Versículo destacado

1 Samuel 9:18 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

" Ya en la entrada del pueblo, Saúl se acercó a Samuel y le dijo: —Por favor, indíqueme usted dónde está la casa del vidente. "

1 Samuel 9:18

menu_book El versículo en contexto

16 «Mañana, a esta misma hora, te mandaré un hombre de la región de Benjamín, a quien deberás consagrar como gobernante de mi pueblo Israel. Él lo librará del dominio de los filisteos, porque me he compadecido de mi pueblo cuando sus quejas han llegado hasta mí.»

17 Cuando Samuel vio a Saúl, el Señor le dijo: «Ahí tienes al hombre de quien te hablé. Este gobernará a mi pueblo.»

18 Ya en la entrada del pueblo, Saúl se acercó a Samuel y le dijo: —Por favor, indíqueme usted dónde está la casa del vidente.

19 —Yo soy el vidente —respondió Samuel—. Sube delante de mí al santuario y come hoy conmigo allí. Mañana temprano te contestaré todo lo que quieras preguntarme, y luego te dejaré marchar.

20 En cuanto a las asnas que se te perdieron hace tres días, no te preocupes por ellas, porque ya las han encontrado. Además, todo lo más deseable de Israel será para ti y para tu familia.

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Cuando la providencia de Dios finalmente reunió a Samuel y Saúl, se nos cuenta lo que ocurrió en la puerta de la ciudad, durante el banquete y después en privado.

En la puerta de la ciudad, Saúl se encontró con Samuel (1 Samuel 9:18), pero no se dio cuenta de quién era. Le preguntó dónde estaba la casa del vidente, es decir, la casa de Samuel, porque esperaba encontrarlo allí. Esto muestra lo sencillo que parecía Samuel, a pesar de ser un hombre tan importante. No hacía alarde, no tenía asistentes, señales de autoridad ni ropa especial, ni siquiera cuando iba a adorar. A Saúl le habían dicho que conocería a Samuel, pero no sospechó que el hombre que tenía delante era el profeta. Muchas veces, un gran valor se esconde bajo una apariencia completamente ordinaria.

Samuel sabía que Saúl necesitaba encontrar al hombre, no la casa, así que le respondió: «Yo soy el vidente que estás buscando» (1 Samuel 9:19). Samuel conocía a Saúl antes de que Saúl conociera a Samuel. De la misma manera, todos los que son llamados a la gloria del cielo fueron conocidos primero por Dios (Gálatas 4:9). Entonces Samuel le pidió a Saúl que se quedara con él hasta el día siguiente. La mayor parte de ese día ya se había dedicado al sacrificio, y el resto se usaría para la comunión santa; por eso Samuel le dijo: «Mañana te dejaré ir». Lo apartó de su preocupación por las asnas y lo condujo hacia la oración y la conversación con Dios.

Samuel también tranquilizó a Saúl respecto a las asnas. Le dijo: «No te preocupes. Ya las encontraron» (1 Samuel 9:20). Esto le mostró a Saúl que Samuel era profeta, porque Samuel respondió una pregunta que Saúl ni siquiera había expresado en voz alta. Saúl podía aprender de esto que, si un hombre de Dios podía conocer algo así, Dios mismo entiende nuestros pensamientos mucho mejor.

Entonces Samuel le dio a Saúl una sorprendente señal sobre su futuro. Le preguntó: «¿Y para quién es todo lo que Israel desea, si no es para ti y para toda la familia de tu padre?». En otras palabras, Samuel le estaba diciendo que Israel quería un rey y que Saúl era el hombre que Dios tenía en mente. La nación todavía no había puesto sus esperanzas en Saúl, porque había dejado la elección en manos de Dios. Pero Saúl era precisamente el tipo de hombre que ellos querrían, y su ascenso también elevaría a su familia.

