Versículo destacado
1 Samuel 6:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" El arca del Señor había permanecido siete meses en territorio filisteo. "
1 Samuel 6:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 El arca del Señor había permanecido siete meses en territorio filisteo.
2 Los filisteos convocaron a los sacerdotes y adivinos para preguntarles: «¿Qué haremos con el arca del Señor? Dígannos cómo debemos devolverlo a su lugar».
3 Ellos les contestaron: «Si devuelven el arca del Dios de Israel, no lo manden sin nada, sino ofrezcan algo en desagravio al Señor. Entonces ustedes volverán a estar sanos y comprenderán por qué no ha dejado de castigarlos».
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Las primeras palabras del capítulo nos dicen cuánto tiempo permaneció el arca en cautiverio: estuvo siete meses en el territorio de los filisteos. La frase hebrea también puede significar «en campo abierto, en territorio filisteo», y algunos piensan que, después de llevar el arca por todas sus ciudades y comprobar que en cada lugar había causado una plaga, finalmente la sacaron al campo. Entonces aparecieron grandes cantidades de ratones que destruyeron las cosechas casi maduras y arruinaron la tierra. Ese juicio se menciona en 1 Samuel 6:5, aunque no se había mencionado en el capítulo anterior.
De cualquier manera, Dios les estaba enseñando que, adondequiera que llevaran el arca, mientras la mantuvieran cautiva, esta les traería maldición: «Maldito serás en la ciudad y maldito serás en el campo» (Deuteronomio 28:16). Aun así, la mayoría entiende la frase tal como suele traducirse: «el territorio de los filisteos».
Pasaron siete meses mientras Israel sufría la pérdida del arca, la señal especial de la presencia de Dios. ¡Qué vacío debió parecer el tabernáculo sin ella! ¡Qué desolada debió sentirse la ciudad santa, y qué semejante a un desierto debió parecer la tierra santa! Sin duda fue un tiempo triste para los fieles, especialmente para Samuel. Sin embargo, tenían este consuelo, y nosotros también lo tenemos cuando perdemos la bendición del culto público: dondequiera que esté el arca, el Señor está en su santo templo; el trono del Señor está en el cielo, y por la fe y la oración todavía podemos acercarnos a él allí con confianza. Podemos estar cerca de Dios aun cuando el arca esté lejos.
Durante siete meses, los filisteos fueron castigados por la presencia del arca porque no quisieron devolverla antes. Con frecuencia, los pecadores hacen que sus propios problemas duren más al negarse obstinadamente a abandonar sus pecados. El corazón endurecido del faraón habría provocado menos plagas si hubiera dejado ir antes a Israel. Finalmente, los filisteos decidieron que el arca debía ser devuelta. No tenían otra opción, porque sabían que estaban perdidos si la conservaban.
Consultaron a los sacerdotes y a los adivinos sobre este asunto (1 Samuel 6:2). Se creía que ellos conocían tanto la sabiduría como la manera de rendir culto, incluida la forma de hacer reparación ante un dios ofendido. Como Israel vivía cerca y era conocido por sus leyes y prácticas religiosas, es probable que los filisteos quisieran saber qué exigía el Dios de Israel. Por eso preguntaron: «¿Qué haremos con el arca del Señor?». En todas las naciones, la gente ha respetado a sus sacerdotes como aquellos cuyos labios conservan el conocimiento. Los filisteos tenían a sus adivinos, y nosotros también debemos buscar instrucción sabia en quienes saben cómo acercarse al Señor y postrarse ante el Dios Altísimo.
El consejo que recibieron fue detallado y parece haber sido unánime. Sorprende que no lo hubieran ofrecido por iniciativa propia, como un deber para con su nación, antes de que se los preguntaran. Primero, insistieron en que el arca debía ser devuelta y señalaron como ejemplo al faraón y a los egipcios (1 Samuel 6:6). Algunos quizá querían conservarla un poco más y ponerla a prueba nuevamente, pero los sacerdotes les advirtieron: «¿Por qué endurecen su corazón como lo hicieron los egipcios y el faraón?». Conocían la historia de Moisés y podían citar las lecciones que contenía. Nosotros también debemos aprender de los juicios de Dios sobre los pecadores obstinados. Se nos advierte que no endurezcamos el corazón como ellos. Es mucho menos costoso aprender de la experiencia de otros que de la nuestra. Puesto que los egipcios finalmente fueron obligados a dejar ir a Israel, los filisteos debían ceder a tiempo y dejar ir el arca.
Segundo, dijeron que, al devolver el arca, debían enviarla con una ofrenda por la culpa (1 Samuel 6:3). Fuera como fueran sus otros dioses, sabían que el Dios de Israel era un Dios celoso, estricto en cuanto a las ofrendas por el pecado y por la culpa que exigía de su pueblo. Al ver cuán profundamente se había ofendido por mantener cautiva su arca, concluyeron que debían devolverla con una ofrenda por la culpa. No creían que pudieran ser sanados bajo ninguna otra condición. La justicia herida exige satisfacción. La razón natural podía reconocer eso. Pero cuando intentaron decidir cómo debía ser esa satisfacción, demostraron cuán equivocada era su manera de pensar. Aun así, cualquiera que, por su pecado deliberado, haya aprisionado la verdad al practicar la maldad, como los filisteos aprisionaron el arca (Romanos 1:18), puede reconocer con razón que la paz con el Dios al que ha ofendido solo puede venir mediante una ofrenda por el pecado. Y nosotros sabemos que solo hay uno que puede quitar el pecado.
