Versículo destacado
1 Pedro 5:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Ahora quiero aconsejar a los ancianos de las congregaciones de ustedes, yo que soy anciano como ellos, testigo de los sufrimientos de Cristo y que también tendré parte en la gloria que ha de manifestarse. "
1 Pedro 5:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Ahora quiero aconsejar a los ancianos de las congregaciones de ustedes, yo que soy anciano como ellos, testigo de los sufrimientos de Cristo y que también tendré parte en la gloria que ha de manifestarse.
2 Cuiden las ovejas de Dios que han sido puestas a su cargo; háganlo de buena voluntad, como Dios quiere, no a la fuerza ni por ambición de dinero, sino con buena disposición.
3 No se comporten como si fueran los dueños de quienes están a su cuidado, sino procuren ser un ejemplo para ellos.
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Aquí podemos observar a quién va dirigida esta exhortación. Pedro les habla a los presbíteros, pastores y líderes espirituales de la iglesia; es decir, a los ancianos por su cargo, no simplemente por su edad. Está escribiendo a los ministros de las iglesias a las que va dirigida esta carta.
También debemos notar quién da la exhortación. Es el apóstol Pedro, quien dice: «Yo los exhorto». Para fortalecer su llamado, les recuerda que él también es anciano, de modo que no les pide nada que él mismo no esté dispuesto a hacer. También afirma que fue testigo de los sufrimientos de Cristo: estuvo con él en el huerto, lo siguió hasta la casa del sumo sacerdote y probablemente vio desde entre la multitud su sufrimiento en la cruz (Hechos 3:15). Además, dice que también participa de la gloria que fue mostrada en parte en la transfiguración (Mateo 17:1-3) y que será disfrutada plenamente cuando Jesucristo regrese.
De esto aprendemos varias cosas. Quienes tienen la responsabilidad de enseñar a otros deben estudiar con cuidado su propio deber, además de enseñar al pueblo el suyo. Pedro también muestra un espíritu muy diferente del de quienes más tarde afirmaron seguirlo. Él no manda ni domina. No reclama autoridad sobre todos los pastores y las iglesias, ni se llama príncipe de los apóstoles, vicario de Cristo o cabeza de la iglesia. Más bien, se considera sencillamente un anciano. Todos los apóstoles eran ancianos, aunque no todo anciano era apóstol. Fue un honor especial para Pedro y para algunos más ser testigos de los sufrimientos de Cristo, pero todos los cristianos verdaderos participan de la gloria que un día será revelada.
Pedro describe entonces el deber del pastor y la manera en que debe cumplirlo. Este trabajo tiene tres aspectos. Primero, debe alimentar al rebaño predicando la palabra pura de Dios y guiando a la iglesia conforme a las instrucciones y la disciplina que ella enseña. Segundo, debe cuidar del rebaño y ejercer supervisión sobre él. Los ancianos están llamados a realizar la labor de los obispos, lo cual implica cuidar personalmente y velar por todos los que les han sido confiados. Tercero, deben ser ejemplos para el rebaño, viviendo la santidad, la abnegación, la muerte al pecado y las demás responsabilidades cristianas que enseñan.
Estos deberes deben cumplirse de buena voluntad, no por presión. No deben servir porque se ven obligados, porque un poder civil los fuerza ni porque el temor o la vergüenza los impulsa. Deben servir con una disposición voluntaria que se deleita en la labor. Tampoco deben hacerlo por una ganancia deshonesta, es decir, por obtener beneficios egoístas o alguna ventaja adicional relacionada con el cargo. Deben preocuparse más por el rebaño que por la lana, y servir a la iglesia de Dios con sinceridad y alegría. Tampoco deben enseñorearse de los que están a su cuidado, es decir, no deben tiranizar a los creyentes por la fuerza ni imponer invenciones humanas en lugar de los mandamientos de Dios (Mateo 20:25-26; 2 Corintios 1:24).
Esto nos enseña el gran honor de la iglesia de Dios y de todos los creyentes verdaderos. Estos cristianos pobres, dispersos y sufrientes eran el rebaño de Dios. El resto del mundo se parece a un rebaño desordenado, pero ellos forman un rebaño organizado, redimido para Dios por el gran Pastor y unido en santo amor y comunión conforme a la voluntad de Dios. También son llamados la heredad de Dios, su posesión escogida. En el Nuevo Testamento, esta expresión no se limita a los ministros de la religión.
Los pastores deben considerar a su pueblo como el rebaño y la heredad de Dios, y tratarlo de esa manera. El pueblo no les pertenece para que lo gobiernen como quieran. Pertenece a Dios y debe ser tratado con amor, mansedumbre y cuidado, porque es de él. Los ministros que son empujados a esta labor por necesidad o atraídos por la codicia nunca podrán cumplir bien con su deber, porque no sirven voluntariamente ni con una disposición dispuesta. La mejor manera en que un ministro puede ganarse el respeto es cumplir bien con su deber y ser un ejemplo constante de todo lo bueno.
En contraste con la ganancia egoísta que muchos buscan en el ministerio pastoral, Pedro les presenta la corona de gloria que el gran Pastor, Jesucristo, ha preparado para todos los ministros fieles. Jesucristo es el Pastor principal de todo el rebaño y la heredad de Dios. Él los compró, los gobierna, los protege y los salva para siempre. También es el Pastor principal de todos los pastores que sirven bajo su autoridad, es decir, de todos los pastores subordinados. Ellos reciben de él su autoridad, sirven en su nombre y tendrán que rendirle cuentas al final.
Este Pastor principal aparecerá para juzgar a todos los ministros y pastores que sirven bajo su autoridad, y les pedirá cuentas de si cumplieron fielmente con su deber, tanto en público como en privado, conforme a estas instrucciones. Los que sean hallados fieles recibirán algo mucho mejor que cualquier ganancia terrenal. El gran Pastor les dará una gloria elevada y perdurable: una corona de gloria que nunca se marchita.
De este capítulo
1 Pedro 5:2
"Cuiden las ovejas de Dios que han sido puestas a su cargo; háganlo de buena voluntad, como Dios quiere, no a la fuerza ni por ambición de dinero, sino con buena disposición."
1 Pedro 5:3
"No se comporten como si fueran los dueños de quienes están a su cuidado, sino procuren ser un ejemplo para ellos."
1 Pedro 5:4
"Así, cuando aparezca el Pastor principal, ustedes recibirán la corona de la gloria, una corona que jamás se marchitará."
1 Pedro 5:5
"De la misma manera, ustedes, los jóvenes, sométanse a la autoridad de los ancianos. Todos deben someterse unos a otros con humildad, porque: «Dios se opone a los orgullosos, pero ayuda con su bondad a los humildes»."
1 Pedro 5:6
"Humíllense, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él los enaltezca a su debido tiempo."
1 Pedro 5:7
"Dejen todas sus preocupaciones en manos de Dios, porque él se interesa por ustedes."
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