Versículo destacado
Amós 5:21 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Odio y desprecio sus días festivos, y no oleré en sus asambleas solemnes. "
Amós 5:21
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
19 Como si un hombre huyera de un león y se encontrara con un oso; o entrara en la casa, apoyara la mano en la pared y lo mordiera una serpiente.
20 ¿No será el día del SEÑOR oscuridad y no luz, profunda oscuridad sin resplandor alguno?
21 Odio y desprecio sus días festivos, y no oleré en sus asambleas solemnes.
22 Aunque me ofrezcan holocaustos y sus ofrendas de cereal, no los aceptaré; tampoco miraré las ofrendas de paz de sus animales engordados.
23 Aparta de mí el ruido de tus canciones, porque no escucharé la melodía de tus violas.
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El propósito de estos versículos es mostrar lo poco que Dios valoraba sus actos de adoración, e incluso cuánto los aborrecía, mientras ellos seguían viviendo en pecado. Su religión era una apariencia, y Dios veía claramente lo que había detrás de ella.
Sus días festivos se celebraban en Betel, imitando las fiestas de Jerusalén, y actuaban como si verdaderamente se alegraran delante de Dios. También realizaban asambleas solemnes para adorar, donde procuraban parecer adoradores serios, de pie y sentados como lo hacía el pueblo de Dios. Ofrecían holocaustos para honrar a Dios, junto con las ofrendas de cereal que la ley mandaba presentar con ellos. También llevaban ofrendas de paz para pedir el favor de Dios y ofrecían lo mejor de sus animales engordados (Amós 5:21-22).
Además, copiaban la música del templo. Allí estaban el ruido de sus cantos y la música de sus arpas o liras (Amós 5:23); usaban tanto la voz como los instrumentos para alabar a Dios. Esperaban que estos servicios compensaran sus pecados y les permitieran seguir pecando. Por eso su adoración no agradaba a Dios; le resultaba aborrecible.
Dios dice que odiaba y despreciaba sus días festivos. No los consideraba simplemente inútiles, sino un insulto y una provocación. Nada es más detestable que la hipocresía: fingir respeto cuando el corazón está lejos. Si alguien alaba a su amigo a gritos, sus palabras pueden convertirse en una maldición cuando su corazón no está realmente con él.
Dios no quería «oler» sus asambleas solemnes; es decir, no encontraba en ellas nada agradable. Sus sacrificios no eran para él un aroma grato, como lo fue el sacrificio de Noé (Génesis 8:21). No los aceptaría ni siquiera les prestaría atención. Tampoco escucharía la melodía de sus instrumentos, porque el pecado había echado a perder toda la ofrenda. El mensaje de Dios era: «Quítenlo de aquí. No puedo soportarlo».
Esto enseña dos cosas. Primero, para Dios el sacrificio tiene mucho menos valor que la obediencia moral. Amar a Dios y al prójimo es mejor que todos los holocaustos y sacrificios. Segundo, el sacrificio de los malvados le resulta verdaderamente detestable (Proverbios 15:8). La religión fingida es un pecado doble, y así será juzgada.
Lo que Dios exigía para que sus sacrificios fueran aceptables era esto: «Que fluya el derecho como las aguas, y la justicia como un río inagotable» (Amós 5:24). Esto significa, en primer lugar, que debía ocurrir un cambio real en toda la vida del pueblo. La religión —es decir, el juicio y los caminos de Dios— y la justicia debían moldear todo lo que hacían. Debían extenderse por la tierra como aguas desbordadas y arrasar con el vicio y la impiedad.
También significa que los gobernantes y los jueces debían practicar la justicia correctamente. No debía ser bloqueada por el favoritismo ni por los sobornos. Tenía que fluir libremente, como el agua que sigue su curso natural. Debía ser limpia, sin la contaminación de la corrupción, y fuerte como un río caudaloso, sin detenerse por miedo a la gente. Todos debían poder acercarse a ella y beneficiarse de ella, como los árboles plantados junto a un río se nutren de sus aguas.
La principal acusación contra Israel había sido que convertían la justicia en amargura, como el ajenjo (Amós 5:7). Por eso, esa era la primera cosa que necesitaban corregir (Zacarías 7:9). Esto era lo que Dios quería más que los sacrificios (Oseas 6:6; 1 Samuel 15:22).
Dios también mostró el poco peso que daba a la ley de los sacrificios en comparación con los mandamientos morales (Amós 5:25). Les recuerda que durante cuarenta años en el desierto no le ofrecieron sacrificios de manera completa y constante. Durante gran parte de ese tiempo, los sacrificios se descuidaron porque su vida era inestable. Después del segundo año, no celebraron la Pascua sino hasta que entraron en Canaán, y otros ritos también fueron interrumpidos.
