1 Macabeos 9:1
Cuando Demetrio se enteró de que Nicanor y su ejército habían muerto en batalla, envió una vez más a Báquides y a Alcimo a Judea con el ala derecha de su ejército.
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73 versículos | Biblia BibleGuided — Español
Cuando Demetrio se enteró de que Nicanor y su ejército habían muerto en batalla, envió una vez más a Báquides y a Alcimo a Judea con el ala derecha de su ejército.
Comenzando su avance por el camino de Galilea, atacaron a Mesalot, en el territorio de Arbela, se apoderaron de esa ciudad y mataron a muchos de sus habitantes.
En el primer mes del año ciento cincuenta y dos, acamparon junto a Jerusalén.
De allí siguieron hasta Beerot con veinte mil soldados de infantería y dos mil de caballería.
Judas había acampado en Elasá con tres mil guerreros escogidos.
Cuando sus hombres vieron que sus enemigos eran mucho más numerosos, se llenaron de miedo, y muchos escaparon del campamento, de modo que no quedaron allí más que ochocientos hombres.
Al ver Judas que sus tropas habían desertado y que la batalla no podía evitarse, sintió un gran desánimo, pues ya no tenía tiempo de volver a reunir a su gente.
Desalentado, les dijo a los que se habían quedado: «¡Adelante! ¡Ataquemos a nuestros enemigos, a ver si podemos darles batalla!»
Pero ellos le respondieron: «¡No podremos! Lo más que podemos hacer ahora es escapar con vida. Después volveremos con nuestros hermanos y lucharemos contra los enemigos. ¡Ahora somos demasiado pocos!»
Judas replicó: «¡Ni pensar que yo vaya a huir de los enemigos! Si ha llegado nuestra hora, muramos valientemente por nuestros hermanos y no dejemos que se manche nuestra gloria».
El ejército enemigo salió de su campamento y tomó posiciones frente a los judíos. La caballería se dividió en dos escuadrones. Los honderos y los arqueros iban delante del resto del ejército. En las primeras filas estaban los soldados más valientes.
Báquides estaba en el ala derecha. El grueso del ejército, dividido en dos partes, avanzó al toque de las trompetas.
El estruendo de los ejércitos hacía temblar la tierra. El combate duró desde la mañana hasta el atardecer.
Al ver Judas que Báquides y la parte más fuerte de su ejército estaban a la derecha, él y los hombres más valientes que se le habían unido
destrozaron el ala derecha del ejército enemigo y los persiguieron hasta las montañas de Hasor.
Cuando los soldados del ala izquierda vieron que el ala derecha había sido derrotada, se volvieron tras Judas y sus hombres y los atacaron por la retaguardia.
La batalla fue encarnizada y hubo muchas bajas en ambos lados.
Judas también cayó, y los demás huyeron.
Jonatán y Simón recogieron a su hermano Judas y lo enterraron en la tumba de sus antepasados, en Modín.
Todo Israel lloró por él con grandes muestras de dolor y luto durante muchos días. Decían:
«¡Cómo ha caído el héroe, el que salvó a Israel!»
El resto de la historia de Judas, sus batallas, sus proezas y sus grandes hechos son tan numerosos que no han sido escritos.
Después de la muerte de Judas, los judíos renegados levantaron cabeza en todo el territorio de Israel, y volvieron a aparecer todos los malhechores.
Por aquel tiempo hubo una terrible hambre, y todos en el país se pasaron al lado de ellos.
Báquides escogió precisamente a hombres impíos para ponerlos al frente del país.
Estos comenzaron a buscar y descubrir por todas partes a los amigos de Judas, y se los llevaban a Báquides, quien se vengaba de ellos y los insultaba.
Fue un tiempo de grandes sufrimientos para Israel, como no se había visto desde que desaparecieron los profetas.
Entonces todos los amigos de Judas se reunieron y le dijeron a Jonatán:
Desde que murió tu hermano Judas, no ha habido un hombre como él que haga frente a los enemigos, ni a Báquides ni a la demás gente que odia a nuestra nación.
Por eso hoy te elegimos a ti para que, en su lugar, seas nuestro jefe y nos guíes en nuestras batallas.
Y desde ese momento Jonatán tomó el mando en lugar de su hermano Judas.
Báquides tuvo noticia de esto y trató de matarlo;
pero Jonatán, su hermano Simón y sus seguidores lo supieron y huyeron al desierto de Tecoa, donde acamparon junto al estanque de Asfar.
Báquides se enteró de esto un sábado y, con todo su ejército, pasó al otro lado del Jordán.
Jonatán envió a su hermano Juan, quien estaba al frente de la gente que acompañaba al ejército, a rogar a los nabateos, amigos suyos, que le permitieran dejar con ellos su abundante bagaje.
