1 Macabeos 12:1
Jonatán, al ver que las circunstancias eran favorables, escogió a unos cuantos hombres y los envió a Roma para confirmar y renovar el tratado de amistad.
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54 versículos | Biblia BibleGuided — Español
Jonatán, al ver que las circunstancias eran favorables, escogió a unos cuantos hombres y los envió a Roma para confirmar y renovar el tratado de amistad.
Con el mismo propósito, también envió cartas a Esparta y a otros lugares.
Los embajadores fueron a Roma, entraron en el senado y dijeron: «El sumo sacerdote Jonatán y la nación de los judíos nos han enviado para renovar el tratado de amistad y el pacto que habíamos hecho anteriormente».
Los romanos les dieron salvoconductos para las autoridades de los diversos lugares, en los que recomendaban que permitieran a los embajadores viajar en paz hasta Judea.
Esta es la copia de la carta que Jonatán envió a los de Esparta:
El sumo sacerdote Jonatán, el consejo de ancianos de la nación, los sacerdotes y todo el pueblo judío saludan a sus hermanos, los espartanos.
Ya en una ocasión anterior, el rey Ario de Esparta había enviado una carta al sumo sacerdote Onías para asegurarnos que ustedes nos consideran hermanos. El texto de esta carta se copia más adelante.
Onías recibió con honores al enviado y aceptó la carta en la que se exponían los términos del pacto y la amistad.
Aunque nosotros no necesitamos estas cosas, pues buscamos nuestro apoyo en los libros sagrados que poseemos,
hemos decidido enviarles una delegación para que renueve nuestra fraternidad y amistad, a fin de que nuestras relaciones no se enfríen, pues ya ha pasado mucho tiempo desde la primera carta de ustedes.
Nosotros no dejamos de acordarnos continuamente de ustedes en nuestras fiestas y en los demás días apropiados, cuando ofrecemos nuestros sacrificios y en nuestras oraciones, como es justo y conveniente hacer por los hermanos.
Nos alegramos de la fama que tienen ustedes.
Por nuestra parte, nos hemos visto rodeados de innumerables dificultades y guerras. Los reyes que nos rodean nos han estado atacando.
Nosotros no hemos querido molestarlos a ustedes ni a nuestros otros aliados y amigos en estas guerras,
pues contamos con la ayuda divina, y Dios nos ha librado de nuestros enemigos y los ha humillado.
Hemos escogido a Numenio, hijo de Antíoco, y a Antípatro, hijo de Jasón, y los hemos enviado a Roma para renovar la amistad y el pacto que habíamos acordado anteriormente con los romanos.
También les ordenamos que fueran a Esparta para saludarlos a ustedes y entregarles nuestras cartas, con las que queremos renovar nuestra fraternidad.
Les agradeceremos que nos den una respuesta a ellas.
Esta es la copia de la carta enviada a Onías:
Ario, rey de Esparta, saluda al sumo sacerdote Onías.
He descubierto un documento en el que se muestra que los espartanos y los judíos somos hermanos, todos descendientes de Abraham.
Ahora que he tenido noticia de esto, les agradecería a ustedes que me escribieran y me informaran cómo se encuentran.
Por mi parte, les escribo: Si el ganado de ustedes y todos sus bienes son nuestros, también lo nuestro es de ustedes. Así pues, he dado órdenes para que les comuniquen este mensaje.
Jonatán recibió noticias de que los generales de Demetrio habían regresado para atacarlo con un ejército más numeroso que el anterior.
Jonatán salió de Jerusalén para enfrentarlos en la región de Hamat, sin dejarlos poner pie en el territorio de Judea.
Envió espías a su campamento, quienes regresaron y contaron que se estaban preparando para atacarlos durante la noche.
Apenas se puso el sol, Jonatán ordenó a su gente que se mantuviera vigilante toda la noche y con las armas en la mano, lista para luchar. Colocó centinelas alrededor de todo el campamento.
Cuando los enemigos se enteraron de que Jonatán y sus soldados estaban listos para la batalla, tuvieron miedo; acobardados, encendieron hogueras en su campamento y huyeron.
Jonatán y su ejército, al ver las hogueras encendidas, no se dieron cuenta de lo sucedido hasta la mañana siguiente.
Entonces Jonatán los persiguió, pero no pudo alcanzarlos, pues ya habían cruzado el río Eléutero.
