Versículo destacado
2 Samuel 19:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Cuando la gente se enteró de que el rey lloraba y lamentaba la muerte de su hijo Absalón, fue a contárselo a Joab. "
2 Samuel 19:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Cuando la gente se enteró de que el rey lloraba y lamentaba la muerte de su hijo Absalón, fue a contárselo a Joab.
2 Así, aquel día la victoria se convirtió en motivo de tristeza.
3 El ejército mismo trató de ocultar su entrada en la ciudad: los soldados avanzaban avergonzados, como si hubieran huido del campo de batalla.
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Poco después de que los mensajeros llevaran a la corte de Mahanaim la noticia de la derrota y muerte de Absalón, Joab y su ejército victorioso regresaron. Venían para honrar la victoria del rey y recibir sus próximas órdenes. Pero al llegar encontraron al rey llorando por la muerte de Absalón. Lo tomaron como una señal de que David estaba disgustado con ellos por lo que habían hecho, aunque esperaban recibir alegría y agradecimiento por su servicio.
La noticia de que el rey estaba de duelo por su hijo se extendió por todo el ejército (2 Samuel 19:2). La gente presta mucha atención a lo que dicen y hacen sus gobernantes. Cuanto mayor es la influencia de una persona, con mayor cuidado debe hablar y actuar, y con mayor disciplina debe controlar sus emociones. Cuando entraron en la ciudad, encontraron al rey sumido en un profundo duelo (2 Samuel 19:4). Se cubría el rostro y ni siquiera levantaba la mirada para ver o reconocer a los generales que estaban delante de él.
Debió haberlos impactado ver que el rey mostraba su dolor de manera tan abierta, algo que debió darle vergüenza exhibir públicamente. Lo habría ocultado si hubiera pensado en su propio honor o en el bienestar del pueblo. En cambio, gritaba: «¡Hijo mío, Absalón!». Todos sus siervos habían regresado sanos y salvos, pero su hijo había muerto, y David temía que Absalón hubiera muerto en pecado y estuviera perdido para siempre. Ya no podía decir: «Yo iré a él», porque sabía que su alma no se reuniría con la de semejantes pecadores. No dejaba de clamar: «¿Qué se hará por ti, hijo mío Absalón? ¡Hijo mío, hijo mío!».
También estuvo mal que siguiera lamentándose tanto tiempo, incluso después de que el ejército hubiera regresado. Si hubiera expresado su dolor por un breve período al enterarse de la noticia, habría sido comprensible. Pero continuar de esa manera por un hijo tan malvado, como Jacob lloró por José, fue imprudente e indigno de un rey. David estaba decidido a bajar a la tumba de luto y a manchar con lágrimas su triunfo.
Esto afligió profundamente al pueblo. Vacilaban en criticar al rey, pues por lo general todo lo que él hacía les agradaba (2 Samuel 3:36). Aun así, se sentían heridos y avergonzados. Su victoria se convirtió en duelo (2 Samuel 19:2). Entraron en la ciudad como hombres avergonzados (2 Samuel 19:3). Por respeto a su rey, no quisieron celebrar una victoria que claramente le causaba dolor, pero les incomodaba tener que ocultar su alegría. Quienes tienen autoridad no deben imponer una carga así sobre quienes están bajo su mando.
Entonces Joab reprendió a David con mucha claridad y dureza por su conducta imprudente en un momento tan grave (2 Samuel 19:5-7). David necesitaba más que nunca el apoyo de su pueblo, y cualquier cosa que debilitara su lealtad estaba fuera de lugar y perjudicaba a sus amigos. Joab habló con verdadera firmeza y dijo la verdad, aunque no mostró el respeto debido a un rey. No es correcto decirle a un rey: «Eres un malvado», de manera grosera o insolente. Un error grave puede ser corregido por alguien que esté por encima o por debajo de nosotros, pero debe hacerse con el respeto apropiado.
