Versículo destacado

1 Pedro 3:1 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

" Así también ustedes, las esposas, sométanse a sus esposos, para que, si algunos de ellos no creen en el mensaje, puedan ser convencidos, sin necesidad de palabras, por el comportamiento de ustedes, "

1 Pedro 3:1

menu_book El versículo en contexto

1 Así también ustedes, las esposas, sométanse a sus esposos, para que, si algunos de ellos no creen en el mensaje, puedan ser convencidos, sin necesidad de palabras, por el comportamiento de ustedes,

2 al ver ellos su conducta pura y reverente para con Dios.

3 Que el adorno de ustedes no consista en cosas externas, como peinados exagerados, joyas de oro o vestidos lujosos,

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Después de hablar de los deberes hacia las autoridades y los amos, el apóstol se dirige ahora a los esposos y las esposas. Lo hace para que las mujeres cristianas no pensaran que la fe en Cristo las liberaba de someterse a esposos paganos o judíos que no creían. Les enseña en qué consiste el deber de una esposa y fundamenta ese deber tanto en la conducta como en la actitud interior.

A la esposa se le llama a someterse a su esposo. Esto significa obedecer con amor y de buena voluntad la autoridad legítima de él, y con frecuencia es la mejor manera de ganar a un esposo que no cree y rechaza el mensaje de las Escrituras. Algunos esposos no se dejarán convencer por las palabras, pero pueden ser ganados por la conducta prudente, pacífica y piadosa de sus esposas. Cada relación tiene sus propios deberes, y tanto los ministros como el pueblo de Dios deben entenderlos.

La sumisión gozosa y el amor respetuoso son deberes que las mujeres cristianas deben a sus esposos, sean estos buenos o malos. Estos deberes ya correspondían a Eva antes de la caída y todavía permanecen, aunque ahora son más difíciles a causa del pecado (Génesis 3:16; 1 Timoteo 2:11). El propósito del evangelio es ganar almas para Cristo, pero algunas personas son tan obstinadas que no se dejan alcanzar solamente por la palabra. En esos casos, una vida buena, acompañada de un cumplimiento fiel de los deberes diarios, a menudo habla con más fuerza que las palabras.

La incredulidad no anula los deberes dentro del matrimonio. La esposa todavía debe cumplir con su deber hacia su esposo, aunque él no obedezca la palabra. Pedro también llama a las esposas a vivir con reverencia hacia sus esposos (Efesios 5:33). Deben mantener una vida casta y pura, porque los esposos que no creen observan con atención. Las personas malvadas suelen mirar a los creyentes con curiosidad, envidia y sospecha. Una vida pura, unida al respeto apropiado hacia los demás, es una manera poderosa de guiarlos hacia el evangelio y la obediencia a este.

Pedro también enseña a las esposas a valorar más la belleza interior que los adornos externos. Advierte contra las formas comunes de arreglarse que en aquel tiempo estaban relacionadas con la vanidad y la inmoralidad: peinados elaborados, adornos de oro y ropa costosa y llamativa (1 Pedro 3:3). No prohíbe la ropa en sí, sino que advierte contra el exceso, el orgullo y la manera de vestirse con la intención de provocar a otros. Las mujeres cristianas deben asegurarse de que su conducta exterior corresponda a su confesión de Cristo y de que sean santas en todo lo que hacen.

En vez de concentrarse en los adornos externos, las esposas cristianas deben adornar la persona interior del corazón, es decir, el alma. El verdadero adorno no es algo que se marchita, sino la gracia y las virtudes que da el Espíritu Santo. Los adornos del cuerpo se desgastan y desaparecen, pero la gracia de Dios se vuelve más resplandeciente al ponerse en práctica. Sobre todo, Pedro alaba un espíritu manso y tranquilo: un carácter amable y pacífico, libre de orgullo, enojo y terquedad. Este tipo de espíritu se manifiesta en una manera serena y bondadosa de tratar al esposo y a la familia.

Si un esposo es duro o se opone a la religión, como ocurría en algunos de estos casos, una conducta mansa suele ser la mejor manera de ganarlo. Aunque esto no cambie al esposo, un espíritu tranquilo ayuda a la mujer a vivir en paz consigo misma. Los demás también ven esa paz, y llega a ser una parte hermosa y atractiva de su carácter. La mansedumbre y la serenidad tienen un gran valor delante de Dios.

