1 Macabeos 10:1
En el año ciento sesenta, Alejandro Epífanes, hijo de Antíoco, llegó y se apoderó de Tolemaida, donde fue bien recibido, y se proclamó rey.
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89 versículos | Biblia BibleGuided — Español
En el año ciento sesenta, Alejandro Epífanes, hijo de Antíoco, llegó y se apoderó de Tolemaida, donde fue bien recibido, y se proclamó rey.
Cuando el rey Demetrio recibió noticias de esto, reunió un ejército extraordinariamente numeroso y se puso en marcha para atacar a Alejandro.
Al mismo tiempo, Demetrio envió a Jonatán una carta en términos pacíficos y elogiosos.
Pensaba que era preferible adelantarse y hacer las paces con los judíos, antes de que Jonatán las hiciera con Alejandro y los dos se unieran contra él.
Pensaba que Jonatán recordaría todos los males que Demetrio les había causado a él, a sus hermanos y a toda la nación.
Entonces autorizó a Jonatán a formar un ejército, conseguir armas y ser su aliado. También ordenó que le entregaran los rehenes que estaban en la ciudadela de Jerusalén.
Jonatán fue a Jerusalén y leyó la carta ante todo el pueblo y ante la guarnición de la ciudadela.
Ellos se llenaron de miedo cuando lo oyeron leer que el rey lo había autorizado a formar un ejército,
así que le entregaron los rehenes, y él los devolvió a sus padres.
Jonatán se estableció en Jerusalén y comenzó a reconstruir y reparar la ciudad.
Ordenó a los encargados de las obras que reconstruyeran las murallas y rodearan el monte Sión con una fortificación de piedras talladas, y así se hizo.
Los extranjeros que estaban en las fortalezas construidas por Báquides huyeron,
y cada uno abandonó su puesto para regresar a su patria.
Sin embargo, en Bet-sur permanecieron algunos de los que habían sido infieles a la ley y a los mandamientos y que se habían refugiado allí.
El rey Alejandro se enteró de las promesas que Demetrio le había hecho a Jonatán, así como de las batallas que habían sostenido, del valor que Jonatán y sus hermanos habían mostrado y de las penalidades que habían soportado,
y dijo: «¡Ojalá nosotros tuviéramos un hombre así! Será mejor que ahora lo hagamos amigo y aliado nuestro».
Entonces le escribió una carta en los siguientes términos:
El rey Alejandro saluda a su hermano Jonatán.
He recibido noticias de que eres un hombre fuerte y valiente, digno de ser amigo mío.
Por eso, hoy te confiero la dignidad de sumo sacerdote de tu nación y el derecho a llamarte “amigo del rey”, para que apoyes mi causa y conserves tu amistad conmigo. Junto con la carta, Alejandro le envió un manto de púrpura y una corona de oro.
Jonatán se puso las vestiduras sagradas en el mes séptimo del año ciento sesenta, durante la fiesta de las Enramadas. Reunió un ejército y consiguió muchas armas.
Cuando Demetrio supo esto, se molestó mucho y dijo:
¿Cómo permitimos que Alejandro se nos adelantara y se ganara la amistad y el apoyo de los judíos?
Yo también les escribiré amistosamente y les ofreceré honores y regalos, para que se pongan de mi lado y me apoyen.
Entonces les escribió en los siguientes términos:
El rey Demetrio saluda a la nación de los judíos. He sabido con agrado que ustedes han cumplido los convenios que hemos hecho, que se han mantenido como amigos míos y que no se han puesto del lado de mis enemigos.
Continúen siendo fieles a mí, y los recompensaré bien por lo que hagan por mí;
los eximiré de muchas contribuciones y les daré muchos regalos.
Por medio de la presente, los eximo a ustedes y a todos los judíos de pagar tributo, del impuesto a la sal y del impuesto en oro para el rey.
Desde hoy renuncio a la tercera parte de la cosecha de granos y a la mitad de la cosecha de los árboles frutales que me correspondía. Desde ahora y para siempre, renuncio a tomarlas de Judea, así como de los tres distritos que antes pertenecían a Samaria y Galilea, pero que ahora quedan anexados a Judea.
Jerusalén y su territorio serán sagrados y estarán libres de diezmos e impuestos.
También renuncio a mi autoridad sobre la ciudadela de Jerusalén y autorizo al sumo sacerdote a escoger una guarnición que la proteja.
Declaro libres, sin pagar rescate alguno, a todos los judíos que hayan sido llevados cautivos desde Judea a cualquier lugar de mi reino. Ellos y su ganado quedarán libres de impuestos.
Todos los días de fiesta, de luna nueva, los sábados y las demás fechas especialmente señaladas para las fiestas, así como los tres días anteriores y los tres días posteriores a cada fiesta, serán días libres de impuestos y de obligaciones civiles para todos los judíos que viven en mi reino.