Sin embargo, Dios no tomó ese fracaso en su contra, porque él desea misericordia y no sacrificios. Siguió cuidándolos y mostrándoles bondad. Lo que provocó su enojo fueron sus murmuraciones y su incredulidad. El mismo Dios que los aceptó cuando fueron fieles en otros aspectos, aun sin ofrecer sacrificios, ciertamente los rechazaría si presentaban sacrificios mientras se apartaban de él en todo lo demás.
Aun así, esto no significa que los sacrificios rituales puedan reemplazar los deberes espirituales. Aunque una persona viva con justicia y honestidad, eso no excusa la falta de oración, alabanza, un corazón quebrantado y amor por Dios. Esteban usa este pasaje en Hechos 7:42 para mostrar a los judíos que no debía parecerles extraño que la ley ceremonial fuera dejada de lado, pues desde el principio no había sido lo principal. Compárese con Jeremías 7:22-23.
Tampoco tenían razón para esperar que Dios aceptara sus sacrificios, porque tanto ellos como sus antepasados habían estado dedicados durante mucho tiempo a otros dioses. Algunos entienden Amós 5:25 de esta manera: «¿Acaso me ofrecieron sacrificios solamente a mí? No; por eso, en realidad, tampoco me los ofrecieron correctamente». La ley de Dios establece que debemos servirle solamente a él.
Pero ellos habían llevado el santuario de Moloc: pequeños santuarios que podían transportar, como ídolos privados de bolsillo para practicar supersticiones ocultas cuando tenían miedo de adorar abiertamente. También tenían las imágenes de Moloc, su rey, que quizá representaban al sol, el cual parece gobernar entre los cuerpos celestes. Tenían además a Quiún, o Renfán, como lo llama Esteban en Hechos 7:43 siguiendo la Septuaginta; se cree que representaba a Saturno, el más elevado de los siete planetas.
La adoración del sol, la luna y las estrellas era una de las formas de idolatría más antiguas, extendidas y atractivas. Incluso se hicieron la estrella de su dios: alguna estrella particular que consideraban divina o a la que daban el nombre de su dios. Israel se había inclinado hacia esta clase de idolatría desde el principio (Deuteronomio 4:19). Quienes siguen amando a los dioses falsos no pueden esperar el favor del Dios verdadero.
Por causa de esta idolatría obstinada, Dios dice que los enviará al cautiverio más allá de Damasco (Amós 5:27). Satanás los había llevado cautivos a la idolatría, y por eso Dios los enviaría a vivir entre idólatras. Como tenían tanto afecto por dioses extraños, él los llevaría a una tierra extraña. Irían más allá de Damasco.
Su cautiverio bajo los asirios sería más lejano y más duro que los cautiverios anteriores bajo los sirios. Si los castigos menores no llevan a las personas al arrepentimiento, Dios envía otros mayores. O quizá esto se refiera al hecho de que el cautiverio de Israel bajo Salmanasar estaría mucho más lejos que el cautiverio bajo Tiglat-pileser y sería mucho más severo y destructivo, tal como se anunció en Amós 1:5.
Puesto que los pecados del propio pueblo que profesa pertenecer a Dios son mayores que los pecados de otros, también debemos esperar que sus castigos sean mayores. Vemos que el rey de Asiria se llevó los bienes de Damasco y Samaria al mismo tiempo (Isaías 8:4). Esteban dice: «Los llevaré más allá de Babilonia» (Hechos 7:43), aún más lejos de lo que sería llevado Judá, tan lejos que no regresarían.
Para hacer que este juicio fuera más seguro y aterrador, quien lo pronuncia se identifica como el Señor, «el Dios de los ejércitos». Esto significa que es el Dios que manda sobre todos los ejércitos y todos los poderes. Puesto que todas las fuerzas están bajo su mando, tiene plena capacidad para ejecutar la sentencia.
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De este capítulo
Amós 5:1
"Oigan esta palabra que pronuncio contra ustedes, una lamentación, casa de Israel."
Amós 5:2
"La virgen de Israel ha caído; no volverá a levantarse. Ha sido abandonada sobre su tierra; no hay quien la levante."
Amós 5:3
"Porque así dice el Señor DIOS: La ciudad que salía con mil dejará cien, y la que salía con cien dejará diez para la casa de Israel."
Amós 5:4
"Porque así dice el SEÑOR a la casa de Israel: Búsquenme, y vivirán."
Amós 5:5
"Pero no busquen a Betel, ni entren en Gilgal, ni pasen a Beerseba; porque Gilgal ciertamente irá al cautiverio, y Betel quedará en nada."
Amós 5:6
"Busquen al SEÑOR, y vivirán; no sea que él irrumpa como fuego en la casa de José, la devore y no haya en Betel quien lo apague."
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