Jonatán se dirigió entonces contra una tribu árabe llamada de los zabadeos, los derrotó y se apoderó de sus pertenencias.
Luego levantó el campamento, llegó hasta Damasco y recorrió toda la región.
Simón, por su parte, había emprendido una expedición hasta Ascalón y las fortalezas vecinas. Luego se dirigió a Jope y la ocupó,
pues había oído que los habitantes querían entregar la fortaleza a los partidarios de Demetrio. Allí estableció una guarnición para que la defendiera.
Cuando Jonatán regresó, convocó a los ancianos del pueblo a una reunión y, junto con ellos, decidió construir fortalezas en Judea,
elevar más la muralla de Jerusalén y levantar un gran muro entre la ciudadela y la ciudad para separarlas, de modo que la ciudadela quedara aislada y los soldados que había en ella no compraran ni vendieran nada.
La gente se reunió para comenzar los trabajos de reconstrucción. Una parte de la muralla oriental, hacia el arroyo, se había derrumbado. También reparó la zona llamada Cafenatá.
Simón también reconstruyó y fortificó Hadid, en la llanura de la costa, y le puso puertas y barras.
Trifón aspiraba a ser rey de Asia; tenía la intención de matar al rey Antíoco y coronarse él mismo como rey.
Sin embargo, tenía miedo de que Jonatán se opusiera a él y le declarara la guerra. Así pues, comenzó a buscar la manera de apoderarse de Jonatán para acabar con él. Entonces se puso en camino y fue a Bet-seán.
Jonatán salió a su encuentro con cuarenta mil soldados escogidos y bien disciplinados, y también fue a Bet-seán.
Trifón, al ver que Jonatán había llegado con un ejército tan numeroso, tuvo miedo de arrestarlo.
Así que, por el contrario, lo recibió con honores, los presentó a todos sus amigos, le hizo regalos y ordenó a sus amigos y a sus tropas que le obedecieran como a él mismo.
Y le dijo a Jonatán: ¿Para qué molestaste a toda esa gente, si no hay guerra entre nosotros?
Deja que se vayan a sus casas; escoge solamente a unos cuantos para que te acompañen y ven conmigo a Tolemaida. Yo te entregaré la ciudad y las demás fortalezas, así como los otros ejércitos y sus oficiales, y después regresaré. Precisamente para esto he venido.
Jonatán le creyó e hizo como Trifón le había indicado: despidió a sus soldados, quienes regresaron a Judea.
Solamente conservó tres mil hombres, de los cuales dejó dos mil estacionados en Galilea, y los otros mil fueron con él.
Pero apenas Jonatán entró en Tolemaida, los habitantes de la ciudad cerraron las puertas, lo tomaron prisionero y acuchillaron a todos los que iban con él.
Luego Trifón envió tropas de infantería y caballería a Galilea, a la gran llanura, para que mataran a todos los hombres de Jonatán.
Pero ellos, deduciendo que Jonatán había sido hecho prisionero y que había muerto, al igual que sus compañeros, se animaron unos a otros y avanzaron en filas cerradas, listos para luchar.
Jonatán renueva los pactos con Roma y Esparta mediante embajadores y cartas. Estas relaciones buscan preservar la amistad, la cooperación y el apoyo mutuo en tiempos difíciles.
Jonatán reconoce que la liberación frente a los enemigos depende de la ayuda divina, aun cuando el pueblo también actúa con vigilancia, estrategia y valentía.
Jonatán y Simón protegen las fronteras, aseguran fortalezas y reparan las defensas de Jerusalén y otras ciudades. La reconstrucción aparece como una tarea comunitaria orientada a la seguridad del pueblo.
Trifón oculta sus intenciones bajo gestos de honor y promesas de cooperación. La confianza de Jonatán es aprovechada para aislarlo, capturarlo y debilitar a Judea.
El capítulo se sitúa durante los conflictos entre los gobernantes seléucidas y el movimiento judío encabezado por la familia de los Macabeos. Roma y Esparta aparecen como posibles aliados diplomáticos, mientras que Trifón compite por el poder dentro del mundo seléucida. Las ciudades, fortalezas y rutas mencionadas reflejan la importancia estratégica de Judea, Galilea, la costa y las regiones cercanas a Siria. La carta que presenta a judíos y espartanos como descendientes de Abraham expresa una tradición de parentesco y alianza dentro del relato.
