1 Macabeos 13:1
Simón se enteró de que Trifón había reunido un poderoso ejército para invadir Judea y destruirla.
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54 versículos | Biblia BibleGuided — Español
Simón se enteró de que Trifón había reunido un poderoso ejército para invadir Judea y destruirla.
Al ver que el pueblo estaba alarmado y lleno de pavor, fue a Jerusalén y reunió a la gente,
y los animó diciéndoles: Ustedes saben lo que yo, mis hermanos y toda la familia de mi padre hemos hecho por las leyes y el templo, así como las batallas que hemos peleado y las penalidades que hemos sufrido.
Por Israel han muerto todos mis hermanos, y solo yo he quedado con vida.
Ahora, ni pensar que yo quiera salvar mi vida en un momento de peligro: ¡no valgo más que mis hermanos!
Al contrario, lucharé por mi pueblo, por el templo y por las mujeres y los hijos de ustedes, pues todos los paganos se han reunido para exterminarnos.
Al oír estas palabras, el pueblo se llenó de entusiasmo,
y todos gritaron: ¡Tú eres nuestro jefe en reemplazo de tus hermanos Judas y Jonatán!
¡Guíanos en nuestras batallas, y nosotros haremos todo lo que nos ordenes!
Entonces Simón reunió a todos los aptos para la guerra, se apresuró a terminar las murallas de Jerusalén y fortificó la ciudad por todos lados.
Envió a Jonatán, hijo de Absalón, a la ciudad de Jope con un ejército suficiente, expulsó a los que vivían en la ciudad y se estableció en ella.
Trifón salió de Tolemaida con un numeroso ejército para invadir Judea, llevando prisionero a Jonatán.
Simón había acampado en Hadid, al borde de la llanura.
Cuando Trifón se enteró de que Simón había ocupado el puesto de su hermano Jonatán y se preparaba para darle batalla, le envió una delegación para decirle:
Tenemos prisionero a Jonatán, tu hermano, a causa de un dinero que debe al tesoro real en relación con el cargo que ejercía.
Envíanos, pues, tres mil trescientos kilos de plata y dos de los hijos de Jonatán como rehenes, para estar seguros de que no volverá a rebelarse contra nosotros; luego lo dejaremos en libertad.
Aunque Simón se dio cuenta de que era una trampa, mandó traer el dinero y a los dos muchachos para no hacerse odioso entre la gente,
y para que después no dijeran que Jonatán había muerto porque él no había enviado el dinero y los muchachos.
Así pues, mandó a los dos muchachos y los tres mil trescientos kilos de plata; pero Trifón no cumplió su palabra ni dejó libre a Jonatán.
Después, Trifón se puso en marcha para invadir el país y destruirlo, pero dio un rodeo por el camino de Adoraim, porque Simón y su ejército les cerraban el paso por dondequiera que iban.
Mientras tanto, los soldados de la ciudadela de Jerusalén enviaron mensajeros a Trifón, urgiéndolo a que fuera hasta ellos por el desierto y les enviara alimentos.
Trifón preparó toda su caballería para ir allá, pero aquella noche cayó tanta nieve que no pudieron llegar. Entonces se retiró a Galaad.
Apenas se acercó a Bascama, mató a Jonatán, quien fue enterrado allí.
Luego Trifón regresó a su país.
Simón mandó traer los restos de su hermano Jonatán y los enterró en Modín, la ciudad de sus antepasados.
Todo Israel lo lloró durante muchos días, con grandes muestras de dolor.
Simón construyó un gran monumento sobre la tumba de su padre y de sus hermanos, bien visible y hecho de piedras talladas por delante y por detrás.
También levantó siete pirámides en dos hileras para su padre, su madre y sus cuatro hermanos.
Con gran arte rodeó las pirámides de altas columnas y puso sobre las columnas escudos y armas como recuerdo eterno. Junto a los escudos y las armas había naves en relieve, para que todos los navegantes pudieran divisarlas.
Este monumento sepulcral construido en Modín existe hasta el día de hoy.
Trifón traicionó al joven rey Antíoco y lo mató,
y reinó en su lugar, poniéndose la corona de Asia. Causó grandes males en el país.
Simón reconstruyó las fortalezas de Judea, protegiéndolas con altas torres, grandes murallas, puertas y barras, y dejó provisiones en ellas.