Tercero, dijeron que esta ofrenda debía reconocer el castigo por su pecado y avergonzarlos delante de Dios (1 Samuel 6:5). Debían hacer imágenes de los tumores, las llagas hinchadas con las que habían sido heridos. Al hacerlo, mantendrían presente, por medio de su propia acción, la vergüenza de aquella dolorosa enfermedad (Salmo 78:66). También debían hacer imágenes de los ratones que habían arruinado la tierra, reconociendo el gran poder del Dios de Israel, quien podía humillarlos aun en el día de su prosperidad mediante criaturas pequeñas y aparentemente débiles. Esas imágenes debían hacerse de oro, el metal más valioso. Así mostrarían que estaban dispuestos a comprar la paz con el Dios de Israel a cualquier precio y que no considerarían demasiado costoso pagar con oro, incluso con oro fino.
Las imágenes de oro de los tumores debían ser cinco, una por cada gobernante filisteo, quienes probablemente habían sido afectados y estaban dispuestos a reconocerlo. También se les aconsejó hacer cinco ratones de oro, pero como toda la tierra había quedado infestada, parece que después enviaron más, según el número de las ciudades fortificadas y de las aldeas del campo (1 Samuel 6:18). Sus sacerdotes les recordaron que la plaga había caído sobre todos ellos. Ninguno podía culpar a los demás, porque todos eran culpables, como lo demostraba el hecho de que todos habían sido heridos. Su plan de ofrecer una ofrenda por la culpa correspondía, en principio, a lo que Dios había revelado en aquel tiempo, pero usar esos objetos como ofrenda estaba muy lejos de la ley de Moisés. En esa ley queda claro una y otra vez que es la sangre, no el oro, la que hace expiación por el alma.
Cuarto, animaron a los filisteos a esperar que esto realmente quitara la plaga: «Serán sanados» (1 Samuel 6:3). Parece que la enfermedad había resistido obstinadamente todos los remedios que sus médicos habían intentado.
Por eso dijeron: «Devuelvan el arca, y entonces se sabrá por qué su mano no se ha apartado de ustedes». En otras palabras, pensaban que así se demostraría si su sufrimiento se debía a que habían retenido el arca. Si esa era la causa, devolverla debía traer alivio.
En ocasiones, Dios ha guiado a su pueblo a poner a prueba algo semejante, para ver si volvernos a él también traerá ayuda. «Pónganme ahora a prueba», dice el Señor de los ejércitos (Malaquías 3:10; Hageo 2:18-19). Aun así, los filisteos hablaron con cautela. Dijeron: «Tal vez su mano se aliviará de ustedes» (1 Samuel 6:5). Comenzaban a pensar que el juicio realmente venía de Dios, aunque no estaban seguros de que el problema terminaría inmediatamente al devolver el arca. Con todo, ese era el mejor camino hacia la misericordia. Si se quita la causa, probablemente cesará el efecto.
También establecieron una prueba más para comprobar si realmente había sido la mano del Dios de Israel la que los había herido. El arca debía colocarse en una carreta nueva, tirada por dos vacas que todavía amamantaran a sus becerros (1 Samuel 6:7). Las vacas no estaban acostumbradas a tirar de carretas y naturalmente querrían regresar a casa. Las atraerían tanto el establo donde recibían alimento como sus becerros, y además no conocían el camino hacia Israel. Nadie debía guiarlas ni conducirlas. Según todo razonamiento común, debían regresar junto a sus becerros.
Sin embargo, si el Dios de Israel, después de todas las maravillas que había hecho, no realizaba una más y no guiaba a esas vacas mediante un poder invisible hacia la tierra de Israel, especialmente hacia Bet-semes, entonces los filisteos retirarían su creencia anterior. Dirían que no había sido la mano de Dios, sino solo un acontecimiento casual (1 Samuel 6:8-9). Así, estos filisteos incircuncisos pidieron poner a prueba el poder de Dios después de haberlo insultado de otras maneras. ¿Habrían aceptado una prueba semejante para defender el honor de Dagón, su dios? Observemos cuán ansiosas están las personas malvadas por rechazar la idea de que la mano de Dios está contra ellas. Cuando llegan los problemas, quieren llamarlos casualidad. Pero, si lo hacen, pierden la advertencia que Dios les da por medio de la vara.
De este capítulo
1 Samuel 6:2
"Los filisteos convocaron a los sacerdotes y adivinos para preguntarles: «¿Qué haremos con el arca del Señor? Dígannos cómo debemos devolverlo a su lugar»."
1 Samuel 6:3
"Ellos les contestaron: «Si devuelven el arca del Dios de Israel, no lo manden sin nada, sino ofrezcan algo en desagravio al Señor. Entonces ustedes volverán a estar sanos y comprenderán por qué no ha dejado de castigarlos»."
1 Samuel 6:4
"«¿Qué podemos ofrecerle en desagravio?», preguntaron los filisteos. «Cinco figuras de oro en forma de tumor —contestaron los sacerdotes—, una por cada jefe filisteo, y cinco ratones del mismo metal, ya que ustedes y sus jefes sufren la misma plaga»."
1 Samuel 6:5
"Por consiguiente, hagan figuras de los tumores y de los ratones que destrozan el país, y den honra al Dios de Israel; pues tal vez deje de castigarlos a ustedes, a sus dioses y a su tierra."
1 Samuel 6:6
"¿Por qué tienen ustedes que ser testarudos, como lo fueron los egipcios y el faraón, que solo dejaron ir a los israelitas cuando el Dios de Israel los trató con dureza?"
1 Samuel 6:7
"Manden construir una carreta nueva; luego tomen dos vacas que estén criando y que nunca hayan llevado yugo, y únzanlas a la carreta; pero no dejen que sus becerros las sigan, sino déjenlos en el establo."
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