Versículo destacado
2 Crónicas 7:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Cuando Salomón terminó esta oración, cayó fuego del cielo y consumió el holocausto y los sacrificios, y la gloria del Señor llenó el templo, "
2 Crónicas 7:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Cuando Salomón terminó esta oración, cayó fuego del cielo y consumió el holocausto y los sacrificios, y la gloria del Señor llenó el templo,
2 de modo que por eso los sacerdotes no podían entrar en él.
3 Al ver todos los israelitas el fuego y la gloria del Señor que bajaban sobre el templo, se arrodillaron e inclinaron hasta tocar el suelo del enlosado con la frente, y adoraron y dieron gracias al Señor, repitiendo: «Porque él es bueno, porque su amor es eterno».
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Esta fue la respuesta bondadosa que Dios dio de inmediato a la oración de Salomón. Descendió fuego del cielo y consumió el sacrificio (2 Crónicas 7:1). De esta manera, Dios mostró que había aceptado los sacrificios de Moisés (Levítico 9:24), Gedeón (Jueces 6:21), David (1 Crónicas 21:26) y Elías (1 Reyes 18:38). En la manera hebrea de expresarlo, aceptar un holocausto significa convertirlo en cenizas (Salmo 20:3). Aquí, el fuego no descendió cuando mataron los sacrificios, sino cuando se ofreció la oración.
Este fuego mostró que Dios es glorioso en sí mismo, porque nuestro Dios es fuego consumidor. Incluso en sus lugares santos inspira temor. Probablemente el fuego salió de la densa oscuridad, lo que lo hizo aún más aterrador, como ocurrió en el monte Sinaí (Éxodo 24:16, 17). Los pecadores de Sion tenían buenas razones para temblar y preguntar: «¿Quién de nosotros puede vivir cerca de este fuego devorador?» (Isaías 33:14). Sin embargo, también mostró que Dios era bondadoso con Israel. El fuego que justamente podría haberlos consumido cayó sobre el sacrificio ofrecido en su lugar y consumió ese sacrificio. Así, Dios mostró que aceptaba sus ofrendas y que su ira se había apartado de ellos.
Podemos aplicar esto al sufrimiento de Cristo. Cuando agradó al Señor quebrantarlo y afligirlo, Dios estaba mostrando su buena voluntad hacia las personas, porque puso sobre Cristo el pecado de todos nosotros. La muerte de Cristo se convirtió en nuestra vida; él fue hecho pecado y maldición para que nosotros pudiéramos recibir justicia y bendición. Ese sacrificio fue consumido para que nosotros pudiéramos escapar. «Aquí estoy yo; deja que estos se vayan».
También podemos aplicarlo a la obra del Espíritu Santo, que viene como fuego. Él consume nuestros deseos pecaminosos y nuestros hábitos corruptos, esas cosas que deben ser sacrificadas o, de lo contrario, estamos perdidos. También enciende un fuego santo en nuestra alma, despertando un amor y una devoción piadosos que deben seguir ardiendo sobre el altar del corazón. La señal más segura de que Dios ha aceptado nuestras oraciones es que su fuego santo venga sobre nosotros. «¿Acaso no ardía nuestro corazón?» (Lucas 24:32). Otra señal de que Dios había aceptado la oración de Salomón fue que la gloria del Señor todavía llenaba la casa. El corazón lleno de reverencia santa ante la gloria de Dios y de conciencia de su grandeza y bondad demuestra ser un templo viviente.
Entonces el pueblo respondió con gratitud a esta bondadosa señal del favor de Dios. Lo adoraron y lo alabaron (2 Crónicas 7:3). Cuando vieron que el fuego de Dios descendía del cielo, no huyeron atemorizados. Permanecieron en los atrios del Señor y aprovecharon ese momento para honrar a Dios. Se inclinaron con el rostro hasta el suelo y adoraron. Esto mostró su profunda reverencia ante la majestad de Dios, su disposición a someterse a su autoridad y su conciencia de que eran indignos de presentarse ante él e incapaces de resistir su ira. También le dieron gracias por su bondad. Incluso cuando descendió el fuego del Señor, lo alabaron diciendo: «Él es bueno, porque su misericordia permanece para siempre». Este canto siempre es apropiado, y nuestro corazón y nuestra voz nunca deberían desafinar con él. Pase lo que pase, Dios es bueno. Cuando se manifiesta como fuego consumidor para los pecadores, su pueblo todavía puede regocijarse en él como su luz. Tenían buenas razones para decir que Dios era bueno en todo esto. Fue por las misericordias del Señor que ellos no fueron consumidos; el sacrificio fue consumido en su lugar, y eso exigía una profunda gratitud.
