Versículo destacado
2 Corintios 4:8 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Así, aunque estamos llenos de problemas, no estamos sin salida; tenemos preocupaciones, pero no nos desesperamos. "
2 Corintios 4:8
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
6 Porque el mismo Dios que mandó que la luz brotara de la oscuridad es quien ha hecho brotar su luz en nuestro corazón, para que podamos iluminar a otros dándoles a conocer la gloria de Dios que brilla en la cara de Jesucristo.
7 Pero tenemos esta riqueza en nuestro cuerpo, que es como una olla de barro, para mostrar que ese poder tan grande viene de Dios y no de nosotros.
8 Así, aunque estamos llenos de problemas, no estamos sin salida; tenemos preocupaciones, pero no nos desesperamos.
9 Nos persiguen, pero no estamos abandonados; nos derriban, pero no nos destruyen.
10 Dondequiera que vamos, siempre llevamos en nuestro cuerpo la muerte de Jesús, para que también su vida se muestre en nosotros.
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En estos versículos, el apóstol explica el valor y la paciencia que los sostuvieron en medio de sus sufrimientos. Los apóstoles sufrieron mucho porque seguían a su Maestro. Cristo les había dicho que tendrían dificultades en el mundo, y eso fue precisamente lo que encontraron. Sin embargo, también experimentaron un apoyo firme, un verdadero alivio y muchos consuelos en medio de sus aflicciones.
«Somos atribulados por todos lados, pero no angustiados» (2 Corintios 4:8). Esto significa que enfrentaban muchas clases de dificultades al mismo tiempo, pero no estaban acorralados ni se habían quedado sin una salida, porque podían ver la ayuda de Dios, recibir ayuda de Dios y acercarse libremente a Dios en oración. «Estamos perplejos», continúa el apóstol: con frecuencia no sabían qué ocurriría y no siempre estaban libres de la ansiedad, «pero no desesperados» (2 Corintios 4:8). Aun en medio de su mayor confusión, sabían que Dios podía sostenerlos y librarlos; por eso seguían confiando y esperando en él.
«Perseguidos», dice también: eran acosados con odio y violencia de un lugar a otro, como si no fueran dignos de vivir, «pero no abandonados» por Dios (2 Corintios 4:9). Las personas buenas pueden ser abandonadas por sus amigos y perseguidas por sus enemigos, pero Dios nunca deja ni abandona a los suyos. Una vez más: «Derribados», es decir, a veces su ánimo decaía y parecía que el enemigo avanzaba, «pero no destruidos» (2 Corintios 4:9). Aun así, Dios los preservaba y los guardaba para que no se hundieran por completo.
El apóstol dice que sus sufrimientos eran constantes y que, de cierta manera, correspondían a los sufrimientos de Cristo (2 Corintios 4:10). En cierto sentido, los sufrimientos de Jesús se repetían en los sufrimientos de los cristianos. Ellos llevaban en su cuerpo la muerte del Señor Jesús y mostraban al mundo el ejemplo de un Salvador que sufría, para que también se manifestara la vida de Jesús. Es decir, las personas podían ver en ellos el poder de la resurrección de Cristo y la obra de la gracia en la vida de Jesús que actuaba en ellos y por medio de ellos. Aunque siempre eran entregados a la muerte, seguían viviendo (2 Corintios 4:11); y aunque la muerte siempre actuaba en ellos, no eran consumidos por ella (2 Corintios 4:12). Sus dificultades eran tan intensas que, en comparación, otros cristianos de aquel tiempo parecían vivir en mejores condiciones: «La muerte actúa en nosotros, y en ustedes la vida» (2 Corintios 4:12).
Después, el apóstol explica qué les impedía derrumbarse bajo tanto sufrimiento (2 Corintios 4:13-18). Cualesquiera que sean las cargas que lleve el pueblo de Dios, tiene razones firmes para no desanimarse. La fe los mantuvo sin rendirse. «Tenemos el mismo espíritu de fe» (2 Corintios 4:13), es decir, la misma fe que el Espíritu de Dios produjo en los santos de tiempos antiguos. La fe es un gran consuelo y un remedio seguro contra el desánimo en los tiempos difíciles; ayuda a la persona a mantenerse firme aun en medio de la debilidad. Pablo tenía el ejemplo de David, quien dijo: «Creí, y por eso hablé» (Salmo 116:10). Pablo también nos deja su propio ejemplo: «Nosotros también creemos, y por eso hablamos» (2 Corintios 4:13). Debemos estar dispuestos no solo a recibir ayuda del buen ejemplo de otros, sino también a dar nosotros mismos un buen ejemplo.
