Versículo destacado
2 Crónicas 6:12 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Después Salomón se puso delante del altar del Señor, en presencia de toda la comunidad israelita, y extendió las manos. "
2 Crónicas 6:12
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
10 Ahora bien, el Señor ha cumplido su promesa. Tal como dijo, yo he ocupado el lugar de David, mi padre, me he sentado en el trono de Israel y he construido un templo al Señor, el Dios de Israel.
11 Además, he puesto allí el arca donde está la alianza que el Señor hizo con los israelitas.
12 Después Salomón se puso delante del altar del Señor, en presencia de toda la comunidad israelita, y extendió las manos.
13 Estaba sobre una plataforma de bronce de dos metros veinticinco centímetros de largo, otro tanto de ancho y un metro treinta y cinco centímetros de alto, la cual había construido y colocado en medio del atrio. Luego se arrodilló delante de toda la comunidad israelita y, extendiendo las manos al cielo,
14 exclamó: Señor, Dios de Israel, ni en el cielo ni en la tierra hay un Dios como tú, que cumples tu alianza y muestras tu bondad a los que te sirven de todo corazón;
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En los versículos anteriores, Salomón ya había confirmado y sellado, por así decirlo, el acto de dedicación mediante el cual el templo fue apartado para el honor y el servicio de Dios. Ahora ofrece la oración de consagración, y en esa oración el templo se convierte en una imagen de Cristo, el gran Mediador, por medio de quien presentamos cada oración y esperamos recibir toda bendición de Dios. Ya hemos recorrido los detalles de esta oración en 1 Reyes 8, así que aquí solo reuniremos algunos puntos para reflexionar.
En primer lugar, Salomón presenta varias verdades acerca de Dios. El Dios de Israel es más grande de lo que las palabras pueden describir. No podemos definirlo por completo, pero sí sabemos que no hay nadie como él en el cielo ni en la tierra (2 Crónicas 6:14). Toda criatura tiene otras semejantes a ella, pero el Creador no tiene igual. Él está infinitamente por encima de todas las cosas y está sobre todas ellas; Dios es bendito para siempre.
También muestra que Dios siempre cumple su palabra. Todos los que le sirven con sinceridad encontrarán que él es fiel y bondadoso. Quienes tienen siempre presente a Dios y caminan delante de él con todo su corazón descubrirán que él cumple su pacto con ellos y les muestra misericordia (2 Crónicas 6:14). Él es mejor que sus promesas. Salomón también enseña que Dios es infinito e inconmensurable; ni siquiera el cielo ni el cielo de los cielos pueden contenerlo, y nada de lo que hagamos por él añade algo a su felicidad (2 Crónicas 6:18). Él está más allá de la creación y más allá de la alabanza de toda criatura racional.
Salomón enseña además que solo Dios conoce el corazón de las personas (2 Crónicas 6:30). Nuestros pensamientos, motivos y deseos están completamente expuestos delante de él. Lo que está oculto para las personas, los ángeles y los demonios no puede ocultarse de Dios. Él conoce no solo lo que hay en el corazón, sino también el corazón mismo y cada uno de sus movimientos. También enseña claramente que en esta vida nadie alcanza una perfección sin pecado (2 Crónicas 6:36). Nadie hace el bien sin pecar también, lo cual concuerda con lo que Salomón dice en otro pasaje: «Ciertamente no hay en la tierra nadie tan justo que haga el bien y nunca peque» (Eclesiastés 7:20).
En segundo lugar, Salomón imagina varios casos probables que deben tomarse en cuenta. Supone que, si surgen disputas y desacuerdos entre las personas, ambas partes estarán de acuerdo en apelar a Dios, y que se hará jurar a la persona cuyo testimonio resuelva el asunto (2 Crónicas 6:22). El respeto por un juramento es algo antiguo, y probablemente permanecerá mientras existan entre las personas la conciencia y el buen juicio. También supone que, aunque Israel disfrute de paz por un tiempo, los problemas llegarán. No pensaba que su prosperidad fuera tan firme que nunca pudiera ser sacudida, y sabía que el pecado podía hacerla tambalear.