Saúl respondió con mucha humildad (1 Samuel 9:21). Pensó que Samuel estaba hablando con ligereza porque él era un hombre alto, aunque parecía poco probable que fuera rey. Señaló que pertenecía a Benjamín, el hijo menor de Jacob, a quien todavía se le había llamado «el menor» cuando ya era adulto (Génesis 44:20). Esa tribu se había debilitado por la guerra de Guibeá, y Saúl dijo que su familia era la menos importante de Benjamín. Gedeón había hablado de manera parecida (Jueces 6:15). Un espíritu humilde suele ser una buena señal de un honor futuro.

En el banquete público, Samuel llevó consigo a Saúl y a su criado. El ascenso de Saúl significaría que Samuel sería reemplazado, pero Samuel no le tuvo envidia ni lo trató con frialdad. Más bien, fue el primero en honrarlo, porque se estaba sometiendo a la voluntad de Dios. Si aquel era el hombre que Dios había escogido, entonces era bienvenido a la mesa de Samuel. También fue bondadoso darle de comer, pues las palabras de Saúl parecen indicar que tanto sus provisiones como su dinero se habían terminado (1 Samuel 9:7). Pero Samuel hizo más que suplir una necesidad. Trató a Saúl como a un hombre de autoridad, para que tanto Saúl como el pueblo estuvieran preparados para lo que estaba por suceder.

Samuel le dio a Saúl dos muestras de honor. Primero, lo sentó en el mejor lugar, por encima de los demás invitados. Esto se parecía a la enseñanza: «Cedele a este hombre el lugar de honor» (Lucas 14:9). Aunque los líderes de la ciudad estuvieran presentes y normalmente reclamaran los lugares más importantes, Samuel colocó a Saúl y a su criado en el puesto principal (1 Samuel 9:22). Debe mostrarse honor civil a quienes la providencia de Dios ha puesto en primer lugar en los asuntos civiles.

Segundo, Samuel le dio a Saúl la mejor porción de la comida, la parte que había apartado después de que Dios le revelara el día anterior que Saúl venía (1 Samuel 9:16). Cuando invitó a los huéspedes y se preparó la comida, le había dicho al cocinero que la guardara. La porción especial no era un platillo rico o sofisticado, sino una paletilla de carne (1 Samuel 9:23, 1 Samuel 9:24). La paletilla derecha de los sacrificios de paz pertenecía a los sacerdotes, quienes recibían los dones de Dios (Levítico 7:32). Es probable que la siguiente mejor porción fuera la paletilla izquierda, que parece haber sido la parte que Samuel recibía normalmente. Al dársela a Saúl, Samuel estaba cediendo discretamente su propio lugar.

Algunos han visto un significado en ese alimento. La paletilla puede representar la fuerza, y el pecho, el amor y el cuidado. Un rey debe llevar sobre sus hombros el peso del gobierno, porque tiene que cargar con esa responsabilidad. También debe llevar al pueblo cerca de su corazón, porque el pueblo debe serle querido.

Después vino lo que ocurrió entre ellos en privado. Esa tarde y de nuevo temprano a la mañana siguiente, Samuel habló con Saúl en la azotea plana de la casa (1 Samuel 9:25, 1 Samuel 9:26). Probablemente Samuel le contó toda la historia del deseo del pueblo de tener un rey, por qué lo querían y cómo Dios había concedido su petición. Saúl, por vivir de manera tan apartada, quizá no conocía esos detalles. Samuel le aseguró que él era el hombre que Dios había escogido para gobernar a Israel. Si Saúl se preocupaba pensando que Samuel ya ocupaba el cargo y que estaría mal quitárselo, es probable que Samuel le dejara claro que estaba dispuesto a hacerse a un lado.

Temprano por la mañana, Samuel despidió a Saúl y lo acompañó durante parte del camino. Después le dijo a Saúl que enviara a su criado delante de ellos para que pudieran hablar en privado (1 Samuel 9:27). Allí, como comienza el capítulo siguiente, Samuel ungió a Saúl y le mostró la palabra del Señor, es decir, le dio plena confirmación de que era el rey escogido. Samuel no habría realizado en broma un acto tan santo. Es mediante la unción del Espíritu Santo que Cristo, el gran profeta, nos da a conocer la palabra del Señor (1 Juan 2:27). Esa misma unción enseña todas las cosas a los creyentes.

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