1-4: envío de embajadores a Roma. 5-18: carta de Jonatán a Esparta y renovación de la fraternidad. 19-23: respuesta atribuida al rey Ario. 24-34: campañas militares de Jonatán y Simón. 35-38: reconstrucción y fortificación de Judea. 39-45: plan engañoso de Trifón. 46-50: captura de Jonatán y ataque contra sus tropas. 51-53: regreso de los sobrevivientes, duelo nacional y amenaza de los pueblos vecinos.
El capítulo presenta la vida del pueblo de Dios en medio de la diplomacia, la guerra, la reconstrucción y la incertidumbre política. La confianza en la ayuda divina no elimina la necesidad de actuar con prudencia, organizar la defensa y buscar alianzas. También advierte sobre la diferencia entre la apariencia de honor y la intención verdadera. El duelo por Jonatán muestra que la pérdida de un líder puede producir una crisis profunda, pero el relato conserva la convicción de que la historia del pueblo no queda fuera del cuidado de Dios.
El capítulo reconoce experiencias humanas intensas: presión constante, vigilancia, miedo, traición, pérdida de seguridad y duelo colectivo. También muestra respuestas comunitarias como mantenerse unidos, proteger a los vulnerables, reconstruir lo dañado y expresar abiertamente el dolor. Desde una perspectiva de cuidado emocional, el relato permite distinguir entre la tristeza legítima por una pérdida y la presión de reaccionar impulsivamente ante una amenaza.
El capítulo destaca la importancia de fortalecer relaciones confiables, evaluar las promesas a la luz de los hechos y mantener una vigilancia prudente sin vivir dominados por el miedo. También subraya el valor de reparar lo que sostiene a una comunidad, reconocer el duelo y acompañarse mutuamente después de una pérdida. La cooperación, la preparación y la esperanza pueden coexistir con la honestidad sobre los riesgos y las limitaciones humanas.
Los envió para renovar tratados de amistad y pactos anteriores. En un contexto de guerras y amenazas políticas, estas alianzas podían fortalecer las relaciones de Judea con otros pueblos.
La carta presenta a ambos pueblos como hermanos y descendientes de Abraham. Dentro del relato, esta afirmación sirve como fundamento para renovar la fraternidad, la hospitalidad y el apoyo mutuo.
Actuó con vigilancia, envió espías, organizó a sus tropas, protegió las fronteras y fortaleció ciudades y murallas. El capítulo combina confianza en Dios con planificación y responsabilidad política.
Trifón aparentó recibirlo con honor, prometió entregarle Tolemaida y otras fortalezas, y le pidió que redujera su escolta. Cuando Jonatán entró en la ciudad, fue arrestado y sus acompañantes fueron asesinados.
Los soldados que estaban en Galilea se unieron para resistir a sus perseguidores y lograron regresar a Judea. Después, todo Israel expresó un gran duelo, mientras los pueblos vecinos percibieron la pérdida del líder como una oportunidad para atacar.
El capítulo deja sentir el peso de una comunidad que vive entre la vigilancia y el duelo. Hay miedo ante el engaño, dolor por la muerte de los compañeros y una sensación de desprotección cuando falta el líder. Aun así, el regreso de los sobrevivientes y el llanto compartido muestran que el sufrimiento no tiene que cargarse en soledad.
La estructura del capítulo contrapone dos formas de relación política: los pactos renovados mediante cartas y la falsa alianza de Trifón. El relato también vincula diplomacia, defensa territorial y liderazgo. La referencia a Abraham funciona como argumento de parentesco dentro de la correspondencia, mientras que la narración de la captura revela la fragilidad de las garantías cuando el poder actúa con engaño.
El capítulo presenta un liderazgo que combina visión amplia y tareas concretas: cultivar alianzas, revisar amenazas, proteger rutas, reparar murallas y organizar a la comunidad. También muestra el costo de confiar sin verificar las intenciones de quien ofrece ayuda. La preparación responsable incluye tanto construir defensas como conservar relaciones confiables.
La historia se mueve entre la esperanza de la ayuda divina y la incertidumbre de los acontecimientos. La fe no aparece como una promesa de ausencia de peligro, sino como una orientación para actuar, perseverar y reconocer que la seguridad humana es limitada. En medio del duelo, la memoria de la fidelidad de Dios sostiene al pueblo cuando su liderazgo visible ha sido herido.
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