La esperanza de la resurrección también los sostuvo para que no se hundieran (2 Corintios 4:14). Sabían que Cristo había resucitado y que su resurrección era una garantía y una seguridad de la resurrección de ellos. Pablo ya había explicado esto detalladamente en su primera carta a los corintios (1 Corintios 15:1). Su esperanza, por tanto, era firme, porque el que resucitó a Cristo, la cabeza, también resucitará a todos los que pertenecen a él. La esperanza de la resurrección fortalece a los creyentes en el sufrimiento y les quita mucho del temor a la muerte. El cristiano fiel no tiene por qué temerle a la muerte cuando muere con la esperanza de resucitar un día con alegría.
También los ayudaba pensar que sus sufrimientos contribuían al bien de la iglesia y a la gloria de Dios (2 Corintios 4:15). Sus dificultades beneficiaban a la iglesia y producían alabanza para Dios. Cuando la iglesia es edificada, Dios es honrado. Por eso, los creyentes pueden soportar el sufrimiento con paciencia e incluso con alegría cuando ven que otros se benefician de él al ser instruidos, fortalecidos y consolados. Los sufrimientos de los ministros de Cristo, al igual que su predicación y su conducta, tienen como propósito el bien de la iglesia y la gloria de Dios.
Otro consuelo era el beneficio que sus almas recibían por medio de los sufrimientos de sus cuerpos. «Aunque nuestro cuerpo se va desgastando, nuestro interior se renueva día a día» (2 Corintios 4:16). Todos tenemos un exterior y un interior: un cuerpo y un alma. Si el cuerpo se debilita, eso es inevitable, porque fue hecho para perecer. Pero es una bendición que el debilitamiento del cuerpo contribuya a la renovación del alma. Cuando el cuerpo está enfermo, débil y se va desgastando, es bueno que el alma se fortalezca y florezca. Incluso las mejores personas necesitan que su interior sea renovado cada día. Puesto que la buena obra de Dios ya ha comenzado en ellas, todavía queda más por hacer. Las personas malvadas empeoran cada día, pero las piadosas crecen y mejoran.
Finalmente, la esperanza de la vida eterna y de la felicidad futura les daba gran fortaleza y consuelo. Pablo y sus compañeros de sufrimiento entendían que sus dificultades los estaban llevando hacia el cielo y que no durarían para siempre (2 Corintios 4:17). Evaluaban las cosas correctamente delante de Dios. Era como si pusieran sus sufrimientos terrenales en una balanza y la gloria celestial en la otra. Por la fe, consideraban que las dificultades eran leves y pasajeras, pues durarían solo un momento. Al mismo tiempo, la gloria del cielo es mucho más grande, abundante y pesada que cualquier cosa que puedan describir o imaginar. En medio del sufrimiento, es un gran apoyo saber que nuestras dificultades nos están preparando para esa gloria futura.
Su fe también los ayudaba a hacer este juicio correcto: «No nos fijamos en las cosas que se ven, sino en las que no se ven» (2 Corintios 4:18). La fe nos permite ver al Dios invisible (Hebreos 11:27). Por la fe también dirigimos la mirada hacia un cielo y un infierno que no se ven, porque la fe da certeza de las cosas que no vemos.
Existen cosas invisibles además de las que podemos ver. Hay una gran diferencia entre unas y otras: las cosas invisibles son eternas, mientras que las visibles solo son temporales. Por la fe, hacemos algo más que reconocer esta diferencia: ponemos el corazón en las cosas invisibles y les damos el primer lugar.
Por eso, nuestro propósito principal no es evitar las dificultades presentes ni obtener comodidades presentes, porque ambas cosas pasan. Nuestra verdadera preocupación es escapar del juicio futuro y recibir las bendiciones futuras. Esas bendiciones no se ven, pero son reales, seguras y eternas. La fe es tanto la certeza de lo que esperamos como la convicción de lo que no podemos ver (Hebreos 11:1).
De este capítulo
2 Corintios 4:1
"Por eso no nos desanimamos, porque Dios, en su misericordia, nos ha encargado este trabajo."
2 Corintios 4:2
"Hemos rechazado proceder a escondidas, como si sintiéramos vergüenza; no actuamos con astucia ni falseamos el mensaje de Dios. Al contrario, decimos solamente la verdad y, de esta manera, nos recomendamos a la conciencia de todos delante de Dios."
2 Corintios 4:3
"Y si el evangelio que anunciamos está como cubierto por un velo, lo está solamente para los que se pierden."
2 Corintios 4:4
"Pues, como ellos no creen, el dios de este mundo los ha cegado en su entendimiento para que no vean la luz brillante del evangelio del Cristo glorioso, imagen viva de Dios."
2 Corintios 4:5
"No nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor; nosotros nos declaramos simplemente servidores de ustedes por amor a Jesús."
2 Corintios 4:6
"Porque el mismo Dios que mandó que la luz brotara de la oscuridad es quien ha hecho brotar su luz en nuestro corazón, para que podamos iluminar a otros dándoles a conocer la gloria de Dios que brilla en la cara de Jesucristo."
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