Versículo destacado
1 Samuel 6:10 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Aquellos hombres lo hicieron así. Tomaron dos vacas que estaban criando y, después de encerrar a sus becerros en el establo, las uncieron a la carreta; "
1 Samuel 6:10
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
8 Luego tomen el arca del Señor y pónganlo en la carreta, colocando a un lado, dentro de una caja, los objetos de oro que van a ofrecerle en desagravio. Después dejen que la carreta se vaya sola.
9 Pero fíjense en esto: si la carreta toma la dirección de Bet-semes, su propia tierra, significa que el Dios de Israel ha sido la causa de nuestra gran desgracia; de lo contrario, sabremos que no fue él quien nos castigó, sino que lo ocurrido fue un accidente.
10 Aquellos hombres lo hicieron así. Tomaron dos vacas que estaban criando y, después de encerrar a sus becerros en el establo, las uncieron a la carreta;
11 luego pusieron el arca del Señor en la carreta, junto con la caja donde estaban los ratones de oro y las figuras de los tumores.
12 Después, las vacas echaron a andar por el camino que va a Bet-semes, mugiendo y siguiendo una dirección fija, sin desviarse hacia ningún lado. Los jefes de los filisteos caminaron detrás de ellas hasta la frontera de Bet-semes.
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Aquí se nos dice cómo los filisteos enviaron el arca de regreso y cómo la recibió Israel. Los filisteos estaban tan contentos de deshacerse de ella como antes habían estado ansiosos por apoderarse de ella. Dios había sacado a su pueblo de la esclavitud en Egipto, y ahora sacaba el arca del cautiverio de una manera que demostraba su poder, así como Egipto se alegró cuando Israel se fue (Salmo 105:38).
No recibieron ningún rescate por ella, aunque esperaban un pago abundante, incluso mayor que el rescate de un rey. En ese sentido, su avaricia quedó en nada. Hasta enviaron regalos de oro con el arca, como en otro tiempo los egipcios habían dado regalos a los israelitas para que se fueran. El arca había entrado en territorio filisteo como señal de victoria, pero regresó con sus propios trofeos, como marcas permanentes de la vergüenza de los filisteos. Al final, Dios no permitirá que sus enemigos le quiten la honra por haber dañado su arca o su iglesia. Él convertirá sus intentos de deshonrarlo en una manera de mostrar su gloria.
Las vacas llevaron el arca directamente a Bet-semes, la ciudad israelita más cercana y una ciudad de sacerdotes, sin desviarse. Esto mostró de manera impresionante el poder de Dios sobre los animales. Aquellas vacas no estaban entrenadas para llevar un yugo; sin embargo, caminaron firmemente hacia adelante sin guía, dejando atrás su casa y sus terneros. Siguieron el camino recto, no se desviaron hacia los campos para alimentarse ni regresaron junto a sus crías. Mientras avanzaban, mugían por sus terneros; así quedó claro que su naturaleza todavía sentía el dolor de la separación, lo cual hacía aún más admirable el dominio de Dios sobre ellas.
El doctor Lightfoot dice que aquellas dos vacas conocían a su verdadero dueño, el gran Dueño a quien ni siquiera Israel había honrado debidamente (Isaías 1:3). De esta manera, el arca regresó a casa para avergonzar la indiferencia de Israel, pues el pueblo no había hecho ningún esfuerzo por recuperarla. La providencia de Dios obra incluso por medio de los movimientos de criaturas irracionales, y las usa para cumplir sus propósitos. Los gobernantes filisteos siguieron detrás con sus acompañantes, asombrados ante el poder del Dios de Israel. Quienes habían esperado marchar triunfalmente detrás del arca terminaron siguiéndola como siervos.
Los hombres de Bet-semes estaban trabajando en la cosecha de trigo cuando llegó el arca. Estaban ocupados en sus propias labores y no habían estado pensando en ella. Si les hubiera importado lo suficiente como para preguntar, quizá habrían recibido aviso y salido a encontrarse con el arca. En cambio, fueron tan descuidados como quienes gastan dinero en sus propias casas mientras dejan en ruinas la casa de Dios. Aun así, Dios libró a su iglesia en el momento que él había determinado, aunque los enemigos se opusieran y sus propios amigos la descuidaran.
Algunos han observado que el arca encontró a los hombres de Bet-semes trabajando, no ociosos en las calles. Esto concuerda con la manera en que Dios suele mostrar su bondad a quienes son diligentes. Los pastores escucharon la noticia del nacimiento de Cristo mientras vigilaban sus rebaños durante la noche. Las personas ociosas se convierten en blancos fáciles de las tentaciones del diablo, mientras que Dios a menudo visita con su favor a quienes están trabajando. La misma mano invisible que guio a las vacas llevó el arca al campo de Josué. Algunos piensan que se detuvo allí porque Josué era un hombre bueno y Dios quería honrarlo. Es más probable que se detuviera por causa de la gran piedra que había en aquel campo, un lugar apropiado para colocar el arca.
Cuando los segadores vieron el arca, se alegraron, y su gozo fue mayor que la alegría de la cosecha misma. Dejaron su trabajo para recibirla. Cuando el Señor hizo volver el arca del cautiverio, se sintieron como quienes despiertan de un sueño, y sus bocas se llenaron de risa (Salmo 126:1-2). No habían mostrado suficiente celo para rescatarla ni pagar un rescate por ella, pero cuando regresó a casa, la recibieron con alegría. El regreso del arca, y el restablecimiento del culto santo después de un largo tiempo de aflicción y limitaciones, debió haber producido gran gozo en todo israelita fiel.