La principal preocupación del verdadero cristiano debe ser gobernar bien su propio espíritu. El hipócrita quizá se detenga en la conducta exterior, pero el verdadero cristiano comienza allí y va más profundo. La vida interior es el lugar principal donde se encuentra la belleza cristiana. Un espíritu sereno, tranquilo y apacible hace hermosa tanto a la mujer como al hombre.

Como estos deberes son difíciles, Pedro los fortalece al señalar a las mujeres santas del pasado, mujeres que esperaban en Dios (1 Pedro 3:5). Ellas vivieron en tiempos antiguos, con menos luz y menos ejemplos que los creyentes posteriores, y aun así practicaron fielmente estos deberes. Su ejemplo sigue siendo importante porque eran mujeres santas. Confiaban en Dios, pero no descuidaban sus deberes hacia los demás. Por eso, estos mandatos no son nuevos ni extraños, sino que describen el mismo tipo de vida que siempre han vivido las mejores mujeres.

Pedro también señala a Sara, quien obedeció a Abraham, lo siguió cuando él salió de Ur de los caldeos sin saber adónde iba y lo llamó señor, mostrando reverencia y reconociendo su lugar dentro del matrimonio (Génesis 12:1; 18:12). Esto fue así aunque Dios la había honrado al cambiarle el nombre y declarar que era una princesa. Las mujeres cristianas son hijas de Sara si siguen su fe y sus buenas obras. No deben permitir que el temor a sus esposos las lleve a abandonar la verdad o a negarse a cumplir con su deber. Más bien, deben hacer lo correcto de buena voluntad, sin miedo ni presión, por conciencia delante de Dios y por el sentido del deber que tienen hacia sus esposos.

Dios lleva un registro exacto de todo lo que hacen los hombres y las mujeres. La sujeción de las esposas a sus esposos ha sido practicada por mujeres santas de todas las épocas. El mayor honor para cualquier persona es vivir con fidelidad y humildad en el lugar donde Dios la ha puesto. Dios nota lo bueno que hay en sus siervos y lo usa para su honor y beneficio, mientras pasa por alto una multitud de faltas. La incredulidad y la risa de Sara quedan en segundo plano, mientras que sus virtudes son elogiadas.

Los cristianos deben cumplir sus deberes unos con otros, no por miedo ni por la fuerza, sino con un corazón dispuesto y en obediencia al mandato de Dios. Por eso, las esposas deben someterse incluso a sus esposos duros, no por temor ni porque se sientan intimidadas, sino por el deseo de hacer lo correcto y agradar a Dios.

A continuación debe considerarse el deber del esposo hacia su esposa. Primero, debe vivir con ella, lo cual excluye la separación innecesaria y requiere una vida compartida, marcada por la paz y el gozo. También debe vivir con ella conforme al conocimiento, no según la lujuria como los animales ni según la pasión como los espíritus malignos, sino como un hombre sabio y sobrio que conoce la palabra de Dios y su propio deber.

También debe darle honor a su esposa. Esto significa mostrarle el respeto apropiado, respaldar su autoridad en el hogar, protegerla, defender su reputación, disfrutar de su compañía, proveer bien para ella y confiar en ella como corresponde. Estos deberes son necesarios porque ella es, por naturaleza, la vasija más débil y, por lo tanto, debe ser protegida.

Sin embargo, en las cosas más importantes la esposa es igual a su esposo. Ambos son coherederos de la gracia de la vida y comparten todas las bendiciones de esta vida y de la venidera. Por esa razón, deben vivir juntos en paz y tranquilidad. Si no lo hacen, sus oraciones juntos y las oraciones que hagan el uno por el otro serán estorbadas; con frecuencia orarán con la mente perturbada o ni siquiera orarán.

De esto aprendemos que la debilidad de las mujeres no es motivo para despreciarlas ni separarse de ellas. Más bien, es una razón para honrarlas y respetarlas, pues se nos manda dar honor a la esposa como a la vasija más débil. También aprendemos que todos los que son herederos de la gracia de la vida merecen honor. Y todas las personas casadas deben procurar vivir con tanto amor y paz que sus discusiones no impidan que sus oraciones sean escuchadas.

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