Después, el rey y todo el pueblo ofrecieron muchos sacrificios (2 Crónicas 7:4, 5). Con estas ofrendas, dieron la bienvenida al fuego santo sobre el altar. Ya habían ofrecido sacrificios antes, pero ahora los aumentaron. Cuando Dios nos muestra su favor, nuestro corazón debería crecer en su servicio, y deberíamos seguir haciendo cada vez más por él. El ejemplo del rey motivó al pueblo. Es más probable que una buena obra continúe cuando los líderes dan el primer paso. Había tantos sacrificios que el altar no podía contenerlos todos. Por eso, en vez de rechazar alguno, quemaron en medio del atrio la carne de los holocaustos y la grasa de los sacrificios de paz (2 Crónicas 7:7). Salomón pudo haber apartado ese lugar para ese propósito, o quizá se volvió santo por el uso. En un momento de necesidad, incluso el pavimento podía servir como altar.
Los sacerdotes cumplieron con su parte al atender sus responsabilidades, y los cantores y músicos también cumplieron con la suya (2 Crónicas 7:6). Usaron los instrumentos que David había hecho y el canto que David les había dado para entonar, como algunos entienden a partir de 1 Crónicas 16:7. O bien, las palabras podrían significar que David alabó a Dios por medio de su servicio. Él los dirigió, los animó y se valió de ellos para alabar a Dios, de modo que su trabajo fue considerado como una acción de David.
Toda la multitud manifestó gran alegría y satisfacción. Celebraron durante siete días la fiesta de la dedicación del altar, desde el segundo día hasta el noveno. El décimo día era el Día de la Expiación, cuando debían humillarse por causa del pecado, y eso era apropiado incluso en medio de su alegría. El día quince comenzó la Fiesta de los Tabernáculos, que duró hasta el día veintidós; por eso no se fueron sino hasta el día veintitrés. Nunca deberíamos considerar una carga el tiempo que dedicamos a adorar a Dios y a tener comunión con él, ni pensar que es demasiado tiempo o cansarnos de hacerlo.
Salomón continuó con su trabajo y terminó con éxito todo lo que había planeado para la belleza tanto de la casa de Dios como de la suya (2 Crónicas 7:11). Quienes comienzan sirviendo a Dios probablemente también tendrán buenos resultados en sus propios asuntos. El mérito de Salomón fue que llevó a cabo lo que había comenzado, y fue por la gracia de Dios que prosperó.
De este capítulo
2 Crónicas 7:2
"de modo que por eso los sacerdotes no podían entrar en él."
2 Crónicas 7:3
"Al ver todos los israelitas el fuego y la gloria del Señor que bajaban sobre el templo, se arrodillaron e inclinaron hasta tocar el suelo del enlosado con la frente, y adoraron y dieron gracias al Señor, repitiendo: «Porque él es bueno, porque su amor es eterno»."
2 Crónicas 7:4
"Después de esto, el rey y todo el pueblo ofrecieron sacrificios al Señor."
2 Crónicas 7:5
"Y el rey Salomón ofreció en sacrificio veintidós mil toros y ciento veinte mil ovejas. Así fue como el rey y todo Israel consagraron el templo de Dios."
2 Crónicas 7:6
"Los sacerdotes se mantenían en sus puestos, y también los levitas, con los instrumentos de música sagrada que el rey había hecho para acompañar el canto que dice: «Porque su amor es eterno», cuando David cantaba con ellos. Y los sacerdotes tocaban frente a ellos las trompetas, mientras todo Israel estaba de pie."
2 Crónicas 7:7
"Salomón consagró también el centro del atrio que está frente al templo del Señor, pues allí ofreció los holocaustos y la grasa de los sacrificios de reconciliación, porque en el altar de bronce que él había construido no cabían los holocaustos, las ofrendas de cereales y la grasa."
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