Versículo destacado
1 Reyes 10:14 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
El oro que Salomón recibía cada año llegaba a unos veintidós mil kilos,
1 Reyes 10:14
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
14 El oro que Salomón recibía cada año llegaba a unos veintidós mil kilos,
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Aquí encontramos otro relato de la prosperidad de Salomón.
Seguía aumentando sus riquezas. Aunque ya poseía mucho, todavía quería más, como si estuviera comprobando hasta dónde podía llegar este mundo para hacer felices a las personas. Además del oro que llegaba de Ofir (1 Reyes 9:28), traía tanto de otros lugares que el total anual ascendía a 666 talentos (1 Reyes 10:14). Ese es un número ominoso; compárese con (Apocalipsis 13:18) y (Esdras 2:13). También recibía grandes cantidades de los derechos aduaneros pagados por los comerciantes y de los impuestos sobre las tierras que su padre había conquistado y sometido a Israel (1 Reyes 10:15).
También era socio de Hiram, rey de Tiro, en una flota de Tarsis, una flota comercial que navegaba hacia Tiro y regresaba. Cada tres años traía no solo oro, plata y marfil, bienes útiles y valiosos, sino también monos para entretenerse y pavos reales, apreciados por la belleza de sus plumas (1 Reyes 10:22). Uno se pregunta si esto no sería una señal de que Salomón y su pueblo, saturados por la prosperidad, se habían vuelto para entonces infantiles y vanidosos. Cada año, los príncipes vecinos y los hombres importantes también le enviaban regalos para conservar su amistad; no tanto porque le temieran o sintieran celos de él, sino porque lo amaban y admiraban su sabiduría. A menudo lo consultaban como si fuera un oráculo y enviaban esos regalos, por decirlo así, como pago por sus consejos en asuntos de Estado. No se nos dice si esto correspondía a su dignidad y generosidad, pero él aceptaba todo lo que le llegaba, incluso ropa, especias, caballos y mulas (1 Reyes 10:24-25).
También comerciaba con Egipto para obtener caballos y lino hilado, o, según algunos, telas de lino, que estaban entre los principales productos de ese país. Tenía sus propios comerciantes o agentes para este negocio, y ellos respondían ante él (1 Reyes 10:28). El impuesto que el rey de Egipto cobraba por los carros y caballos exportados era muy alto, pero, según entiende el obispo Patrick, Salomón, puesto que se había casado con la hija del rey, logró que este aceptara una cantidad menor. Eso le permitía traerlos a un precio más bajo que sus vecinos, lo cual probablemente hacía que el comercio fuera rentable para él. Esto honra el aspecto empresarial de una nación y demuestra que el comercio no está por debajo de otras ocupaciones, como algunos suponen. Salomón, uno de los hombres más grandes que jamás hayan vivido, no consideraba indigno dedicarse al comercio. En todo trabajo hay provecho.
También debemos observar cómo utilizaba sus riquezas. No se limitaba a almacenarlas en sus tesoros para admirarlas o dejarlas atrás. En Eclesiastés habla con tanta fuerza contra el acaparamiento que no podemos pensar que él mismo fuera culpable de eso. No; Dios, quien le había dado riquezas, bienes y honra, también le dio la capacidad de disfrutarlos y recibir su parte (Eclesiastés 5:19).
Gastó parte de su oro en cosas finas para sí mismo, y tenía aún más libertad para hacerlo porque ya había gastado tanto en la casa de Dios. Hizo 200 escudos grandes y 300 escudos de oro laminado (1 Reyes 10:16-17), no para la batalla, sino para exhibirlos y llevarlos delante de él en público. Hoy los gobernantes pueden hacer que lleven espadas y bastones ceremoniales delante de ellos, y los romanos tenían varas y hachas como señales de autoridad para castigar el mal y advertir a los malhechores. Salomón, en cambio, hacía que llevaran escudos grandes y escudos delante de él, mostrando que quería usar su poder principalmente para defender y proteger a los buenos, para quienes un gobernante debe ser motivo de honor. Los magistrados son escudos de la tierra.
