Versículo destacado
1 Tesalonicenses 4:13 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
Hermanos, no queremos que se queden sin saber lo que sucede con los muertos, para que no se entristezcan como los otros, los que no tienen esperanza.
1 Tesalonicenses 4:13
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
12 para que los de fuera los respeten y ustedes no tengan que depender de nadie.
13 Hermanos, no queremos que se queden sin saber lo que sucede con los muertos, para que no se entristezcan como los otros, los que no tienen esperanza.
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Con estas palabras, el apóstol consuela a los tesalonicenses que estaban de duelo por amigos y familiares que habían muerto en el Señor. Quiere evitar que su tristeza llegue demasiado lejos. No está mal llorar la muerte de nuestros seres queridos. Podemos llorar por nuestra propia pérdida, aunque no lloremos por la de ellos. Pero nuestro dolor no debe volverse excesivo.
Ese dolor puede dar la impresión de que no tenemos esperanza, como dice Pablo aquí (1 Tesalonicenses 4:13). Se parece demasiado al de los paganos, que no tenían esperanza de una vida después de esta. Los cristianos tenemos una esperanza segura: la vida eterna después de la muerte, que Dios, quien no puede mentir, nos ha prometido. Esa esperanza debe moderar tanto nuestras alegrías como nuestras tristezas cuando cambian las circunstancias terrenales. Es más que suficiente para compensar cada pérdida que sufrimos en esta vida presente.
Esta tristeza también surge de la ignorancia acerca de quienes han muerto (1 Tesalonicenses 4:13). Hay muchas cosas que no sabemos sobre los muertos, porque han entrado en una región de oscuridad, donde tenemos poco entendimiento y ningún contacto. Ir entre los muertos es entrar en un lugar habitado por personas que no conocemos y en un estado que no entendemos. La muerte misma es desconocida para nosotros, y la condición posterior a la muerte todavía permanece parcialmente oculta. Sin embargo, hay cosas que debemos saber acerca de quienes mueren en el Señor; si las comprendemos verdaderamente, aliviarán nuestro dolor.
Primero, duermen en Jesús. Duermen en Cristo (1 Tesalonicenses 4:13; 1 Corintios 15:18). La muerte no los destruye. Para ellos, es solo un sueño, un descanso tranquilo. Han dejado este mundo lleno de dificultades para descansar de sus trabajos y sufrimientos, y duermen en Jesús (1 Tesalonicenses 4:14). Todavía le pertenecen, así que duermen bajo su cuidado y protección. Sus almas están con él, y sus cuerpos están seguros bajo su poder. No están perdidos ni han salido perdiendo. En realidad, la muerte solo los ha llevado a un lugar mejor.
Segundo, serán resucitados de entre los muertos y despertados de su sueño, porque Dios los llevará consigo (1 Tesalonicenses 4:14). Ahora están con Dios, y allí se encuentran mejor que cuando estaban aquí. Cuando Dios venga, los llevará consigo. La enseñanza de la resurrección y del regreso de Cristo es un gran consuelo frente al temor de la muerte y la profunda tristeza por los amigos cristianos que han muerto. Podemos confiar plenamente en esta enseñanza porque creemos que Jesús murió y resucitó (1 Tesalonicenses 4:14). Pablo da por sentado que los tesalonicenses ya conocían y creían esto. La muerte y la resurrección de Cristo son verdades fundamentales de la fe cristiana, y nos dan esperanza de una resurrección gozosa. Puesto que Cristo ha resucitado de entre los muertos, es las primicias de los que han dormido (1 Corintios 15:18, 20). Por eso, quienes duermen en él no han perecido ni están perdidos. Su resurrección confirma todo lo que anuncia el evangelio y hace resplandecer con claridad la vida y la inmortalidad.
Tercero, su condición será gloriosa y dichosa cuando Cristo regrese. Pablo afirma esto por la palabra del Señor (1 Tesalonicenses 4:15), es decir, por una revelación directa de Jesús. La resurrección y la vida futura de bendición ya se conocían en el Antiguo Testamento, pero el evangelio las revela con mucha mayor claridad. Por esta palabra del Señor sabemos que Jesús mismo descenderá del cielo con la gloria y el poder del mundo celestial (1 Tesalonicenses 4:16). El Señor mismo descenderá del cielo con un grito de mando. Después de su resurrección, subió al cielo y atravesó los cielos visibles hasta el tercer cielo, donde permanece hasta que todas las cosas sean restauradas. Entonces volverá con gloria. Descenderá hasta nuestro aire (1 Tesalonicenses 4:17). Su venida será pública y poderosa: vendrá con el grito de un rey y conquistador, con la voz del arcángel y con la trompeta de Dios. Una multitud innumerable de ángeles lo acompañará. Es posible que uno de ellos dé la señal de su llegada, y la trompeta anuncie su gran aparición.