Escogió delegados y los envió a ver al rey Demetrio para pedirle que eximiera de impuestos al país, pues Trifón no había hecho más que robarles todo.
El rey Demetrio les respondió enviándoles la siguiente carta:
El rey Demetrio saluda al sumo sacerdote Simón, amigo de los reyes, a los ancianos y a la nación judía.
He recibido la corona de oro y la palma que ustedes me han enviado, y estoy dispuesto a establecer con ustedes una paz completa y a dar instrucciones por escrito a los funcionarios para que los eximan de los impuestos.
Todos los convenios que he hecho con ustedes quedan confirmados, y ustedes pueden conservar todas las fortalezas que han construido.
También les perdono todos los errores y faltas que hayan cometido hasta el día de hoy. Les perdono el impuesto real que me deben. Que no se siga cobrando ningún otro de los impuestos que se cobraban en Jerusalén.
Si hay entre ustedes algunos aptos para inscribirse en mi guardia personal, que se inscriban. Y que haya paz entre nosotros.
En el año ciento setenta, Israel quedó libre del yugo de los paganos.
Entonces la gente comenzó a escribir en los documentos y contratos: «En el año primero de Simón, gran sumo sacerdote, jefe militar y caudillo de los judíos».
En aquel tiempo, Simón atacó a Guézer y la cercó con tropas. Construyó una torre de asalto, la acercó a la ciudad, abrió una brecha en una de las torres y tomó la ciudad.
Los que estaban en la torre de asalto penetraron en la ciudad, y hubo allí una gran agitación.
Los habitantes de la ciudad subieron a las murallas con sus mujeres y sus hijos, con la ropa rasgada, y a grandes gritos ofrecieron rendirse a Simón,
diciéndole: «¡No nos trate usted como merecen nuestras maldades, sino conforme a su generosidad!»
Simón llegó a un acuerdo con ellos y dejó de atacarlos. Pero los hizo salir de la ciudad, purificó las casas donde habían estado los ídolos y luego entró él en la ciudad cantando himnos y cantos de alabanza.
Sacó de ella todo objeto impuro e instaló hombres que cumplían la ley; fortificó la ciudad y construyó allí una casa para sí mismo.
Como los soldados que estaban en la ciudadela no podían salir al campo ni volver a entrar, ni comprar ni vender, comenzaron a pasar mucha hambre, de modo que muchos de ellos murieron por esta razón.
Entonces ofrecieron a Simón negociar la rendición, y él la aceptó; luego los hizo salir de allí y purificó la ciudadela de todas las impurezas.
Simón anima al pueblo recordando el servicio y el sacrificio de su familia, y acepta dirigir la defensa de Israel sin colocarse por encima de sus hermanos.
Trifón engaña a Simón, mantiene cautivo a Jonatán y finalmente lo mata. La familia y todo Israel expresan su dolor mediante el entierro y un monumento conmemorativo.
Simón fortalece las ciudades, almacena provisiones y protege los lugares estratégicos para preservar la vida y la estabilidad de Judea.
La carta de Demetrio confirma acuerdos, concede exenciones de impuestos y reconoce la autoridad de Simón. Israel comienza a contar una nueva etapa a partir de su liderazgo.
El capítulo se sitúa durante la lucha de los asmoneos por la autonomía de Judea frente a poderes helenísticos. Trifón aparece como rival militar y político, mientras que Demetrio conserva la autoridad real y busca mantener relaciones con Simón. Las fortalezas, la ciudadela de Jerusalén y la ciudad de Guézer tenían importancia estratégica porque controlaban el movimiento de tropas y la seguridad del territorio. El texto menciona los años 170 y 171, según la era utilizada en sus documentos, y presenta el liderazgo de Simón con funciones religiosas, militares y civiles.
El capítulo puede organizarse en cinco movimientos. Primero, Simón reúne al pueblo y acepta el liderazgo de la familia asmonea (1-10). Segundo, Trifón engaña a Simón, mata a Jonatán y provoca un período de duelo y memoria familiar (11-30). Tercero, Simón reconstruye las defensas y recibe de Demetrio el reconocimiento de ciertas libertades y exenciones (31-42). Cuarto, conquista y purifica Guézer (43-48). Finalmente, obtiene la rendición de la ciudadela, celebra la liberación de Jerusalén y nombra a Juan comandante militar (49-53).