También hizo un trono espléndido, donde se sentaba para dar leyes, recibir embajadores y atender apelaciones (1 Reyes 10:18-20). Estaba hecho de marfil, es decir, de colmillos de elefante, lo que lo hacía muy lujoso. Y, como si tuviera tanto oro que no supiera qué hacer con él, lo recubrió con el oro más fino. Algunos piensan que no cubrió completamente el marfil, sino que puso oro aquí y allá como adorno. Los brazos del trono estaban sostenidos por leones de oro, y también había leones junto a los escalones que conducían a él. Estos debían recordarle el valor y la firmeza que necesitaba para juzgar, de modo que no temiera a ningún ser humano. La persona justa en ese lugar es valiente como un león.
También hizo de oro puro todos sus vasos para beber y toda la vajilla de su casa de campo (1 Reyes 10:21). No se privaba de las cosas buenas que poseía, sino que las usaba y disfrutaba. Lo bueno es aquello que verdaderamente nos hace bien.
Hizo que sus riquezas circularan entre su pueblo, de modo que el reino fuera tan rico como el rey. No tenía intereses separados que defender, sino que buscaba el bien de su pueblo. Los gobernantes que piensan que es sabio mantener pobres a sus súbditos no siguen la sabiduría de Salomón. En esto, Salomón apuntaba hacia Cristo, quien no solo es rico en sí mismo, sino que también enriquece a todos los que le pertenecen. Salomón introdujo tanto oro en la tierra y lo distribuyó de tal manera que la plata apenas era valorada (1 Reyes 10:21). Había tanta en Jerusalén que era tan común como las piedras, y los cedros, que antes eran escasos, llegaron a ser tan comunes como los sicómoros (1 Reyes 10:27). Esa es la naturaleza de las riquezas mundanas: cuando abundan, parecen tener menos valor. Cuánto más, entonces, las riquezas espirituales deberían hacer que nos importen menos los bienes terrenales. Si una abundancia tan grande de oro hacía que la plata pareciera barata, la sabiduría, la gracia y el gozo del cielo, que son mucho mejores que el oro, deberían hacer que las riquezas terrenales parecieran mucho menos importantes.
Así que Salomón era rico y grande, y superaba a todos los reyes de la tierra (1 Reyes 10:23). Recordemos dos cosas. Primero, este era el hombre que, cuando comenzó la obra de su vida, no pidió riquezas ni honra, sino un corazón sabio y entendido. Mientras más moderados sean nuestros deseos por las cosas terrenales, mejor preparados estaremos para disfrutarlas y más probable será que las recibamos. En la grandeza de Salomón vemos a Dios cumpliendo su promesa (1 Reyes 3:13). Que esto nos anime a buscar primero la justicia del reino de Dios.
Segundo, este era el mismo hombre que, después de probar todos esos placeres, escribió un libro entero para mostrar cuán vacías son las cosas mundanas y cuántos problemas traen. Demostró que no pueden hacernos felices y que es necio poner en ellas nuestro corazón. También exhortó a vivir una piedad seria, diciendo que ese es el deber de todo ser humano y que hará mucho más para darnos paz y felicidad que todas las riquezas y el poder que él poseía. Por la gracia de Dios, ese camino está a nuestro alcance, aunque la parte más pequeña de la grandeza de Salomón sea mucho más de lo que podríamos esperar honestamente en este mundo.
De este capítulo
1 Reyes 10:1
"La reina de Sabá oyó hablar de la fama que Salomón había alcanzado para honra del Señor, y fue a Jerusalén para ponerlo a prueba con preguntas difíciles."
1 Reyes 10:2
"Llegó con gran esplendor, acompañada de camellos cargados de perfumes y de una gran cantidad de oro y piedras preciosas. Cuando se presentó ante Salomón, le preguntó todo lo que tenía pensado."
1 Reyes 10:3
"y Salomón contestó todas sus preguntas. No hubo una sola pregunta cuya respuesta él no supiera."
1 Reyes 10:4
"Cuando la reina de Sabá vio la sabiduría de Salomón y el palacio que había construido,"
1 Reyes 10:5
"los manjares de su mesa, los lugares que ocupaban sus oficiales, el porte y la ropa de sus criados, sus coperos y los holocaustos que ofrecía en el templo, quedó tan asombrada"
1 Reyes 10:6
"que le dijo al rey: Es verdad lo que escuché en mi país acerca de tus hechos y de tu sabiduría;"
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