David necesitaba que lo sacudieran para volver en sí, y Joab pensó que no había tiempo para palabras delicadas. Si quienes están por encima de nosotros actúan neciamente, no deben sorprenderse cuando quienes están bajo su autoridad lo señalan, aunque lo hagan de manera brusca. Primero, Joab elogió el servicio de los soldados. Les dijo que ese día habían salvado la vida de David, por lo que merecían ser reconocidos y apreciados, y tenían razón en sentirse heridos si se les ignoraba. Al lamentarse por Absalón, David parecía honrar al hombre que había querido destruirlo, mientras menospreciaba a los hombres que lo habían protegido a él y a todo lo que amaba. A menudo, los gobernantes han sufrido grandes daños por despreciar un servicio valioso.
Segundo, Joab hizo ver con claridad la vergüenza que David había causado a sus soldados. Les había «avergonzado el rostro», porque ellos habían valorado la vida del rey, mientras que él parecía no valorar la de ellos. Actuaba como si prefiriera a un joven arruinado y malvado, traidor de su rey y de su país, antes que a todos sus consejeros sabios, sus valientes comandantes y sus súbditos leales. Nada es más necio que amar a los enemigos y odiar a los amigos.
Tercero, Joab insistió en que David saliera de inmediato al encuentro de sus tropas, las saludara con afecto, se alegrara por su éxito y les agradeciera lo que habían hecho. Incluso quienes deben obedecer órdenes esperan recibir agradecimiento cuando cumplen bien con su deber, y lo merecen.
Cuarto, Joab advirtió a David que podía producirse otra rebelión si se negaba a hacerlo. Dio a entender que él mismo preferiría encabezar una revuelta antes que servir a un príncipe tan ingrato. Estaba tan seguro de su influencia sobre el pueblo que afirmó que ni un solo hombre permanecería con David si él se marchaba. David ya no tenía nada por qué lamentarse, pero si continuaba de esa manera, Joab le daría algo verdaderamente amargo por lo cual llorar.
David aceptó la reprensión y el consejo con sabiduría y mansedumbre (2 Samuel 19:8). Dejó a un lado su dolor, se ungió la cabeza y se lavó el rostro para que ya no pareciera estar de duelo. Luego salió públicamente y se sentó en la puerta, que servía como el principal lugar de reunión de la ciudad. El pueblo se reunió allí para felicitarlo por su seguridad y por la de ellos, y todo volvió a encaminarse.
Cuando nos muestran nuestro error y llegamos a reconocerlo, debemos cambiar, aun si la corrección viene de alguien que está por debajo de nosotros o se expresa con dureza y enojo.
De este capítulo
2 Samuel 19:2
"Así, aquel día la victoria se convirtió en motivo de tristeza."
2 Samuel 19:3
"El ejército mismo trató de ocultar su entrada en la ciudad: los soldados avanzaban avergonzados, como si hubieran huido del campo de batalla."
2 Samuel 19:4
"Mientras tanto, el rey se cubría la cara y gritaba a voz en cuello: «¡Absalón, hijo mío! ¡Absalón, hijo mío, hijo mío!»"
2 Samuel 19:5
"Entonces Joab fue al palacio y le dijo al rey: —Su Majestad ha avergonzado a sus servidores, quienes hoy han salvado la vida de Su Majestad y la de sus hijos, hijas, esposas y concubinas."
2 Samuel 19:6
"Su Majestad ha demostrado hoy que nada le importan sus jefes y oficiales, pues ama a quienes lo odian, y odia a quienes lo aman. Hoy me he dado cuenta de que para Su Majestad sería mejor que Absalón estuviera vivo, aunque todos nosotros hubiéramos muerto."
2 Samuel 19:7
"Salga ahora Su Majestad y anime con sus palabras a sus seguidores, pues, de lo contrario, le juro por el Señor a Su Majestad que esta noche no le quedará ni un solo partidario. Esto será para Su Majestad peor que todos los males que le han sucedido desde su juventud hasta hoy."
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