Nadie tendrá autoridad para exigir dinero ni para molestar a ningún judío por ningún motivo.
Los judíos podrán ser reclutados para los ejércitos del rey hasta alcanzar un número de treinta mil hombres, y recibirán el mismo salario que las demás tropas del rey.
También habrá algunos judíos en las principales fortalezas reales, y otros ocuparán puestos de confianza en el reino. Sus comandantes y oficiales también deberán ser judíos y vivir de acuerdo con sus leyes, tal como el rey lo ha ordenado para toda Judea.
Los tres distritos que fueron separados de Samaria y anexados a Judea deberán quedar incorporados a ella, bajo la misma administración y bajo la única autoridad del sumo sacerdote.
Entrego Tolemaida y la tierra que le pertenece como regalo al templo de Jerusalén, para cubrir sus gastos.
Del presupuesto real doy la cantidad anual de ciento sesenta y cinco kilos de plata, que deberá sacarse de los lugares más convenientes.
Todo el excedente de las contribuciones oficiales para el culto que los funcionarios no estaban entregando como al principio será destinado, de ahora en adelante, a las obras del templo.
También queda suprimido el impuesto de cincuenta y cinco kilos de plata que el templo debía pagar anualmente al rey de lo que recibía, y ahora se destinará a los sacerdotes que ofician en el templo.
Si alguna persona que tenga una deuda con el fisco real o cualquier otra obligación se refugia en el templo de Jerusalén o en el terreno que le pertenece, quedará libre, junto con todas las cosas que posea en mi reino.
Los gastos de la reconstrucción y reparación del templo serán pagados con fondos del tesoro real.
Los gastos de la reconstrucción de las murallas de Jerusalén y de las fortificaciones que la rodean, así como los de la reconstrucción de las murallas de otras ciudades de Judea, también serán cubiertos por el tesoro real.
Cuando Jonatán y el pueblo oyeron esto, no lo creyeron ni lo aceptaron, porque recordaban los terribles males que el rey Demetrio había causado a Israel y la dura opresión a la que los había sometido.
Prefirieron ponerse de parte de Alejandro, pues él había tomado la iniciativa de hacerles propuestas de paz. Por eso fueron siempre sus aliados.
El rey Alejandro reunió un gran ejército y tomó posiciones frente a Demetrio.
Los dos reyes entablaron batalla, pero el ejército de Demetrio huyó, y Alejandro lo persiguió y obtuvo ventaja sobre sus enemigos.
Aunque Demetrio resistió con fuerza el ataque hasta la puesta del sol, aquel día cayó muerto.
Los reyes buscan el apoyo de Jonatán mediante promesas, honores y concesiones. El capítulo muestra la complejidad de mantener la lealtad en medio de luchas por el poder.
Jonatán establece su autoridad en Jerusalén, repara sus murallas y fortalece el monte Sión. La protección de la ciudad se relaciona con la preservación de la vida comunitaria y del culto.
Alejandro confiere a Jonatán la dignidad de sumo sacerdote y lo integra en la estructura de poder del reino. El texto une autoridad religiosa, liderazgo nacional y reconocimiento político.
Las cartas reales incluyen exenciones de impuestos, liberación de cautivos, protección legal y recursos para el templo y las murallas. Estas medidas presentan la seguridad y la justicia pública como asuntos centrales para la comunidad.
El capítulo se sitúa durante las disputas por el trono seléucida en el siglo II a. C. Alejandro Epífanes y Demetrio compiten por el control del reino, mientras Tolomeo de Egipto interviene mediante una alianza matrimonial. Judea ocupa una posición estratégica y Jonatán procura proteger a su pueblo aprovechando las rivalidades entre los gobernantes. La referencia al año ciento sesenta corresponde aproximadamente al período entre 153 y 152 a. C.; los años ciento sesenta y dos y ciento sesenta y cinco marcan acontecimientos posteriores dentro de la misma crisis política. El sumo sacerdocio de Jonatán adquiere también una dimensión política, pues su autoridad sobre Judea queda vinculada a decisiones de reyes extranjeros.
El capítulo se organiza en cinco movimientos principales: 1) Demetrio intenta ganarse a Jonatán mediante promesas y concesiones (1-14); 2) Alejandro nombra a Jonatán sumo sacerdote y aliado, y Demetrio responde con nuevas ofertas (15-45); 3) Alejandro derrota y mata a Demetrio, y consolida su alianza con Tolomeo y Jonatán (46-66); 4) Demetrio, hijo de Demetrio, reaparece y provoca a Jonatán por medio de Apolonio (67-73); 5) Jonatán y Simón toman Jope, vencen a Apolonio y reciben nuevos honores (74-89). Las cartas reales y los discursos directos contrastan con las escenas narrativas de reconstrucción, diplomacia y batalla.
