Versículo destacado
Hechos 14:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Y sucedió en Iconio que ambos entraron juntos en la sinagoga de los judíos y hablaron de tal manera que creyó una gran multitud tanto de judíos como de griegos. "
Hechos 14:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Y sucedió en Iconio que ambos entraron juntos en la sinagoga de los judíos y hablaron de tal manera que creyó una gran multitud tanto de judíos como de griegos.
2 Pero los judíos que no creían incitaron a los gentiles y pusieron sus mentes en contra de los hermanos.
3 Por tanto, permanecieron allí mucho tiempo, hablando con valentía en el Señor, quien daba testimonio de la palabra de su gracia y concedía que se hicieran señales y maravillas por medio de sus manos.
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En estos versículos vemos que el evangelio fue predicado en Iconio, adonde los apóstoles tuvieron que ir después de salir de Antioquía. Así como la sangre de los mártires muchas veces ha contribuido al crecimiento de la iglesia, la dispersión forzada de los creyentes también ha esparcido la semilla del evangelio. Primero ofrecieron el evangelio a los judíos en sus sinagogas. Lo hicieron no solo porque la sinagoga era un lugar de adoración, sino también porque los judíos debían ser alcanzados primero dondequiera que llegaran los apóstoles.
Aunque los judíos de Antioquía los habían tratado mal, los apóstoles no se negaron a predicarles a los judíos de Iconio, quienes quizá estaban más dispuestos a escuchar. No debemos condenar a grupos enteros por los pecados de algunos de sus miembros, y debemos hacer el bien incluso a quienes nos han hecho daño. Aunque las personas crueles odian a los rectos, los justos siguen procurando el bien de sus almas; es decir, buscan su salvación (Pr 29:10).
Observemos también cómo trabajaban juntos los apóstoles. Lucas señala que ambos entraron en la sinagoga, mostrando la unidad y el afecto sincero que había entre ellos. Así, la gente podía ver cómo se aman los cristianos, y su testimonio se fortalecía. Puesto que dos testigos establecen un asunto, su testimonio unido tenía mayor peso. No se turnaron ni separaron sus esfuerzos, sino que entraron juntos.
El resultado de su predicación fue un gran éxito. Una multitud numerosa, quizá cientos o incluso miles de personas, creyó: tanto judíos como griegos, es decir, gentiles. Ahora el evangelio se predicaba juntos a judíos y gentiles, y quienes creyeron de ambos grupos entraron juntos en la iglesia. De este modo, ambos grupos quedaron al mismo nivel delante de Dios. Los dos fueron reconciliados con Dios en un solo cuerpo (Ef 2:16), y ambos fueron recibidos en la iglesia sin distinción.
También parece que hubo algo especialmente poderoso en la manera en que los apóstoles predicaron allí. Hablaron con claridad, convicción, calidez y verdadera preocupación por las almas de las personas. Hablaron con tanta seriedad y valentía que quienes los escuchaban podían percibir que Dios realmente estaba con ellos. Sin embargo, su éxito no provino solamente de su capacidad, sino del Espíritu de Dios obrando por medio de sus palabras.
Su predicación también encontró una fuerte oposición, y esto fue una prueba útil para ellos. Evitó que se llenaran de orgullo por causa de los muchos que habían creído. Los judíos incrédulos fueron los primeros en provocar problemas, como solía suceder (Hch 14:2). El evangelio llevó a algunos gentiles a la fe, pero hizo que otros judíos sintieran celos y se enojaran. Lo que dio vida a unos trajo juicio sobre otros, como Pablo explica más adelante (2 Co 2:15-16).
Entonces aquellos judíos incrédulos usaron historias falsas para envenenar la mente de los gentiles contra los creyentes. No se limitaron a mencionar sus quejas cuando se presentaba la oportunidad. Se dedicaron a ir con las personas que conocían y a decir todo lo que pudiera ponerlas en contra del cristianismo. Les dijeron que este destruiría sus creencias y su adoración paganas. En efecto, provocaron odio tanto contra los predicadores como contra los convertidos. La serpiente antigua actuó por medio de sus palabras venenosas para esparcir amargura en aquellos gentiles, como hiel y ajenjo.
No sorprende que quienes desprecian lo bueno también hablen mal de ello y trabajen en su contra. Las herramientas que usan los perseguidores suelen llevar una vida difícil: siempre las empujan y las hacen avanzar otros. Los gentiles estaban siendo molestados y desgastados constantemente por aquellos esfuerzos repetidos.
Aun así, los apóstoles se quedaron y siguieron trabajando. Puesto que estaban provocando a los gentiles contra ellos, uno podría pensar que se habrían ido rápidamente o que habrían hablado con más cautela. En cambio, permanecieron allí por mucho tiempo y hablaron con valentía en el Señor. Cuanto más veían la hostilidad de la ciudad y el peligro que enfrentaban los nuevos creyentes, más sentían la necesidad de quedarse, fortalecerlos y consolarlos. No temían ofender a los judíos incrédulos. Lo que Dios había dicho acerca de los oyentes obstinados ahora se cumplía en los apóstoles: «He hecho tu rostro fuerte contra el rostro de ellos» (Ez 3:7-9).
Lo que les daba valor no era su propia fuerza, sino la del Señor. Hablaban con valentía en el Señor, confiando en su poder y su apoyo. Dependían de él, no de sí mismos. Eran fuertes en el Señor y en el poder de su fuerza.
Cristo también trabajaba con ellos, tal como lo había prometido: «Yo estoy con ustedes todos los días». Cuando avanzaban en su nombre y con su fuerza, él demostraba que el mensaje de su gracia era verdadero. El evangelio es una palabra de gracia porque nos comunica la buena voluntad de Dios y el medio por el cual él obra en nosotros. Es la palabra de gracia de Cristo porque solo en él encontramos el favor de Dios.