Pero unos hombres de la tribu de Jambrí salieron de Medebá, secuestraron a Juan con todo el bagaje y escaparon llevándoselo todo.
Algún tiempo después, Jonatán y su hermano Simón tuvieron noticia de que los de la tribu de Jambrí estaban celebrando unas bodas muy importantes y que, con un gran cortejo, llevaban a la novia desde Nadabot. La novia era hija de uno de los hombres más importantes de Canaán.
Entonces recordaron cómo ellos habían asesinado a su hermano Juan, y subieron y se escondieron al abrigo de la montaña.
De pronto vieron aparecer, en dirección hacia ellos y en medio de una multitud que llevaba abundante bagaje, al novio con sus amigos y sus hermanos. Iban tocando panderetas y otros instrumentos musicales, y estaban bien armados.
Los judíos salieron de su escondite, cayeron sobre ellos, mataron a muchos, hirieron a otros y se apoderaron de todo lo que llevaban, mientras los sobrevivientes huían a la montaña.
Así, las bodas se convirtieron en llanto y la música en lamentaciones.
De esta manera vengaron la muerte de su hermano y regresaron a las orillas pantanosas del Jordán.
Báquides se enteró de esto, y un sábado fue a las orillas del Jordán con un numeroso ejército.
Entonces Jonatán dijo a su gente: ¡Adelante! ¡Luchemos y defendamos nuestras vidas! Nunca antes habíamos estado en una situación tan grave como ahora.
Los enemigos nos atacan por delante y por detrás, y a uno y otro lado están el río Jordán, pantanos y matorrales. ¡No hay por dónde escapar!
Clamen a Dios para que nos salve de nuestros enemigos.
Y trabaron batalla. Jonatán ya tenía la mano extendida para descargar un golpe contra Báquides, pero este escapó retrocediendo.
Entonces Jonatán y sus seguidores saltaron al Jordán y cruzaron el río a nado. Los enemigos no lo cruzaron para perseguirlos.
En ese día cayeron unos mil hombres del ejército de Báquides.
Báquides regresó a Jerusalén y comenzó a fortificar diversas ciudades de Judea: hizo las fortalezas de Jericó, Emaús, Bet-horón, Betel, Timná, Piratón y Tapúah, con murallas altas, puertas y barras.
Judas decide permanecer con sus hombres y luchar por sus hermanos, aun cuando la deserción ha reducido considerablemente sus fuerzas. El relato presenta su valentía junto con el costo real de la guerra.
La muerte de Judas provoca un lamento colectivo. Israel recuerda sus obras y expresa públicamente la pérdida de quien había defendido a la nación.
Después de la muerte de Judas, sus compañeros reconocen a Jonatán como jefe. La misión de resistir y proteger al pueblo continúa, aunque bajo nuevas circunstancias.
El capítulo muestra la opresión ejercida mediante fortalezas, guarniciones, rehenes y conspiraciones. Jonatán y sus seguidores responden reconstruyendo, defendiendo sus posiciones y buscando preservar la vida del pueblo.
El capítulo se sitúa durante el conflicto entre los grupos judíos que defendían las prácticas y la identidad de Israel y las fuerzas vinculadas al poder seléucida. Demetrio envía a Báquides y a Alcimo a Judea, mientras el territorio queda marcado por batallas, hambre, fortalezas militares y rivalidades internas. Las referencias a Jerusalén, Modín, el Jordán, Betbasí y Micmás reflejan una lucha tanto militar como política por el control del país. El relato también recuerda la importancia del templo y de sus espacios sagrados, especialmente cuando Alcimo intenta demoler parte de sus muros. Las fechas corresponden al sistema de cómputo empleado en el período de los Macabeos.
El capítulo puede leerse en cinco movimientos. Primero, se narra la campaña de Báquides y la batalla de Elasá, donde muere Judas (1-18). Segundo, se presenta el entierro de Judas y el lamento nacional (19-22). Tercero, Jonatán recibe el liderazgo y enfrenta diversas amenazas, incluida la persecución de Báquides y la muerte de Juan (23-53). Cuarto, se relatan la fortificación de Judea, la muerte de Alcimo, la conspiración contra Jonatán y la defensa de Betbasí (54-69). Finalmente, el capítulo concluye con el tratado de paz, el regreso de los cautivos y el establecimiento de Jonatán como gobernante en Micmás (70-73).
El capítulo presenta la fidelidad a Dios y al pueblo en un contexto de violencia, pérdida y presión política. El llamado de Jonatán a clamar a Dios aparece en el momento de mayor peligro, cuando el río, los pantanos y el ejército enemigo parecen cerrar todas las salidas. El texto no idealiza el conflicto: registra la muerte, la venganza, el sufrimiento de la población y las consecuencias de la guerra. También muestra que la historia del pueblo continúa después de la muerte de un líder y que la paz puede llegar mediante una negociación que proteja vidas y devuelva a los cautivos. En el marco católico de 1 Macabeos, el capítulo contribuye a la memoria de la resistencia de Israel y a la perseverancia en la fidelidad al Dios de la alianza.
