Versículo destacado
2 Samuel 19:9 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" En todas las tribus de Israel, la gente discutía y decía: El rey David nos libró del dominio de nuestros enemigos, los filisteos; sin embargo, por causa de Absalón, tuvo que huir del país. "
2 Samuel 19:9
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
7 Salga ahora Su Majestad y anime con sus palabras a sus seguidores, pues, de lo contrario, le juro por el Señor a Su Majestad que esta noche no le quedará ni un solo partidario. Esto será para Su Majestad peor que todos los males que le han sucedido desde su juventud hasta hoy.
8 Entonces el rey se levantó y fue a sentarse a la puerta de la ciudad. Cuando se informó a todo el pueblo que el rey estaba sentado a la puerta, todos fueron a presentarse ante él. En cuanto a los de Israel, todos habían huido a sus casas.
9 En todas las tribus de Israel, la gente discutía y decía: El rey David nos libró del dominio de nuestros enemigos, los filisteos; sin embargo, por causa de Absalón, tuvo que huir del país.
10 Y Absalón, a quien nosotros habíamos consagrado como nuestro rey, murió en la batalla. Entonces, ¿qué esperamos para hacer volver al rey David?
11 Este comentario de todo Israel llegó hasta la casa del rey David. Entonces él envió un mensaje a los sacerdotes Sadoc y Abiatar, diciéndoles: Hablen con los ancianos de Judá y pregúntenles por qué tardan en hacer que yo regrese a mi palacio;
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Es sorprendente que David no regresara de inmediato a Jerusalén después de que el ejército de Absalón fue derrotado y dispersado. Podía haber vuelto enseguida con las tropas victoriosas que tenía en Galaad, pero decidió no regresar de esa manera. Quería volver como un príncipe recibido de común acuerdo por el pueblo, no como un conquistador que se abre paso por la fuerza.
David también quería regresar en paz y con seguridad, convencido de que no enfrentaría resistencia. Por eso esperó hasta que el pueblo mostrara que estaba dispuesto a recibirlo. Quería volver con honra y de una manera digna de él. Un gobernante que gana el amor de su pueblo mediante la sabiduría y la bondad parece más grande que uno que gobierna solamente por temor.
Así que se decidió que David debía ser llevado de regreso a Jerusalén, su propia ciudad y el lugar donde estaba su trono, con cierta ceremonia. La primera conversación sobre esto surgió entre los hombres de Israel, es decir, las diez tribus (2 Samuel 19:9-10). En todas partes el pueblo discutía el asunto. Algunos quizá se oponían y decían que David debía regresar por su cuenta o mantenerse alejado; otros apoyaban firmemente su regreso y daban razones para traerlo.
Decían que David los había ayudado en el pasado al pelear sus batallas, derrotar a sus enemigos y hacerles grandes servicios. Por eso era vergonzoso que permaneciera desterrado de la tierra de aquel que tanto había hecho por ella. El buen servicio prestado al pueblo puede olvidarse por un tiempo, pero la gente vuelve a recordarlo cuando recupera el buen juicio.
También decían que Absalón les había fallado. Insensatamente se habían cansado del cedro y habían escogido la rama para que reinara sobre ellos, pero ahora ya habían tenido suficiente de él. Absalón se había ido, y ellos apenas habían escapado de ser destruidos junto con él. Por tanto, debían volver a cumplir con su deber y pensar en traer de regreso al rey.
Tal vez esa era toda la discusión: no si David debía volver, pues todos estaban de acuerdo en eso, sino de quién era la culpa de que no hubiera regresado antes. Como suele suceder, cada uno se defendía a sí mismo y culpaba a su vecino. El pueblo culpaba a los ancianos, los ancianos culpaban al pueblo y una tribu culpaba a otra. Es bueno que las personas se animen unas a otras a hacer el bien, pero no que se mantengan acusándose por no haberlo hecho. Cuando se descuidan los deberes públicos, por lo general todos comparten la culpa. Cada persona pudo haber hecho más de lo que hizo, ya fuera para corregir la conducta, sanar las divisiones o realizar tareas semejantes.
Sin embargo, los hombres de Judá fueron los primeros en actuar realmente, y David se encargó de impulsarlos a hacerlo (2 Samuel 19:11-14). Es extraño que su propia tribu no estuviera más entusiasmada que las demás. David se enteró de que el resto de Israel estaba bien dispuesto hacia él, pero no oyó nada de Judá, aunque siempre había mostrado un cuidado especial por ellos. Aun así, las personas no siempre muestran más bondad precisamente donde más la esperamos.