El capítulo presenta la fidelidad al pueblo, al templo y a la ley como responsabilidades inseparables del liderazgo. La liberación se expresa tanto en términos políticos —la reducción del dominio extranjero y de los impuestos— como religiosos, mediante la purificación de los espacios contaminados y la celebración pública. La memoria de Jonatán y de la familia de Simón muestra que la victoria no borra el costo humano de la resistencia. En el contexto católico de 1 Macabeos, el pasaje también conserva una reflexión histórica sobre la defensa de la identidad y del culto de Israel bajo presión extranjera.
El capítulo reúne experiencias emocionalmente intensas: miedo colectivo, amenaza, engaño, cautiverio, muerte, duelo, hambre y alivio después de una liberación. También muestra maneras comunitarias de responder a la pérdida, como reunir al pueblo, honrar a los muertos, reconstruir espacios seguros y establecer una fecha de memoria. Estas escenas pueden ayudar a reconocer que el dolor y la esperanza pueden coexistir, sin presentar la violencia del relato como un modelo para resolver conflictos actuales.
El capítulo destaca la importancia de un liderazgo que asume responsabilidad, protege a la comunidad y reconoce el costo humano de las decisiones. También muestra el valor de fortalecer estructuras, preservar recursos, recordar a quienes murieron y celebrar públicamente los momentos de liberación. En la vida comunitaria, estas ideas pueden traducirse en cuidar la seguridad, actuar con transparencia ante el engaño, honrar el duelo y construir acuerdos que protejan la dignidad y el bienestar de las personas.
Simón era uno de los hermanos de la familia asmonea y el único que quedaba con vida de los hermanos mencionados al comienzo del capítulo. El pueblo lo reconoció como jefe y él asumió funciones de sumo sacerdote, comandante militar y caudillo de los judíos.
Trifón mantuvo prisionero a Jonatán después de exigir dinero y dos de sus hijos como garantía. Aunque Simón cumplió con lo pedido, Trifón no liberó a Jonatán y después lo mató en Bascama. Simón trasladó sus restos a Modín para enterrarlos allí.
La ciudadela representaba una presencia enemiga dentro de Jerusalén. Sus soldados controlaban el acceso y dependían de provisiones externas. Después de un período de hambre, se rindieron; Simón entró en la ciudadela, la purificó y celebró la liberación de Israel.
En el contexto del capítulo, la frase describe una nueva etapa de autonomía política y religiosa frente al dominio extranjero. El texto relaciona esa libertad con el liderazgo de Simón, la defensa de Judea y la restauración de espacios vinculados al culto.
El monumento honra a los padres y hermanos de Simón y conserva públicamente la memoria de la familia. Sus imágenes de escudos, armas y naves hacen visible su historia para quienes pasaban por el lugar.
Este capítulo no presenta la liberación como si el sufrimiento anterior pudiera olvidarse. La muerte de Jonatán, el llanto de Israel y el monumento en Modín muestran un pueblo que lleva sus pérdidas mientras busca seguridad y esperanza. La tristeza y la fortaleza aparecen juntas: recordar a quienes murieron forma parte de la manera en que la comunidad sigue adelante.
La narración combina varios tipos de autoridad: Simón es reconocido como líder militar, sumo sacerdote y caudillo político. La carta de Demetrio legitima acuerdos y exenciones, pero el capítulo también subraya que la autonomía se sostiene mediante fortificaciones, control territorial y reconocimiento público. La purificación de Guézer y de la ciudadela vincula la soberanía política con la restauración del orden religioso.
La estrategia de Simón incluye acciones concretas: reunir personas capacitadas, asegurar ciudades, almacenar provisiones, negociar cuando es posible y establecer responsabilidades claras. El capítulo presenta la estabilidad no como una idea abstracta, sino como el resultado de preparación, coordinación, límites firmes y cuidado de los recursos comunes.
La libertad que celebra Israel tiene una dimensión exterior y una interior: el pueblo deja de estar sometido a un enemigo y vuelve a ordenar sus espacios alrededor de la ley y el culto. La memoria de los muertos, la purificación y la celebración anual convierten la historia en una práctica espiritual de gratitud y responsabilidad. La paz del pueblo se presenta como algo que debe guardarse y transmitirse.
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