También supone que quienes en otras ocasiones no habían orado a Dios lo buscarían con prontitud y sinceridad cuando llegaran los problemas. En medio de su angustia, confesarían sus pecados, reconocerían el nombre de Dios y pedirían misericordia. A menudo, los problemas llevan a Dios precisamente a las personas que antes le habían dicho: «Déjanos en paz» (2 Crónicas 6:24, 2 Crónicas 6:26, 2 Crónicas 6:28). Además, supone que extranjeros de tierras lejanas vendrían a adorar al Dios de Israel y a honrarlo. Era razonable esperarlo, porque los dioses de las naciones no valían nada, mientras que el Dios de Israel había demostrado ser el Señor de toda la tierra.
En tercer lugar, Salomón hace varias peticiones muy apropiadas. Le pide a Dios que reconozca esta casa como suya y mantenga sus ojos sobre ella, pues era el lugar donde había dicho que establecería su nombre (2 Crónicas 6:20). Salomón no podía pedir con fe un favor especial para esta casa por encima de todas las demás si Dios no hubiera dicho ya que sería su morada para siempre. Una oración que ha de ser contestada debe estar fundamentada en la palabra de Dios. Por eso podemos pedir con confianza que Dios nos acepte en Jesucristo, porque él ha declarado que se complace en su Hijo: «Este es mi Hijo amado». Sin embargo, no ha dicho de ninguna casa: «Este es mi lugar amado».
También le pide a Dios que escuche y acepte las oraciones ofrecidas en ese lugar o dirigidas hacia él (2 Crónicas 6:21). No le pide que los ayude aunque no oraran, sino que los ayude como respuesta a la oración. Incluso la intercesión de Cristo no reemplaza nuestras oraciones; más bien, las anima. Salomón le pide a Dios que escuche desde su morada, es decir, desde el cielo. El cielo sigue siendo la morada de Dios, no el templo, y la ayuda debe venir de allí. «Cuando escuches, perdona». El perdón de los pecados despeja el camino para toda otra respuesta a la oración. Quita la principal barrera y la mantiene removida.
Salomón también pide que Dios juzgue con justicia cada caso que se presente ante él (2 Crónicas 6:23, 2 Crónicas 6:30). Podemos orar por esto con fe, porque sabemos que ciertamente sucederá. Dios está sentado en el trono y juzga rectamente. Salomón pide que Dios vuelva a mostrar misericordia a su pueblo cuando se arrepientan, abandonen sus pecados y lo busquen (2 Crónicas 6:25, 2 Crónicas 6:27, 2 Crónicas 6:38, 2 Crónicas 6:39). También podemos orar por esto con fe, porque Dios ha declarado muchas veces que está dispuesto a recibir a quienes vuelven a él.
Pide que Dios reciba a los extranjeros en esta casa y responda sus oraciones (2 Crónicas 6:33). Si debía haber una misma ley para el nativo y el extranjero en cuanto al deber, ¿por qué no habría de haber también una misma ley para ambos en cuanto al privilegio (Levítico 24:22)? También pide que Dios defienda en toda ocasión a su pueblo Israel contra todos los que se le opongan (2 Crónicas 6:35). «Defiende su causa», y vuelve a decirlo en (2 Crónicas 6:39). Si ellos son el Israel de Dios, entonces su causa es la causa de Dios, y él la defenderá.
Salomón termina esta oración con palabras que había aprendido de su buen padre y tomado de uno de sus salmos. No las encontramos en Reyes, pero sí aquí (2 Crónicas 6:41, 2 Crónicas 6:42). Toda la Palabra de Dios nos ayuda a orar, y ¿qué mejor lenguaje podríamos usar delante de Dios que el lenguaje de su propio Espíritu? Estas palabras eran especialmente apropiadas para Salomón, porque señalaban precisamente la obra que estaba realizando. También las encontramos en (Salmo 132:8-10).