Ofrecieron las vacas como holocausto a Dios y usaron la madera del carro para encender el fuego. Es posible que los filisteos hubieran destinado los animales y el carro a formar parte de su ofrenda por la culpa, para hacer reparación por su pecado (1 Samuel 6:3, 7). En cualquier caso, los hombres de Bet-semes consideraron que eran apropiados para este uso, pues ya no habría sido correcto emplearlos en labores comunes. Un carro que había llevado la señal sagrada de la presencia de Dios no debía llevar después nada común. Además, como las vacas habían sido guiadas tan directamente por el cielo, por así decirlo, Dios ya las había reclamado. Eran sus siervas, y por eso se convirtieron en su sacrificio. Aunque normalmente los holocaustos se ofrecían con animales machos, sin duda Dios aceptó estas vacas porque se trataba de una situación excepcional.
Después colocaron el arca, junto con el cofre que contenía los regalos de oro de los filisteos, sobre la gran piedra que había en el campo abierto. Era un lugar pobre y frío para que descansara el arca del Señor, pero aun así era mucho mejor que estar en el templo de Dagón o en manos de los filisteos. Debemos desear ver el arca entre el pueblo de Dios, rodeada de toda la honra y la belleza debidas; sin embargo, es mejor tenerla sobre una gran piedra en el campo que no tenerla en absoluto. El valor del culto establecido por Dios no debe parecernos menor por llevarse a cabo en un lugar humilde.
La quema del carro y de las vacas pudo haber expresado la esperanza de que el arca nunca volviera a salir de Israel. Colocar el arca sobre la gran piedra pudo haber expresado la esperanza de que ahora permaneciera otra vez sobre un fundamento firme. La iglesia está edificada sobre una roca.
También ofrecieron sacrificios de acción de gracias a Dios. Algunos piensan que los ofrecieron sobre la gran piedra, aunque es más probable que lo hicieran sobre un altar de tierra preparado para ese propósito (1 Samuel 6:15). Como se trataba de una situación extraordinaria, se dejó de lado la ley habitual que exigía ofrecer los sacrificios en el altar del tabernáculo. Esto fue más fácil porque Siló había quedado vacío, ya que Dios mismo se había apartado de allí, y el arca, su principal gloria, estaba ahora con ellos.
Bet-semes, aunque se encontraba en el territorio de Dan, pertenecía a Judá. Por eso, la llegada aparentemente accidental del arca a ese lugar era una señal de que, con el tiempo, Dios había dispuesto que se estableciera allí. Cuando Dios rechazó el tabernáculo de José, escogió a la tribu de Judá (Salmo 78:67-68). Bet-semes era una de las ciudades asignadas a los descendientes de Aarón, los sacerdotes, dentro del territorio de Judá (Josué 21:16). ¿Adónde debía ir el arca sino a una ciudad sacerdotal? Fue bueno que allí estuvieran preparados hombres que ocupaban ese santo oficio. En 1 Samuel 6:15 se les llama levitas, pero parece que eran sacerdotes, tanto para bajar el arca como para ofrecer los sacrificios.
Los gobernantes filisteos regresaron a Ecrón, probablemente profundamente impactados por lo que habían visto de la gloria de Dios y de la devoción de Israel. Sin embargo, no abandonaron a Dagón, su ídolo, pues la gente rara vez cambia de dioses, aun cuando esos dioses no sean dioses en absoluto (Jeremías 2:11). No podían dejar de reconocer que el Dios de Israel era santo y digno de reverencia, pero aun así se aferraron a Baal-zebub, el dios de Ecrón, como si fuera por lo menos tan bueno como el Dios de Israel. Se mantuvieron fieles a él porque era su propio dios.
El relato también señala que la gran piedra permaneció en el mismo lugar y que allí seguía hasta el día en que se escribió (1 Samuel 6:18). Quedó como un memorial permanente de este gran acontecimiento y ayudó a confirmar la historia transmitida a las generaciones posteriores. Los padres podían señalarla y decirles a sus hijos: «Esta es la piedra donde colocaron el arca de Dios cuando regresó de manos de los filisteos; es algo que nunca debe olvidarse».
De este capítulo
1 Samuel 6:1
"El arca del Señor había permanecido siete meses en territorio filisteo."
1 Samuel 6:2
"Los filisteos convocaron a los sacerdotes y adivinos para preguntarles: «¿Qué haremos con el arca del Señor? Dígannos cómo debemos devolverlo a su lugar»."
1 Samuel 6:3
"Ellos les contestaron: «Si devuelven el arca del Dios de Israel, no lo manden sin nada, sino ofrezcan algo en desagravio al Señor. Entonces ustedes volverán a estar sanos y comprenderán por qué no ha dejado de castigarlos»."
1 Samuel 6:4
"«¿Qué podemos ofrecerle en desagravio?», preguntaron los filisteos. «Cinco figuras de oro en forma de tumor —contestaron los sacerdotes—, una por cada jefe filisteo, y cinco ratones del mismo metal, ya que ustedes y sus jefes sufren la misma plaga»."
1 Samuel 6:5
"Por consiguiente, hagan figuras de los tumores y de los ratones que destrozan el país, y den honra al Dios de Israel; pues tal vez deje de castigarlos a ustedes, a sus dioses y a su tierra."
1 Samuel 6:6
"¿Por qué tienen ustedes que ser testarudos, como lo fueron los egipcios y el faraón, que solo dejaron ir a los israelitas cuando el Dios de Israel los trató con dureza?"
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