El capítulo reúne experiencias emocionalmente intensas: miedo ante una fuerza superior, desánimo por la deserción, muerte de un líder, duelo colectivo, persecución, hambre y tensión entre justicia y venganza. También muestra formas comunitarias de afrontar la pérdida, como recoger y sepultar a Judas, recordar su vida y reorganizar el liderazgo. Su lectura puede ayudar a reconocer que el dolor y el valor pueden coexistir, aunque el relato no ofrece una resolución sencilla ni elimina las consecuencias de la violencia.
El capítulo destaca la importancia de reconocer las pérdidas, honrar a quienes han servido y permitir que una comunidad reorganice sus responsabilidades después de una crisis. También invita a distinguir entre valentía y temeridad: Judas permanece firme, mientras Jonatán combina resistencia, estrategia, reconstrucción y negociación. En situaciones de conflicto, puede ser útil proteger a las personas vulnerables, evitar que el dolor se convierta automáticamente en venganza y considerar acuerdos que reduzcan el daño. La historia de Jonatán muestra además que una etapa de liderazgo puede comenzar en medio de la incertidumbre y que la perseverancia puede incluir tanto la defensa como la búsqueda de paz.
Judas Macabeo era el líder de la resistencia judía. Murió en la batalla de Elasá después de que muchos de sus hombres huyeran ante un ejército mucho más numeroso.
Jonatán, hermano de Judas, fue elegido por sus compañeros para dirigir al pueblo y continuar la resistencia.
Judas atacó y derrotó inicialmente el ala derecha del ejército de Báquides, pero el ala izquierda atacó por la retaguardia. La batalla causó muchas bajas y Judas murió.
El pueblo lo recordó como un héroe que había salvado a Israel. Jonatán y Simón lo enterraron en la tumba de sus antepasados en Modín, y el duelo se extendió durante muchos días.
Betbasí era una ciudad en ruinas, situada en el desierto. Jonatán, Simón y sus seguidores la reconstruyeron y fortificaron antes de enfrentar el ataque de Báquides.
Después de que Jonatán y sus seguidores resistieron a Báquides, Jonatán envió una delegación para negociar. Báquides aceptó un tratado, devolvió a los cautivos y dejó de presentarse en Judea.
Este capítulo está atravesado por la pérdida: Judas cae, Israel llora y una comunidad herida debe seguir adelante bajo amenaza. El duelo no aparece como debilidad, sino como una respuesta humana y compartida ante alguien profundamente amado y respetado. La memoria de Judas sostiene al pueblo, mientras Jonatán asume una responsabilidad nacida en medio del dolor. La historia también deja ver que el sufrimiento prolongado puede endurecer los corazones y alimentar la venganza; por eso, la búsqueda de paz al final del capítulo tiene un peso especial.
La estructura del capítulo contrapone dos momentos de liderazgo: la muerte heroica de Judas en Elasá y la consolidación gradual de Jonatán mediante resistencia, estrategia y diplomacia. El narrador vincula los acontecimientos militares con la crisis social: hambre, colaboración con el poder ocupante, fortalezas y rehenes. La referencia a la desaparición de los profetas funciona como una medida de la gravedad de la época, no necesariamente como una afirmación de que Dios hubiera abandonado a Israel. El desenlace muestra que la victoria narrativa no consiste solo en derrotar al enemigo, sino también en recuperar cautivos y establecer una forma estable de gobierno.
La experiencia de Jonatán combina decisiones bajo presión, protección de la comunidad, reconstrucción de recursos y negociación. El capítulo presenta varias respuestas prácticas a una crisis: evaluar la fuerza disponible, buscar refugio, fortificar una ciudad, dividir responsabilidades y aprovechar una oportunidad para alcanzar la paz. También advierte sobre el costo de actuar desde la represalia, pues la violencia se extiende y afecta a familias y comunidades enteras. La conducción de Jonatán se define tanto por la defensa como por su disposición a cerrar la guerra mediante un acuerdo.
La muerte de Judas abre una pregunta profunda sobre la continuidad de la misión cuando desaparece quien parecía indispensable. El capítulo responde mostrando que la historia del pueblo no depende de una sola figura: el liderazgo pasa a Jonatán, la memoria conserva el testimonio de Judas y la esperanza se expresa en la perseverancia. En el momento más estrecho, Jonatán llama a clamar a Dios, no como una negación del peligro, sino como una confesión de dependencia. El tratado final recuerda que la fidelidad puede tomar la forma de resistencia firme y también de una paz que protege la vida.
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