Versículo destacado
1 Pedro 2:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Por lo tanto, despójense de toda clase de maldad, de todo engaño, hipocresía y envidia, y de toda clase de chismes. "
1 Pedro 2:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Por lo tanto, despójense de toda clase de maldad, de todo engaño, hipocresía y envidia, y de toda clase de chismes.
2 Como niños recién nacidos, busquen con ansia la leche espiritual pura, para que por medio de ella crezcan y tengan salvación,
3 ya que han probado la bondad del Señor.
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El apóstol acaba de exhortar a los creyentes a amarse unos a otros y ha elogiado la palabra de Dios como una semilla incorruptible, que vive y permanece para siempre. Ahora pasa a una advertencia necesaria: «Por tanto, dejando a un lado toda malicia», y todo lo demás. Estos pecados destruyen el amor y bloquean el poder de la palabra; por eso también nos impiden crecer en la vida nueva.
Su consejo es apartar lo malo, como quien se quita una prenda vieja y podrida. Hay que desecharlo con repugnancia y no volver a ponérselo jamás. Los pecados que menciona son estos: la malicia, que puede referirse a la maldad en general, pero aquí se refiere especialmente a un enojo arraigado que permanece en el corazón hasta convertirse en un deseo de hacerles daño a otros; el engaño, que incluye palabras engañosas, halagos, mentiras y artimañas para aprovecharse de la debilidad de otra persona; las hipocresías, es decir, todas las formas de fingir, tanto en la religión como en la amistad cotidiana; las envidias, que consisten en entristecerse por el bien, el éxito, los dones o la reputación de otra persona; y las malas palabras, que significan hablar en contra de alguien o dañar su buen nombre.
De esto aprendemos varias cosas. Aun los mejores cristianos necesitan advertencias contra pecados graves como la malicia, la hipocresía y la envidia, porque solo han sido santificados en parte y todavía enfrentan la tentación. Además, nuestros actos de adoración a Dios no le agradarán si somos descuidados en la manera en que tratamos a los demás. Estos pecados atentan contra nuestro deber hacia el prójimo, y debemos apartarlos si queremos recibir correctamente la palabra de Dios. Un solo pecado que dejemos sin enfrentar puede impedir nuestro crecimiento espiritual y el bien duradero. La malicia, la envidia, el odio, la hipocresía y las malas palabras suelen ir juntos, y las malas palabras a menudo revelan que la malicia y el engaño ya están en el corazón.
Luego el apóstol pasa, como un médico sabio, de limpiar el cuerpo a darle alimento saludable. Después de decirles que se deshagan de las cosas dañinas, les dice que anhelen la palabra de Dios para que por medio de ella crezcan. La llama leche pura, es decir, alimento apropiado para el alma y para una vida nueva en Cristo. Esta leche debe ser sincera y no estar mezclada con añadiduras humanas que corrompan la palabra de Dios (2 Corintios 2:17).
Deben desear esta leche «como niños recién nacidos». Así les recuerda que han nacido de nuevo. Una vida nueva necesita alimento adecuado, y los recién nacidos tienen hambre de leche con frecuencia y con gran deseo, haciendo todo lo posible por obtenerla. Del mismo modo, los cristianos deben anhelar la palabra de Dios con un deseo intenso y constante, para crecer por medio de ella. La meta es crecer en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador (2 Pedro 3:18).
De esto aprendemos que un hambre intensa por la palabra de Dios es una señal segura del nuevo nacimiento. Es una de las primeras señales, pero sigue siendo segura. También aprendemos que crecer en sabiduría y gracia es la meta de todo cristiano, y que todos los medios espirituales tienen el propósito de edificarnos. La palabra de Dios, cuando se usa correctamente, no deja a la persona como estaba: la transforma para bien.
Pedro añade una razón basada en la experiencia de ellos mismos: «ya que han probado que el Señor es bueno» (1 Pedro 2:3). No está expresando duda, sino recordándoles a estos creyentes algo que ya conocen. Puesto que han experimentado la bondad de Dios, deben apartar estos pecados, desear la palabra y crecer por medio de ella. El Señor del que se habla aquí es el Señor Jesucristo.
De esto aprendemos que el Señor Jesucristo está lleno de gracia para con su pueblo. Él es infinitamente bueno en sí mismo, y es bondadoso, generoso y misericordioso con los pecadores necesitados. Es tierno y bueno con quienes no lo merecen, y en él abunda la gracia. También aprendemos que la gracia de Cristo se conoce mejor al experimentarla personalmente. Probar algo requiere contacto directo; por eso, esto significa estar unidos a Cristo por la fe. Entonces podemos experimentar su bondad en su cuidado por nosotros, en nuestras necesidades espirituales, en nuestros temores y pruebas, y en su palabra y en la adoración diaria.
Aun así, en esta vida los mejores siervos de Dios solo prueban una parte de la gracia de Cristo. Probar es recibir solo un poco, no beberlo todo, y no satisface por completo. Lo mismo ocurre con los consuelos de Dios en este mundo. La palabra de Dios es el medio principal por el que Cristo da a conocer su gracia y la comunica a las personas. Quienes se alimentan de la leche pura de la palabra prueban su gracia de la manera más plena. Por eso, al leer y escuchar la palabra, debemos seguir buscando conocer y experimentar más de su gracia.
De este capítulo
1 Pedro 2:2
"Como niños recién nacidos, busquen con ansia la leche espiritual pura, para que por medio de ella crezcan y tengan salvación,"
1 Pedro 2:3
"ya que han probado la bondad del Señor."
1 Pedro 2:4
"Acérquense, pues, al Señor, la piedra viva que los hombres desecharon, pero que para Dios es una piedra escogida y de mucho valor."
1 Pedro 2:5
"De esta manera, Dios hará de ustedes, como piedras vivas, un templo espiritual, un sacerdocio santo que, por medio de Jesucristo, ofrezca sacrificios espirituales agradables a Dios."
1 Pedro 2:6
"Por eso también dice la Escritura: «Yo pongo en Sión una piedra que es la piedra principal, escogida y muy valiosa; el que confíe en ella no quedará defraudado»."
1 Pedro 2:7
"Para ustedes, que creen, esa piedra es de mucho valor; pero para los que no creen se cumple lo que dice la Escritura: «La piedra que los constructores despreciaron se ha convertido en la piedra principal»."
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