estaba honrando a Pedro como a un gran hombre, tal como era común en las tierras orientales. Otros creen que lo tomó por un ser divino, o incluso por el Mesías mismo.

Cornelio se equivocó al adorar a un hombre, pero su error puede entenderse a la luz de su ignorancia. También demostraba algo bueno en él: una profunda reverencia por las cosas divinas y celestiales. No es extraño que, hasta recibir una enseñanza más completa, haya pensado que Pedro era el Mesías, ya que un ángel del cielo le había dicho que enviara a buscarlo. En cambio, la adoración que se rinde al falso sucesor de Cristo, que no solo es un hombre sino un hombre pecador, el hombre de pecado, no tiene ninguna excusa. Algo así sería increíble si las Escrituras no hubieran dicho ya que todo el mundo adoraría a la bestia (Apocalipsis 13:4).

Pedro rechazó con modestia y rectitud ese honor (Hechos 10:26). Tomó a Cornelio de la mano y lo levantó, aunque hubo un tiempo en que nunca habría esperado recibir semejante respeto de un gentil incircunciso. Le dijo: «Levántate. Yo también soy solo un hombre; por lo tanto, no debes adorarme». Los siervos de Dios, como los buenos ángeles, no pueden aceptar ni siquiera el más pequeño honor que pertenece únicamente a Dios. El ángel le dijo lo mismo a Juan: «No hagas eso» (Apocalipsis 19:10; Apocalipsis 22:9). Pablo también habló de manera similar, cuidando que nadie pensara de él más de lo que debía (2 Corintios 12:6). Los siervos fieles de Cristo preferirían ser insultados antes que convertirse en objetos de adoración.

Pedro no pensó que el respeto excesivo de Cornelio pudiera ayudar a su predicación, así que decidió dejarlo en su error para alcanzar más éxito. No; quería que Cornelio supiera que Pedro era solo un hombre. El tesoro del evangelio se lleva en vasijas de barro, para que las personas valoren el tesoro mismo y no la vasija.

Después, Pedro y Cornelio, junto con los demás presentes, se explicaron mutuamente cómo la mano de Dios los había llevado a encontrarse. Pedro entró mientras conversaba con Cornelio, usando un tono amistoso para disminuir el temor que Cornelio pudiera sentir ante él (Hechos 10:27). Al entrar, encontró reunidas a muchas personas, más de las que esperaba. Esto hizo que el encuentro fuera más solemne y le dio una oportunidad aún mayor de hacer el bien.

Pedro primero les explicó que Dios le había indicado que fuera a ver a estos gentiles (Hechos 10:28-29). Ellos sabían que los judíos siempre habían considerado ilegal que un judío mantuviera una relación cercana con alguien de otra nación o entrara en la casa de un gentil incircunciso. Esto no lo ordenaba la ley de Dios, sino las reglas de sus maestros, que ellos consideraban obligatorias. No prohibían todo contacto con los gentiles en los negocios públicos, pero sí les prohibían comer con ellos. Incluso en tiempos de José, los egipcios y los hebreos no comían juntos (Génesis 43:32). Los tres jóvenes no quisieron contaminarse con la comida del rey (Daniel 1:8). Los judíos tampoco entraban en la casa de un gentil, porque la consideraban ceremonialmente impura.

Así que los judíos despreciaban a los gentiles, y los gentiles también despreciaban a los judíos. Pero Pedro dijo que Dios le había mostrado en una visión que no debía considerar común o impura a ninguna persona ni negarse a relacionarse con alguien por causa de su nación. Pedro, quien antes había enseñado a los nuevos creyentes a salvarse de una generación corrupta y malvada (Hechos 2:40), ahora aprendía que debía unirse a un grupo fiel de gentiles. Las distinciones ceremoniales habían sido eliminadas, para que el carácter moral pudiera tener mayor importancia.

Pedro consideró importante explicar por qué había cambiado de opinión, para que nadie lo acusara de actuar con descuido o de ser inestable. Puesto que Dios había derribado la pared divisoria, Pedro les aseguró que estaba dispuesto a hacerles todo el bien que pudiera. Antes había mantenido su distancia, no porque personalmente los despreciara, sino porque no tenía autorización del cielo. Ahora que había recibido esa autorización, había venido sin vacilar. Estaba dispuesto a predicarles el mismo evangelio que había predicado a los judíos. Los discípulos de Cristo entendían hasta cierto punto que el evangelio llegaría a los gentiles, pero pensaban que sería únicamente para gentiles que primero se convirtieran al judaísmo. Pedro reconoce que ese error todavía no había sido corregido en la mente de ellos.

Luego Pedro preguntó cómo podía servirles: «¿Por qué mandaron a buscarme? ¿Qué esperan de mí? ¿Qué asunto tienen conmigo?». Quienes buscan ayuda de los ministros de Dios deben procurar acercarse con el propósito correcto y una buena intención.

Después, Cornelio explicó que Dios le había indicado que mandara a buscar a Pedro y que había obedecido exactamente esa instrucción.

Por lo tanto, nuestro propósito es verdaderamente correcto cuando buscamos y atendemos al ministerio del evangelio, si lo hacemos reconociendo que Dios mismo estableció ese medio y nos mandó usarlo.