Entonces los muertos serán resucitados. Los muertos en Cristo resucitarán primero (1 Tesalonicenses 4:16), antes de que sean transformados los que estén vivos cuando Cristo venga. Así que los que estén vivos en su venida no se adelantarán a los que duermen (1 Tesalonicenses 4:15). El primer cuidado de Cristo ese día será por sus santos muertos. Los resucitará antes de que ocurra el gran cambio en los que todavía estén vivos. De esa manera, los que no murieron no tendrán un privilegio mayor que los que se durmieron en Jesús.
Después, los que todavía estén vivos serán transformados. Serán llevados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire (1 Tesalonicenses 4:17). Justo antes de ser llevados a las nubes, o en el momento mismo de hacerlo, experimentarán un gran cambio, semejante a la muerte, aunque no será la muerte misma. Este cambio es un misterio, y sabemos poco acerca de él (1 Corintios 15:51). En términos generales, este cuerpo mortal tiene que vestirse de inmortalidad, y estos cuerpos serán hechos aptos para el reino de Dios, porque la carne y la sangre en su estado actual no pueden heredar ese reino. Este cambio ocurrirá en un instante, en un abrir y cerrar de ojos (1 Corintios 15:52), precisamente en el momento de la resurrección de los que duermen en Jesús, o muy poco después. Entonces los que hayan sido resucitados y los que hayan sido transformados se reunirán en las nubes, y allí recibirán al Señor. Le darán la bienvenida en su venida, recibirán la corona de gloria que él les dará y participarán con él en el juicio. Aprobarán la sentencia que él pronunciará contra el príncipe de la potestad del aire y contra todos los malvados, quienes serán condenados a destrucción junto con el diablo y sus ángeles.
Esta es la esperanza bienaventurada de los santos en aquel día: estarán siempre con el Señor (1 Tesalonicenses 4:17). Parte de su gozo será que todos los santos se reunirán y permanecerán juntos para siempre. Pero la felicidad más grande del cielo consiste en esto: estar con el Señor, verlo, vivir con él y disfrutar de él para siempre.
Esto debe consolar a los creyentes cuando mueren sus seres queridos. La muerte los ha separado por un tiempo, pero sus almas y sus cuerpos volverán a reunirse. Nosotros y ellos volveremos a encontrarnos. Nosotros y ellos, junto con todos los santos, nos reuniremos con el Señor y estaremos con él para siempre, sin volver a ser separados de él ni unos de otros.
Por eso el apóstol quiere que nos consolemos unos a otros con estas palabras (1 Tesalonicenses 4:18). Debemos procurar apoyarnos mutuamente en los momentos de duelo. No debemos desanimarnos unos a otros ni debilitarnos mutuamente. En cambio, debemos consolarnos. Podemos hacerlo reflexionando seriamente y hablando juntos acerca de las muchas verdades alentadoras que enseñan la resurrección de los muertos, la segunda venida de Cristo y la gloria de los santos en aquel día.
De este capítulo
1 Tesalonicenses 4:1
"Ahora, hermanos, les rogamos y les encargamos esto en el nombre del Señor Jesús: que sigan progresando cada día más en la manera de comportarse que aprendieron de nosotros para agradar a Dios, como ya lo están haciendo."
1 Tesalonicenses 4:2
"Ustedes conocen las instrucciones que les dimos por la autoridad del Señor Jesús."
1 Tesalonicenses 4:3
"Lo que Dios quiere es que ustedes lleven una vida santa y que nadie cometa inmoralidades sexuales;"
1 Tesalonicenses 4:4
"que cada uno sepa dominar su propio cuerpo de manera santa y respetuosa,"
1 Tesalonicenses 4:5
"no con pasión y malos deseos, como la gente que no conoce a Dios."
1 Tesalonicenses 4:6
"Que nadie abuse de su prójimo ni lo engañe en este asunto, porque el Señor castiga duramente todo esto, como ya les hemos advertido."
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