Cristo mismo confirmó este mensaje de gracia. Él es el Amén, el testigo fiel, y nos ha asegurado que esta es la palabra de Dios; por eso podemos confiarle nuestras almas. Así como se dijo en general acerca de los primeros predicadores del evangelio, que el Señor trabajaba con ellos y confirmaba la palabra por medio de las señales que la acompañaban (Mr 16:20), aquí se dice específicamente acerca de los apóstoles que el Señor confirmó su testimonio. Lo hizo dándoles poder para realizar señales y maravillas por medio de sus manos: tanto milagros sobre el mundo natural como las obras aún mayores que realizaba por medio de su mensaje, cuando la gracia divina transformaba los corazones humanos. El Señor estaba con ellos mientras ellos permanecían con él, y de su trabajo resultó mucho bien.
Entonces la ciudad quedó dividida en dos grupos, y ambos lados actuaban con fuerza y determinación. Entre los gobernantes, los líderes y la gente común, algunos se pusieron del lado de los judíos incrédulos y otros del lado de los apóstoles. Aquí se llama apóstol a Bernabé, aunque no era uno de los doce ni había sido llamado de la misma manera especial que Pablo. El Espíritu Santo lo había apartado para un servicio especial entre los gentiles, es decir, los que no eran judíos. Todo este acontecimiento muestra cuánto se notó y se discutió el evangelio. Todos en la ciudad tuvieron que tomar partido; nadie permaneció neutral. Era estar a favor o en contra de nosotros, a favor de Dios o de Baal, a favor de Cristo o de Beelzebú.
Aquí vemos el significado de la predicción de Cristo: él no vino a traer paz a la tierra, sino división (Lc 12:51-53). Si todos hubieran estado de acuerdo en seguirlo, habría habido verdadera paz. Y si las personas pudieran ponerse de acuerdo en esto, no caerían en tantas disputas peligrosas por otros asuntos. Pero como no estuvieron de acuerdo en esto, la separación llegó a ser muy profunda. Sin embargo, no se debe culpar a los apóstoles por haber ido a Iconio, aunque la ciudad hubiera estado unida antes y después quedara dividida. Es mejor que una parte de una ciudad vaya al cielo a que toda la ciudad vaya al infierno.
También debemos medir nuestras expectativas a la luz de esto. No debemos sorprendernos si la predicación del evangelio provoca división, ni debemos ofendernos por ello. Es mejor que se burlen de nosotros y nos persigan por causar problemas al ir en contra de la multitud, que seguir a la multitud rumbo a la destrucción. Pongámonos del lado de los apóstoles y no tengamos miedo de quienes se ponen del lado de los judíos.
Después vino el ataque de sus enemigos. Sus malos sentimientos finalmente estallaron en violencia abierta (Hch 14:5). Tanto los gentiles como los judíos, junto con sus gobernantes, participaron en el complot. Normalmente, los gentiles y los judíos eran enemigos, pero se unieron contra los cristianos, tal como Herodes y Pilato se unieron contra Cristo, y como los saduceos y los fariseos se unieron contra él, y como en otro tiempo Gebal, Amón y Amalec se unieron contra Israel. Si los enemigos de la iglesia pueden unirse para destruirla, ¿no deberían sus amigos dejar a un lado sus conflictos personales y unirse para protegerla?
Este fue el complot que tramaron. Ahora que habían ganado el apoyo de los gobernantes, pensaban que podían tener éxito. Su plan era tratar a los apóstoles con vergüenza, deshonrarlos y luego apedrearlos hasta matarlos. De esa manera esperaban aplastar la causa del evangelio. Querían quitarles tanto su buen nombre como la vida. Sin embargo, eso era todo lo que podían quitarles, porque no tenían tierras ni riquezas que perder.
Entonces los apóstoles fueron rescatados de las manos de aquellos hombres malvados e irracionales (Hch 14:6-7). Escaparon cuando alguien les avisó del plan contra ellos o cuando percibieron que el ataque estaba comenzando. Hicieron una retirada honorable, no una huida vergonzosa, hacia Listra y Derbe. Allí encontraron seguridad. Por el momento, sus perseguidores de Iconio se conformaron con haberlos expulsado de su territorio y no los siguieron más lejos. Dios tiene lugares de refugio para su pueblo en medio de la tormenta, y él mismo es y será su escondedero.
También encontraron un nuevo trabajo, que era precisamente para lo que habían ido. Cuando la puerta de oportunidad se cerró en Iconio, se abrió en Listra y Derbe. Fueron allí y, por toda la región cercana, predicaron el evangelio. En tiempos de persecución, los ministros pueden tener razones para salir de un lugar sin abandonar por eso su llamado.
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De este capítulo
Hechos 14:2
"Pero los judíos que no creían incitaron a los gentiles y pusieron sus mentes en contra de los hermanos."
Hechos 14:3
"Por tanto, permanecieron allí mucho tiempo, hablando con valentía en el Señor, quien daba testimonio de la palabra de su gracia y concedía que se hicieran señales y maravillas por medio de sus manos."
Hechos 14:4
"Pero la multitud de la ciudad estaba dividida: unos estaban con los judíos y otros con los apóstoles."
Hechos 14:5
"Y cuando los gentiles y los judíos, junto con sus gobernantes, lanzaron un ataque para maltratarlos y apedrearlos,"
Hechos 14:6
"ellos se dieron cuenta y huyeron a Listra y Derbe, ciudades de Licaonia, y a la región circundante."
Hechos 14:7
"Y allí predicaban el evangelio."
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