El capítulo presenta la preservación del pueblo, la protección de Jerusalén y el sostenimiento del templo como asuntos de profunda importancia religiosa. También muestra que el liderazgo de Jonatán se desarrolla en un escenario de alianzas cambiantes, donde las promesas de los gobernantes deben evaluarse a la luz de sus acciones anteriores. El reconocimiento externo de Jonatán no elimina la tensión entre fe, poder y supervivencia nacional. La narración invita a considerar cómo una comunidad puede defender su culto, su identidad y su vida pública en medio de presiones imperiales, sin convertir el poder político en una garantía absoluta de fidelidad.
El capítulo contiene temas que pueden resonar con personas que han vivido opresión, desplazamiento, pérdida de seguridad o conflictos por el control de su comunidad. También muestra cómo la reconstrucción, la restitución de cautivos, la reducción de cargas y la protección de espacios sagrados pueden representar esperanza después de períodos de daño. A la vez, las alianzas cambiantes y la violencia militar revelan que la seguridad política puede ser frágil. Una lectura cuidadosa puede reconocer tanto el deseo de protección y justicia como el peso emocional de la guerra, la traición y la incertidumbre.
El capítulo destaca la importancia de reconstruir lo que protege la vida comunitaria, evaluar las promesas por sus antecedentes y sus resultados, y combinar valentía con planificación. También subraya el valor de proteger a las personas vulnerables, reparar estructuras dañadas y administrar recursos en favor del bien común. En contextos de conflicto, la prudencia es tan necesaria como el coraje: las decisiones pueden tener consecuencias espirituales, familiares y sociales que van más allá de una victoria inmediata.
Jonatán era un líder judío de la familia de los Macabeos. En este capítulo aparece como sumo sacerdote, dirigente político y comandante que busca proteger a Judea y fortalecer Jerusalén.
Ambos competían por el poder y consideraban estratégico el apoyo de Jonatán y de la nación judía. Por eso ofrecieron honores, exenciones, territorios y otros beneficios.
La reconstrucción de las murallas y de las fortificaciones representa la recuperación de la seguridad de la ciudad. También protege el centro político y religioso de la comunidad.
Ofreció exenciones de varios impuestos, libertad para los cautivos, protección durante las fiestas, participación judía en el ejército y en cargos oficiales, además de fondos para el templo y las murallas.
Jonatán y Simón tomaron Jope y derrotaron al ejército de Apolonio cerca de Azoto. Después de la victoria, Jonatán recibió más honores de Alejandro y obtuvo Ecrón con su territorio.
El capítulo presenta la tensión entre la fidelidad a la comunidad y la necesidad de negociar con poderes extranjeros. También muestra los riesgos de depender de alianzas políticas cambiantes.
Este capítulo reconoce el cansancio de un pueblo que ha soportado opresión, amenazas y pérdidas, y muestra el alivio que puede traer la reconstrucción. La devolución de los rehenes, la reparación de Jerusalén y la reducción de cargas expresan una necesidad profundamente humana: volver a sentirse a salvo. Al mismo tiempo, las alianzas cambiantes recuerdan que la tranquilidad política puede ser inestable. El cuidado de una comunidad incluye proteger su dignidad, atender sus heridas y no olvidar a quienes han sufrido durante el conflicto.
La estructura del capítulo alterna cartas, decretos, ceremonias y batallas para mostrar que la autoridad de Jonatán se construye tanto mediante la diplomacia como mediante la fuerza militar. Alejandro lo nombra sumo sacerdote, mientras Demetrio intenta recuperar influencia con concesiones económicas y administrativas. El narrador no presenta estas ofertas como equivalentes: recuerda el daño causado por Demetrio y explica por qué el pueblo prefiere a Alejandro. El capítulo, por tanto, combina una lectura política de la historia con una preocupación por el templo, la ley y la identidad de Judea.
La actuación de Jonatán muestra que una comunidad vulnerable necesita varias formas de liderazgo: reparar infraestructura, negociar recursos, proteger a la población y responder con estrategia cuando surge una amenaza. Las promesas de los gobernantes se evalúan según la confianza que han construido, no solo según su valor aparente. El capítulo también destaca que el liderazgo práctico debe cuidar tanto las necesidades inmediatas —seguridad, impuestos y cautivos— como las estructuras duraderas que sostienen la vida común.
En medio de coronas, ejércitos y decretos, el capítulo vuelve repetidamente a Jerusalén, al templo y a la identidad de un pueblo que desea permanecer fiel. La historia no presenta el poder humano como definitivo: los reyes cambian, las alianzas se desplazan y las victorias son temporales. La dimensión espiritual aparece en la perseverancia por preservar el lugar de culto y la vida comunitaria bajo presión. La autoridad puede ser útil para proteger lo sagrado, pero no debe confundirse con la fuente última de la esperanza.
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