Primero ora para que Dios tome posesión del templo y permanezca en él, convirtiéndolo en su morada. «Tú y el arca», está diciendo, porque ¿de qué sirve el arca sin el Dios del arca, o los servicios del templo sin el Dios de esos servicios? En segundo lugar, pide que Dios haga de los ministros del templo una bendición pública: que los «vista de salvación», lo cual significa no solo salvarlos, sino también hacerlos útiles para salvar a otros al ofrecer sacrificios justos. En tercer lugar, pide que el servicio del templo conduzca al gozo y la satisfacción de todo el pueblo del Señor. «Que tus santos se regocijen en tu bondad», es decir, en la bondad de tu casa (Salmo 65:4). Que todos los que vengan a adorar aquí se marchen llenos de alegría, como lo hizo el eunuco.
Concluye insistiendo en dos cosas. Una tiene que ver con su propia relación con Dios, al pedir: «No rechaces a tu ungido».
«Señor, tú me has nombrado rey; ¿acaso no me reconocerás?». Luego Salomón se refiere al pacto de Dios con su padre. Dice: «Acuérdate de las misericordias que prometiste a David tu siervo». Algunos entienden que esto se refiere a la devoción de David a Dios, al amoroso cuidado que tuvo del arca y a su preocupación por ella, como en el Salmo 132:1-2 y los versículos siguientes. Otros entienden que se refiere a las promesas de Dios a David, que fueron regalos misericordiosos para él y un firme apoyo en todas sus dificultades.
Nosotros también podemos orar estas palabras con la mirada puesta en Cristo. Merecemos que Dios aparte de nosotros su rostro, nos rechace y rechace nuestras oraciones. Pero venimos en el nombre del Señor Jesús, el Ungido de Dios, su Mesías, su Cristo; y el Padre siempre lo escucha, pues nunca aparta su rostro de él. No tenemos una justicia propia que ofrecer, así que decimos: «Señor, acuérdate de las misericordias que prometiste a David tu siervo».
Cristo es el siervo de Dios (Isaías 42:1), y es llamado David (Oseas 3:5). Por eso podemos orar: «Señor, acuérdate de sus misericordias y acéptanos por causa de ellas». Acuérdate de su profundo interés por el honor de su Padre y por la salvación de la humanidad; recuerda lo que hizo y sufrió movido por ese amor. Recuerda también las promesas del pacto eterno, que la gracia gratuita nos ha dado en Cristo y que son llamadas «las misericordias firmes prometidas a David» (Isaías 55:3; Hechos 13:34). Este debe ser todo nuestro deseo y esperanza, toda nuestra oración y súplica, porque es toda nuestra salvación.
De este capítulo
2 Crónicas 6:1
"Entonces Salomón dijo: Tú, Señor, has dicho que habitas en la oscuridad."
2 Crónicas 6:2
"Pero yo te he construido un templo para que lo habites, un lugar donde vivas para siempre."
2 Crónicas 6:3
"Luego el rey se volvió hacia toda la comunidad israelita, que estaba de pie frente a él, y la bendijo"
2 Crónicas 6:4
"diciendo: Bendito sea el Señor, Dios de Israel, que ha cumplido lo que prometió a David, mi padre, cuando le dijo:"
2 Crónicas 6:5
"“Desde el día en que saqué de Egipto a mi pueblo, yo no había escogido ninguna ciudad entre todas las tribus de Israel para que en ella se construyera un templo donde residiera mi nombre, ni había escogido a ningún hombre para que fuera el guía de mi pueblo Israel,"
2 Crónicas 6:6
"pero escogí a Jerusalén para que mi nombre residiera allí, y escogí a David para que gobernara a mi pueblo Israel.”"
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