Ahora Cornelio explica la aparición del ángel y la orden de mandar a buscar a Pedro. No lo menciona para presumir, sino para mostrar por qué esperaba recibir por medio de Pedro un mensaje del cielo. Primero cuenta que la visión lo encontró mientras oraba, y dice: «Hace cuatro días estaba ayunando hasta esta misma hora» (Hechos 10:30). Esto muestra que las personas devotas que no eran judías también practicaban el ayuno religioso para hacer más seria y solemne la oración, como lo hizo el rey de Nínive (Jonás 3:5).

Algunos entienden sus palabras de otra manera, como si quisiera decir que no había comido nada desde ese momento hasta entonces. Pero aquí esas palabras introducen el relato de la visión, por lo que el primer sentido parece más adecuado. Estaba orando en su casa a la hora novena, es decir, alrededor de las tres de la tarde; no estaba en una sinagoga, sino en su hogar. Debemos orar dondequiera que vivamos. El hecho de que orara en la casa sugiere que no se trataba de una oración secreta en una habitación privada, sino de una reunión más abierta con su familia a su alrededor. Tal vez, después de orar, se apartó por un momento y entonces tuvo la visión.

A esa hora muchas personas estaban viajando, haciendo negocios, trabajando en el campo, visitando a sus amigos, descansando o relajándose después de comer. Sin embargo, Cornelio estaba orando. Esto muestra cuánto había hecho de la religión el centro de su vida. Fue entonces, mientras buscaba a Dios, cuando recibió este mensaje del cielo. Quienes desean escuchar bien a Dios deben pasar mucho tiempo hablando con él.

Luego describe al mensajero que le llevó el mensaje del cielo. Un hombre se presentó delante de él con ropa resplandeciente, semejante a la ropa de Cristo en su transfiguración y a la de los dos ángeles que aparecieron en la resurrección de Cristo (Lucas 24:4) y en su ascensión (Hechos 1:10). La ropa resplandeciente mostraba que pertenecían al mundo de la luz.

Cornelio repite el mensaje que recibió (Hechos 10:31-32), el mismo que ya se había registrado en Hechos 10:4-6. Aquí se añade: «Tu oración ha sido escuchada». No se nos dice exactamente por qué oraba, pero si esta fue una respuesta a su oración, como parece haber sido, podemos suponer que estaba orando porque sentía la insuficiencia de la luz natural. Probablemente sabía que todavía no comprendía con claridad cómo obtener el perdón de los pecados y el favor de Dios. Por eso oraba para que Dios se diera a conocer más plenamente y le mostrara con mayor claridad el camino de la salvación. La respuesta del ángel fue: «Manda a buscar a Pedro, y él te dará esa luz».

Entonces Cornelio declara su disposición, y la de sus amigos, para recibir el mensaje que Pedro debía llevarles (Hechos 10:33). «Así que te mandé a buscar de inmediato, tal como se me ordenó, y has hecho bien en venir a nosotros, aunque somos gentiles». Los ministros fieles hacen bien en acudir a quienes están dispuestos y deseosos de aprender de ellos, especialmente cuando los mandan llamar. Es una buena obra que pueden realizar.

Pedro había venido a cumplir su parte, pero ¿cumplirían ellos la suya? Sí. Sus palabras se parecen a las de Elí a Samuel: «Habla, porque tu siervo escucha» (1 Samuel 3:9-10). Ellos dicen: «Tú estás listo para hablar, y nosotros estamos listos para escuchar». También dicen: «Todos estamos aquí presentes delante de Dios». Quieren decir que están allí con una actitud religiosa seria, como adoradores, con el corazón dispuesto para la adoración. Puesto que Pedro había venido por medio de un mensaje tan claro y con un propósito tan importante, ellos están listos en ese momento de adoración y en ese lugar de adoración, aunque se trate de una casa privada.

Todos están presentes: todos los que habían sido invitados, junto con cada persona que pertenecía a sus hogares. La persona completa debe estar presente, no solamente el cuerpo mientras el corazón se distrae en otra parte. Lo que hace verdaderamente religiosa su asistencia es este pensamiento: «Estamos presentes delante de Dios». En las ordenanzas sagradas nos presentamos ante el Señor, y debemos actuar como quienes saben que sus ojos están sobre nosotros.

Su propósito es claro: «Estamos aquí para escuchar todo lo que Dios te ha mandado decir». Pedro estaba allí para predicar todo lo que Dios le había ordenado predicar, porque había recibido tanto una comisión amplia para anunciar el evangelio como instrucciones completas sobre lo que debía proclamar. Ellos estaban listos para escuchar, no cualquier cosa que él decidiera decir, sino lo que Dios le había encargado comunicar.

Las verdades de Cristo no les fueron entregadas a los apóstoles para que las escondieran ni para que las anunciaran solamente cuando ellos quisieran. Les fueron confiadas para darlas a conocer al mundo. Por eso estas personas dicen que están listas para escucharlo todo, desde el principio hasta el final, y para permanecer atentas durante todo el mensaje. Quieren escuchar todo lo que Pedro recibió el mandato de predicar, aun si contradice sus deseos carnales, desafía sus antiguas ideas o afecta sus intereses mundanos. Están listas para escucharlo todo y no quieren que se les oculte nada que pueda serles útil.

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