Con todo, David no regresaría hasta saber qué sentía su propia tribu. Judá era su legislador (Salmo 60:7). Para despejar el camino de regreso, envió a Sadoc y Abiatar, los dos sacerdotes principales, a hablar con los ancianos de Judá y animarlos a invitar al rey a volver a su casa, lo cual también redundaría en la honra de su tribu. Nadie estaba mejor preparado para esa tarea que estos dos sacerdotes. Eran leales a David, sabios e influyentes entre el pueblo.
Tal vez los hombres de Judá habían sido negligentes y necesitaban que alguien los animara. Muchas personas están dispuestas a seguir una buena obra, pero no a iniciarla. Es lamentable que permanezcan inactivas simplemente porque nadie les ha hablado. O quizá se sentían demasiado avergonzados para traer de regreso a David después de haberse unido a Absalón. Tal vez temían que David ya no les mostrara favor. Por eso David les indicó a sus mensajeros que les aseguraran su amor, diciéndoles, en esencia: «Ustedes son mis hermanos, mi propia carne y sangre; por eso no puedo ser duro con ustedes». De la misma manera, el Hijo de David, Jesucristo, nos ha llamado hermanos, su propia carne y sangre, y eso nos da esperanza de hallar favor delante de él.
O quizá Judá estaba esperando para ver primero qué harían las otras tribus, y por eso recibe este reproche. Los enviados de David podrían haberles dicho: «Todo Israel le ha comunicado al rey que desea invitarlo a regresar, ¿y será Judá la última tribu en hacerlo, cuando debió ser la primera? ¿Dónde está la famosa valentía de esta tribu real? ¿Dónde está su lealtad?». Debemos ser impulsados a hacer lo bueno y lo grande por el ejemplo de quienes nos precedieron, por el ejemplo de nuestros vecinos y por el lugar que Dios nos ha dado. Quienes ocupan los primeros lugares en honra no deben ser los últimos en cumplir con su deber.
David también se ganó a Amasa, antiguo general de Absalón, quien además era sobrino de David y primo de Joab (2 Samuel 19:13). David lo llamó pariente suyo y le prometió que, si ahora lo ayudaba, lo nombraría comandante de todas sus fuerzas en lugar de Joab. No solo lo perdonaría, algo que Amasa quizá dudaba que ocurriera, sino que también lo ascendería. A veces no es una pérdida ganarse la amistad de alguien que antes fue enemigo. El apoyo de Amasa podía ayudar mucho a David en ese momento.
Si David actuó sabiamente al nombrar a Amasa, pues Joab se había vuelto insoportablemente orgulloso, no actuó con bondad hacia Amasa al hacer público ese plan. Esa decisión llevó más tarde a la muerte de Amasa a manos de Joab (2 Samuel 20:10). Aun así, el plan funcionó. La providencia de Dios, por medio de la insistencia de los sacerdotes y la influencia de Amasa, movió a los hombres de Judá a ponerse de acuerdo, sin una sola objeción, para llamar de regreso al rey (2 Samuel 19:14).
David no se puso en marcha hasta recibir esta invitación, y entonces llegó hasta el río Jordán, donde ellos debían encontrarse con él (2 Samuel 19:15). De la misma manera, nuestro Señor Jesucristo reina en quienes lo invitan a gobernar en su corazón, y no antes de ser recibido. Primero inclina el corazón y lo hace dispuesto en el día de su poder; luego reina en medio de sus enemigos (Salmo 110:2-3).
De este capítulo
2 Samuel 19:1
"Cuando la gente se enteró de que el rey lloraba y lamentaba la muerte de su hijo Absalón, fue a contárselo a Joab."
2 Samuel 19:2
"Así, aquel día la victoria se convirtió en motivo de tristeza."
2 Samuel 19:3
"El ejército mismo trató de ocultar su entrada en la ciudad: los soldados avanzaban avergonzados, como si hubieran huido del campo de batalla."
2 Samuel 19:4
"Mientras tanto, el rey se cubría la cara y gritaba a voz en cuello: «¡Absalón, hijo mío! ¡Absalón, hijo mío, hijo mío!»"
2 Samuel 19:5
"Entonces Joab fue al palacio y le dijo al rey: —Su Majestad ha avergonzado a sus servidores, quienes hoy han salvado la vida de Su Majestad y la de sus hijos, hijas, esposas y concubinas."
2 Samuel 19:6
"Su Majestad ha demostrado hoy que nada le importan sus jefes y oficiales, pues ama a quienes lo odian, y odia a quienes lo aman. Hoy me he dado cuenta de que para Su Majestad sería mejor que Absalón estuviera vivo, aunque todos nosotros hubiéramos muerto."
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